Contribuciones a la economia

"Contribuciones a la Economía"
es una revista académica mensual
con el Número Internacional Normalizado
de Publicaciones Seriadas ISSN 1696-8360

 

EL ENTORNO INTERNACIONAL

Por: Alberto Romero/*
Universidad de Nariño, Colombia
 
alber-ct@col2.telecom. com.co

 

Publicado originalmente en 

TENDENCIAS
Revista de la Facultad de Ciencias 
Económicas y Administrativas 
Universidad de Nariño
Mayo de 2000.
Vol. I No.1, pp.1-18
Pasto, Colombia

Resumen

La división internacional del trabajo experimentó cambios trascendentales en su estructura durante el siglo XX, jalonados por impresionantes avances tecnológicos durante las décadas que siguieron a la segunda guerra mundial. El mapa político surgido de la conflagración mundial condujo a la conformación de dos campos antagónicos: el socialista y el capitalista, los cuales ejercieron gran influencia en el avance del conocimiento. Con el derrumbe del sistema socialista la economía de mercado salió fortalecida, intensificándose el proceso de globalización a nivel planetario, sin que ello condujese a disminuir la brecha entre un pequeño grupo de potencias tecnológicamente desarrolladas y la mayoría de países del mundo. En este sentido, el entorno internacional sigue caracterizándose por la participación desigual de los diferentes grupos de países en los principales indicadores de la economía mundial, especialmente en aquellos relacionados con las tecnologías de punta, lo cual ha impedido disminuir el atraso socieconómico en los llamados países en desarrollo. Igualmente, el modelo consumista adoptado por las naciones desarrolladas ha dado como resultado el creciente deterioro del medio ambiente y el agotamiento de los recursos naturales, poniendo en peligro la calidad de vida de las futuras generaciones.

Introducción

Los cambios ocurridos en la división internacional del trabajo durante el siglo XX, especialmente durante la segunda mitad, han tenido repercusiones económicas, sociales, políticas y ambientales sin parangón en la historia de la humanidad. La revolución de la productividad, característica de la primera mitad de este siglo trajo como consecuencia el incremento inusitado de la producción, así como la aparición en el mercado de numerosos bienes y servicios que cambiaron radicalmente los patrones de consumo, especialmente en los países más desarrollados. En las últimas décadas el comportamiento de la economía mundial ha estado determinado cada vez más por la revolución del conocimiento, la cual se sustenta en el desarrollo de la creatividad y las habilidades de los individuos en el proceso de transformación de las estructuras económicas, sociales y políticas, tanto a nivel global como regional y local.

En estas circunstancias, el análisis de las principales tendencias de la sociedad global se constituye en marco de referencia obligado en toda reforma curricular, dado el papel que debe desempeñar el egresado de los centros de educación superior en la transformación de su entorno.

A partir de esta visión, en el presente trabajo se plantean algunas ideas, con el ánimo no tanto de dar respuestas acabadas, sino más bien despertar el interés sobre el tema y promover el debate correspondiente.

Particularidades de la actual división internacional del trabajo

Antecedentes

El concepto tradicional de división internacional del trabajo se refiere a la especialización de los diferentes países en la producción de determinados bienes y servicios. En este proceso un grupo pequeño de naciones que iniciaron tempranamente la transformación estructural de sus economías, gracias al avance sin precedentes de las fuerzas productivas, tomaron la delantera en su especialización como productores de bienes manufacturados, al tiempo que la mayor parte del mundo debió conformarse con su papel de abastecedores de bienes primarios de origen agropecuario y minero. Este esquema de división del trabajo se acentuó especialmente después de conformado el sistema mundial de la economía hacia finales del siglo XIX, donde claramente se definieron dos polos opuestos. Por un lado el mundo desarrollado, conformado por un puñado de potencias industrializadas, lideradas por los Estados Unidos, Inglaterra y Alemania y por el otro, el resto de naciones, parte de las cuales apenas empezaba a participar en calidad de países independientes, mientras que las restantes continuaban siendo sometidas al yugo colonial del primer grupo.

La aparición después de la segunda guerra mundial del campo socialista, liderado por la Unión Soviética y los países de Europa Oriental, y la crisis del sistema colonial en la década del sesenta, marcaron un nuevo rumbo a la división internacional del trabajo. A partir de entonces el mundo se dividió en dos grandes campos: el socialista y el capitalista, con sus dos superpotencias: los Estados Unidos y la Unión Soviética. Se inicia una enconada lucha entre los dos superbloques por la hegemonía económica, política y militar en el mundo, más conocida como la época de la "guerra fría". Todo parecía indicar que esta bipolaridad, en cuyos paradigmas fijaban sus esperanzas las naciones en desarrollo, marcaría inexorablemente las tendencias de la división internacional del trabajo en los umbrales del siglo XXI, pues al tiempo que el socialismo aparentemente se fortalecía en todos los campos, el sistema capitalista se mostraba incapaz de resolver las contradicciones generadas por la economía de mercado, especialmente la creciente brecha entre un pequeño grupo de países desarrollados y el resto de naciones en desarrollo. Sin embargo, a finales de la década del ochenta del siglo XX el mundo presenciaba estupefacto cómo empezaba a desmoronarse el sistema socialista con la caída del muro de Berlín, símbolo del otrora poderoso bloque. Lo que siguió después fue una reacción en cadena que culminó con la desaparación de la Unión Soviética, bastión del Socialismo a nivel mundial.

Con la desaparición del bloque socialista, la hegemonía absoluta en la división internacional del trabajo de nuevo retornó al pequeño grupo de países capitalistas desarrollados, los cuales se disputan, como antes, los mercados y las fuentes de materias primas en el resto del mundo. No obstante, los cambios ocurridos en las últimas décadas en la estructura económica mundial, han modificado, si no sustancialmente, por lo menos las formas en que intervienen los diferentes países y regiones en la especialización productiva, los flujos comerciales, financieros y tecnológicos, dentro de la actual división internacional del trabajo.

La revolución tecnológica

A diferencia de la tradicional división internacional del trabajo, sustentada en las ventajas comparativas de tipo natural, la actual se caracteriza por depender cada vez más de los avances tecnológicos en el campo de la biotecnología, la genética, la electrónica, la informática, las comunicaciones, y otros campos del saber. Lo anterior pone de relieve la importancia indiscutible del cambio tecnológico como premisa para explicar las particularidades de la sociedad actual.

A lo largo de la historia las innovaciones tecnológicas han provocado cambios cualitativos de gran envergadura en la estructura socioeconómica de los países. Muy diferente ha sido el mundo después de la Revolución Industrial del siglo XVIII en Inglaterra, gracias a la permanente innovación tecnológica; al punto que ésta última se constituye en condición indispensable para el progreso económico y social. No obstante, no todos los países se han beneficiado por igual de los adelantos tecnológicos, pues estos últimos han contribuido a profundizar las desigualdades entre las naciones; a intensificar el desarrollo desigual de la economía a nivel mundial; a aumentar la brecha entre países ricos y pobres. Es más, la lucha entre las potencias industrializadas por el control de las fuentes de materias primas y de los mercados, ha tenido en las innovaciones tecnológicas una de sus principales armas, utilizadas muchas veces con fines destructivos, como es el caso de las guerras mundiales y regionales, o del deterioro del medio ambiente. Esta enorme capacidad de autodestrucción tiende a sofisticarse cada vez más. Como señala la revista The Economist, "los rivales del próximo siglo tendrán la capacidad tecnológica para causarse, por medios nucleares y otros, mucho más daño del que jamás pudieron ocasionarse las naciones-Estado del siglo 19". (1)

Los avances tecnológicos de las últimas décadas han producido una verdadera revolución en los campos de la producción, la prestación de servicios, la educación, las comunicaciones y las relaciones interpersonales, asi como también en la forma como se organizan y dirigen los procesos. Por eso el conocimiento y dominio de las nuevas tecnologías son el factor que determina la ventaja competitiva de los países en la actual división internacional del trabajo. Como señala Antonelli, "la teconología es un factor esencial en la división internacional del trabajo: quienes antes adoptan innovaciones tecnológicas consiguen una ventaja relativa sobre sus competidores, obteniendo así el control sobre parcelas estratégicas de los mercados internacionales a través de la exportación de bienes, de la tecnología incorporada en los bienes de capital y del crecimiento multinacional de las empresas". (2)

Tal ha sido la importancia del cambio tecnológico en la transformación estructural de las economías, que más de la tercera parte del comercio mundial está conformado por bienes que no existían al finalizar la segunda guerra mundial. Estos bienes corresponden a los campos de la electrónica, las telecomunicaciones, la informática y la biotecnología. Este nuevo patrón tecnológico ha modificado sustancialmente el contenido de la división internacional del trabajo, pues la especialización y las ventajas comparativas dependen cada vez más de la capacidad de innovar, adaptar, adoptar, imitar o mejorar tecnología. Por eso "en este contexto, las capacidades en ciencia y técnica de un país son parte integral de su política de desarrollo y un componente estructural de su sistema productivo". (3)

Pero la creación, adopción o mejoramiento de nuevas tecnologías requieren de grandes esfuerzos en Investigación y Desarrollo (I&D), al tiempo que representan un gran riesgo, debido a la velocidad con que los nuevos procesos y productos con un componente tecnológico avanzado tienden a volverse obsoletos. Para los países en desarrollo esta situación es aún más difícil, pues al tiempo que sus importaciones contienen un alto valor agregado de conocimiento, especialmente las manufacturas, la composición de sus exportaciones permanece casi invariable. "Aquí radica un nuevo aspecto del intercambio desigual, generado y amplificado por el actual orden económico internacional, en el cual se procesan las actuales transformaciones tecnológicas". (4)

Los extraordinarios avances de la electrónica han modificado sustancialmente la trayectoria tecnológica, agregando nuevas filas y columnas a la matriz insumo-producto. Estos cambios han modificado las condiciones de producción, a través de la automatización mediante la introducción de máquinas herramientas a control numérico, robots y toda una gama de mecanismos de control automático de los procesos. Se ha modificado también el viejo concepto de gran industria como sinónimo de eficiencia productiva. Las economías de escala dan paso a la empresa flexible, relativamente pequeña pero altamente automatizada y con un número reducido de operarios. Si la gran empresa orientaba el proceso productivo al mercado masivo de productos homogéneos, la empresa flexible se especializa en productos heterogéneos, sensibles a los cambios en la demanda localizada en los llamados "nichos" de mercado.

Si la empresa tradicional basaba su esquema de acumulación en el sistema de precios y reducción de costos, en una producción masiva y homogénea, la nueva empresa automatizada dirige sus esfuerzos a la diferenciación y mejora de la calidad de los productos. No obstante, esto no significa que el nuevo modelo de producción orientado a determinado "nicho de mercado", haya abandonado su preocupación por reducir costos. Al contrario, la introducción de nuevas tecnologías permiten el diseño de nuevos productos y procesos, reduciendo la cantidad de componentes electromecánicos; suprimiendo algunas etapas de la transformación; disminuyendo costos laborales, el tiempo de utilización de la maquinaria y economizando materiales.

Precisamente en el campo de la sustitución de materiales y fuentes de energía, el cambio tecnológico ha provocado una verdadera revolución, que puede poner fin al agotamiento de los recursos y a la interrupción de los suministros. Aparte de la sustitución de viejos materiales existe la posibilidad de la creación de nuevos, los cuales podrían sustituir desde materias primas agrícolas y alimentos, hasta metales y minerales, con consecuencias negativas para aquellos países que se especializan en la exportación de bienes primarios. Actualmente se requieren menos materias primas, pues en los últimos decenios se han dejado de lado los productos con uso intensivo de materiales. Un ejemplo de esto es el creciente reemplazo del acero por materiales sintéticos.

Otro ejemplo de esta tendencia es el reemplazo del tradicional cable de cobre por la fibra óptica. "Treinta y cinco kilos de este cable transmiten tantos mensajes como una tonelada de alambre de cobre. No menos importante es que para producir esos treinta y cinco kilos sólo se consume menos del 5% de la energía necesaria para producir la tonelada de alambre de cobre". Pero lo más impresionante es el aumento de la productividad de este sistema, pues se calcula que una sola fibra óptica puede transmitir, en el año 2000, 10 millones de conversaciones simultáneamente, contra sólo 3000 en 1988.(5) Otro factor que contribuye a la economía de materiales es la tendencia a la miniaturización, especialmente en el campo de la electrónica. El de los computadores personales es tal vez el mejor ejemplo.

Un fenómeno asociado al avance tecnológico es la creciente economía de energía. En el mundo cada vez se produce más con menos energía. Después de la crisis del petróleo en 1974, los países desarrollados, mediante la conservación y la eficiencia, lograron reducir el consumo de energía en un veinte por ciento, equivalente a mil millones de toneladas de petróleo al año, igual a la producción total de Estados Unidos y Europa Occidental. La nueva tendencia a la reducción del consumo de energía en general y de energía tradicional, en particular, está reforzada por el uso de nuevas fuentes como la energía nuclear y la fotovoltaica (solar). Esta última puede llegar a ser la fuente más importante de energía en el siglo XXI.

Otro campo donde ha tenido lugar una verdadera revolución tecnológica es el de las comunicaciones. Los canales de transmisión de información se han perfeccionado gracias a los avances de la telemática, a la aparición de las llamadas autopistas de la información, que facilitan cada vez más el acceso al conocimiento, no importa donde se encuentre: en bibliotecas famosas, en los bancos de datos de importantes centros de investigación, en los grandes museos o en los archivos personales de los usuarios del sistema. Para el año 2000 se estima que por lo menos 327 millones de personas tendrán acceso a Internet, las cuales podrán intercambiar las 24 horas del día conocimientos entre sí a través de un ordenador, como si estuvieran en una misma oficina. No obstante, el mayor porcentaje de usarios (82%) se concentra en tan sólo 15 países, a la cabeza de los cuales están los Estados Unidos.(6)

Igualmente el mundo de los negocios tiende a integrarse en forma acelerada al ciberespacio, donde los conceptos de tiempo y espacio se han modificado radicalmente, haciendo más ágil la comunicación entre los participantes. El comercio, la banca, los servicios y el entretenimiento tienden a virtualizarse a través de Internet en forma relativamente acelerada. Los grandes negocios en Wall Street giran cada vez más alrededor de los gigantes de las telecomunicaciones y la Internet, como es el caso de la reciente megafusión entre America Online y Time Warner, cuyo monto alcanza los 190.000 millones de dólares, la cifra más grande de la historia financiera del mundo. (7) El hombre más rico del mundo ya no es un industrial o un petrolero, sino el magnate del software, Bill Gates. Es tal la importancia de la revolución digital que se habla de una nueva economía, de la economía digital, o la cibereconomía. El paso de la economía tangible a la "economía intangible", ha modificado radicalmente la tradicional forma de hacer negocios, constituyéndose en uno de los principales soportes del auge económico de los Estados Unidos en los últimos años, así como en el jalonador del aumento de la productividad en ese país.

La revolución tecnológica en las comunicaciones está cambiando el concepto de trabajo en la oficina por el nuevo concepto de trabajo a distancia o teletrabajo, a través de la Red Digital de Servicios Integrados (RDSI) que permite conectar a los empleados con su empresa desde su domicilio. La RDSI, que usa para el transporte de las señales, el cable de fibra óptica y los satélites de comunicación, hacen posible la comunicación interactiva, en la cual se pueden recibir por una sola línea, voz, imágenes y datos (correo electrónico, gráficos, planos), sonidos, etc. Con el desarrollo de las autopistas de la información se revolucionará el mundo de los negocios y ya no será necesario realizar agotadores viajes para concretarlos, pues esto será posible mediante las teleconferencias, a través de un computador, en las llamadas "oficinas virtuales". Igualmente, con la generalización del dinero electrónico las transacciones comerciales y financieras se agilizarán, permitiéndole al usuario ahorrar tiempo para otras actividades.

No menos importante ha sido el impacto del cambio tecnológico en el mercado laboral. Al tiempo que aumenta el desempleo en los sectores tradicionales de la economía que han sido sometidos a reestructuraciones técnicas, se incrementa la oferta de nuevos empleos en actividades asociadas con las nuevas tecnologías. Los empleos del futuro estarán ligados a conceptos como organizar y gerenciar, aconsejar y asesorar, investigar y desarrollar, educar y concientizar, proteger el medio ambiente y aplicar eficientemente las normas del derecho. La fuerza de trabajo del futuro será altamente calificada. Todo este proceso cambiará radicalmente los hábitos de las personas, así como el contenido de sus necesidades.

Existen divergencias acerca de la posibilidad que tienen los países en desarrollo de acceder a los conocimientos avanzados, pues el mayor dinamismo de los flujos tecnológicos tienen como escenario el grupo de naciones más desarrolladas, cuyas economías presentan un alto grado de complementariedad. Al mismo tiempo se observa una marcada tendencia a la globalización de los conocimientos, los cuales se transfieren a los países menos desarrollados a través de múltiples canales, como la venta de bienes y servicios. Todo dependerá de la capacidad que tenga cada país para asimilar la nueva información. Por lo demás, los países desarrollados también están interesados en generar una mayor demanda para sus tecnologías en un número creciente de naciones en desarrollo. En este sentido, los intereses de los primeros concuerdan con la necesidad de modernizar la estructura socioeconómica de los segundos. Por ahora las mayores posibilidades están concentradas un pequeño grupo naciones de reciente industrialización, como los del Sudeste Asiático, México y Brasil en América Latina.

La estructura económica mundial

-Producción

Una de las características de la estructura económica mundial es y ha sido la asimetría, el desarrollo desigual entre dos polos opuestos: los países más desarrollados y las naciones en desarrollo. Esta desigualdad también se observa al interior de cada grupo de países. En 1990 los llamados países desarrollados con economía de mercado, con una población cercana al 16% del total mundial, concentraba aproximadamente el 76.4% del producto planetario (sin incluir a Europa Oriental y la Unión Soviética). En el otro extremo los países en desarrollo, con una población equivalente a más del 76% del total mundial, participaba solamente con el 23.6% del mencionado producto. En 1997 los países de mayor ingreso per cápita, con tan sólo el 16% de la población mundial, concentraban el 80.6% del PNB de todo el planeta, mientras que en el otro extremo los países de bajos ingresos, con el 56.2% de la población, participan tan sólo con el 5.4% del PNB (8)

Algunos enfoques, como el del Fondo Monetario Internacional, le auguran a las naciones en desarrollo un mayor protagonismo en el contexto económico mundial. Partiendo del supuesto que cuando en los países en desarrollo se utilizan tipos de cambio para convertir el PIB en moneda local a dólares, se subestima el valor de su producción en comparación con la de los países ricos, el FMI adoptó las llamadas paridades de poder adquisitivo (PPA), las cuales tienen en cuenta las diferencias en los niveles de precios al convertir el PIB a dólares. De acuerdo con esta metodología, la participación de Asia en la producción mundial en 1990 pasa del 7% al 17% y la de todos los países en desarrollo asciende del 18% al 33%. Igualmente, los países de mayor ingreso en 1997 reducen su participación en el PNB mundial al 57.6%, mientras que los de menor la aumentan al 19.1%. De acuerdo con este enfoque, de conservarse una tasa de crecimiento anual promedia del 5%, para el año 2020 de las 15 principales economías, nueve corresponderán a los que hoy en día se denominan países en desarrollo, incluidos China, India, Taiwan, Brasil, México y Rusia. (9).

-Comercio

En el comercio internacional es tal vez donde con mayor transparencia se reflejan los cambios experimentados en la estructura económica de los países. En un escenario de mayor transnacionalización del proceso productivo y profundización de la división internacional del trabajo, el comercio intra-industrial ha venido ganando cada vez mayor terreno, bajo el comando de las corporaciones transnacionales. Como en el caso de la producción, la mayor participación en el comercio mundial corresponde a los países más desarrollados. Según la OMC, en 1998, siete países más desarrollados (EE.UU, Alemania, Reino Unido, Francia, Japón, Italia y Canadá), concentraban cerca del 49% de las exportaciones y un poco más del 48% de las importaciones mundiales. En total, en 1997 los 28 países más desarrollados exportaron el 77.1% de los bienes y servicios mundiales. Si al grupo anterior agregamos el resto de países industrializados esta participación se eleva considerablemente. (10) Según datos de la última conferencia de la OMC en Seatle, entre 1948 y 1998 el comercio de mercancías se multiplicó por 18, al tiempo que la producción de las mismas lo hizo en 8 veces. En 1998 el comercio mundial ascendió a 6.6 billones de dólares, de los cuales el 80% correspondió a mercancías y el 20% a servicios. (11)

El principal componente de las exportaciones mundiales son manufacturas. Entre 1980 y 1988 las manufacturas elevaron su participación del 54% al 70% del total mundial exportado. La mayor participación en las exportaciones manufactureras corresponde a los países desarrollados. De acuerdo con la metodología del FMI, los bienes manufacturados representan en la actualidad casi el 60% de las exportaciones de los países en desarrollo y su participación en las exportaciones mundiales de manufacturas se elevó del 5% en 1970 al 22% en 1993. (12) Pero más que cuantitativas, las diferencias entre el grupo de los más desarrollados y las naciones en desarrollo son de tipo cualitativo; no sólo porque los primeros dominan el mercado de productos químicos, maquinaria y transporte, manufacturas de metal, equipos electrónicos y otras manufacturas, sino porque además el valor agregado tecnológico involucrado en las mercancías exportadas por los primeros es muy superior a su similar de los países atrasados.

Mientras aumenta la importancia de las manufacturas en las exportaciones mundiales, la de los productos básicos disminuye. Lo más interesante es que el mayor aporte a las exportaciones de productos básicos no corresponde, como podría pensarse, a los países en desarrollo, que se caracterizan por ser primario-exportadores, sino a los desarrollados.

Aparte de que el grupo de naciones menos desarrolladas participa modestamente en las exportaciones mundiales, al interior del mismo sólo unos cuantos países de Asia meridional y Oriental y de América Latina, acaparan la mayor parte de las mismas.

En cuanto a las importaciones mundiales, como ya observamos, la mayor participación corresponde a los países desarrollados.

-Servicios

Una de las tendencias del comercio mundial en la actualidad es la creciente participación de los servicios, entre los que se destacan aquellos que incorporan un mayor componente tecnológico como las telecomunicaciones, los seguros, la banca, servicios al inversionista, construcción e ingeniería, consultorías, procesamiento y reparación, publicidad y mercadeo. Estos servicios son los de mayor impacto en la economía y en su mayor parte son insumos intermedios. Además, muchos de estos servicios circulan al interior de las empresas transnacionales a través del comercio intra-firma, asegurándoles una mayor ventaja competitiva. El acceso a los servicios modernos es una condición indispensable para competir en el campo internacional. Como señala Agostín, "una empresa que desee colocar sus productos en mercados internacionales necesitará información acerca de dichos mercados, acceso a créditos de pre y post-embarque, seguros, publicidad, canales de distribución, etc. En el caso de los bienes duraderos su venta en el exterior requerirá de servicios de reparación y mantenimiento post-venta".(13) Con el monopolio de los países desarrollados sobre el comercio de los servicios y las restricciones que sobre el mismo tratan de imponer, la situación de los países en desarrollo dentro del contexto internacional, por este concepto, tiende a empeorar.

 

-Orientación geográfica

La mayor parte del comercio mundial se realiza entre el grupo de países más desarrollados y una clara tendencia es el fortalecimiento de los flujos de mercancías al interior de los mismos, a diferencia de los países en desarrollo que destinan la mayor parte de sus exportaciones a los mercados de las naciones desarrolladas, aunque se observa una tendencia hacia el fortalecimiento de los intercambios entre los mismos, en gran parte debido a la crenciente importancia de los mercados de Asia meridional y Oriental.

-Flujo de capitales

Uno de los indicadores de la brecha que separa a la mayoría de las naciones del planeta del pequeño grupo de países desarrollados, es la desigual distribución de los recursos financieros. La exportación de capitales por parte de las potencias financieras es uno de los principales instrumentos de sometimiento económico, político, militar e ideológico de los países pobres. Además, la especulación financiera internacional se constituye en un factor de permanente perturbación de la economía mundial, como lo demuestran el caso mexicano y más recientemente la crisis asiática. Sobre el peligro de esta tendencia a nivel mundial llama la atención la UNCTAD en los siguientes términos: "El dominio del mundo financiero sobre el mundo industrial y la universalización del primero se han convertido en fuentes de inestabilidad e imprevisibilidad en la economía mundial. Durante algún tiempo los mercados financieros han tenido capacidad propia para desestabilizar a los países en desarrollo, pero ahora hay indicios cada vez mayores de que todos los países son vulnerables a una crisis financiera. Los datos empíricos indican que los costos de la liberalización y desregulación del sistema financiero han sido muy elevados... En conjunto se puede afirmar que resulta indispensable que haya una mayor orientación y control colectivos del sistema financiero internacional." (14)

Según datos de la conferencia de la OMC en Seatle, entre 1973 y 1998 los flujos totales de inversión extranjera directa (IED) se multiplicaron por 27, alcanzando un promedio del 14% anual. En 1998 la cifra de IED alcanzó 645 mil millones de dólares, contra 24 mil millones en 1973 y 60 mil millones en 1985. El volumen de IED a escala mundial alcanzó en 1998 la suma de 4.1 billones de dólares. (15) La mayor parte de la IED se concentra en los países más desarrollados.

La IED desempeña un papel decisivo en la orientación estructural de las economías en desarrollo, toda vez que son portadoras de tecnologías que obedecen no tanto a los requerimientos de los países receptores, sino más bien a la estrategia de las empresas transnacionales. No obstante, dependiendo de la capacidad de asimilación de las nuevas tecnologías transferidas por las empresas transnacionales, los países en desarrollo pueden superar la primera etapa de industrialización sustitutiva (durante la cual se desarrolla fundamentalmente la industria liviana y las inversiones extranjeras se orientan más a la explotación de los recursos naturales y de mano de obra barata), pasar a la segunda(durante la cual se da un uso más intensivo de capital y la industria se orienta más a la producción de bienes de consumo duradero y bienes intermedios, en un comienzo para satisfacer la demanda interna y posteriormente, para vender en los mercados externos) y con mucha dificultad llegar a la tercera, caracterizada por la innovación tecnológica y a la cual pocos países en desarrollo han ingresado.

En esta última etapa, como anota Mortimore, "la tecnología se convierte en el elemento primordial de la capacidad competitiva de los bienes de capital (máquinas herramientas) y de las actividades con uso intensivo de investigación y desarrollo tecnológico (como la fabricación de computadores y semiconductores)". El elemento operacional de este esquema, según el autor, "es el proceso de aprendizaje asociado con el desarrollo tecnológico, que comienza con la transferencia de la tecnología extranjera original y pasa por etapas de asimilación, absorción, adaptación, institucionalización, generación e innovación, hasta que la tecnología original (o una versión mejorada de ésta) es nuevamente transferida, esta vez por el país receptor, hacia una economía de menor adelanto tecnológico relativo".(16) Varios países en desarrollo, especialmente los recientemente industrializados del Sudeste Asiático, han mostrado bastante eficiencia en dicho proceso.

El componente más parasitario del capital extranjero es el capital de préstamo que ha convertido en deudores crónicos a muchos países del planeta. De acuerdo con el World Economic Outlook, para 1997 la deuda externa de los países en desarrollo alcanzó cerca de 1.8 billones dólares. (17). Pese a la reprogramación de la deuda por parte de los países más endeudados, esta tiende a intensificar sus efectos desequilibrantes y por tanto continúa siendo uno de los principales factores que impiden un mejor posicionamiento de estos en la actual división internacional del trabajo, pues parte importante de los recursos que deberían invertirse en la transformación de sus economías, deben destinarse al servicio de la deuda, especialmente al pago de intereses. Pero el problema de la deuda externa implica no sólo hipotecar el desarrollo de los países atrasados, sino además perder parte de la de por sí menguada soberanía. Las famosas "recomendaciones" del Fondo Monetario Internacional y del Banco Mundial, no son otra cosa que la permanente injerencia de las potencias industrializadas en el manejo de la política económica y social de los países en desarrollo, con el único fin de adecuar sus estructuras a los cambiantes requerimientos del capital financiero internacional. Condicionamientos como la reducción del gasto público, incluído el gasto social; la eliminación de subsidios al consumo de alimentos, combustible y transporte; el congelamiento de los salarios para restringir la demanda; la devaluación de la moneda; la privatización de las empresas estatales y en general la reducción del tamaño del Estado; la creación de una infraestructura y un clima político adecuados a los intereses de los inversionistas extranjeros, y muchos mas, son ya un asunto rutinario en las relaciones entre los países en desarrollo altamente endeudados y las potencias industriales y financieras del mundo desarrollado.

Globalización y Megabloques

Rasgo característico de la actual división internacional del trabajo es la presencia claramente definida de dos tendencias: la globalización de la economía y la consolidación de los llamados megabloques comerciales. La tendencia a la internacionalización de la economía, bajo el comando de las corporaciones transnacionales, es considerada un proceso natural, condicionado por el accionar espontáneo de las fuerzas del mercado. Bajo la influencia decisiva del cambio tecnológico a nivel mundial, esta tendencia se ha intensificado en las últimas décadas, profundizando la interdependencia económica entre los países y haciendo desaparecer de hecho el concepto de economía nacional propiamente dicha. El eslabón más débil en este proceso corresponde a los países en desarrollo, cada vez más atraídos hacia el torrente globalizador de una economía mundial dominada por las potencias tecnológicamente desarrolladas. De ahí que si en la actualidad el sistema mundial de la economía, entendido como una totalidad, tiende a integrar a todas sus partes componentes, lo hace de tal forma que las viejas desigualdades entre los países al interior de la división internacional del trabajo, lejos de desaparecer, tienden a acentuarse, aunque en un estadio superior del desarrollo.

Paralelo a la tendencia globalizante de la economía mundial se desarrollan con intensidad procesos tendientes a consolidar megabloques de poder económico, político y militar. El más avanzado de todos es la Unión Europea (antigua Comunidad Económica Europea) del cual hacen parte ya 15 países, entre los que se destacan Alemania, Reino Unido, Francia e Italia. El segundo bloque en importancia es el norteamericano, integrado por Estados Unidos, Canadá y México. Por último, en proceso de gestación se encuentra el llamado bloque asiático, liderado por Japón y su área de influencia, el Sudeste Asiático, donde se destacan países como Corea del Sur, Taiwan, Hong Kong (ahora de China) y Singapur.

Si tenemos en cuenta el vertiginoso despertar capitalista de ese gigante que es China comunista, especialmente después de recuperar a Hong Kong a mediados de 1997, el centro de gravedad de la economía mundial, sin lugar a dudas, se trasladará a la región asiática y China puede convertirse en potencia de primer orden en el siglo XXI. De ahí la importancia que tiene en estos momentos el cambio de orientación del comercio exterior de los países en desarrollo, hacia el enorme mercado que para sus productos representa esa región del mundo.

No existe consenso sobre el papel de los megabloques comerciales en el futuro escenario de la economía mundial. Para muchos, la tendencia a la conformación de estas agrupaciones regionales puede obstaculizar aún más el libre flujo de mercancías y de conocimiento entre las naciones, debido al aumento del proteccionismo de cada bloque frente a terceros países o regiones. Para otros, en cambio, este tipo de agrupaciones son una primera etapa en la creación de un sistema comercial multilateral más eficaz, pues es mucho más fácil concertar entre bloques, o bilateralmente, que a nivel mundial. La conformación de un mercado único al interior de la Unión Europea, por ejemplo, al facilitar la libre circulación de bienes y servicios, así como de capital y personas, facilita aún más el comercio con el resto del mundo, pues quienes venden encontrarán un mercado con una reglamentación común. Lo cierto de todo esto es que el esquema bipolar: socialismo versus capitalismo, prácticamente se diluyó y en su lugar apareció un escenario multipolar, en el cual las potencias industrial y tecnológicamente desarrolladas seguirán luchando por repartirse entre sí el resto del mundo.

Las grandes contradicciones de la actualidad

- La pobreza

Pese al impresionante crecimiento de la producción mundial y a los significativos avances tecnológicos, las desigualdes económicas y sociales a nivel planetario no solo persisten sino que tienden a agravarse. Es vox populi que en el mundo todavía existen por lo menos 800 o más millones de personas que sobreviven en la pobreza absoluta. Según el Banco Mundial, "Considerando pobres a quienes viven con menos de un dólar por día (aprecios de 1985, ajustados para tener en cuenta la paridad de poder adquisitivo), se prevé que el número de pobres pasará de 1.200 millones en 1987 a 1.500 millones para el año 2000", es decir la cuarta parte de la población mundial. (18) Una de las principales causas de la pobreza según el citado documento es la lentitud del desarrollo económico. Igualmente " la pobreza persiste, en parte porque los beneficios del crecimiento no se distribuyen de manera equitativa y en parte porque la mala gestión pública disminuye el efecto que el crecimiento podría producir en la pobreza".(19)

Asociados al problema de la pobreza crónica persisten el problema alimentario y el suministro de servicios públicos básicos a amplios núcleos de población rural y urbana de menores ingresos.

-El deterioro del medio ambiente

La pobreza y la falta de oportunidades de trabajo se han convertido en factor de permanente presión sobre el medio ambiente. La ampliación innecesaria de la frontera agrícola, debido a la inadecuada distribución de la propiedad territorial, ha aumentado alarmantemente el proceso de deforestación y desertificación; el manejo inadecuado de recursos naturales como la tierra y las fuentes de agua, han ido erosionando los suelos y agotando las fuentes hídricas, provocando el aumento en los costos de producción agropecuaria y encareciendo el suministro de agua potable.

Por su parte, la industrialización contaminante, principalmente en los países más ricos, y el acelerado proceso urbanizador (con el consiguiente aumento del parque automotor), han incrementado la emisión de gases, los cuales han ido destruyendo la capa de ozono del planeta, provocando serios desajustes en el comportamiento del clima, lo que a su vez ha provocado el aumento de desastres naturales, altamente costosos en términos económicos y sociales. Este proceso ha estado asociado al modelo consumista de desarrollo, liderado por los países tecnológicamente más desarrollados. Como resultado, la tierra, especialmente las regiones más pobres, tiende a convertirse en un enorme basurero, donde son depositados los desechos de las naciones opulentas.

Conocimiento y desarrollo

De acuerdo con el Banco Mundial, "lo que distingue a los pobres- sean personas o países- de los ricos es no sólo que tienen menos capital sino también menos conocimientos". La generación de conocimientos es costosa y se concentra en los países más desarrollados; sin embargo, existe la posibilidad de que las naciones en desarrollo los adquieran en otros países o los desarrollen por sí mismas. Como señala el documento, "hace cuarenta años la República de Corea y Ghana tenían un ingreso per cápita prácticamente igual. En cambio, a principios del decenio de 1990 el ingreso per cápita de la República de Corea era seis veces mayor que el de Ghana. En opinión de algunos, la mitad de esa diferencia obedece al mayor acierto con que aquella ha sabido adquirir y utilizar los conocimientos".(20)

Por eso el principal reto para los países menos desarrollados, entre ellos Colombia, es la adopción, adaptación y creación de conocimientos orientados a solucionar los problemas del atraso socieconómico y elevar la competitividad de sus economías. En este sentido la educación superior está llamada a desempeñar un papel de primer orden en este proceso, toda vez que su razón de ser es no sólo transferir sino fundamentalmente generar nuevos conocimientos. "El conocimiento -generado principalmente desde espacios académicos- y la innovación tecnológico-productiva son fundamentales para alcanzar un nuevo estadio de desarrollo económico, de productividad y de competitividad. Lograr una mejor integración entre los programas de educación superior y los de ciencia y tecnología, tanto en investigación como en transferencia de conocimientos, requerirá reorganizar estructuras académicas y de investigación científica en todas las áreas y niveles y quebrar el aislamiento y el fraccionamiento que actualmente existe. Resultará imprescindible también diseñar instancias de intercambio entre disciplinas y vincular los proyectos de transformación de la educación superior a las necesidades de toda la sociedad, incluidas las del aparato productivo social y privado".(21)

Pero el conocimiento per se no es la panacea de los males que padece la humanidad. Mal encausado, el conocimiennto, de fuerza creadora puede convertirse en fuerza destructora. Es tal la capacidad destructiva del conocimiento mal utilizado que en estos momentos, cuando en el mundo millones de personas padecen hambre y enfermedades, el arsenal bélico acumulado por las potencias tecnológicamente desarrolladas puede servir para hacer desaparecer nuestro planeta no una, sino varias veces.(22)

Conclusiones

Pese a la revolución tecnológica que experimenta en la actualidad la economía mundial, las desigualdades económicas y sociales tienden a acentuarse. La globalización ha profundizado el tradicional esquema de división internacional del trabajo, haciendo cada vez más complejos el entralazamiento y la interdependencia de las economías, pero sin modificar el esquema asímetrico tradicional, dominado por un puñado de potencias tecnológicamente desarrolladas, mientras que la mayor parte de los países del mundo se debate entre la pobreza y la imposibilidad de elevar su capacidad competitiva en los mercados internacionales. En este nuevo escenario, la apropiación y desarrollo del conocimiento se constituyen en condición imprescindible para mejorar las condiciones de vida de la población y aumentar las posibilidades de una inserción más ventajosa en un mundo cada vez más globalizado. En este mismo sentido, el sistema educativo y en particular la educación superior, están llamados a jugar un papel trascendental en el desarrollo académico y científico, que permitan generar nuevos conocimientos y habilidades, orientados a la transformación socioeconómica de su entorno y así contribuir a mejorar su situación en el contexto nacional e internacional.

NOTAS

/*. Profesor Asociado Programa de Economía, Facultad de Ciencias Económicas y Administrativas. Universidad de Nariño. E-mail: alber-ct@col2.telecom.com.co

1. The Economist. "Juego de potencias en un mundo multipolar".En Summa Internacional. Marzo 1995. No.93,p.39.

2. Cristiano Antonelli. "La difusión internacional de innovaciones: pautas, determinaciones y efectos". Pensamiento Iberoamericano.Revista de Economía Política. Madrid,1990. No.16,p.46.

3. Diana Tussie y Gabriel Casaburi. "Los nuevos bloques comerciales: a la búsqueda de un fundamento perdido".Desarrollo Económico. Revista de Ciencias Sociales. Buenos Aires,abril-junio,1991. Vol.31. No.121, p.18.

4. Secretaría permanente del SELA. "América Latina y el Caribe frente al cambio tecnológico". Capítulos. Enero-junio,1989. No.22,p.105.

5. John Naisbitt y Patricia Aburdene. Megatendencias 2000. Diez nuevos rumbos para los años 90. Editorial Norma. Bogotá,1990,p.6.

6.Ciber Atlas. http://www.cyberatlas.com/big_picture/geographics/us_stats.html. Consultado el 14 de mayo de 1999.

7."Se fusionaron America Online y Time Warner". El Tiempo, enero 11 de 2000 (http://www.eltiempo.com/hoy/ppl_a000tn0.html).

8.Alberto Romero. Colombia en la economía internacional. Unariño-Cinde. Pasto, 1993. P.15 y SELA.Desarrollo industrial y cambio tecnológico. Políticas para América Latina y el Caribe en los noventa. Editorial Nueva Sociedad.Caracas,1991,p.53,cuadro.1. Banco Mundial. Informe 1998. www. Worldbank.org/wdi/pdf/tab1_1.pdf.

9. The Economist. "La guerra de los mundos". Revista Summa Internacional. Diciembre 1994. No.90, pp.48-52. Banco Mundial. Informe 1998.

www.Worldbank.org/wdi/pdf/tab1_1.pdf.

10. Organización Mundial de Comercio. www.wto.org/wto/spanish/statisp/as.xls, Cuadro 1.5. Consultado enero 16/2000.

11.Conferencia de la OMC en Seatle.

http://www.heva.wto-ministerial.org/spanish/about_s/01intr_s.htm consultado diciembre 1/99.

12. Alberto Romero.Op.cit.,pp.17-18.The Economist. "La guerra de los mundos". Op.cit.,p.52. World Economic Outlook. www. imf.org/external/ pubs/ft/ weo/ weo1098

13. Manuel Agosin. "Cambios estructurales y nueva dinámica del comercio mundial". Pensamiento Iberoamericano. Revista de Economía Política. Madrid, 1990.No.18,pp.48-50.

14. Informe sobre el Comercio y el Desarrollo, 1998 (UNCTAD/TDR(1998)), p.3 Versión en Internet.

15.Conferencia de la OMC en Seatle.

http://www.heva.wto-ministerial.org/spanish/about_s/01intr_s.htm consultado diciembre 1/99.

16. Michael Mortimore. "Las transnacionales y la industria en los países en desarrollo". Revista de la Cepal. Diciembre de 1993. No.51, p.18.

17. World Economic Outlook. www. imf.org/external/ pubs/ft/ weo/ weo1098.

18. Banco Mundial. Formulación de estrategias de reducción de la pobreza en los países en desarrollo. 20 de septiembre de 1999, página 3. Versión pdf.

19. Ibídem, p.4.

20. Banco Mundial. Informe sobre el desarrollo mundial,1998-1999(resumen). El conocimiento al servicio del desarrollo. Washington.D.C., p.1(versión pdf).

21. Plan de acción para la transformación de la Educación Superior en América Latina y el Caribe.CRESALC/UNESCO. Caracas, 1998. Revista Asuntos CIED. Caracas, Venezuela. Mayo de 1999 Año 3 No. 5 p.185 (versión pdf).

22. Alberto Romero. "Globalización y conocimiento". Opine.Revista On-line de opinión. http://www.astrolabio.net/opine/index.html, Sección Actualidad.


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