Contribuciones a la Economía


"Contribuciones a la Economía" es una revista académica con el
Número Internacional Normalizado de Publicaciones Seriadas
ISSN 1696-8360

Análisis del impacto del ajuste salarial en el mercado de trabajo español, 1994-2010.

En el apartado anterior se ha desarrollado la naturaleza salarial y los objetivos del ajuste, especialmente aquellos concernientes con la desregulación del mercado de trabajo, centrados en las relaciones laborales desplegadas a partir del marco regulatorio establecido. A continuación, se presentan algunos indicadores que han caracterizado este proceso y sus posibles consecuencias en las condiciones de vida de los trabajadores.

Conviene precisar que existen enormes limitaciones y obstáculos metodológicos para abordar el estudio cuantitativo socio-laboral, ya que no todos los factores que caracterizan el mercado de trabajo en España pueden ser expresados en datos estadísticos. Por ello, los resultados obtenidos a partir de los indicadores cuantitativos serán completados con el análisis cualitativo abordado en la parte anterior.

Evolución y estructura del empleo

A lo largo del periodo examinado, la evolución del paro ha estado vinculada a la tendencia del crecimiento económico. Desde mediados de los noventa hasta los años anteriores al estallido de la crisis, la tasa de desempleo se ha reducido en un contexto donde la economía española crecía a tasas entre el 3 y el 5% anual (gráfico 1). Sin embargo, España siempre ha registrado tasas de paro superiores a la media europea, incluso en épocas de bonanza económica, siendo la población joven y las mujeres los colectivos más perjudicados[1].

Gráfico 1: Tasa de desempleo[2] y tasa de crecimiento anual del PIB en España, 1994-2010 (porcentajes)

Fuente: Elaboración propia a partir de los datos de Eurostat.

 

Si bien estos años de prosperidad económica se obtuvieron tasas  de crecimiento ejemplares, los motores que lo sustentaron han puesto de manifiesto su debilidad estructural. La evolución del sector inmobiliario y de la construcción desde los años 90 derivaron en una espectacular burbuja[3] especulativa, determinante tanto del crecimiento del sector como de todas aquellas ramas vinculadas al mismo. La creación de puestos de trabajo ha estado estrechamente vinculada a este modelo de crecimiento. El empleo en la construcción y el sector inmobiliario[4] creció a una tasa acumulativa superior al 6% (gráfico 2), mientras que otros sectores como la industria o la energía, lejos de haber expandido su nivel de ocupación han destruido puestos de trabajo a lo largo del periodo previo a la crisis.

La evolución sectorial del empleo, según los datos del INE, muestran que el crecimiento se ha basado en el fomento del sector servicios, especialmente los inmobiliarios y turísticos así como en la construcción (gráfico 2), en detrimento de las actividades productivas secundarias, lo que revela que la estructura del modelo productivo se ha sustentado en actividades vulnerables a los cambios coyunturales en la demanda.

Gráfico 2: Tasa de crecimiento anual acumulativo del empleo[5] por sectores, promedios 1995-99, 2000-2007 y 2008-2009

Fuente: Elaboración propia a partir de los datos del INE

 

Prueba de ello ha sido la reacción del mercado de trabajo en la actual crisis económica. El crecimiento exponencial del desempleo durante estos últimos años, muy por encima de las tasas de paro europeas, deja al descubierto la débil estructura del mercado de trabajo español (Torres, 2009).

Aún cuando a lo largo del periodo analizado se ha creado empleo en términos generales, es importante detenerse en sus características para poder comprender la estructura del mercado de trabajo español.

Una de las vías más utilizadas, impulsada desde la primera reforma laboral de 1984,   y que ha dominado la dinámica ocupacional de nuestro país, ha sido la temporalidad laboral. La aparición de este tipo de relación contractual tuvo como objetivo “flexibilizar las rigideces del mercado” y mitigar el problema del desempleo. Lo cierto es que, la creación de las distintas modalidades de contratos de carácter temporal junto a otras piezas clave de las reformas laborales, como la legalización de las Empresas de Trabajo Temporal (ETT) en 1996, han estado en el origen de una creciente inestabilidad laboral de los trabajadores.

Como podemos observar en el gráfico 3, el porcentaje de trabajadores con contrato temporal en España se sitúa en torno al 30 y 35%, cifras que se han mantenido relativamente estables hasta el 2007. Comparando los datos con el promedio de los países de la Unión Europea 15 (UE 15), vemos como  la tasa de temporalidad es especialmente alta en nuestra economía. La evolución sectorial de la temporalidad en España ha tenido gran relevancia en los sectores impulsores de la economía durante los años de crecimiento. Según los datos del Ministerio de Trabajo, los mayores índices de temporalidad se han registrado en la construcción y en los servicios, siendo los contratos por obra o servicio, los contratos de formación y los contratos eventuales sujetos a circunstancias de la producción los más habituales, (alcanzando incluso tasas del 50% de trabajadores temporales), mientras que en los sectores donde existe más presencia sindical la tasa es sustancialmente inferior (Recio, 2009).

Asimismo, a lo largo del periodo, más del 90% de los contratos establecidos en cada año, eran contratos temporales de los cuales un porcentaje creciente (entre el 19 y el 27%) fueron a tiempo parcial.


 

 

Gráfico 3: Porcentaje de trabajadores temporales[6] y tasa de variación en España y el promedio de UE (15), 1994-2010 (porcentajes).

Fuente: Elaboración propia a partir de los datos de Eurostat.

 

La tasa de temporalidad se ha reducido considerablemente entre 2008 y 2010, pero ello se ha debido, sobre todo, a la fuerte destrucción de este tipo de empleos durante la crisis. La caída de la tasa de temporalidad es la plasmación de las estrategias empresariales que se han derivado de la permisibilidad introducida por el actual el marco regulatorio. Durante el periodo de recesión, las empresas han optado por la no renovación y/o despido de los trabajadores temporales, dada la vulnerable relación contractual que establecen con la empresa y que supone un coste mínimo o nulo para ésta.

La tendencia que podemos observar en 2010, tanto en España como en el promedio de la UE 15 parece seguir una senda de recuperación de la tasa de temporalidad. En este sentido, las políticas y estrategias de ajuste permanente planteadas como instrumento para superar este periodo de recesión económica están orientadas a impulsar la flexibilidad laboral; un ejemplo de ello son las nuevas medidas aprobadas recientemente en el último Real Decreto Ley[7] que tienen como objetivo reactivar la entrada al mercado laboral mediante  la legalización del encadenamiento indefinido de contratos temporales o la ampliación de edad hasta los 30 años de los contratos en formación.

Por otro lado, los contratos a tiempo parcial, indefinidos y temporales, han ido adquiriendo un mayor protagonismo como camino de entrada al mercado laboral (gráfico 4). Si bien este tipo de contratos tienen menor relevancia que en el conjunto de la UE15, parece que su evolución creciente tiende a converger con las economías europeas, situándose en tasas superiores al 10% desde 2005.

Gráfico 4: Trabajo a tiempo parcial[8] en España y en los países de la UE 15, 1994-2010 (porcentaje sobre el total de empleo).

Fuente: Elaboración propia a partir de los datos de Eurostat

 

Podría considerarse  la contratación parcial como una relación laboral voluntaria que favorece la conciliación de la vida laboral y familiar, pero muchos estudios centrados en analizar la segmentación y las diferencias salariales[9], sugieren que este tipo de contratos son una solución involuntaria, además de ser una fuente de segregación ocupacional entre hombres y mujeres, ya que son éstas últimas las receptoras de la mayor parte de este tipo de contratos.

En conclusión, tras el análisis de la evolución del empleo y de sus principales características, podemos afirmar que las estrategias y políticas orientadas a la desregulación laboral han favorecido e impulsado nuevas formas de contratación laboral atípicas y precarias que han derivado en una mayor inestabilidad de los trabajadores. Aunque en los últimos años de mayor crecimiento económico se observa una creación de empleo, su materialización ha sido funcional al modelo de crecimiento adoptado, acentuándose la precariedad laboral, sin que se haya abierto un escenario de mejora de las condiciones y derechos de los trabajadores.

Junto con la evolución del empleo y las características de las formas contractuales, las políticas de ajuste se han centrado en las relaciones salariales, dos dimensiones interconectadas pero con peculiaridades específicas. En el siguiente apartado nos centramos en la evolución de los salarios, su impacto en la distribución funcional de la renta y en la demanda agregada.


 

[1] Según datos de Eurostat, existe un gap promedio entre la población juvenil desempleada y el total de parados superior al 15% entre 1994-2010. En el caso del desempleo femenino la diferencia promedio con el paro masculino es superior al 6%.

[3] Véase Torres (2009) y Naredo (2009).

[4] La información estadística sobre la creación de empleo sectorial más desagregada ha sido obtenida a partir de datos del INE.

[5] ))-1

[6]

 

 

[7] Más información en: BOE, Real decreto Ley 10/2011

[9] Véase Lago (2002) y Carrasco y Mayordomo (1997).  

 


 

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Para citar este artículo puede utilizar el siguiente formato:

Ruiz-Gálvez Juzgado, M.E.: "Políticas de ajuste estructural y su impacto en el mercado de trabajo español" , en Contribuciones a la Economía, octubre 2012, en www.eumed.net/ce/2012


 

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