Contribuciones a la Economía


"Contribuciones a la Economía" es una revista académica con el
Número Internacional Normalizado de Publicaciones Seriadas
ISSN 1696-8360

 

DESAFÍOS DE LA GLOBALIZACIÓN FINANCIERA: APORTACIONES DE LA ECONOMÍA DE LA SOLIDARIDAD



Iván Parro Fernández
Universidad Complutense, Madrid
ivanparrofernandez@gmail.com



ABSTRACT

Vivimos tiempos difíciles debido a la crisis financiera que nos golpea con intensidad, dejándonos pocos espacios y pocos momentos para la reacción positiva y constructiva.
En este texto queremos recordar que es un buen momento para valorar otras formas de hacer economía, proponiendo el modelo de la economía de la solidaridad y comentar algunos de los desafíos más importantes de la economía de cara a un futuro inquietante e inesperado.

PALABRAS CLAVE: Economía, Solidaridad, Globalización, Crisis, Modelos alternativos

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Parro Fernández, I.: Desafíos de la globalización financiera: aportaciones de la economía de la solidaridad, en Contribuciones a la Economía, septiembre 2011, en http://www.eumed.net/ce/2011b/


INTRODUCCIÓN

Vivimos momentos difíciles debido a la tan temida crisis que se ha adueñado de muchas situaciones y de muchas decisiones gubernamentales, pero también de instituciones privadas, y además ha afectado a las decisiones de muchos individuos y de muchas familias. El mundo está influido por la crisis financiera surgida en el año 2008 debido al escándalo de las hipotecas basura.
Nos aguardan meses de incertidumbre, pero en el que se nos plantean nuevos interrogantes, nuevas oportunidades, nuevos desafíos. Para muchos son tiempos para el ahorro y para la esperanza; para otros son momentos de hacerse ver, de mostrar otras formas de hacer economía para que en los despachos y en los foros de decisión se planteen estas ideas y las puedan introducir en sus normativas o en sus decisiones económicas. Aquí se inserta la economía de la solidaridad como otra manera de hacer economía, como un modelo global y accesible de plantearse una economía para todos, en la que cada uno disponga de buenas oportunidades y de los recursos necesarios para una vida plena y satisfactoria.

DEFINICIÓN Y CARACTERÍSTICAS DE LA ECONOMÍA DE LA SOLIDARIDAD

Este modelo de economía surge durante los años ochenta del siglo pasado, cuando el chileno Luis Razeto y un equipo de investigadores sociales estudian la grave situación de su país y se plantean medidas para mejorarlo. Entre estas investigaciones se preguntan cómo era posible que las clases más populares y con menos recursos pudieran sobrevivir con unas tasas de desempleo de hasta el 30% y con la falta de respeto a tantos derechos humanos a los que no accedían o a los que se les impedía su disfrute: vivienda, alimento, reunión, asociación, por ejemplo. El Chile de Pinochet no era precisamente el país ideal para muchos que sufrían las consecuencias de la polarización social y del desprecio gubernamental, alejados de toda posibilidad de ascenso o de mejora económica. La élite podía vivir más plácidamente mientras que las capas intermedias o las clases bajas luchaban como podían para no caer en la desesperación ni en el hundimiento.
En este panorama sombrío se estudió la organización, distribución e intercambio de los recursos en muchas comunidades, llegando a la conclusión de que las prácticas que se efectuaban en esta economía popular eran altamente beneficiosas en familias y comunidades. Estas maneras de hacer economía eran avances y desarrollos en muchas familias que seguían practicando viejas formas de intercambio renovadas y adaptadas a la situación y al momento histórico concreto en que se vivía. Viejas formas para nuevas situaciones. Vieja economía actualizada según el contexto. Oportunidades nuevas con ideas antiguas. Todo eso era la economía popular, y todas estas nuevas maneras de practicar y entender la economía fueron las que permitieron a muchas familias salir de la situación de abandono e indigencia en la que vivían.
Pero, ¿qué es la economía de la solidaridad? Queremos recordar aquí la definición que de la misma ofreció el Dr. Pablo Guerra, Coordinador de la Asociación Iberoamericana de Comunitarismo, en la que explica la economía de la solidaridad no sólo como un valor económico sino como un modelo alternativo al que rige y organiza la economía actual, explicando las aportaciones de la economía de la solidaridad en un hipotético modelo económico sustentado por la solidaridad y con base en cualquiera de sus manifestaciones.
Para Guerra la economía de la solidaridad “reúne a las diversas experiencias de hacer economía en todas sus etapas (producción, distribución, consumo y ahorro) que se caracterizan por vertebrarse en torno a la solidaridad como valor supremo.                          La economía de la solidaridad es mucho más que la reunión de determinadas experiencias. Pretende ser una corriente crítica de la forma y los valores que imperan hoy en nuestros mercados. Allí donde se exacerba el individualismo, la economía solidaria promueve el comunitarismo; allí donde se exacerba la competencia, la economía solidaria promueve la cooperación; allí donde se exacerba el lucro, la economía solidaria promueve un justo beneficio; allí donde se exacerba el materialismo, la economía solidaria promueve la satisfacción de todas las necesidades humanas; allí donde se exacerba el consumismo, la economía solidaria promueve el consumo responsable; allí donde se exacerba el libre comercio, la economía solidaria promueve el comercio justo; en fin, cuando sólo se habla de crecimiento económico, la economía solidaria prefiere hablar de desarrollo a escala humana”.  
Otra definición o explicación a considerar de la economía de la solidaridad la encontramos en palabras de uno de sus iniciadores, el ya comentado Luis Razeto, que planteaba la economía de la solidaridad como el medio de “poner más solidaridad en las empresas, en el mercado, en el sector público, en las políticas económicas, en el consumo, en el gasto social y personal, etc. La economía de la solidaridad no es negación de la economía de mercado; pero tampoco es su simple reafirmación. Ella expresa más bien, como lo iremos apreciando a medida que avancemos por sus caminos, una orientación fuertemente crítica y decididamente transformadora respecto de las grandes estructuras y los modos de organización y de acción que caracterizan la economía contemporánea”.
Dos definiciones en parte complementarias. Dos definiciones que indican el objeto de la economía de la solidaridad y cómo llevarla a la práctica, ya sea mediante la introducción del modelo en las decisiones económicas o en la crítica a los modos de organización y de acción (leyes y normas económicas) vigentes en nuestros días. Pero lo cierto es que la economía de la solidaridad se presenta como una alternativa igual de válida que otras a la dirección y a la ejecución de las políticas macroeconómicas en nuestras sociedades desarrolladas. No es una economía ni mejor ni peor que otras, pero sí una alternativa a considerar para introducir en las decisiones de tipo económico lago tan necesario como es la solidaridad; de indicar con las acciones que lo importante para cualquier ciudadano debe ser lo importante para todos, porque la solidaridad no es acción exclusiva de uno sólo sino de muchos. Y en la economía actual precisamente lo que no suelen aparecer son medidas económicas pensando en un colectivo o en grupos de necesidad, sino que las decisiones son parte tomadas según las conveniencias de los que más poder tienen, porque quizá de otro modo no se hablaría ya de países desarrollados y países subdesarrollados, ni habría G-20 ni grupos regionales, ya que la mayoría de la población no sería tan desigual una de otra y todas se sentirían parte del mismo grupo.

ECONOMÍA DE LA SOLIDARIDAD Y GLOBALIZACIÓN FINANCIERA: DESAFÍOS PARA HOY, RESPUESTAS PARA EL MAÑANA

¿Qué puede ofrecer el modelo de la economía de la solidaridad en nuestras economías contemporáneas? ¿Qué características pueden aplicarse, complementar o mejorar a los modelos económicos vigentes hoy en día?
La economía de la solidaridad plantea ciertas alternativas a las políticas macroeconómicas que son impuestas a los países soberanos desde instituciones como el Fondo Monetario Internacional o el Banco Central Europeo, en los que suele primar el interés de unos pocos frente al interés de la comunidad. La economía de la solidaridad se reafirma y trabaja por el derecho a una vida digna para todo ser humano independientemente de su origen, credo, género o situación económica.
Frente al modelo económico actual, donde suelen aparecer valores como el individualismo, el consumismo, la economía del propio beneficio y del propio interés, la explotación o la apropiación (indebida o no de bienes y objetos), la economía de la solidaridad propone educar e introducir en las decisiones económicas valores como la misma solidaridad, el ahorro, la responsabilidad, la sustentabilidad, la participación democrática y la colaboración. Son momentos delicados para todos, pero podemos plantearnos la introducción de los valores antes citados no sólo en la economía, sino en el mismo conjunto de la sociedad para que muchos de los desafíos planteados puedan ser resueltos con más facilidad al haber una participación efectiva de todos y al reinar un clima de respeto y de entendimiento entre las partes implicadas. Es importante aumentar la representatividad de aquellas mayorías que tienen escasa o nula participación en la escena económica para que ofrezcan sus opiniones y su punto de vista con el objetivo de alcanzar mejores respuestas y tomar unas decisiones más acordes con las necesidades reales de los ciudadanos.
¿Qué puede aportar además la economía de la solidaridad en la globalización? ¿En qué afecta este modo distinto de hacer economía a las necesidades y esperanzas de las personas? La economía de la solidaridad puede aportar serenidad, tranquilidad, dignidad y respeto para todos, pero además ofrece también una manera equitativa y eficaz de distribuir servicios, productos y empleos, mientras que todo aquel que  practica esta economía sufre cambios en la percepción del trabajo, del territorio, de su entorno, e incluso también cambios en la visión que tiene sobre las mismas personas.
La economía de la solidaridad es una nueva cultura que pretende llegar a todos, y cuya finalidad es desarrollar conocimientos, competencias y aptitudes solidarias y cooperativas buenas y positivas para todos, incluso para las empresas, que desarrollan la responsabilidad social y la responsabilidad ambiental.
¿Qué desafíos se presentan a este modelo económico? ¿Qué propuestas fomentan la mejora de la economía y abren un futuro mejor para todos? Entre los muchos desafíos y la innumerable cantidad de propuestas surgidas de esta economía, queremos traer aquí algunas de las que aparecen como conclusiones en el Sexto Congreso Latinoamericano de la Confederación Latinoamericana de Cooperativas y Mutuales de Trabajadores, que aunque se celebró en el año 2005, muchas de esas propuestas siguen estando vigentes aún hoy. En dicho congreso se reafirmó la validez del modelo de la economía de la solidaridad como alternativa al neoliberalismo imperante, destacando que la economía de la solidaridad es la forma más efectiva de dar una respuesta completa y eficaz a los desafíos del siglo veintiuno.
Entre estos desafíos del nuevo siglo destacamos los siguientes:

LA ECONOMÍA DE LA SOLIDARIDAD EN LA SITUACIÓN ACTUAL: IDEAS PARA LA REFLEXIÓN

Nos hemos acercado a su definición y a sus características; hemos visto qué podría aportar la economía de la solidaridad en la situación económica actual y cuáles son algunos de sus desafíos de cara a implementarla en toda la economía y en la misma sociedad, pero ¿cómo aplicarlo?
Puesto que uno de los fines de la economía de la solidaridad es que se introduzca en las empresas, en el mercado o en el consumo, podemos indicar que una manera básica de aplicar los principios de esta economía es educando desde edades muy tempranas en el modelo del compartir y en la cultura de la solidaridad más que en la educación en actitudes individualistas.
Otro modo de aplicar esta economía en las decisiones económicas es transmitiendo este valor de la solidaridad y el modelo asociado a todos aquellos con poderes reales de decisión, es decir, transmitir a políticos, legisladores y gobernantes la idea de que otro camino es posible, de que otra forma de hacer economía es posible y factible, haciéndoles ver que practicando la economía de la solidaridad se genera una especie de energía social (la que el profesor Razeto llamó Factor C), que es capaz de mejorar la eficiencia y la productividad, puesto que el fruto del trabajo común, del trabajo cooperativo y solidario se reparte entre todos los trabajadores por igual, sin que existan tantas diferencias de salario ni de categorías como las que se dan hoy en día en muchos casos.
Se pueden abandonar políticas compensatorias (de apoyo a bancos, de créditos con mucha manga ancha o la financiación de proyectos inútiles o innecesarios), apostando por auténticas políticas de desarrollo que generen oportunidades para todos de manera igualitaria y equilibrada, es decir, apostando por proyectos de desarrollo o de ecodesarrollo reales y socialmente productivos para las zonas de implantación de los mismos. De esta manera estaremos proporcionando mayor calidad de vida a otros, nos solidarizaremos mejor con aquellos en peores situaciones que la nuestra y lograremos humanizar, con paciencia y dedicación, la economía y la sociedad. Se puede producir no sólo para unos pocos sino producir con garantías y con seguridad para todos si los recursos son bien administrados y si los frutos del trabajo o de las actividades necesarias son democráticamente repartidos entre todos los implicados en el proceso.
Para aplicar la economía de la solidaridad hay que recuperar la confianza perdida en la gente, en la sociedad, apostando por ellos; promoviendo actitudes de cooperación, de respeto mutuo, de trabajo en común, y desechar y poner fin a actitudes de competitividad, de lucha por intereses más en tono individualista que en tono colectivo, preocupándose por el hecho de que lo que yo haga va a tener una repercusión positiva o negativa sobre el resto de mi entorno.
Por otro lado creemos que son muchas las personas con capacidades innatas o aprendidas para su autorrealización social, pero que carecen de los medios o de las oportunidades para poner en práctica dichas capacidades. La economía de la solidaridad vela por el desarrollo de cada persona. Actualmente, por ejemplo, muchos millones de personas se encuentran en una situación de desempleo que les golpea fuertemente a ellos y a sus familias. Pasan por momentos duros y desesperantes para ellos. Desde las instituciones y desde muchas entidades sociales se ofrecen oportunidades de formación y de reciclaje profesional para ellos, pero son muchos los que en su amarga situación y en su desesperación, optan por no hacer nada, dejándose llevar por esa situación compleja, hundiéndose aún más en su propio problema y en su propia desesperación, a la que no encuentran muchas salidas. En este contexto también se puede aplicar la economía de la solidaridad reinventando el sentido del desempleo, reformulando las características culturales del paro.
Podemos crear una nueva cultura del desempleo donde éste ya no sea un problema sino una oportunidad en la que se puede y se debe mejorar la aptitud y la actitud personal y profesional; que sea una etapa activa, de crecimiento, de desarrollo personal, de ejercicio de derechos y de toma de conciencia de nuevos derechos y de nuevos valores, nuevas experiencias, donde aprovechar más y mejor toda la formación, todas las capacidades nuevas y reafirmarse en las habilidades sociales básicas, que permitan una mejor reincorporación al mercado laboral con plenas garantías de éxito.
Y así estas personas que vivan esta nueva cultura podrán transmitir a otras nuevos valores y comportamientos, y éstas a su vez podrán influir convenientemente en los valores y los comportamientos de otros, conformando así una cadena de solidaridad con la finalidad de insertar el valor de la solidaridad, su finalidad, su sentido y su oportunidad hoy en día. Pero la educación es sólo un inicio y se contempla como un refuerzo para la aplicación de la economía de la solidaridad en nuestras sociedades. Hay otros medios para ponerla en práctica también. Son caminos únicos y a la vez comunes que nos permiten difundir de una manera sistemática y metódica la economía de la solidaridad en la economía global, haciéndola de esta manera más integradora y solidaria. Es Luis Razeto quien propone hasta diez caminos, que son diez espacios para acercarnos a la solidaridad, para que se produzca con solidaridad, se distribuya con solidaridad, se consuma con solidaridad y se acumule con solidaridad. En palabras de Razeto: “Identificamos economía de la solidaridad en una parteo sector especial de la economía: en aquellas actividades, empresas y circuitos económicos en los que la solidaridad se haya hecho presente de manera intensiva y donde opere como elemento articulador de los procesos de producción, distribución, consumo y acumulación”. 
Los caminos propuestos por el Dr. Razeto para hacer más efectiva y más cercana la economía de la solidaridad son los siguientes:

La supervivencia se ha convertido en la única estrategia para muchas personas. La pobreza se ha cebado con ellas y con sus familias. En este contexto de supervivencia se desarrolla la economía popular como combinación de recursos y capacidades laborales, tecnológicas y comerciales con el fin de organizar las actividades correspondientes a asegurar la subsistencia y la vida cotidiana en las mejores condiciones.

Muchas personas, asociaciones o empresas han incluido en sus actividades económicas la solidaridad en forma de donaciones o creando fundaciones sin ánimo de lucro, que suelen recibir, canalizar e invertir esas donaciones recibidas en proyectos de desarrollo y de promoción social con el fin de paliar situaciones de abandono o de desprecio de muchos ciudadanos.

El trabajo también produce solidaridad porque es un medio eficaz para que muchas personas de orígenes y pensamientos diferentes realicen algo juntas, compartan unos objetivos e intereses parecidos, experimenten los mismos problemas y necesidades y se comprometan y colaboren en la construcción de una misma obra o proyecto.

Son muchos los que canalizan sus inquietudes y su compromiso social participando y colaborando gratuitamente en organizaciones que trabajan con niños, con ancianos, con pobres o discapacitados. Esta forma de participación también es solidaridad porque une a un grupo de personas en un proyecto común, y las obliga a tomar decisiones y a responsabilizarse de sus actos y de las personas a las que sostienen con su tiempo y su colaboración voluntaria.

Muchas de las energías y de las manifestaciones tan diferentes que se producen en el seno de ciertos movimientos se encaminan a la crítica del sistema capitalista, los valores que transmite y sus efectos en la organización de la sociedad, tales como la división de clases, la mala distribución de la riqueza o la permisividad en la explotación infantil. La economía de la solidaridad procura un lugar para todos aquellos en situaciones de dificultad o desfavorecidos que quieran ser escuchados para que puedan expresar con libertad sus peticiones.

Se procura un desarrollo integral mucho más sustentable, ya que se piensa que la economía ha llegado a un punto de no retorno y nada más que genera problemas como los producidos por los desequilibrios ecológicos. Desde la economía de la solidaridad se apuesta por otro modelo de desarrollo ecológicamente sostenido que esté asentado en los principios de justicia y de solidaridad.

La economía es una forma de intercambio en el que naturaleza y hombre salen transformados, y el deterioro medioambiental es fruto en parte de un pensamiento individualista, por lo que sería bueno introducir la solidaridad en la economía si queremos estar ecológicamente sanos.

La economía de la solidaridad propone la recuperación del sentido de comunidad y del sentido de familia con el fin de crear condiciones para recuperar a la familia como unidad social que realiza su verdadera vocación, y busca una nueva formulación del papel de la mujer y su plena inserción socio-laboral.

Muchos pueblos y etnias antiguos han sufrido las consecuencias de la colonización y de la industrialización perdiendo parte de su identidad. Estos pueblos buscan nuevas fórmulas de subsistencia, apostando por el trabajo colectivo, la cooperación social y la propiedad comunitaria.

A veces ciertos comportamientos económicos contradicen los valores de las grandes religiones porque en vez de mirar por el bien común miran por el bien propio o porque en vez de buscar la salvación en los pobres la buscan en el mercado.

La economía de la solidaridad es un modelo micro que no cesa en su empeño por cambiar las estructuras sociales y los modos de hacer economía. Es un modelo que  trabajando con constancia y humildad pretende transmitirse a las grandes empresas y a las grandes economías mundiales. Podemos plantearnos que si sólo hace falta seguir estos caminos para acabar con problemas tan serios como el desempleo, la crisis financiera o el subdesarrollo, pero lo cierto es que es un buen modelo para empezar a caminar hacia la verdadera transformación social.
La mayoría de proyectos basados y desarrollados según los planteamientos de la economía solidaria han disfrutado de cambios estructurales importantes en las comunidades o espacios donde se han desarrollado, han reorientado a las personas en su sentido de la vida y les han proporcionado medios y herramientas para que busquen salidas efectivas a sus problemas y a su estado de desesperación o de abatimiento. La economía de la solidaridad es un excelente camino para el cambio social. Nos llama a la participación, al compromiso, a la actividad libre, generosa y solidaria en la construcción de un mundo más justo y más habitable para todos.

ESTO NO ES UN PUNTO FINAL SINO UN PUNTO Y APARTE: LA ECONOMÍA DE LA SOLIDARIDAD Y EL FUTURO

La economía de la solidaridad puede ser una buena manera de construir una sociedad diferente, regida por una economía más ética, más humana, más solidaria con las personas, con consumidores y con productores.
Como alternativa al modelo de crecimiento destructivo, la economía de la solidaridad propone un lazo estrecho con las generaciones futuras acercándolas y proponiéndolas un modelo más sostenible de hacer economía, un modelo más integral que pueda poner a la persona en el centro de la misma economía, dándole un sentido más ético y más moral, tanto desde la teoría como desde las prácticas económicas, ya que una economía más humana es también expresión de un mundo más humano. No podemos separar la economía de la humanidad o de lo humano, porque cada persona es igual de importante y libre en la construcción y en la elección de su propia historia de vida y en su participación activa o resignada en la gran historia del mundo.
Como alternativa al modelo neoliberal, donde las consecuencias son empobrecimiento, concentración de la riqueza en unas pocas manos, exclusión social, explotación, paro o desesperanza, la economía de la solidaridad nos ofrece otro mundo posible donde prevalezcan valores como la igualdad o la sostenibilidad, o donde valores como la justicia, la solidaridad, la paz, el bienestar común, la convivencia y el respeto hacia los hombres y los pueblos prevalezcan sobre los valores fomentados y patrocinados hasta la saciedad desde el lucro y desde el propio capital.
Otro modelo económico es posible. Otra sociedad es posible. Otro mundo es perfectamente posible. Sólo hay que dejar más espacio en nuestras vidas y en nuestras sociedades a valores viejos pero renovados, además de practicar más la solidaridad, puesto que ésta permite renovarse y cambiar, además de penetrar en la experiencia y en la humanidad de cada persona. Nos permite ser más humanos, estar más atentos y más conscientes de lo que nos rodea, de lo que se cuece y se vive a nuestro alrededor, de todas las energías buenas y malas que se generan en cada intercambio, en cada encuentro, en cada actividad. La solidaridad cambia. El hombre y al mujer cambian. La sociedad cambia. La política cambia. La economía puede cambiar.


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