Contribuciones a la Economía


"Contribuciones a la Economía" es una revista académica con el
Número Internacional Normalizado de Publicaciones Seriadas
ISSN 1696-8360

 

CRISIS ECONÓMICA, GLOBALIZACIÓN Y NATURALEZA HUMANA 
 


José Alberto Martínez González (CV)
Escuela Universitaria de Turismo Iriarte, Universidad de La Laguna, España
info@joseamartinez.com 


 

Resumen:

Algunos aspectos diferencian a la actual crisis de las anteriores. Uno de ellos se refiere a los mercados: mientras en las crisis pasadas el origen estuvo asociado al mercado financiero secundario (la Bolsa) o al mercado de materias primas (oro, petróleo, etc.), en la actualidad el inicio está relacionado con el mercado de productos financieros de última generación, nacidos a la luz de la más moderna ingeniería financiera. La segunda diferencia también es bastante evidente: en la crisis actual la globalización y la internacionalización de las economías están más presentes que nunca. Por último, la política económica de las administraciones públicas tampoco ha sido la misma antes de las crisis ni durante el desarrollo de las mismas. Sin embargo, hemos de reconocer que también existen similitudes: en todas las crisis se han cometido errores, excesos e irresponsabilidades por parte de los principales agentes vinculados al mercado financiero (los ejecutivos de los bancos centrales y de los bancos delegados, los administradores públicos, los asesores financieros, etc.). Podemos afirmar que, desde un punto de vista humano, se han cometido todos los “pecados capitales”. En el presente artículo se exponen las principales causas económicas y humanas de la actual crisis, y se analizan algunas medidas para solucionarla.

Palabras clave: Crisis, Globalización, Valores, Confianza

Title: Economic crisis, globalization and human nature

The current crisis is different from the previous one. The first difference refers to the markets: while in the spent crises the origin was associated with the financial secondary market (the stock exchange) or with the commodities market (gold, oil, etc.), at present the beginning is related to the market of financial products of last generation, born in the light of the most modern financial engineering. The second difference is evident: in the current crisis the globalization and the internationalization of the economies are more present than never before. Finally, the economic politics of the public administrations have not been the same before the crises or during the development of them. Nevertheless, we have to admit that also similarities exist: in all the crises mistakes, excesses and irresponsibilities have been committed by the principal agents linked to the financial market (the executives of the central and the representative banks, the public administrators, the financial advisers, etc.). We can affirm that, from a human point of view, there have been committed all the "cardinal sins". This article explains the main economic and human reasons of the current crisis, and analyzes some measures to solve it.

Keywords:

Crisis, Globalitation, Values, Confidence


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Martínez González, J.A.: "Crisis económica, globalización y naturaleza humana” en Contribuciones a la Economía, noviembre 2010, en http://www.eumed.net/ce/2010b/ 


1.- Naturaleza de la crisis actual

Como afirman muchos investigadores, entre ellos Montoro y Nadal (2009) y Nadal (2008), la crisis financiera global actual constituye el acontecimiento económico y social más importante de las últimas décadas. Por su magnitud, intensidad y efectos sobre la economía real y sobre la sociedad la presente crisis ha creado una nueva forma de entender la globalización, los valores humanos y la economía, además de permitirnos comprender mejor las propias crisis y las estrategias para gestionarlas.

De Gregorio (2008) es de la misma opinión cuando afirma que “en la actualidad estamos atravesando una crisis financiera internacional sin precedentes…Cómo evolucionará la economía mundial y cuán prolongada será la recesión está aún por verse”. Afortunadamente parece que se aprecian signos de recuperación en 2010, por lo que el reto ahora consiste en determinar cuánto va a durar la actual situación de mejora, qué se puede hacer para afianzarla y qué aprendizajes se pueden extraer de esta lamentable y extraordinaria experiencia.

Son muchos los investigadores y los profesionales que han intentado relacionar la crisis actual con las que han tenido lugar en las últimas tres décadas. En este sentido Venegas (2010) afirma que todas las crisis económicas experimentadas a partir de la década de los ochenta presentan aspectos comunes:

a) La existencia de mercados financieros que han estado escasamente regulados, así como la aplicación y desarrollo de diferentes instrumentos e innovaciones financieras.

b) La existencia de una inadecuada y libre movilidad de capitales - producto de la escasa regulación del mercado financiero, entre otras cosas - y la consecuente volatilidad en los precios de los activos.

c) La rentabilidad del capital financiero, motivada en parte por la innovación financiera, ha sobrepasado las operaciones del sistema monetario internacional y de los mercados reales.

Por el contrario, para otros investigadores como Galindo (2008) existen claras diferencias entre la crisis actual y las anteriores:

1. La crisis actual tiene un inicio distinto, desde la óptica económica: ésta se ha debido a las hipotecas subprime y a su efecto en la banca, en los fondos de inversión y en la economía real.

2. La dependencia del petróleo ha sido menor, a pesar de la importante subida que ha experimentado el precio de este producto. En las crisis acontecidas anteriormente el petróleo constituía el “activo subyacente”, en la actualidad el activo subyacente ha sido de naturaleza financiera e inmobiliaria.

3. La forma de actuar en política económica ha cambiado. En la actualidad las autoridades económicas dependen de la confianza de todos los agentes económicos para plantear y desarrollar con éxito sus programas.

5. Los mercados están mucho más interrelacionados porque el mundo también lo está, debido a la globalización y al desarrollo de las tecnologías y de las comunicaciones. Los productos y servicios financieros que se ofertan y demandan actualmente por las empresas y los particulares, respectivamente, están individualmente conectados a operaciones comerciales, productivas y financieras claramente identificables, de modo que si las operaciones bancarias se ven frenadas, como ha sido el caso, el resto de los intercambios también.

6. La desconfianza de los consumidores y sus propios sentimientos han impedido que las medidas adoptadas por la Administración no se transfieran a las decisiones de compra de los ciudadanos y de las empresas. Es cierto que el desarrollo de las tecnologías y las comunicaciones conlleva la inmediatez de las respuestas de los mercados, y también entre ellos, pues una operación financiera solicitada para la compra de un bien de consumo, por ejemplo, se puede aprobar en horas. Pero esa circunstancia no se ha producido.

Como ha podido apreciarse, tanto en las similitudes como en las diferencias expuestas están presente de manera explícita e implícita, además de los asuntos de naturaleza económica y financiera - y además de la globalización y la liberalización - las actitudes y las conductas de los agentes que, directa o indirectamente, han estado vinculados a los asuntos y operaciones financieras relevantes en el origen de las crisis. Esta constituye una interpretación frecuentemente obviada u olvidada que comentaremos más adelante. Es como si los aspectos económicos y financieros no dejaran ver y apreciar – supongo que a veces conscientemente - la vinculación de la naturaleza humana con el origen de la crisis.

En este sentido se expresa Nacht (200) cuando afirma que, respecto al desencadenante de la crisis, sólo se ha prestado atención a la punta del iceberg, pues las razones de la crisis son estructurales y profundas, no sólo económicas. Para él la evolución de los subprime constituye un asunto intermedio, aunque muy significativo. Sin embargo, hemos de reconocer que la mayor parte de las explicaciones sobre los orígenes de la actual crisis son de tipo económico y financiero, a excepción de las crisis vinculadas a catástrofes naturales o a conflictos bélicos.

Nosotros analizaremos primero las razones económicas y financieras, seguidamente las conexiones con la globalización y después los aspectos humanos. En este último caso abordaremos las causas que han estado relacionadas con las personas. Al fin y al cabo las crisis son ante todo humanas, y después económicas, financieras y todo lo demás.

2.- Explicaciones económicas y financieras de la crisis actual

Efectivamente la crisis actual ha sido ampliamente explicada desde el punto de vista económico y financiero, y desde diferentes marcos teóricos y políticos. Por ejemplo, algunos economistas políticos como Reuben (2008) se han aproximado al origen y al desarrollo de la crisis desde posiciones marxistas, destacando las desigualdades inherentes al capitalismo. Sería interesante analizar los efectos diferenciales que la crisis ha generado en los sistemas capitalistas y en aquellos que se encuentran más próximos a planteamientos socialistas.

Para Moreno (2009) la crisis actual lo es de deflación-deuda: al producirse un exceso de deuda financiada con recursos prestados y al no cumplirse las expectativas especulativas de los deudores - explica Moreno - éstos se vieron forzados a vender activos o a reducir gastos, produciéndose una caída del precio de los activos y de los beneficios de las empresas. A su vez, la caída de precios y beneficios debilitó aún más la capacidad del sistema para hacer frente a los compromisos de deuda, provocando una nueva cadena de ventas de activos y de descensos de precios. Y de este modo se generó una dinámica de deflación que únicamente puedo contrarrestarse mediante unas medidas inflacionarias financiadas con endeudamiento público.

Por su parte Huerta (2009) justifica la crisis por la política de expansión artificial del crédito consentida y orquestada por los bancos centrales durante los últimos quince años. El crédito barato se colocó en el mercado por el sistema bancario en forma de créditos de nueva creación y concedidos a tipos de interés muy reducidos (incluso negativos en términos reales). Esto favoreció la aparición de una burbuja especulativa con importantes subida de los precios de los bienes de capital, activos inmobiliarios y títulos representativos de los mismos que se intercambian en la bolsa de valores Sus índices crecieron de forma espectacular. Para Huerta, la gran expansión artificial crediticia e inversora iniciada a partir de 1992 no se vio soportada por un aumento paralelo del ahorro voluntario de las economías domésticas.

Venegas (2010) sostiene que la crisis surgió efectivamente en 2007, pero sus orígenes se remontan a años anteriores. Primero, el estallido de la burbuja tecnológica provocó la huída de capitales de inversión, que finalmente encontraron refugio en el mercado inmobiliario. Segundo, los bancos centrales rebajaron los tipos de interés, como forma de reactivación de la economía, y con ello se abonó el terreno de la crisis. La globalización y el “encadenamiento” económico hicieron posible que, en una cadena de deudores tan larga, compleja y de tan alto riesgo, al romperse un eslabón toda la serie de operaciones financieras se colapsara y la economía de carácter globalizado también. En definitiva, ésta ha sido una crisis en la que el riesgo original ha ido cambiando de manos.

Bono (2009) propone también una explicación encadenada de la crisis actual en la que la globalización ha tenido un marcado efecto de contagio y transmisor. Se inició por la burbuja tecnológica, los escándalos contables y la recesión de la economía americana, lo que llevó a una política monetaria claramente expansiva de tipos de interés y al desarrollo de un programa de política fiscal emprendido por el gobierno americano para estimular el consumo y la inversión privada. Y pronto se transfirió a los demás países. Bono presenta el siguiente proceso de desarrollo económico y financiero de la crisis, a nuestro juicio bastante clarificador, sintético y realista:

Origen en Estados Unidos:

a) Exceso de liquidez en los mercados e incremento desmedido de los volúmenes de financiación contratados en los mercados mayoristas a bajos tipos de interés.

b) Rápida reactivación del consumo de los hogares – que no ahorraron - y de la inversión en vivienda, que elevó considerablemente el precio de los inmuebles y la tasa de endeudamiento de las familias.

c) Revalorización espectacular de los índices bursátiles, con el consiguiente “efecto riqueza” sobre los poseedores de activos.

d) Endeudamiento público que superó el 3,5% de déficit.

e) Déficit exterior cercano al 7% que exigía el acopio de grandes volúmenes monetarios para su financiación.

f) Exceso de liquidez y pérdida de sensibilidad hacia el riesgo que hizo que aumentara de forma desmedida el segmento de hipotecas subprime.

g) Importante proporción de las concesiones de crédito realizada sobre la base del 100% del valor tasado del inmueble.

Transmisión a otros países:

h) Por ingeniería financiera los bancos de inversión “transfirieron” el riesgo de las operaciones hacia un sinnúmero de inversores institucionales de todo el mundo, excesivamente confiados y desconocedores del reducido control por parte de las autoridades, y de la dejadez de las agencias de calificación.

i) Alza de precios del petróleo y de otras materias primas que culminó con las bruscas subidas de tipos de interés ante las presiones inflacionistas, provocando un incremento de la mora hipotecaria, la suspensión de pagos de las sociedades hipotecarias, la crisis de los bancos de inversión y el rescate urgente de bancos, agencias y aseguradoras.

j) Desplome de las bolsas, desconfianza entre entidades financieras por desconocimiento de la composición de sus carteras, bloqueo de los mercados interbancarios y, en definitiva, la crisis de liquidez generalizada.

3.- La globalización y la crisis actual

Para muchos investigadores como McKinnon y Huw (1999) la globalización y la liberalización económico-financiera constituyen las principales causantes de la crisis, que ha ocasionado a los países distorsiones de crecimiento y desarrollo, especialmente a los emergentes. Nosotros consideramos que dichos fenómenos – globalización y liberalización - no han hecho sino facilitar la transmisión de los problemas, que en cualquier caso comenzaron por no haber hecho las cosas con el suficiente fundamento.

En la literatura económica se dice que la liberalización posibilita que el mercado financiero opere, y también que la globalización interrelaciona a los distintos sistemas en una red de interdependencia que favorece a todos. Se afirma incluso que la liberalización financiera internacional reduce la volatilidad inherente a los movimientos de capitales y favorece un mayor crecimiento económico. Pero la experiencia particular de las economías de Asia, América Latina y Europa Oriental revela que estos beneficios potenciales no siempre llegan a materializarse, al menos en el corto plazo (Ripoll, 2009).

Arestis, Troncoso y Cavalcante (2008) han llegado a demostrar que, efectivamente, promocionar la liberalización financiera como la panacea para el creci¬miento económico también genera problemas, especialmente en los países en vías de desarrollo, debido a las crecientes interacciones que se producen en los mercados internacionales y sobre todo a las fórmulas utilizadas. Pero los efectos perversos de los flujos crecientes de capitales internacionales estarían originados, sobre todo, por la des-regularización, no por la liberalización en si misma.

Greenspan (2010), Nieto (2009) y Pérez (2007) realizan una síntesis de la explicación de la crisis desde una óptica económica y financiera, pero vinculándola también a la globalización y la liberalización. Para ellos el progreso tecnológico y las innovaciones financieras dieron lugar a grandes operadores en toda clase de activos financieros, en un contexto que estaba, en principio, altamente integrado.

Y la desintegración efectivamente comenzó - afirman los autores citados - cuando los mercados se globalizaron y se internacionalizaron, pues la heterogeneidad de las economías locales y el contexto “micro” son fuente de inestabilidad. Es en ese contexto global e internacional en el que surgen los productos financieros determinantes, que son incorrectamente gestionados, aunque inicialmente el origen de la crisis estuviera localizado en Estados Unidos.

Para Martínez (2000) la globalización financiera y la internacionalización han llevado consigo el estallido de una crisis financiera en las economías emergentes, a partir de la crisis en otra economía. Este hecho al menos incide en el aumento del riesgo de crisis en dicha economía. Y existen dos vías principales mediante las cuales eso sucede: la vía internacional (o externa) y la vía nacional (o interna). Según Martínez eso es así ya se trate de una crisis que se caracterice en sus inicios por la caída del índice bursátil (crisis bursátil), por el desplome del tipo de cambio (crisis cambiaria), por la quiebra generalizada de la red financiera de un país (crisis bancaria) o por el estallido simultáneo de una crisis bancaria y una cambiaria (crisis gemelas).

No cabe duda de que los ámbitos nacional e internacional de las diferentes economías están interrelacionados, algo que puede ser negativo para la rápida propagación de la crisis. Pero también hemos de considerar que este fenómeno es positivo cuando ésta comienza a remitir, si las estructuras internas y la red de relaciones no se han visto seriamente dañadas y favorecen la recuperación. Podemos afirmar que es tiempo ahora de reflexionar sobre los efectos de la globalización y la liberalización financiera en las economías de todo el mundo, y sobre las posibles actuaciones de política económica para resolver los problemas presentes y fu¬turos.

4.- La crisis y la naturaleza del ser humano

Bono (2009) es de la opinión de que a pesar del componente económico y financiero de la crisis, y a pesar de la globalización y de la liberalización financiera, las crisis tienen su origen en un conjunto de actitudes sociales que suelen repetirse en los ciclos económicos, y que denotan que la condición humana cambia poco con el paso del tiempo, lamentablemente. Desde una concepción también humanita de la crisis, Olivares y Villacampa (2008) afirman que ésta constituye, en definitiva, una historia de excesos y de carencias. Respecto a los excesos, los autores señalan los siguientes:

a) Exceso de malas prácticas, que han llevado a un exceso de liquidez, que se hubiera mantenido en un contexto local o sectorial si el mundo no fuera global y no estuviera todo interconectado.

b) Exceso de ambición por crecer o por acumular riqueza a cualquier precio, tanto si los activos eran rentables como si no, tanto si habían garantías como si no.

c) Exceso de confianza en agentes externos por parte de los inversores, especialmente en las entidades financieras y en los asesores. El exceso de confianza también se refiere a las posibilidades de la globalización y de los mercados financieros internacionales para regularse.

d) Exceso de inversiones irracionales impulsadas por los puntos anteriores.

e) Exceso de pérdidas económicas al cerrarse los mercados para este tipo de productos.

f) Exceso de rumores, un asunto que no se ha tratado con todo el rigor y la prudencia que merece, pues la base de la actividad bancaria es la confianza.

g) Exceso de desconfianza, que siguió al exceso de confianza, pues si bien es verdad que había bancos afectados por los productos estructurados, había otros que no lo estaban.

Pero la crisis actual también constituye una historia de muchas carencias humanas:

a) Carencia de conocimiento del objeto, de los procedimientos y de los objetivos de las entidades financieras, por parte de consumidores y de otros agentes. Carencia también de suficiente información financiera real y veraz.

b) Carencia de racionalidad a la hora de solicitar y conceder créditos. No se puede conceder un préstamo sin disponer de información adecuada acerca del acreditado, o incluso a sabiendas de que no tiene capacidad de pago. La carencia también ha estado presente a la hora de solicitar y aceptar créditos, hecho que se ha caracterizado por la espontaneidad y el exceso de entusiasmo.

c) Carencia de criterio a la hora de calibrar los riesgos. Cada inversión, en función de sus características, conlleva un grado de riesgo mayor o menor, aun en épocas de bonanza económica. Esto no se debe nunca pasar por alto.

d) Carencia de seguridad en los procesos financieros, que incluye las carencias habidas en la formalización de los seguros de las operaciones.

e) Carencia de regulación suficiente del sistema financiero, especialmente el americano.

f) Carencias y errores en la percepción y evaluación de riesgos diversos.

g) Carencia de rigor a la hora de realizar inversiones, tanto en lo relativo a los aspectos formales como de análisis técnico.

h) Carencias en el control y la gestión de las relaciones financieras internacionales.

Bono (2009) también mantiene que la crisis, que tiene su origen en las actitudes de las personas, constituye en definitiva una crisis de los pecados capitales:

a) Soberbia: el prolongado período de crecimiento llevó a pensar a muchos haberse llegado a un sentimiento de que el hombre había conseguido imponerse sobre los principios y los ciclos económicos.

b) Avaricia: las continuas mejoras en el bienestar, gracias al crecimiento económico, alimentaron el sentimiento de codicia – consustancial a la condición humana – y el objetivo de ampliar los beneficios. Este factor afectó tanto a las empresas y a los intermediarios profesionales de los mercados como a los inversores.

c) Envidia: el ambiente de progreso y riqueza provocó el llamado efecto emulación. A ningún individuo le gusta ser menos que los demás cuando todo va bien, y a ninguna empresa le complace perder puestos en las clasificaciones.

d) Gula: una larga época de prosperidad económica conduce a excesos de todo tipo en el consumo y en el logro de estándares de vida desproporcionados a los ingresos, pudiéndose extrapolar esta regla a los gastos de algunas empresas y administraciones. La pasión por el gasto suntuario, tanto en cantidad como en visibilidad, ha alcanzado extremos totalmente injustificados.

e) Pereza: en determinados momentos del ciclo expansivo emergieron voces llamando a la prudencia, voces que se fueron oyendo con más fuerza en los últimos dos o tres años. Pero la pereza –en ocasiones más fuerte que la inconsciencia – acompañada de la rutina impidió que comenzaran los ajustes antes de que la burbuja explotara.

f) Ira: el desplome de algunas empresas, las pérdidas millonarias de personas afectadas por los activos tóxicos del mercado internacional, el retraso en determinadas tomas de decisión y, sobre todo, el aumento del censo de parados, están produciendo un estado de irritación social, en especial de aquellos que se consideran los auténticos perjudicados por la crisis.

Para Andreu (2009) la crisis es el resultado de actuaciones económicas equivocadas por parte de todos los agentes, de las que son responsables, incluyendo gobiernos, banqueros centrales, banqueros comerciales y prestatarios de muchos países. Las responsabilidades podrían situarse en varios niveles: responsabilidad política por delegación de los bancos centrales en las entidades financieras, irresponsabilidad en la administración de la política monetaria y en la regulación bancaria, e irresponsabilidad de las entidades financieras delegadas por arrogancia y desconocimiento (y también por las prácticas financieras encadenadas llevadas a cabo).

Según Andreu (2009) quedan excluidos de tales responsabilidades los eventuales prestatarios o tomadores últimos de hipotecas, porque estos sólo tienen responsabilidades individuales y no colectivas como todos los demás. Tampoco se ha incluido a los ahorradores, pues esperar para consumir no constituye negligencia punible.

Estamos de acuerdo con Fernández (2010) cuando afirma que la crisis es, inequívocamente, el producto de excesos y de errores, de todos los partícipes y en todos los niveles del sistema. Constituye en definitiva el fruto de un gran error colectivo. Y es que se han producido fallos humanos en la disciplina de mercado (oferta y demanda) y fallos en la regulación de los mercados, entre otros muchos. Y esos errores y fallos, que son humanos, han estado presentes tanto en el diseño del sistema socio-económico y financiero vigente como en el funcionamiento del mismo.

Por parte de los responsables de las entidades financieras también ha habido errores, porque fallaron o quizás fueron negligentes en la gestión del riesgo, la de los productos y en el mantenimiento de los procesos financieros dentro de niveles y criterios razonables, a partir de unos principios y normas de conducta éticas. También en el origen de la crisis se aprecia la complacencia de los reguladores, que por desconocimiento o complicidad fallaron estrepitosamente en su función pública, que no es otra que asegurar el sistema financiero – especialmente a los oferentes y demandantes - contra sus propios excesos y deficiencias. En definitiva, muchas personas actuaron como especuladores y se olvidaron de que los precios suben y bajan.

Por su parte Cañadel (2009) afirma que hace mucho tiempo que se sabe que cuando se normalizan conductas anormales finalmente éstas se vuelven patológicas. En la sociedad globalizada se lleva muchos años dando por buenas situaciones totalmente inmorales, ilógicas e intolerables, desde cualquier pensamiento normal. Y, finalmente, estalló la crisis. Como dice el refrán: “quien siembra vientos, recoge tempestades”. Es imposible creer – insiste Cañadel - que personas importantes, ejecutivos y directivos de grandes entidades financieras, bancos y agencias, dirigentes políticos, grandes empresarios, economistas, letrados e intelectuales no supieran lo que la gente normal y corriente sabe: que uno no puede gastar más de lo que tiene.

Propone Cañadel (2009) una serie de interrogantes:

¿Por qué se aceptó un crecimiento económico impresionante al mismo tiempo que un estancamiento de los salarios?

¿Cómo se pensó que se podría vivir siempre con bajos salarios y un consumo desenfrenado?

¿Por qué no se puso el grito en el cielo con una construcción desmesurada y el aumento desorbitado del precio de la vivienda?

5.- Las respuestas a la crisis

La preocupación por la crisis es “global”, al menos en lo que respecta a su contenido económico. Porque global es la propia crisis y porque global es el mundo actualmente. Y el ámbito económico-financiero del ser humano y el de las sociedades que crea parece haber sido objeto de preocupación antes que otras cuestiones. En este sentido, en el último encuentro del G20 se ha fijado el objetivo de iniciar un proceso de reforma del sistema financiero internacional que permita seguir manteniendo los principios de libertad económica y, al mismo tiempo, los haga compatibles con una regulación financiera internacional que prevenga los riesgos con eficacia. Pero no parece que se haya profundizado en otras cuestiones.

Pero la solución a la actual crisis pasa, necesariamente, por la revisión de los principios y los comportamientos. Y por el replanteamiento de las posiciones relativas de poder político, entre otras muchas cuestiones. Las actitudes, los principios y los valores humanos podrán estar referidos a unos contextos y niveles sociales determinados, o a otros, pero aquellos no dejan de ser lo que son. No será suficiente – por más que sea necesario - cambiar los contenidos y los procesos técnicos y financieros. Esta crisis es más profunda que todo eso, aunque todo eso sea importante en la determinación de las causas, en el tipo de consecuencias que se han producido y en la implementación de las soluciones.

¿Qué e puede hacer frente a la crisis? Martínez (2009) Propone las siguientes medidas:

a) Llegar a un acuerdo sobre la conveniencia de un crecimiento y un desarrollo estables, averiguar si son posibles y clarificar cómo lograrlo.

b) Crecer sin comprometer el desarrollo sostenible.

b) Reformular el papel, las responsabilidades y los límites de los mercados financieros, de los productos, de las operaciones y de los agentes que intervienen directa e indirectamente.

c) Determinar los mecanismos para solucionar los problemas para los que no sea válido el mercado.

Fernández (2010) afirma que para salir de la crisis es primordial poner en marcha políticas sociales y no sólo económicas, que permitan recuperar la competitividad perdida y la eleve hasta los niveles aceptables, al mismo tiempo que se gestionan valores y conductas. Posiblemente el debate entre los partidarios del Estado del bienestar y los que defienden a ultranza más liberalización se salde con una victoria a medias. Creemos que la solución intermedia no debe ser sólo la de “liberalización junto a más apoyo al sector empresarial”: la cuestión social y humana requiere mucha atención.

En el ámbito de las respuestas institucionales europeas a la crisis Serrano, Montoro y Mulas (2010) han analizado el Plan Europeo de Recuperación Económica (PERE), anterior a la Estrategia de Lisboa y a la Estrategia 2020 vigente. El PERE fue aprobado en el Consejo Europeo de diciembre de 2008. De marcado carácter económico, el PERE apostó claramente por medidas sociales y fue clave no sólo para iniciar la senda de la recuperación económica en la Unión Europea (UE), sino también para amortiguar los efectos de la crisis sobre la economía y la sociedad. Y para contribuir a estabilizar los mercados financieros. El impacto del PERE fue también muy significativo en términos de mejora del déficit público. Sin embargo, creemos que no se abordaron los aspectos humanos que están presentes en el origen de la crisis y que hemos mencionado anteriormente.

Fonseca (2010) ha investigado la Estrategia 2020 de la Unión Europea (Europa 2020), que viene a sustituir a la Estrategia de Lisboa, que a su vez sustituyó al PERE y cuyo fin último era hacer de la Unión Europea la economía más competitiva del mundo y alcanzar el pleno empleo antes de 2010. La Estrategia 2020 constituye la respuesta de la Unión Europea a la crisis actual y tiene una orientación económica a largo plazo. Constituye una respuesta concienzuda y eficaz. En un único documento se recogen las que deberían ser las grandes líneas de actuaciones económicas y sociales en Europa durante los próximos años. No obstante, tampoco en la Estrategia 2020 se abordan cuestiones relativa a las actitudes, los valores y las prácticas.

A través de Europa 2020 se persigue crear una economía competitiva en un mundo globalizado y con un crecimiento sostenible. Se trata de crecer de una manera firme y duradera y, de esta forma, apartar para siempre futuras crisis de dimensiones como la actual. Para ello se han identificado tres motores clave de crecimiento: crecimiento inteligente (impulsar el conocimiento, la innovación, la educación y la sociedad digital), crecimiento sostenible (fomentar una producción más eficiente en cuanto a los recursos, a la vez que impulsar nuestra competitividad) y crecimiento integrador (aumentar la participación en el mercado de trabajo, la adquisición de cualificaciones y la lucha contra la pobreza).

Junto a estos tres ejes la Comisión ha propuesto una agenda consistente en siete grandes iniciativas.

1. La unión de la innovación.

2. Juventud en movimiento.

3. Una agenda digital para Europa.

4. Europa eficiente en términos de recursos.

5. Una política industrial orientada hacia un crecimiento verde.

6. Una agenda para las nuevas cualificaciones académicas y puestos de trabajo.

7. Una Plataforma europea contra la pobreza.

El progreso hacia estos fines se medirá en función de cinco objetivos tangibles, concretos y representativos en el ámbito de la UE para 2020:

a) El nivel de empleo de la población de entre 20 y 64 años debería aumentar por lo menos al 75 por 100 mediante, incluyendo a mujeres e inmigrantes.

b) Mantener el objetivo del 3 por 100 del PIB como contribución al desarrollo, desarrollando simultáneamente un indicador que refleje la intensidad de la I+D+i.

c) Reducir las emisiones de gases de efecto invernadero al menos en un 20 por 100 e incrementar el porcentaje de las fuentes de energía renovables en nuestro consumo final de energía hasta un 20 por 100 y en un 20 por 100 la eficacia energética.

d) Reducir el abandono escolar al 10 por 100 desde el actual 15 por 100, e incrementar el porcentaje de la población de entre 30 y 34 años que finaliza la enseñanza superior del 31 por 100 al 40 por 100 en 2020.

e) Reducir el número de europeos que viven por debajo del umbral de pobreza en un 25 por 100.

En el proceso de búsqueda de soluciones también debemos considerar las experiencias previas. Investigadores como Romer (2009) han reflexionado sobre las lecciones aprendidas tras la recuperación de la crisis de 1929, por más que las causas, los procesos y las circunstancias de ambas crisis sean diferentes:

a) Las acciones fiscales sólo tienen efectos pequeños si no van acompañadas de otras medidas.

b) Las acciones monetarias pueden ayudar a salvar la economía aún con tipos de interés bajos.

c) No se deben reducir los estímulos antes de tiempo, se debe persistir.

d) La recuperación financiera y la real van juntas, pero la financiera se asentó después de hacerlo la real.

e) La expansión global reparte las cargas y los beneficios de la recuperación.

f) La lección más importante: hay esperanza, pues, a pesar de todo, todas las crisis han concluido finalmente. Pero el ser humano debe cambiar algo para que esa esperanza, que no es poco, se materialice.

Por último, dos cuestiones más debemos abordar en la gestión de la crisis actual. La primera posee un contenido humanista y se refiere a la confianza. Como manifiesta Berlinska (2008), los sondeos recientes de la opinión publica, realizados en plena crisis, indican que la confianza social, en términos generales, está disminuyendo sistemáticamente, incluso en los países más desarrollados y en las democracias más firmes del mundo. Nos referimos a la confianza en la competencia y en la solidez, la honradez, la honestidad, el desinterés y la responsabilidad de las elites políticas, de las empresas y de las instituciones públicas. Pero también respecto a los productos de consumo, los servicios y las tecnologías.

El resultado de esta creciente desconfianza es que la gente va perdiendo la sensación de certeza, seguridad, estabilidad y continuidad en su vida cotidiana, algo fundamental para salir de la crisis. Las situaciones obvias y previsibles de la vida parecen hacerse más raras y, en consecuencia, crece la inseguridad, el cinismo, el desasosiego y los temores. La Educación tiene mucho que hacer en este sentido.

Aunque la globalización introduce interacciones de todo tipo y cada vez más amplias, con muchos y diferentes interlocutores, también aparecen otras más superficiales y poco duraderas. Llegamos a conocer cada vez a más personas, más entidades y más productos, pero sabemos cada vez menos sobre todos ellos y sobre sus propuestas, lo que nos impide formarnos una opinión independiente respecto a los asuntos que tienen importancia para nosotros, como el social, el profesional o el empresarial.

También la información sobre las personas, los mercados, los productos o las instituciones públicas y privadas que tienen influencia sobre nuestra vida es cada vez menos directa. Llega a través de los medios de comunicación de masas y suele ser simplificada, manipuladora y contradictoria, produciendo sensación de inseguridad. Esto es especialmente cierto en relación a los mensajes comerciales asociados a promociones y ofertas, en los sectores inmobiliario, comercial y financiero.

¿Qué circunstancias favorecerían el desarrollo del clima de confianza? Veamos algunos de ellos:

a) La transparencia de la vida pública y la privada, de sus formas y sus mecanismos de organización, que debieran ser visibles, claros y fáciles de entender

b) La familiaridad con el ambiente donde transcurre la vida social y económica, tanto del ambiente natural, tecnológico y cultural, como del étnico o racial.

c) La consistencia normativa de la sociedad.

El segundo y último aspecto es de naturaleza económica y se refiere al papel de las pymes. Camisón y De Lucio (2010) afirman que las pymes, tan desfavorecidas en esta crisis por sus características, constituyen la unidad económica básica de las economías mundiales y deben jugar un papel relevante también después de la crisis. Pero deben afrontar los siguientes retos:

a) Asumir la globalización y la internacionalización sin abandonar los asuntos locales.

b) Mejorar su flexibilidad y capacidad de adaptación.

c) Mejorar la competitividad.

d) Aumentar su capital intelectual.

e) Potenciar su propia identidad y fortalezas.

f) Cooperar e integrarse.

6.- Conclusiones

Es cierto que la crisis actual tiene un contenido económico y financiero significativo, tanto en sus momentos iniciales como en su evolución. También lo tendrá la resolución de la misma. La globalización y la internacionalización han constituido factores facilitadotes de la transmisión de la crisis al resto de pañises. Sin embargo, en la base de todas las crisis se encuentran los valores y las prácticas de una gran parte de los miembros de los diferentes grupos socio-económicos y políticos: entidades financieras, mercados, instituciones, etc.

Para salir de la crisis deberán modificarse los sistemas y prácticas sociales, económicas y financieras, nacionales e internacionales, también los sistemas técnicos, claro que si. Pero antes debemos reformular los principios de funcionamiento: los valores. Sólo de ese modo se restaurará la confianza perdida en la crisis. Naturalmente, también deben modificarse las prácticas y conductas.

Bibliografía

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