Contribuciones a la Economía


"Contribuciones a la Economía" es una revista académica con el
Número Internacional Normalizado de Publicaciones Seriadas
ISSN 16968360

 

HACIA UN CAMBIO CULTURAL ECONÓMICO

 

Arnold Rubén Simoni (CV)
Universidad Nacional de Cuyo - Argentina
arnoldsimoni@yahoo.es
 


 

RESUMEN

Se trata de una revisión y ampliación, de un aspecto del artículo “Discurso económico sobre precio y costo” publicado por esta Revista Virtual, Contribuciones a la Economía, de la Universidad de Málaga, en el mes de septiembre del año 2006: (http://www.eumed.net/ce/2006/ars.hym).

El tema central gira alrededor del concepto, origen, función y utilidad de costo y precio; el orden y relaciones de ambos fenómenos; consecuencias de una errada creencia al respecto, y crítica al razonamiento marginal en la economía social.
 


Para citar este artículo puede utilizar el siguiente formato:
Rubén Simoni, A.: "Hacia un cambio cultural económico" en Contribuciones a la Economía, marzo 2009 en http://www.eumed.net/ce/2009a/



I. COSTO

Comenzamos por costo, en consideración a que la cultura universal asigna al mismo, causa y determinación del precio.

Lo que perciben nuestros sentidos, es que la actividad comienza con la producción para poder consumir. Es lo que se ve. Por ello se cree que el esfuerzo es el primer requerimiento humano y su consecuencia, el costo, origen y causa del precio. Pero no es así. Una vez más, lo esencial no lo captan nuestros sentidos. Lo esencial, en este tema, es la condición humana denominada necesidad, que obliga a realizar sacrificios para satisfacerla. Ganarás el pan con el sudor de tu frente.

Explica el diccionario que necesidad es un impulso irresistible que hace que las causas obren infaliblemente en cierto sentido. Aquello a lo cual es imposible sustraerse, faltar o resistir. Carencia de las cosas que son menesteres para la conservación de la vida.

En ciencias sociales de Enciclopedia Encarta leemos que el psicólogo estadounidense Abraham Maslow propuso la teoría de la motivación, basada en una categorización de necesidades, sugiriendo que el progreso de un individuo reside en satisfacer necesidades básicas, para colmar finalmente la necesidad más alta de la realización personal y del desarrollo de todo su potencial humano.

Costo implica esfuerzo, sacrificio, abstinencia o privación. Y la más apropiada de dichas palabras para este caso, es esfuerzo, que significa: “uso enérgico de la fuerza física o del vigor del ánimo para vencer una resistencia o dificultad”..

Desde el punto de vista económico, la resistencia o dificultad la ofrecen los otros bienes, los que dejamos de obtener, utilizar o consumir, por los que hemos preferido. Y para las disciplinas administrativa y contable, costo es la suma de los precios de los bienes utilizados para la obtención de otro bien.

Sin embargo, la creencia más generalizada es que el costo de todo bien, es determinante de su precio, inclusive para la teoría marginal.

Para otros, precio y costo están interrelacionados, se afectan y determinan entre si.

Para algunos, precio y costo son las dos caras de una misma moneda; es decir, la misma cosa.

Y para muy pocos, el costo de los productos no determina su precio y solo sirve para comparar. Para comparar con los precios conocidos del producto terminado y decidir sobre su ejecución. Para comparar con los ingresos y determinar resultados. Para comparar con otros costos (estándar, estimados, ajenos) y conocer la eficiencia y eficacia en la gestión empresaria.

La suma de los precios de los insumos sirve para comparar con el precio (conocido o estimado) del nuevo producto; para propiciar o rechazar la producción, comercialización y/o transporte; para comparar con otros costos; para conocer la eficacia de la gestión empresaria; y a veces, para conseguir una disminución del precio del producto.

El costo, por ser tal, no puede ser otra cosa y por lo tanto no puede ser bien ni valor; además es así porque no produce utilidad sino todo lo contrario: esfuerzo, sacrificio, costo. En consecuencia no es un bien, es un mal.

El costo no tiene fuerza, facultad ni poder para motivar ni iniciar el proceso económico. Por el contrario, es un freno.

No sirve para valuar ni calcular, establecer o fijar precio alguno, porque precio es la etapa siguiente al juicio subjetivo de valor del bien que requerimos para satisfacer la necesidad y previo a la decisión de realizar el esfuerzo, es decir, al costo.

Con respecto a que precio y costo son las dos caras de una misma moneda, es cierto, pero para dos sujetos distintos: comprador y vendedor. Ambos necesitan a su vez el otro dato para conocer resultados.

Sucede que es muy fácil costear, porque consiste en simples sumatorias (a veces con criterio) de datos conocidos. Pero es muy difícil valuar por la ausencia de datos reales, concretos y seguros para ello.

II. CRÍTICA AL RAZONAMIENTO MARGINAL

Concluye el análisis econométrico, que en el punto que el costo marginal corta la demanda, determina el precio del bien (ver “Matemática y Economía Política” en http://www.eumed.net/ce/2008a/).

Es decir, también para la moderna teoría marginal, los costos determinan los precios.

Determinan el precio para los compradores del bien, pero no para los otros compradores potenciales que no han aceptado el importe requerido porque para ellos no es el precio, a pesar de mantenerse el mismo costo.

Además corresponde señalar que tanto el costo como el precio del bien, corresponden a una empresa determinada y no al conjunto social.

El costo marginal parte de la división de los costos de toda empresa en dos grandes grupos: los ocasionados por la estructura de la empresa, es decir, por las inversiones fijas, aquellas que no cambian, para la teoría, en el corto plazo; y los propios o directos del producto, denominados variables, que solo ocurren cuando se produce y por cada unidad producida.

La diferencia del costo unitario, entre el de cierta cantidad y la siguiente, se denomina costo marginal.

El costo total incluye ambos grupos, el denominado fijo y el denominado variable. El costo fijo disminuye su participación en el total, a medida que aumenta la producción, por que se mantiene constante (entre ciertos límites). En consecuencia, el costo unitario total, disminuye (cambia) por cada nueva unidad producida.

Observamos que el costo marginal sucede únicamente cuando existen costos fijos, constantes o estructurales, por cuanto en caso contrario, si todos los costos son variables, la diferencia total entre cierta unidad y la siguiente, es siempre el costo variable y por lo tanto, no existe diferencia unitaria alguna entre un nivel de producción y el siguiente o cualquier otro. Es decir, no existe costo marginal.

Cabe destacar y tener muy en cuenta que:

1º) La función productiva social de cada bien, excepto el caso de monopolio, la realizan múltiples empresas, con diferentes estructuras, determinadas por distintas ubicaciones geográficas, diferentes tecnologías utilizadas, distintos tamaños de empresa, edificios, organizaciones sociales y administrativas, actitudes y aptitudes empresarias.

2º) La teoría económica distingue en sus análisis el corto del largo plazo.

Considera corto plazo, cuando no cambian las condiciones estructurales de las empresas, mientras que en el largo plazo conceptual económico, no existen empresas, sino posibilidades de combinaciones de factores.

Lo primero indica que en todo plazo económico las diferentes condiciones operativas de las empresas, para un mismo producto, provocan inevitablemente, diferentes costos. Y también podemos inducir que en todo momento, alguna/s empresa/s modifica/n su/s estructura/s productiva/s. En caso contrario sería un absurdo el largo plazo, porque nunca se cumpliría.

Es decir, para la actividad económica en su conjunto (global), los costos cambian, se modifican continuamente.

Por lo tanto, el tiempo, momento, del largo plazo es hoy, fue ayer, será mañana, es siempre. Y si el costo de todo bien, es distinto para las diferentes empresas dada distintas combinaciones de factores y cambio de dichas combinaciones en alguna/s empresa/s, no se mantienen constantes (fijos) en la actividad global, lo que invalida, en este caso, el razonamiento marginal

La teoría marginal sirve para la economía de la empresa, pero no para la economía política.

El orden de los fenómenos económicos nos enseña, que el precio se establece donde las preferencias del consumidor cortan la oferta, y no viceversa.

Por otra parte, consideramos que es una falacia creer que el costo de hoy determina el valor de mañana.

Las comunidades no son empresas, asociaciones o sociedades comerciales, industriales o de servicios, con fines de lucro.

Las comunidades son agrupaciones humanas que constituyen unidad distinta de cada integrante, con el fin de cumplir mediante la mutua cooperación, todos o algunos de los fines de la vida, entre ellos, satisfacer sus múltiples necesidades.

¿Y como se resuelve el dilema de diferentes necesidades y limitados recursos?

Diríamos que es otra de las maravillas del mundo. En democracia, los habitantes determinan con sus compras, los bienes que se deben producir, a través del automático sistema natural de precios.

El fenómeno precio es un ordenador, capaz de recibir el conjunto de instrucciones de las múltiples necesidades humanas, compilar, correlacionar y transmitir la información en forma directa al interesado y solo puede ser perjudicial, si en el sistema interviene el factor humano.

Los sobreros de tres picos y los miriñaques, hoy nadie los reclama, el sistema no transmite información alguna y dichos artículos no se fabrican.

En cambio, el uso generalizado de Internet ha determinado un precio tal, que ha provocado gran oferta de dicho servicio.

Cuando la moda, la tecnología, o el clima, por ejemplo, imponen un bien, aumenta su demanda, precio y producción (en ese orden). Y forzosamente, indiscutiblemente, otros decaen, porque los recursos tienen límites.

La economía política es un complejo de relaciones que afecta en todos los casos todas las actividades. Por ejemplo, si se otorgan créditos especiales a un sector determinado, todos los otros sectores verán reducir sus posibilidades, porque los ahorros financieros no son infinitos.

Si se beneficia un sector mediante aranceles de importación o exportación, se perjudican todos los demás que verán afectadas sus ventas por la captación de mayores compradores del sector privilegiado.

III. VALOR ECONÓMICO

Explica el diccionario español, que el significado del término “cosa” es todo lo que tiene entidad, ya sea corporal o espiritual, natural o artificial, real o abstracta; objeto inanimado por oposición a ser viviente.

Bien es todo aquello a lo cual le atribuimos utilidad o beneficio.

El valor no es objetivo, lo atribuye a la cosa el sujeto que experimenta su necesidad; y transforma la cosa en bien, al atribuirle capacidad de utilidad. En consecuencia, el valor es subjetivo.

Sin embargo, el realismo ingenuo cree que las cosas son bienes por si mismas, a pesar que la física ha observado que las cosas se consideran por el efecto que producen en el sujeto.

Escribió Bertrand Russell en la introducción a su libro “Investigación sobre el significado y la verdad”: “Todos partimos del realismo ingenuo, es decir, la doctrina de que las cosas son lo que parecen. Creemos que la hierba es verde, las piedras duras y la nieve fría. Pero la física nos asegura que el verdor de la hierba, la dureza de las piedras y la frialdad de la nieve no son el verdor, la dureza y la frialdad que conocemos por nuestras propias experiencias, sino algo muy distinto. El observador, cuando piensa que está observando una piedra, estás observando en realidad, si hemos de creer a la física, los efectos de la piedra sobre él”.

La asignación del valor de los bienes es una facultad y condición del comprador. El vendedor debe tener la habilidad de captar dicha necesidad y su magnitud, para tener éxito en su empresa.

El vendedor “pide” tanto y el comprador acepta o rechaza la oferta conforme su asignación de valor de la cosa. Se conoce solo quienes la aceptan, pero no los que la rechazan, porque no aparecen en los registros de la empresa. Estos últimos, no están dispuesto a pagar lo requerido. Lo solicitado es superior a su asignación del valor de la cosa.

En consecuencia, el origen, la fuerza, el motor de la actividad económica radica en el sujeto; en su necesidad y en su apreciación de utilidad de la cosa.

IV. EL ORDEN DE LOS FENÓMENOS

La relación entre precio y costo y sobre todo el orden de dichos fenómenos

es tan importante que afecta la marcha de la economía y el bienestar social.

Si se cree que el costo es determinante en la formación del precio, se actúa sobre el costo para conseguir que disminuya el precio del bien.

Cuando los gobiernos toman esta medida, privilegian y favorecen al productor, por cuanto como el costo no influye en la necesidad de los compradores, el precio no se modifica y la utilidad (diferencia entre precio y costo) será mayor.

Se perjudica a todos los demás bienes y sujetos que no reciben la misma ventaja; se interrumpe y se traba la actividad económica. No se respeta la ley natural. Se modifica arbitrariamente la satisfacción de necesidades de los habitantes; se favorecen a unos y se perjudican a otros y a toda la comunidad que ve interrumpida el proceso económico y disminuido la actividad en todos los sectores.

El error conceptual del orden de los fenómenos precio y costo y la no consideración del valor económico, inclusive en famosos economistas (John Maynard Keynes) provoca la creencia que el aumento del gasto público (en sentido amplio) origina actividad económica. El origen no es el gasto, no es el costo, es la necesidad que obliga a procurar su satisfacción y realizar las acciones necesarias para tal fin.

Y la consecuencia de modificar el precio verdadero, es decir, interrumpir el orden de los fenómenos, puede ser tan grave, como producir una crisis mundial.

El origen de la crisis y su consecuencia, la recesión del año 2008, fue el resultado, como dicen Milton y Rose Friedman en su libro “Libertad de elegir”, del fracaso del Estado en un área -la monetaria- donde ejerce control.

El proceso económico fue alterado por la voluntad política de favorecer el acceso a la vivienda de los sectores con menos recursos. Para dicho fin los Bancos Centrales de EEUU (Reserva Federal) y la Unión Europea, redujeron el tipo de interés del uso del dinero. Tal acción originó por lo menos, cuatro efectos económicos: 1) aumento de la demanda real; 2) incremento de la demanda especulativa, aprovechando el mayor beneficio que provocó la medida; 3) aumento del precio de los inmuebles; y 4) incremento del uso del crédito para la adquisición de vivienda.

La consecuencia fue, además de no favorecer a los sectores con menos recursos y quebrar la armonía en la satisfacción de necesidades sociales, un exceso en la construcción de viviendas.

Ante dicha situación los Bancos Centrales aumentaron el tipo de interés y completaron su yerro, provocando la crisis, es decir, el cambio brusco de una situación dada y su consecuencia, la recesión. Las familias con menos recursos, a las que se quería favorecer, no pudieron pagar las nuevas cuotas hipotecarias ajustadas con una mayor tasa de interés y fueron las primeras que perdieron su ahorro y vivienda; después siguieron otras. Primero los particulares y después los bancos, trataron de vender dichas viviendas, ambos para recuperar todo o parte de su patrimonio. Aumentó la oferta inmobiliaria y como consecuencia bajaron sus precios, lo que produjo la quiebra de las empresas constructoras, las conexas y las instituciones bancarias que otorgaron créditos hipotecarios.

El análisis parcial de la economía social, es siempre incorrecto y conduce a sofismas y falacias que provocan errores conceptuales y escasez.

También escribieron Milton y Rose Friedman en el libro citado: “El sistema de precios funciona tan bien, con tanta eficacia, que la mayoría de las veces no nos enteramos de ello. No nos percatamos de lo bien que funciona hasta que se estropea, e incluso entonces nos cuesta reconocer el origen del problema”. (Friedman, Milton y Rose, “Libertad de elegir”, traducción: Carlos Rocha Pujol; Ediciones Orbis, S.A., 1983).

Si se opina que el costo no tiene ninguna relación de causalidad en la formación del precio, no se toman medidas y la actividad económica procurará realizar el menor costo posible para conseguir un mayor beneficio o un menor quebranto. Y lo más importante: no se beneficia ni perjudica ningún sector ni se traba la economía.

La causa de la actividad económica es la necesidad humana. La consecuencia inmediata de la necesidad es la búsqueda de su satisfacción. Luego ponderamos su relación con otras necesidades y formamos nuestro juicio de valor para finalmente asumir o no, el costo de satisfacer la necesidad.

Mientras mayor consideremos la necesidad, mayor es el valor que le asignemos al bien que la satisface.

V. CONCLUSIÓN

Si el discurso ha sido correcto, es evidente que la realidad es todo lo contrario de lo aparente. No es el costo el determinante del precio del producto, sino el precio de los insumos del producto, determinan su costo.

El origen del fenómeno económico es la necesidad humana. Antes el proceso psicofísico que la determina. Después el juicio de valor. Después el precio. Y por último, el costo.


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