Contribuciones a la Economía


"Contribuciones a la Economía" es una revista académica con el
Número Internacional Normalizado de Publicaciones Seriadas
ISSN 16968360

COMERCIO INTERNACIONAL Y COMPETITIVIDAD en la SOCIEDAD DEL CONOCIMIENTO

Lic. Laura Avondet (CV)
lauraavondet@hotmail.com 

Dr. Fernando Piñero (CV)
ferpiner@fch.unicen.edu.ar 

Universidad Nacional del Centro de la Provincia de Buenos Aires. Argentina.

Resumen: Este estudio parte del supuesto de que la relación entre crecimiento económico y tecnología cobró mayor importancia a lo largo de las últimas décadas, y de desatacar los factores tecnológicos como uno de los aspectos más importantes al momento de explicar los flujos de comercio internacional. De este modo, la idea rectora de este artículo es que el progreso técnico no es accesible de forma homogénea a todos los países y que la competitividad internacional de cada país es definida a partir de las diferentes capacidades tecnológicas y grados de encadenamientos hacia atrás y hacia delante de los diversos sectores productivos. El propósito de este artículo es describir los cambios que en el transcurso del tiempo ha sufrido el concepto de ‘competitividad’ a la luz de diversas teorías de comercio internacional.

Palabras Claves. Competitividad, Comercio Internacional, Desarrollo, Sociedad del Conocimiento

Summary : This study departs from the assumption that the relationship between economic growth and technology received major importance throughout last decades, and outlines that technological factors are one of the most important aspects to explain the flows of international trade. Thus, the governing idea of this article is that the technical progress is not accessible in a homogeneous form to all the countries and that international competitiveness of every country is defined by the different technological capacities and the sequences forward and ahead of the diverse productive sectors. The purpose of this article is to describe the changes that the concept of 'competitiveness' has suffered according to the diverse theories of international trade.
Key Words. Competitiveness - International Trade - Development - Knowledge Society


Para citar este artículo puede utilizar el siguiente formato:

Laura Avondet y Fernando Piñero: “Comercio internacional y competitividad en la sociedad del conocimiento" en Contribuciones a la Economía, octubre 2007. Texto completo en http://www.eumed.net/ce/2007c/lafp.htm


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Sociedad Informacional y Comercio Internacional

En el marco de la economía informacional global, basada en la revolución de la tecnología de la información; los patrones de producción, comercio e innovación1 han cambiado significativamente. De acuerdo con Mortimore (1997, p.7), la inversión extranjera directa (IED)2 y las exportaciones han constituido dos piedras angulares del proceso de globalización. La creciente integración mundial otorgó un gran impulso a los flujos de IED y, por ende, al creciente protagonismo que fueron adquiriendo las grandes empresas transnacionales (Kosacoff B., et al: 2006, p.13); compañías que difieren bastante de las corporaciones multinacionales típicas de los años ’60 y ’70, constituyendo de esta manera un nuevo fenómeno. (Dupas: 1999, p.14)3.

Desde el comienzo de los ’80 el volumen mundial de IED creció más que el comercio internacional, el cual, a su vez aumentó más que el producto; (Kosacoff: 2006, p. 4) mientras que el comercio mundial de bienes creció a tasas superiores a las del Producto Bruto Interno (PBI).4

En el esfuerzo por alcanzar un mejor posicionamiento, la innovación y la tecnología deben ser los ejes fundamentales sobre los que giren las políticas públicas y privadas. En el actual contexto internacional, los nuevos paradigmas tecno-organizacionales, las privatizaciones y constitución de monopolios u oligopolios privados, la flexibilización laboral, las mayores exigencias de calidad y variedad por parte de clientes y usuarios, y las incertidumbres estratégicas asociadas al nuevo escenario mundial han aumentado la presión competitiva que han debido enfrentar los agentes económicos.

En palabras de Duplas:

“La hegemonía de las naciones y el liderazgo de las grandes empresas en las cadenas productivas globales tienen como factor determinante la capacidad de innovación. Ella permite articular y organizar la producción mundial en busca de la composición más eficiente del trabajo, capital, conocimiento y recursos naturales. La nueva lógica del poder se asienta sobre la confrontación y la competencia, basándose en la combinación de una serie de estrategias en los campos militar, económico, político, ideológico y cultural. Sus componentes fundamentales son el control de la tecnología de punta, de los recursos esenciales y de la fuerza de trabajo. El liderazgo tecnológico es el que define la condición hegemónica de los Estados y empresas, pues es por su intermedio que se imponen los patrones generales de reproducción y multiplicación de la acumulación. Si ella puede combinarse con la amplia disponibilidad de fuerza de trabajo y de materias primas estratégicas, esta completa una condición central para el ejercicio de la hegemonía”. (2000: pp. 19 y 20)

Así, los estándares de comercio global y de la actividad de exportación en los países en desarrollo están cambiando en respuesta a los siguientes tres patrones de base tecnológica: la innovación, las capacidades tecnológicas, y la reubicación (para aprovechar los menores costos de transporte y comunicación). De este modo, las cadenas de valor internacionales5 están coordinadas de manera más estrecha que antes, tanto dentro de las empresas (por parte de las compañías transnacionales) como externamente (por relaciones contractuales e informales); las funciones y los procesos se subdividen y distribuyen alrededor del mundo para aprovechar las considerables diferencias que existen en cuanto a costos, logística, mercados e innovación. “El proceso de “fragmentación” es acumulativo y aquellos que mueven las piezas en primer lugar generan ventajas para sí que se basan en el aprendizaje y en la aglomeración” (Lall S. et al: 2005, p.6)

Como es de esperar, dichas modificaciones en el comercio internacional afectan tanto sus vías de desarrollo como su contenido conceptual. La noción tradicional y originaria de comercio exterior entendido como “los intercambios de bienes y servicios que tienen lugar a través de las fronteras nacionales” (Lipsey, R. G.: 1991, p.394) ha sufrido una serie de variaciones de acuerdo con la evolución del modelo económico mundial imperante, en el que ganan protagonismo los procesos de integración regional destacándose la existencia de vínculos macro-regionales (Unión Europea, MERCOSUR, Nafta) y micro-regionales (llámense ‘triángulos de crecimiento’regiones transfronterizas, o ‘corredores de desarrollo’). (Ferrero M.: 2006).

Paralelamente, aumentaron las implicaciones internas del comercio exterior al generalizarse los instrumentos control sobre el cumplimiento de los acuerdos convenidos en la Organización Internacional del Comercio (OMC) fundada en 1995. (Jordana J. y Rarnió C.: 2002). De esta manera, ante el debilitamiento de los Estados nacionales, las localidades, las ciudades y las regiones se convierten en espacios privilegiados de construcción de competitividad.6. (Reinel Pulecio, J.: 2002, p.11)

Así, ante los importantes cambios acaecidos, pretender que las teorías tradicionales se mantengan inmutables no sería razonable. En la búsqueda de nuevas explicaciones que se adecuen al comportamiento del mundo actual, varias disciplinas y nociones fueron replanteadas

En lo tocante al comercio internacional, esto ha derivado en la aparición de diversas teorías, entre las que destacamos la evolucionista; cuyos postulados se centran en incluir en la explicación del avance del comercio internacional, factores determinantes no contemplados por teorías anteriores, señalando como factor clave en la competitividad internacional el tecnológico. Así, desde esta óptica, se intentan plasmar algunas de las principales particularidades que presenta el papel de la innovación como elemento primordial en la evolución comercial internacional en el marco de la teoría económica.

Conforme a lo que venimos enunciando en este trabajo se sostiene, en concordancia con Tabeada Fontao M. C. (s/f) que:

El comercio internacional está indiscutiblemente unido al concepto de competitividad, noción que igual que la anterior ha sufrido modificaciones en su definición y contenido de acuerdo con los cambios experimentados en el panorama económico mundial

Es así como el desarrollo del Comercio Exterior y la Competitividad han formado parte de la discusión económica desde décadas, tratando de explicar primero cuáles son los beneficios de su desarrollo, cuáles son sus patrones de comportamiento y de qué factores depende. (Cancino del Castillo C.: 2004)

En tal discusión teórica son diversas las variables seleccionadas como determinantes en el comercio, las cuales han tomado importancia a través de los años, partiendo de elementos como analizar el rendimiento de los factores productivos, así como la dotación de tales factores. Frente a la contradicción manifiesta en la década de los setenta entre la teoría y la evidencia empírica se muestra una tendencia al estudio y formalización de otros factores, relativos principalmente al desarrollo y cambio tecnológico como elemento fundamental en el aumento de la productividad de cada economía.7

En el afán de identificar los esquemas a los cuales obedece el comportamiento del comercio exterior, es posible distinguir diversas líneas, desde las relacionadas con la ‘visión clásica’, avanzando por el ‘esquema neoclásico’ y su ‘corriente revisionista’ hasta llegar a la perspectiva que se adoptará en esta investigación: la Teoría Evolucionistas; que designa a las asimetrías tecnológicas como factor clave de los flujos comerciales y que aparecen como alternativa a los anteriores enfoques.

A continuación se presentan, a la luz de diversas teorías de comercio internacional, las disímiles concepciones que la noción de competitividad fue cobrando en el curso de la historia.

Teorías de comercio internacional y competitividad

En su acepción más antigua y común, el término competitividad se refiere a la medida en que los precios de los bienes y servicios de un país pueden fijarse para competir con los de otros Estados. (WARNER A.) Esta postura se vincula con el “Enfoque Tradicional de la Competitividad”, el cual considera el desempeño comercial de las naciones como la sumatoria de la performance de las firmas que en ella se localizan. (Bianco: 2007, p.7)

Los debates sobre la competitividad, definida en estos términos, son tan antiguos como el propio comercio internacional. Desde mediados del siglo XVI, bajo los postulados de los escritos mercantilistas se abogaba mantener el superávit comerciales para acumular activos externos, principalmente oro para respaldar sus conquistas en el exterior, y a tal fin necesitaban un nivel competitivo de precios. (…). Por lo tanto, dicha significación del concepto determina que los países competitivos sean aquellos cuyos tipos de cambio, y por ende sus precios y salarios internos, se fijen a niveles tales que permitan el crecimiento y auge de sus exportaciones. (Warner A.(s/f))

En el siglo XVIII, el enfoque de la denominada Escuela Clásica, considera a la productividad del trabajo como la principal fuente de diferenciación internacional, especializándose cada país en la producción de los bienes que fabrica de manera más eficiente. Adam Smith (1976) planteó que un país debe especializarse en la producción de bienes en donde posee una ventaja absoluta8. David Ricardo (1817) refinó dicha teoría recalcando que no es necesaria la existencia de diferencias absolutas en la productividad del trabajo para desarrollar una especialización y poder comerciar, sino que sólo son necesarias diferencias productivas relativas. Esta corriente afirma que el país exportará aquel bien en el que la productividad del trabajo, en términos relativos al otro bien, sea mayor que la de aquel país. En otras palabras, las diferencias tecnológicas (la cantidad de trabajo incorporado en la manufactura producida) entre países causan las diferencias en los precios relativos y por lo tanto son el determinante de la dirección del comercio. (Villarreal R.: 1989, p.13). De este modo, la teoría ricardiana concluye que la presencia de ventajas comparativas (en términos de costos) determina el patrón de especialización entre los países.

El imperativo, desde este punto de vista sería que la inserción internacional de una economía está asociado con las ganancias de competitividad precio o costo9. Así, bajo el Enfoque Tradicional, los precios de exportación de un país en relación a los otros son los que determinan la porción del mercado (“Competitividad Precio”). Respecto a la variable costos, el argumento subyacente en este caso es que la competitividad de un país se establece por sus costos de producción internos en relación con los países extranjeros y, de acuerdo con esto, se define su posición en el mercado. (Bianco: 2007)

Por su parte, la Teoría de las Dotaciones Factoriales es una versión más reciente del Modelo Ricardiano elaborada por Heckscher y Ohlin (H-O), la cual señala que las distintas dotaciones de factores entre los países generan diferencias de productividad. Al igual que las anteriores teorías, supone la existencia de mercados perfectamente competitivos, ausencia de costos de transporte y rendimientos constantes a escala. De esta manera, los países (o regiones) exportarán aquellos bienes para los cuales utiliza intensivamente en su producción los factores que posee en cantidades relativamente más abundantes, e importarán aquellos en los que tienen una desventaja comparativa en la dotación de los mismos y, por lo tanto, son menos competitivos.

Esta concepción teórica de la competitividad está siendo desplazada por una visión más integral del ambiente empresarial, incluida la calidad de la política macroeconómica, la disponibilidad de recursos financieros, servicios de infraestructura y capital humano y la capacidad de innovación de las empresas y centros de investigación. (De Soto H.: 2001).

Sobre este punto volveremos a hacer referencia más adelante; previamente es necesario diferenciar el concepto de ventaja comparativa, del de competitividad. Se puede decir que “un país tiene una ventaja comparativa en la producción de un bien si el costo de oportunidad de producir ese bien en términos de otros bienes es menor en ese país que en otros países”. De esta manera, la ventaja comparativa es impulsada por las diferencias en los costos de los insumos como la mano de obra o el capital. La ventaja competitiva, por otra parte, es impulsada por las diferencias en la capacidad de transformar estos insumos en bienes y servicios para obtener la máxima utilidad. Este concepto claramente incluye la noción de otros activos tangibles e intangibles en forma de tecnología y habilidades administrativas que, en su conjunto, actúan para incrementar la eficiencia en el uso de los insumos, así como en la creación de productos y procesos de producción más complejos. (Romo Murillo, D. y Musik G. A.: 2005, p. 201)

Ignorando esta diferencia, es frecuente el empleo del término Competitividad Internacional como si fuera sinónimo del término "estructura de ventajas comparativas". De acuerdo con este criterio, determinar la competitividad de una economía equivale a establecer la competitividad relativa de los distintos sectores, medida a través del indicador de las llamadas Ventajas Comparativas Reveladas (VCR)10.

Al respecto Chudnovsky y Porta (1990) destacan que la confusión al usar estos términos tiene su razón de ser en que, de alguna manera, el término competitividad internacional ha venido reemplazando al de ventajas comparativas, no porque signifique lo mismo sino porque “ha ido cambiando la percepción de las causas del flujo de bienes entre países y de las modalidades que este comercio adopta”. (Chudnovsky, D. y Porta, F.:1990)

Estas transformaciones en el funcionamiento de la economía mundial contienen aspectos tanto macro como microeconómicos. Desde la perspectiva macroeconómica, es decir, desde el punto de vista de la administración gubernamental y de cómo puede ejercer los instrumentos de política económica con el objeto de crear un medio ambiente favorable para el desempeño de las empresas en la región; y desde una óptica microeconómica en la que las empresas –por sí mismas- se imponen a incrementar su eficiencia, productividad, calidad, etc., con el fin de obtener un grado de desempeño superior al de sus competidores. (Morales González, M. A. y Pech Varguez, J. L.: 2000, p.49).

Origen histórico del concepto de competitividad dinámica

Al analizar el contexto global en el cual se comienza a utilizar el concepto de competitividad dinámica11 en referencia a las economías nacionales, Guimarães, E. P. (1996) destaca que en el comercio internacional, a partir de los años ’50, las características del mercado, como diferenciación del producto, innovación/difusión del conocimiento, nivel técnico/científico y distribución de los recursos a escala mundial, pasaron a tener mayor relevancia tanto para la definición de las estrategias empresariales como para las políticas gubernamentales. (Guimarães, E. P.: 1997)

El quiebre del ritmo previo de crecimiento de la demanda y la producción hacia fines de los años 1960, seguido por el shock petrolero de 1973-74, inflación, desempleo creciente, y las tasas más bajas de crecimiento del PBI y los cambios en el sistema monetario internacional en los años 70/80, redireccionaron los flujos de bienes y servicios y del capital y las inversiones, acarreando profundas alteraciones en las condiciones de competencia internacional.

De esta manera, la conquista de los mercados externos dependía menos de los ajustes en costos y precios requeridos por las teorías de las ventajas comparativas y más de la capacidad de los países/sectores/empresas fabricaran bienes (competitividad estática)12 para los cuales la demanda internacional crecía y retirar o trasladar hacia otros países aquellos sectores cuya demanda internacional estaba cayendo (competitividad dinámica). Así, la exportación de capital desde los países desarrollados hacia países menos desarrollados suaviza el costo del reordenamiento de las inversiones requeridas internamente, liberando recursos para atender la lógica de concentrar esfuerzos de I&D para el descubrimiento de nuevos productos y perfeccionamiento de los existentes. Esa política correspondía a un doble papel: primero, atendía a la garantía de un crecimiento económico elevado y segundo, refleja un sustento o rebaja de los precios para los productos tradicionales en el mercado internacional. (Guimarães, E. P.: 1997, p.2)

Respecto a los aspectos microeconómicos que influyen en la utilización del término competitividad internacional en reemplazo de las ventajas comparativas estáticas, y es la cada vez mayor y más reconocida oligopolización de los mercados mundiales, especialmente en el campo de las manufacturas.

Las variaciones experimentadas en las tendencias de la economía y el comercio internacional han generado la necesidad de nuevas explicaciones teóricas. Las principales críticas hechas a las afirmaciones clásicas van a llegar como resultado de la aplicación empírica de las mismas en distintas realidades económicas. A partir de ese momento se produce un fuerte punto de inflexión en esta temática, debido a la aparición de nuevas teorías que en su explicación sobre la actividad exterior de los países tratan de mostrar la importancia de factores distintos a los precios, costes o la dotación de factores, poniendo especial atención en los elementos de carácter técnico implicados en la producción, trabajando con supuestos como competencia imperfecta, heterogeneidad en los factores productivos y economías de escala.

Los revoltosos años ‘70

Hasta mediados de los años 70, predominaba en los países capitalistas desarrollados un modo de desarrollo, con un régimen de acumulación del capital y un modo de regulación específicos, que se había constituido luego de la segunda guerra mundial. Ese viejo paradigma productivo, centrado en el incremento de la productividad del trabajo y su reparto entre los factores de la producción, que estimulaba la inversión, el consumo de bienes durables, elevadas tasas de salario y de ganancias, en un contexto de pleno empleo entró en crisis. Bajo el fervor de la crisis se gesta un nuevo paradigma o modelo productivo, en el cual las ventajas competitivas dinámicas pasan a tener más importancia (Neffa J. C.: s/f, p. 2)

En la década del cincuenta del siglo veinte, con la aparición de la “Paradoja de Leontief” y el “Residuo de Solow”, se pone a prueba el paradigma neoclásico dominante tanto en la teoría del comercio internacional, como en la teoría del crecimiento. En 1953 Wassily Leontief13 observó que las exportaciones de Estados Unidos eran menos capital-intensivas que sus importaciones, aún cuando en estos años este país tenía la relación más alta capital/trabajo del mundo; aportando así la mayor evidencia contraria a la teoría de las proporciones factoriales, como determinante del patrón comercial de un país, el denominado Modelo H-O. (Krugman: 2001, p. 84). Pocos años más tarde (1957), R. Solow puso de manifiesto que el crecimiento de los imputs convencionales explicaba muy poco del crecimiento observado en el producto de Estados Unidos durante la primera mitad del siglo XX, quedando así un ‘residuo’ inexplicado de enormes proporciones que cuestionaba la capacidad explicativa del modelo neoclásico de crecimiento. (Barcenilla Visús S. y López Pueyo C.: 1996, p. 6)

En los años sesenta, se reconoce el vínculo entre progreso técnico y comercio internacional mediante las aportaciones pioneras de Posner (1961) con el modelo de la brecha tecnológica y Vernon (1966) con el modelo de ciclo del producto. En ellos, la tecnología aparece como un factor clave para explicar la ganancia de cuotas comerciales en productos que no son elaborados por todos los países implicados a través del comercio y por tanto no se comercian en virtud de la ventaja comparativa, sino en virtud de la ventaja absoluta que la nación exportadora muestra en la producción de dicho bien. Estos serían los denominados bienes innovadores, que otorgan un monopolio transitorio en el mercado mundial.14

De acuerdo con lo planteado por estos modelos, en un principio el comercio se basa en nuevas tecnologías que fueron desarrolladas por los factores de oferta relativamente abundante en los países industrializados (como fuerza laboral altamente capacitada en inversiones en investigación y desarrollo). Posteriormente, mediante la imitación y la estandarización de los productos, países menos desarrollados obtuvieron una ventaja comparativa con base en la fuerza laboral relativamente menos costosa. Además puede decirse que el comercio puede fundamentarse en cambios ocurridos con el paso del tiempo en la oferta relativa del factor (tecnología) entre países. Por consiguiente, es posible considerar los modelos de brecha tecnológica y de ciclo de producto como ampliaciones del modelo H-O básico a un mundo tecnológicamente dinámico antes que como modelos comerciales alternativos. En resumen, el modelo de ciclo de producto intenta explicar la ventaja comparativa dinámica con respecto a nuevos productos y nuevos procesos productivos, en oposición al modelo H-O básico, el cual explica la ventaja comparativa estática. (Salvatore D.:1995, p. 183)

Avanzando en el tiempo, hacia fines de los setenta (1978), al amparo de lo que se dio en llamar “Paradoja de Kaldor”, se pone de manifiesto que los parches introducidos en los modelos neoclásicos de comercio y crecimiento no habían sido más que soluciones parciales y temporales, al demostrar que en algunas economías importantes, los precios como la cuota de exportaciones se movían conjuntamente15. (Cancino del Castillo C.: 2004, p. 62)

Poco tiempo después, en la década del ochenta comienza una oleada de nuevos desarrollos por dos caminos diferentes. Por un lado nos encontramos con una corriente predominante en los círculos académicos denominada “Nueva Teoría del Comercio Internacional” y “Teorías del Crecimiento Endógeno” en los ámbitos respectivos, cuya característica ha sido revisar los supuestos neoclásicos readaptándolos a la realidad actual. (Barcenilla Visús y López Pueyo C.: (s/f), p. 4)

Como punto de partida en la revisión que da lugar a la Nueva Teoría del Comercio Internacional es el dejar el supuesto de competencia perfecta16. En esta nueva teoría se considera que los mercados son oligopolistas17 (Kugman 1979) y que los rendimientos crecientes a escala son resultado del esfuerzo tecnológico, siendo estos esfuerzos una relación entre el gasto desarrollado en I&D y la capacidad de aprendizaje existente para cada economía. Aquí, la especialización juega un papel importante en el desarrollo de economías de escala, siendo probable una concentración de la producción en lugares con más especialización.

En los primeros modelos de la “Nueva Teoría del Comercio”, la innovación se consideraba exógena. Tal exogeneidad supone que el avance técnico se produce sin la intervención de los agentes económicos. Los nuevos modelos de crecimiento endógeno niegan dicha exogeneidad. El cambio fundamental radica en que la tecnología deja de ser concebida con un subproducto derivado de la actividad productiva y reentiende que es una mercancía resultado de las actividades de I&D industrial con características particulares: es un bien no rival y parcialmente no excluible en su uso, características de un bien público que la diferencian claramente de los bienes de capital. Hay un output del proceso de innovación, parte del cual es apropiable y supone un incentivo a las empresas para realizar I&D. Otra parte es no apropiable y pasa a constituir un pool de conocimiento al que pueden acceder las empresas competidoras. Por lo tanto, las actividades de I&D generan spillovers, esternalidades18. (Gustín, X.: 2001, p.5)

Así, los teóricos del crecimiento endógeno abandonan la hipótesis de igualdad de oportunidades tecnológicas entre países o regiones, encuentran que no se puede predecir la convergencia a base de sus modelos. El resultado dependerá del efecto de la difusión tecnológica sobre el crecimiento de las diversas economías. (Hounie A., et al: 1999, p. 13)

Por su parte, en el enfoque denominado evolucionista, las diferencias tecnológicas entre países determinan las ventajas absolutas y estas dominan sobre las ventajas relativas que se derivan de diferencias en los costos.

Desde un punto de vista dinámico, los perfiles temporales de los gaps (diferencias, brechas) tecnológicos entre países dependen de las fuerzas que afectan las tasas relativas de innovación y difusión y, por lo tanto, dependen de los niveles cambiantes de oportunidad, acumulación y apropiabilidad19 que cada tecnología, y en consecuencia cada industria, presenta.

La apropiabilidad tendrá una relación inversa respecto a la facilidad de imitación o copia. Estas características se deriva de la concepción tecnológica como un conocimiento tácito, específico, de difícil transferibilidad e imitación y no siempre completamente entendido; por ende, el cambio técnico es, en general, acumulativo y “local”. Así, el proceso innovativo requiere generar conocimiento no codificable (específico) como resultado de un aprendizaje que depende de las competencias de las firmas pero que también influye sobre otras

En resumen, al igual que los modelos neoclásicos de crecimiento endógeno, los modelos evolucionistas subrayan el papel del progreso técnico en el crecimiento económico. Además, ambas aproximaciones coinciden en la idea de que existe un output (producto, resultado) derivado del proceso de innovación. Una parte será apropiable y supone un incentivo para las empresas. Otra parte no es apropiable y constituye un pool de conocimiento. El balance entre las dos características puede servir para marcar una línea divisoria entre ambas teorías. En la “Nueva Teoría del Comercio” se hace un mayor hincapié en los spillovers y en los aspectos de bien público de la innovación, mientras que en la Teoría Evolucionista se acentúan los elementos de la innovación específicos de las empresas y difícilmente transferibles y por lo tanto en su naturaleza acumulativa. (Gustín, X.: 2001, p.7) Por otra parte los modelos evolucionistas se distinguen de la “Nueva Teoría del Comercio Exterior”, en al destacar la importancia del ambiente institucional en que se genera y difunde el progreso técnico20, y el papel de la demanda en el crecimiento, combinando variables schumpeterianas y keynesianas, (Hounie A., et al: 1999, p. 15).

En el próximo apartado se describen con mayor detalle las características de este enfoque, ya que es la perspectiva que se adopta en este informe.

El Enfoque Evolucionista

En base al pensamiento schumpenteriano, empezaron a realizarse una serie de trabajos teóricos y empíricos, que, como principio, sostienen que la diferencia en capacidades de innovación y en desarrollo tecnológico en las distintas economías podría explicar los distintos patrones de especialización comercial y de crecimiento de las respectivas economías. Para toda la vertiente de autores evolucionistas el desarrollo de procesos de aprendizaje y la construcción de competencias tecnológicas que conduzcan a innovaciones con alguna aplicación comercial, son elementos esenciales en el desarrollo de ventajas competitivas y son estos elementos los relevantes de gestionar en función de querer desarrollar una mayor capacidad competitiva internacional. (Cancino del Castillo C.: (s/f), p.60)

Así, tratan de demostrar que la competitividad internacional de los países y de los diferentes sectores estará determinada por tres elementos fundamentales: (Tabeada Fontao M. C.: (s/f), p.7)

- las características tecnológicas

- las diferencias en precios y en costes

- el marco institucional y de organización de la economía en la que está inserto el sector

Según estos autores, la competencia internacional tiene especificidades sectoriales determinadas por la tecnología y por el proceso de innovación (Peretto, 1990), dado que la intensidad factorial de un país no parece estar asociada a la intensidad factorial de los bienes en los que se especializan (Dosi, 1991). Es decir, la tecnología determina los rasgos estructurales de los sectores industriales y proporciona a las firmas oportunidades y restricciones. En el marco de ellas, las ventajas en el comercio son explicadas por sus capacidades para crear y sostener diferencias tecnológicas a lo largo del tiempo (Dosi y Soete, 1988). De este modo, no todos ganan al comerciar internacionalmente, lo harán y serán más competitivos quienes logren desarrollar actividades y procesos innovadores, que en base a la generación de habilidades, de conocimientos y de tecnología, participen en los mercados con productos y servicios, incorporando en ellos un mayor contenido tecnológico. (Cancino del Castillo C.: (s/f), p.61)

Desde esta perspectiva teórica, la distribución internacional de las capacidades tecnológicas influye decisivamente en el patrón de especialización del comercio de cada país y determina una jerarquía de las economías nacionales en el comercio internacional.

Así, las diferencias internacionales en las capacidades tecnológicas21 son un factor fundamental para explicar los patrones internacionales de comercio y crecimiento. Diversas combinaciones productivas implican diferentes oportunidades y capacidades tecnológicas en el futuro; así, la especialización productiva actual de un país afectará su potencial de dinamismo tecnológico. Además, el conocimiento tecnológico es difícil de transferir de un país a otro; buena parte del mismo se acumula en las firmas en forma de trabajadores especializados, tecnología propia y know how difíciles de copiar y también en sus interacciones con proveedores, institutos de I&D, etc. (Dosi, 1991) El crecimiento de la productividad conjunta de los factores de producción se relaciona con los procesos de aprender haciendo y aprender usando. (Berumen, S.: 2006, p. 94)

En resumen, de acuerdo con Barcenilla Visús S. y Montávez Garcés M. D. (2000, p.5), los rasgos fundamentales que definen la evolución del comercio internacional desde la perspectiva evolucionista son los siguientes:

1. La superioridad de la ventaja absoluta (con origen fundamentalmente en el liderazgo tecnológico) sobre la ventaja comparativa (con origen en los ajustes que operan vía costes y precios) en la determinación de la evolución del comercio internacional.

2. La relevancia del comportamiento pretérito -path dependence- dado que se asume que el progreso técnico es un resultado del propio proceso productivo, que se perfecciona mediante el aprendizaje y que evoluciona en el marco de unos paradigmas [Dosi (1982, 1984)] y unas trayectorias tecnológicas [Nelson y Winter (1977)] dados.

3. El carácter dinámico y evolutivo de la competencia internacional, que aleja el análisis del comercio de supuestas posiciones estáticas de equilibrio en el largo plazo. En efecto la senda de equilibrio nunca se alcanza. La economía se encuentra en permanente proceso de ajuste, de modo que para observar un cambio en las cuotas de mercado no es necesario que se produzcan cambios en las condiciones subyacentes, bastará con que existan diferencias en las condiciones de calidad y precio para que se observen cambios en la posición competitiva de las naciones, esto es, en su cuota comercial.

El concepto de competitividad

Pese a ser hoy un concepto de uso corriente, no es menos cierto que la competitividad se utiliza de una manera en exceso ambigua. A los fines de la competitividad convergen factores que se derivan de decisiones de política pública, de estrategias de las empresas y de estado de competencia de la industria considerada, que al interactuar, generan una red de causalidades la cual no es fácil de interpretar. (Juárez de Perona H. G. Y García Seffino V. R.: 2000, p.3).

En este trabajo se sostendrá de acuerdo con Reinert E. (1995) que:

El término competitividad alude a asuntos que han sido centrales en la política pública al menos durante los últimos 500 años aunque bajo diferentes coberturas. Si bien frecuentemente mal usado y las más de las veces mal definido, el término competitividad, correctamente empleado, describe una característica importante de la economía mundial. Este concepto ayuda a comprender asuntos importantes que son centrales en la distribución de la riqueza, tanto nacional como globalmente.

Uno de los principales inconvenientes en la discusión sobre la competitividad es que carece de un sujeto bien definido o, al menos, es pertinente a varios tipos de sujeto. En tal sentido, se puede hablar de competitividad a nivel de firma, industria, sector, país o región económica. Bajo los lineamientos trazados por Bianco (2007a), -los cuales se resumen en el siguiente gráfico- se demarca la senda que nos conducirá hacia la interpretación del concepto de competitividad adoptado en esta tesis.

Gráfico II

Fuente : Bianco (2007)

Para comenzar a dilucidar que se entiende por este controvertido término, es necesario resaltar, de acuerdo con las proposiciones de Chudnovsky y Porta (1990), las diferencias entre la Competitividad Internacional (CI) a nivel microeconómico de la Competitividad Internacional Macroeconómica , resaltando que dentro de esta última, el alcance varía sustancialmente según se tome un concepto más restringido relacionado fundamentalmente con el comercio internacional o uno más amplio que haga también referencia a la elevación del nivel de vida.

Al referirnos a la competitividad de una firma, estamos tomando en cuenta básicamente “la ventaja competitiva que tiene una empresa a través de sus métodos de producción y de organización (reflejados en su precio y en la calidad del producto final) con relación a la de sus rivales en un mercado específico”. Así, la pérdida de competitividad se traduciría en una pérdida de ventas, menor participación en el mercado y, finalmente, en el cierre de la planta. (Musikg y Romo Murillo D.: 2004). Las firmas no sólo compiten con el resto de las firmas que actúan en la rama respectiva sino también con las potenciales entrantes y con los productores de bienes sustitutos. (Chudnovsky y Porta: 1990)

Para dejar atrás el concepto de Competitividad Internacional Microeconómica y dar paso a la definición de Competitividad a Nivel Macroeconómico es preciso dejar en claro dos aspectos relacionados. El primero de ellos es la comprensión de que la competitividad de la nación es más que la suma del desempeño de sus empresas. El segundo, destacar que fue la superación de algunos de los supuestos de la economía neoclásica lo que permitió recocer la importancia de la interacción entre las empresas, el Estado y otras instituciones, y encontrar sentido a muchas estrategias competitivas que siguen las firmas. (Ubfal D.: 2004, p.11)

El principal referente a la hora de criticar el término de competitividad cuando se aplica a las naciones es Paul Krugman, quien sostiene que el concepto de competitividad aplicado a escala nacional es una noción sin sentido:

No es verdad que las naciones líderes del mundo estén en ningún grado importante de competencia entre ellas, o que alguno de sus principales problemas económicos pueda ser atribuido a un fracaso al competir en los mercados mundiales. (Krugman: 1997, p.16)

En oposición a esta postura se encuentra la de Reinert (1995) al afirmar que “la fuerte reacción contra el término puede deberse a que las suposiciones ubicadas implícitamente detrás de la competitividad, contradicen el verdadero corazón del pensamiento económico neo-clásico”. El autor afirma que bajo las suposiciones clásicas de competencia perfecta adoptadas por la teoría neoclásica, el término competitividad carece de sentido. Sin embargo, la información imperfecta y las gigantescas economías de escala son el núcleo de la competencia globalizada. Bajo las hipótesis standard de la teoría económica neo-clásica es difícil encontrar las razones por las cuales estas firmas existen y aún más, para su globalización. Así, el término desafía el verdadero paradigma sobre el cual reposa el orden económico mundial. (Reinert E.: 1995)

En páginas anteriores se ha hecho referencia al Enfoque Tradicional de la Competitividad. Frente a la insatisfacción y la poca capacidad explicativa del mismo, hacia comienzos de la década del ochenta, estudios de la línea francesa de investigación y estudios efectuados por la Dirección de Ciencia, Tecnología e Industria de la OCDE desarrollan el denominado “Enfoque Estructural” con el objeto de sistematizar y estilizar las diferentes nociones existentes sobre el fenómeno de la competitividad. (Guimarães, E. P.: 1997, p.4)

La definición pone énfasis en la innovación como factor central del desarrollo económico; una organización empresarial situada más allá de las concepciones fondistas-tayloristas y capaz de activar las potencialidades de aprendizaje e innovación en todas las áreas operativas de una empresa; y por último, redes de colaboración orientadas a la innovación en un contexto institucional capaz de fomentar la innovación. (Saraiva Tasayco, P. L.: 2000).

Según Chesnais (1986, p.91):

La competitividad internacional de una economía nacional está construida sobre la competitividad de las firmas que operan dentro de, y exportan desde, su territorio, y es, en gran medida, una expresión de la voluntad de competir y del dinamismo de las firmas, de su capacidad de invertir y de innovar, tanto como consecuencia de su propia I&D como de la apropiación exitosa de tecnologías foráneas; pero la competitividad de una economía nacional va más allá del simple resultado de la competitividad promedio de sus firmas; hay muchas maneras en que los atributos y la performance de una economía doméstica visualizada como una entidad con características propias, afectará, a su vez, la competitividad de las firmas". (Citado en Chudnovsky y Porta: 1990)

Entre las características estructurales de una economía que afectan la competitividad de las empresas que operan dentro de ella se pueden destacar el tamaño del mercado doméstico, la forma en que se relacionan los distintos sectores productivos, el nivel de concentración en las distintas industrias, las relaciones que se establecen entre las diversas empresas más allá del mercado, la infraestructura científica y tecnológica, la tasa de ahorro y de inversión, el sistema de subsidios y transferencias de ingresos, el sistema de financiamiento, etc. (Chudnovsky y Porta: 1990)

Compartiendo gran parte de los puntos de vista sobre el fenómeno con la visión estructural, otros van más allá al incorporar variables adicionales y de realizar ciertas elaboraciones más complejas, estas son las nociones de “competitividad sistémica”

El enfoque sistémico de la competitividad pone de manifiesto su carácter circular: las empresas no pueden ser más competitivas que lo que les permita su entorno. Al mismo tiempo, ese entorno no podrá soportar la competitividad regional o nacional más allá de lo que permitan las empresas y las organizaciones. Esta perspectiva circular evidencia que la dinámica del desarrollo está determinada por el esfuerzo dedicado, sistémico y eficaz del gobierno, las empresas y la sociedad para superar simultáneamente las limitaciones y los obstáculos. (Zamora A. E.: s/f)

Klaus Esser es quien introduce este concepto de competitividad y señala que hay dos elementos que lo diferencian de las demás definiciones: el primero, es la distinción entre cuatro niveles analíticos (meta, macro, meso y micro), siendo en el nivel meta donde se examinan factores como la capacidad de una sociedad para la integración y la acción estratégica, y en el nivel meso donde se estudia la formación de un entorno capaz de fomentar, complementar y multiplicar los esfuerzos de las empresas; el segundo es la vinculación de elementos pertenecientes a la economía industrial, a la teoría de la innovación y a la sociología industrial con los argumentos esgrimidos en el reciente debate sobre gestión económica desarrollado en el plano de las ciencias políticas en torno de las redes políticas. (Esser K., et al: 1996)

Gráfico III

Competitividad Sistémica

La CEPAL señala, en los años 90, que la transformación productiva con equidad ha de lograrse en el contexto de una mayor competitividad internacional. En este marco, Fajnzylber consideraba que el fortalecimiento de la competitividad no era un problema macroeconómico y ni siquiera, en primer lugar, económico, sino un complejo desafío para todos los protagonistas sociales. Así, subrayaba la importancia de los estándares de competitividad auténtica22 para el desarrollo económico y la naturaleza sistémica de la misma:

"En el mercado internacional compiten economías donde la empresa constituye un elemento que, siendo crucial, está integrado a una red de vinculaciones con el sistema educativo, la infraestructura tecnológica, energética y de transportes, las relaciones entre empleados y empleadores, el aparato institucional público y privado y el sistema financiero: es decir, está integrado a todo un sistema socioeconómico" (CEPAL 1990, 14). (Maggi C. y Messner D.)

A partir del carácter sistémico de la competitividad auténtica, Fajnzylber comenzó a observar el rol que desempeñan las instituciones para el logro de ganancias en términos de competitividad. Al incorporar las instituciones dentro de su enfoque, entró claramente en las aristas del análisis político, destacando que las estructuras de las relaciones sociales seguían caracterizándose en América Latina por su anquilosamiento y su fragmentario progreso. (CEPAL: 2006, p.77)

Competitividad Estatal

Al revisar los estudios existentes, se puede observar que en el mundo no existe consenso sobre la definición de competitividad:

“Un país competitivo es aquel que presenta altos grados de crecimiento sostenido del PIB per cápita”

WEF, World Economic Forum

“La competitividad de un país radica en la habilidad de éste para crear y mantener un clima que permita competir a las empresas que radican en él.”

IMD, Institute for Management Development of Laussane

“La competitividad de un país es el grado en el que una nación puede, bajo libre comercio y condiciones justas de mercado, producir bienes y servicios que cubren las exigencias de los mercados y a la vez mantienen y expanden los ingresos reales de su gente en el largo plazo.”

OCDE, Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico

Las definiciones arriba enunciadas reflejan las posturas de instituciones de reconocido prestigio internacional. Sin embargo, no siempre concuerdan con los retos que enfrentan las economías subdesarrolladas y, de acuerdo con las críticas formuladas por el Instituto Mexicano de Competitividad (IMCO) 23, estas definiciones parten desde premisas no del todo acertadas.

Comenzando con el análisis de la definición del WEF, si bien es cierto que todo país competitivo acabará presentando un crecimiento sostenido del PBI per cápita, no es menos cierto que no todos los países que presenten un PBI per cápita creciente en forma sostenida son competitivos, ni que un Estado sea más competitivo porque su PBI per cápita crece a mayor ritmo que el de otro Estado. Se pueden presentar incrementos del PBI per cápita sostenidos y que en el largo plazo estén conduciendo al país al fracaso, por ejemplo, crecimientos relacionados con el uso indiscriminado de los recursos medio ambientales. Además, existen casos en los de países competitivos en los que temporalmente no se aprecian crecimientos del PBI per cápita.

Por su parte, la enunciación formulada por la OCDE parte de conceptos poco medibles, ya que, mercados hay muchos y, exigencias, tanto o más que mercados. Al mismo tiempo calcula la competitividad en términos de “poder hacer” de un país, y no en términos de lo que realmente un Estado hace.

En cualquier caso, muchos países poseen habilidades o circunstancias que les permiten producir determinados bienes mejor que otros países, y ello con un crecimiento de los ingresos de sus habitantes en el largo plazo. Sin embargo, ello no impide que otros muchos sectores de su economía presente un desempeño mediocre que ni crea ni destruya valor. De igual manera, el poder vender o no bienes en otros mercados, es sólo una de las formas de generar riqueza en un país, y esto puede ser más bien un efecto que una causa de la competitividad.

Igualmente el concepto utilizado por el IMD, que considera que la competitividad de un país radica en la habilidad de éste para crear y mantener un clima de negocios que permita a su vez que las empresas que radican en él a competir, tiene la desventaja de que se enfoca exclusivamente en las empresas dejando de lado a las personas y el territorio, verdaderos componentes de riqueza da un país.

Aquí se entiende a la competitividad como “un factor que favorece la integración de los mercados y al mismo tiempo es un componente de la cultura de la globalización”. (SALAZAR: 1985, p. 36). Se escoge el enfoque sistémico, teniendo en cuenta que la competitividad no es un fin per se, sino un proceso que permite alcanzar un objetivo ulterior, que no sólo reside en aumentar la cuota en el mercado sino que impone la búsqueda nacional de un mayor bienestar para la población (Ubfal: 2004).

El término competitividad, es decir la conquista de actividades económicas de competencia imperfecta24 – presentes en algunas ramas de la economía y no en otras- las cuales elevan el estándar de vida colusivamente25 (no sólo a través de la baja en los precios). En un mundo donde las actividades económicas son cualitativamente diferentes, la búsqueda de la competitividad deviene en un proceso de optimización en el cual el Estado nacional juega un papel decisivo. (Larrosa J. M.: s/f)

La noción de competitividad representa básicamente un nuevo término para determinar cuales actividades económicas permitirán a una nación ganar la carrera del comercio mundial.

De acuerdo con Reinert E. (1995), históricamente, las naciones que hoy día son desarrolladas han construido su competitividad a partir de las manufacturas. “Naturalmente, nada hace que la manufactura sea valiosa per se. La clave reside en la competencia imperfecta dinámica que sustenta el crecimiento, la que históricamente ha estado más presente en la manufactura que en otras actividades económicas”.

La verdadera base para la competitividad en la forma en que el término es usado hoy día es la competencia imperfecta. La incorporación de inversiones en I&D, en la medida en que generan cierto poder de monopolio y economías de escala, además de permitir la creación de nuevos y/o mejores productos, es posible en el momento en que se abandona el marco de competencia perfecta. (Gustín, X.:2001, p.5)

Michael Porter (1990 pp.28-29) sostiene que el único concepto significativo de competitividad nacional es la productividad, pues “es el principal factor determinante del nivel de vida a largo plazo en un país, así como del ingreso per cápita (esta variable determina el salario de los trabajadores y el retorno del capital”.

Por el contrario, aquí se entiende que los niveles de productividad no llevan necesariamente a la competitividad. Coincidiendo con Reinert (1995), se afirma que si bien es difícil ser competitivo si no se es eficiente o se tiene alta productividad, no es necesariamente axiomático que el más eficiente productor de un producto comercializado internacionalmente haga a un país competitivo y, por tanto, lo haga capaz de elevar el standard de vida26.

La competitividad es mucho más que la productividad, es el resultado del entretejido de una serie de factores económicos, geográficos, sociales y políticos que conforman la base estructural del desarrollo de una nación. (Ubfal: 2004).

Estas condiciones se engloban en el denominado sistema nacional de innovación (SNI)27, definido como el “conjunto de agentes, instituciones y normas de comportamiento que determinan el ritmo de importación, generación, adaptación y difusión de conocimientos tecnológicos en todos los sectores económicos, incluyendo las actividades de formación de recursos humanos y su financiamiento” (CEPAL, 1996). Las características del SNI son determinadas por el grado de madurez científico-tecnológica, el régimen de incentivos macroeconómicos, el marco regulatorio y la “cultura” empresarial, jurídica y normativa. (Hounie: 1999)

El insumo específico de un SNI es el conocimiento concebido en términos económicos. De manera que un SNI se basa principalmente en la integración entre el sistema científico-tecnológico y el sistema productivo. A esta conjunción no le puede faltar el ingrediente público básicamente entendido como los gobiernos y sus políticas. (Malcolm D.: 1999)

Por otra parte, algunos autores consideran que al estudiar el proceso de cambio técnico en países en desarrollo, los sistemas nacionales de innovación (SNI) enfatizan la dimensión de innovación, la cual es virtualmente ajena para países en desarrollo o de reciente industrialización, ya que el proceso típico de cambio técnico de estas economías es mediante procesos de aprendizaje y no tanto mediante procesos de innovación. Así, consideran propicio hablar de sistemas nacionales de aprendizaje (SNA) en el caso de los países en desarrollo.

Lo que diferencia el análisis de los SNA de los estudios de SNI en países industrializados, es el hecho de que los primeros se concentran en las actividades, instituciones y relaciones asociadas al proceso de aprendizaje más que a la innovación. Por esta razón, tanto la absorción como la innovación incremental son las dos áreas de interés de los SNA. (Zapata R.: 2003, p.8)

En síntesis, independientemente del término escogido, lo realmente importante, como bien señala Carlota Pérez (2002) es:

“La creación de un ambiente de innovación permanente a lo largo y ancho del tejido social, fortaleciendo los ejes de desarrollo de ventajas comparativas dinámicas, sería la base para impulsar la transformación productiva y aprovechar las nuevas oportunidades que ofrece un paradigma basado en la mejora continua y la intensidad tecnológica”

Competitividad y Exportaciones

Si bien ‘desempeño exportador’ y ‘competitividad’ no son sinónimos, son aspectos mutuamente relacionados. El éxito exportador tiende a ser una consecuencia de la competitividad, es decir de la calidad del ambiente en que operan las empresas y de las facilidades con que cuentan para innovar y para aprovechar las oportunidades comerciales. De este modo, el desempeño de las exportaciones, más que una medida de la competitividad, es una de las formas en que ésta se manifiesta.

La definición ofrecida por la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo (UNCTAD) sobre el papel de las exportaciones; destaca que aunque la competitividad comienza con un incremento en la participación del mercado, va más allá de eso, ya que “implica diversificar la canasta de exportaciones, sostener tasas más elevadas de crecimiento en éstas a lo largo del tiempo, aumentar el contenido tecnológico y de habilidades en las actividades de exportación, y ampliar la base de empresas locales capaces de competir internacionalmente, de tal forma que la competitividad se vuelva sustentable y venga acompañada de ingresos crecientes”. Esta definición incorpora explícitamente una perspectiva evolucionista en la que los países se alejan de las exportaciones primarias hacia productos con un mayor contenido tecnológico, pues presentan un mayor potencial para generar derrames hacia el resto de la economía y para desarrollar las capacidades tecnológicas de un país. (Romo Murillo, D. y Musik, G. A.: 2005)

A este respecto, y acorde con la postura evolucionista, se dirá que un país mejora su posición competitiva en el mercado mundial de acuerdo a dos circunstancias, ambas relacionadas con la innovación. En primer lugar, un país puede ganar crecientes porciones del mercado mundial a través de la introducción de nuevos productos o productos diferenciados (innovaciones tecnológicas de producto). En segundo lugar, un país puede mejorar también su competitividad internacional a través de la introducción de innovaciones tecnológicas de proceso u organizacionales. (Innovaciones de Proceso)

De acuerdo con Bianco (2007, p.13), en el caso de los alimentos y materias primas, predominan las “innovaciones de proceso”. En el caso de los bienes industriales, predominan las “innovaciones de producto”. Al mismo tiempo, existe una influencia recíproca y asimétrica entre técnica y demanda, según la cual las innovaciones de producto llevan a una mayor diversificación de la demanda que, a su vez, estimula mayor cantidad de innovaciones técnicas, lo que origina una suerte de círculo virtuoso mediado por la retroalimentación entre innovaciones de producto y diversificación de la demanda; este fenómeno no ocurre en el caso de las innovaciones de proceso.

Conclusión

De esta manera, siguiendo la reflexión del autor, los sectores relativamente más intensivos en innovaciones de producto mantienen sus precios en un nivel más alto porque los nuevos productos que desarrollan requieren de mayor cantidad de trabajo para su producción, en virtud de la fuerza de trabajo más calificada y de consumo mayor y más sofisticado que utilizan. Esos sectores se concentran en el Centro. En la Periferia, en cambio, se concentran los sectores relativamente intensivos en innovaciones de proceso, cuyo efecto más directo, en virtud de las formas particulares que opera el cambio técnico en ellos, es una reducción mayor de los precios de sus productos. Todo ello redunda en la caída tendencial de los términos de intercambio en la Periferia. (Bianco, C.: 2007b., p. 29).

En base a estas sentencias, es posible afirmar “no da lo mismo especializarse en la producción de recursos naturales o industrias maduras que en industrias con un mayor dinamismo en términos de cambio tecnológico.28 (Bianco, C.: 2007b., p. 30). Así, lo que un país produce (en qué tipo de productos se especializa) determina el tipo de inserción internacional al que puede aspirar, distinguiendo al proveedor de commodities del exportador de bienes diferenciados. Esta distinción define las posibilidades reales de un país para aprovechar las exportaciones como palanca para impulsar el mejoramiento de los niveles de vida de la población, el equilibrio del sector externo y el crecimiento sostenido de la economía. (Lugones G. y Suárez D.: 2006) El comercio exterior debe permitir la adquisición de las importaciones necesarias para fortalecer y potenciar el proceso de acumulación interno, incrementando la capacidad de trabajo y su productividad. (Musacchio: s/f, p.402) “Crecer en forma espasmódica y acumulando deuda no constituye en modo alguno un camino de desarrollo sostenible. Este exige financiamiento genuino y un motor de desarrollo basado en la eficiencia internacional. Sin lugar a dudas las exportaciones deben liderar el proceso de crecimiento en países agobiados por un alto endeudamiento y severos déficit sociales, como los latinoamericanos”. (Redrado M. y Lacunza H.: 2004, p.1).

Actualmente, el crecimiento del comercio de manufacturas es mayor que el crecimiento del comercio mundial total, sobre todo en los renglones en que la innovación tecnológica es más intensa. Esto sugiere que la única vía que no se agota para penetrar los mercados internacionales es la agregación de conocimiento a los bienes y servicios exportados. De este modo, la polarización entre productos primarios y productos industriales ha perdido significación; “... lo más importante es la producción de bienes que supongan un empleo intensivo de conocimientos y tecnología, así como la creación de redes productivas y de servicios articulados en torno a las exportaciones” (CEPAL, 1990, p. 84). En consecuencia, lo relevante en estos momentos, es analizar la composición de las exportaciones de los países a la luz de nuevos ejes, por ejemplo, la tecnología incorporada en los productos vendidos en el mercado internacional; es decir, la composición cualitativa del comercio de bienes manufacturados.

Los productos con más alto contenido tecnológico son los que pueden experimentar mayores ganancias de productividad, los que se enfrentan a una demanda más dinámica y además los que pueden tener un comportamiento de sus precios más favorable. Por lo tanto, la existencia de estas diferencias serviría para justificar la validez actual de la preocupación acerca de los tipos de productos intercambiados en el mercado mundial por los distintos países, aún cuando los países de menor desarrollo (PMD), o al menos algunos de ellos, estén exportando manufacturas. (Casado M. y Carrera M.: s/f). En otros términos, un crecimiento rápido propulsado por las exportaciones exige la diversificación de los bienes y de los mercados a favor de los productos más dinámicos, que en general corresponden a aquellos con mayor contenido y valor agregado de carácter tecnológico. (Hounie: 1999)

Los productos difieren en cuanto a su potencial de crecimiento a mediano y largo plazo, en virtud de las alternativas de desempeño ligadas a la evolución y rumbo que pueda tomar la demanda mundial. Se asume que existe una relación directa entre el dinamismo de la demanda internacional, la tecnología incorporada en los bienes de exportación y crecimiento, como afirma y demuestra Asuman, et al (2005) al señalar que “La especialización en algunos productos traerá un crecimiento más alto que la especialización en otros”. La forma en que los países se insertan en la economía mundial es un elemento determinante de sus posibilidades de desarrollo a largo plazo. (Kosacoff B., López A. y Pedrazzoli M.: 2006, p.1).

De acuerdo con Reinert (2002), “la riqueza no es causada por la mayor eficiencia relativa, sino por la competencia imperfecta. La elección de actividad económica es mucho más importante que el grado de eficiencia”. El autor denomina ‘subdesarrollo schumpeteriano’ a los casos en donde las naciones son eficientes en su producción en comparación con las ‘mejores prácticas’ del mundo, pero que aún son pobres. Así en su trabajo publicado en 2002 “El rol de la tecnología en la creación de países ricos y pobres: el subdesarrollo en un sistema schumpeteriano”, elabora un índice de calidad, el cual según sus afirmaciones “es un continuum que va desde la competencia perfecta hasta el monopolio, y en el que cualquier actividad económica puede conceptualmente ser incluida”. El puntaje de este índice refleja el grado en el que una actividad puede soportar un salario alto para el individuo y un alto estándar de vida para el país exportador del bien en cuestión. En otras palabras, el puntaje del índice de calidad muestra el grado de ‘renta industrial’ disponible para el individuo o para el país. Los ‘rendimientos crecientes históricos’ de Schumpeter- la interacción de la escala y el cambio tecnológico a través del tiempo – son un importante factor en crear actividades de alta calidad. El subdesarrollo schumpeteriano es el resultado de la especialización, dentro de la división internacional del trabajo, en actividades que alcanzan bajo puntaje en el índice de calidad de las actividades económicas29. (Reinert: 2002)

Conforme a lo expuesto, el objetivo del próximo capítulo es ilustrar, en las dimensiones señaladas, la estructura actual y evolución reciente de las exportaciones argentinas MOI, llevando a cabo el análisis de las exportaciones según el contenido tecnológico incorporado en las mercancías en base a la clasificación propuesta por la OCDE

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1 El término innovar etimológicamente proviene del latín innovare, que quiere decir cambiar o alterar las cosas introduciendo novedades (Medina Salgado y Espinosa Espíndola, 1994) en (FORMICHELLA, M. M. 2005). La innovación es un proceso complejo que comienza con una idea y sólo termina cuando el producto o el proceso desarrollado se introduce, con éxito, en el mercado. (MALLO E.: 2006, p. 51). Este proceso está compuesto por dos partes no necesariamente secuenciales y con frecuentes caminos de ida y vuelta entre ellas. Una está caracterizada por la creación de conocimiento y la otra se dedica fundamentalmente a su aplicación para convertirlo en un proceso, un producto o un servicio que incorpore nuevas ventajas para el mercado. (Prieto Viñuela J. J.: 2004)

2 Inversión Extranjera Directa (IED): entradas netas de inversión, destinadas a obtener un interés empresarial duradero (10% o más de las acciones con derecho a voto) en una empresa que opere en una economía distinta a la del inversor. El BCE las define de la misma manera pero con otras palabras: «Inversión transfronteriza realizada con objeto de obtener una participación permanente en una empresa residente en otra economía (en la práctica, esta participación debe ser igual, al menos, al 10% de las acciones ordinarias o con derecho de voto)». (Pampillón, R.: 2007)

3 Al contrario de las multinacionales, (que tendían a reproducir las relaciones laborales observadas en las matrices), las transnacionales además de fabricar diferentes partes del producto en diferentes países, lo hacen bajo contratos de trabajo variados”. (Dupas: 1999, p.15).

4 La tasa de crecimiento del comercio en las décadas del setenta, ochenta y noventa se ha situado 6,7%, 4,1%, 7,3% respectivamente, mientras que la tasa de crecimiento del producto ha sido 4,1%, 3,4% y 3,5%. Tomando una perspectiva temporal más amplia, entre 1950 y 2001 la tasa de crecimiento promedio del comercio se sitúa en 6,3% mientras que la del producto mundial es 3,8%. (CEPAL: 2003). Los resultados particulares para América Latina también han sido claros, y el comercio internacional de la región ha crecido de manera significativa y acelerada a partir de las reformas realizadas en los años ochenta.” (CAF: 2005, p. 21)

5 La “cadenas de valor” son la totalidad de las actividades de la secuencia que va desde la adquisición de materias primas a la fabricación, distribución al consumidor final y eliminación del producto con posteridad a su uso. Incluye la innovación del producto, el diseño, la logística, la publicidad y los servicios de disposición de residuos. Con la liberalización y el eslabonamiento de la producción entre diferentes países, la naturaleza y la organización de las cadenas de valor globales se vuelve cada vez más importante para el crecimiento industrial. Todas las cadenas de valor procuran fortalecer la competitividad tercerizando diversas funciones, abriendo de esta manera nuevas oportunidades para los países que puedan sumarse en forma más eficaz a estas cadenas globales. (Kosacoff, López y Pedrazzoli: 2007, p.3)

6 Por ejemplo, a partir de la oferta ambiental, de recursos naturales (localización espacial y dotación de recursos), de su acervo de capital productivo (infraestructura física y productiva), de capital social (niveles de cohesión, confianza y solidaridad entre los ciudadanos y frente a instituciones públicas), de recursos humanos (nivel educativo y actividades productivas de la población, capacidad de desarrollo y retención de talento humano) y del funcionamiento de sus organizaciones privadas (empresas) y públicas (gobierno).

7 Si bien estos elementos no son nuevos en el estudio, partiendo de los trabajos de Schumpeter a principios del Siglo XX, son de aplicación y formalización reciente, mostrando una alternativa viable de aplicación práctica. Cancino del Castillo C. (s/f)

8 Esto es, los que produce a menores costos con respecto a los demás países.

9 En este sentido, una caída de los salario o un aumento del tipo de cambio (depreciación de la moneda nacional) implica ganancias de competitividad; por el contrario, un aumento de los salarios o una caída del tipo de cambio (apreciación de la moneda nacional) implica pérdidas de competitividad.

10 Bajo este criterio, a través del Índice Ventajas Comparativas Reveladas (VCR), se relaciona la participación relativa del país en el mercado mundial de cada sector con su participación en el comercio mundial total. El valor de este indicador será mayor que uno para aquellos sectores más competitivos que el promedio, y menor a uno para los menos competitivos. De la utilización de este indicador se pueden extraer dos corolarios: en primer lugar, una economía que participa del comercio internacional tiene por definición sectores que son más competitivos y otros que lo son menos. En segundo lugar, deja de tener sentido hablar de la pérdida o del incremento de la competitividad de una economía en su conjunto. (Chudnovsky, D. y Porta, F.: 1990)

11 Aquellas que no están basadas en las dotación de recursos naturales con los que cuentan las naciones sino que pueden ser constituidas y reconstituidas a través de esfuerzos concientes y conjuntos realizados por las firmas, coadyuvadas por distintas medidas, instrumentos de políticas e instituciones relacionadas al sistema nacional de innovación. Según Neffa, “innovar en cuanto a los procesos, innovar en cuanto a los productos introducir innovaciones en la estructura y la organización de las empresas”.

12 La competitividad estática es la capacidad que tiene un país, una rama de actividad y sobre todo una empresa para que, -sin efectuar grandes transformaciones en su proceso productivo y sin cambiar la gama de los bienes o servicios tradicionalmente producidos-, pueda mantener su parte en el mercado e incluso aumentarla, tanto en el nivel del mercado interno (aumentando las ventas y haciendo frente a las importaciones) corno del mercado externo (conquistando otros nuevos)".Para lograr aumentar este tipo (estático) de competitividad de una unidad económica es necesario reducir los costos unitarios de producción (Neffa J. C.: s/f, p.1)

13 Ganador del Premio Nobel en 1973.

14 Estos trabajos motivaron la recuperación de las ideas de Smith sobre el importante papel de factores con carácter absoluto. Si la capacidad comercial de un país depende del entorno socio-económicotécnico en el que está enmarcado, no cabe duda que unos países tendrán ventajas absolutas sobre otros, ya que no todos tienen iguales capacidades: potencial económico, infraestructuras, relaciones empresariales, capital humano, e incluso el panorama político es diferente en los distintos territorios. (Tabeada Fontao M. C. (s/f), p. 6)

15 Es así como se observó que tanto en Reino Unido como en Estados Unidos, mientras que los precios diminuían, las exportaciones también bajaban y en cambio en Japón y Alemania, mientras los precios aumentaban, con ello también lo hacían las exportaciones.

16 La característica de un mercado de Competencia Perfecta, “que garantizan un mercado libre, impersonal, en le que la fuerza de la demanda y la oferta –o sea el ingreso y el costo- determinan la asignación de recursos y la distribución del ingreso” (Ferguson), son los siguientes: demandantes y oferentes toman el precio como dado, producto homogéneo, libre movilidad de recursos, perfecta información”. (Ledesma, J.: 2003, p. 228)

17 Oligopolio. Estructura de mercado que se caracteriza por la existencia de «pocas» empresas oferentes. (Pampillón, R.: 2007)

18 La cuestión de la apropiabilidad de la innovación se convierte en un problema central en estos modelos en dos sentidos: primero, discutiendo el papel de las externalidades, relacionadas con la existencia de rendimientos crecientes a escala. Segundo, discutiendo la incidencia de la estructura en el mercado (en concreto el poder de monopolio) en la apropiabilidad de la innovación

19 El término de oportunidad hace referencia a la mayor o menor facilidad con la que se puede alcanzar nuevos avances tecnológicos. El grado de oportunidad tecnológica que ofrece cada paradigma tecnológico es variable en función del sector y de la tecnología de que se trate. También difieren en cuanto a la capacidad de los agentes innovadores para interiorizar algunos de los beneficios que se derivan del progreso técnico.

20 Desde la perspectiva evolucionista el progreso técnico se desarrolla dentro del propio proceso productivo, puede considerarse incorporado, endógenamente determinado por las decisiones de producción y asignación presentes, dependiente de las que se dieron en el pasado y condicionante de las que se tomarán en el futuro. Se trata de un proceso iterativo, dinámico y cumulativo. (Barcenilla S. y Lozano P.: 2001, p. 170)

21 El concepto de capacidades tecnológicas describe las habilidades más amplias que se requieren para iniciar un proceso de mejoras que conduzcan a un sendero de crecimiento y desarrollo sostenido. La definición de capacidades tecnológicas implica conocimientos y habilidades para adquirir, usar, absorber, adaptar, mejorar y generar nuevas tecnologías (Bell y Pavitt, 1993; Lall, 1992). Partiendo de esta definición se entiende que las capacidades tecnológicas incluyen a las capacidades de innovación y a las capacidades de absorción. (Lugones y Tutti, P.: 2007, p. 7)

22 Fajnzylber desarrolló una estrategia destinada a crear una competitividad "auténtica" o “genuina”, es decir, duradera: al contrario de las ventajas competitivas estáticas del pasado, esencialmente "espúreas", una competitividad estructural sólo puede basarse en el progreso tecnológico y en vastas reformas institucionales. Fajnzylber incluyó en sus reflexiones varios aspectos de los debates económicos desarrollados en los años 80 a la sombra del neoliberalismo: la discusión en el seno de la OCDE sobre la "competitividad estructural", como los análisis de los economistas evolucionistas – esforzados en comprender el surgimiento de los procesos de innovación tecnológica – y los enfoques de "distrito industrial", que estudian conglomerados locales y regionales, cuya competitividad se basa en la "eficiencia colectiva". (Maggi C. y Messner D.)

23 Para acceder a informe donde se presentan éstas posturas, consultar: “Hacia un pacto de competitividad”, Anexo Técnico, en: www.imco.org.mx

24 Existe Competencia Imperfecta en una industria si todos los vendedores pueden controlar en alguna medida el precio de su producto. Existen diferentes modos de competencia imperfecta: monopolio, oligopolio, duopolio y competencia monopolística. Cada uno de ellos se traduce en una estructura de mercado que presenta diferentes relaciones entre el ingreso y la producción. (Ledesma, A: 2003, p. 241)

25 Reinert E. (2002) denomina como ‘colusirio’ a este el modo de distribución de las ganancias derivadas del cambio tecnológico, debido a que las fuerzas del país productor (capital, mano de obra y gobierno) en la práctica ‘coluden’ –aunque no en el sentido de conspirar- para apropiarse de estas ganancias. Este mecanismo operara si el cambio técnico es acompañado por la creación de barreras de entrada, donde los rendimientos crecientes son el mecanismo clave. El cambio técnico colusorio es acompañado por la creación de más altas barreras de entrada, más intensa competencia imperfecta, y normalmente afecta el tamaño mínimo eficiente de una operación.

26 Algunos productores y naciones muy eficientes son desesperadamente pobres. Ellos son eficientes en productos que no proveen competitividad en el significado crecientemente aceptado de la palabra. Tomemos un ejemplo: los más productivos fabricantes de pelotas de baseball en el mundo son haitianos. Ellos ganan treinta centavos por hora. Aunque las firmas norteamericanas que producen sus pelotas de baseball en Haití son competitivas en el sentido micro económico, la producción de pelotas de baseball no hace la economía haitiana más competitiva en nuestro uso macro económico de la palabra. A despecho de su absoluta eficiencia y su participación en el mercado produciendo pelotas de baseball, el standard de vida de Haití no se incrementa. (Reinert: 1995, p.3)

27Un SNI es un conjunto integrado de actores e instituciones que, en el ámbito de una nación, se interrelacionan con el fin de llevar adelante el proceso de innovación. Los componentes de un SNI son los laboratorios de investigación y desarrollo de las empresas innovadoras, los institutos públicos de investigación básica y aplicada, las universidades (públicas y privadas), los organismos públicos de promoción de la investigación científica y tecnológica (a nivel nacional o de los gobiernos locales), las fundaciones privadas que apoyan las actividades científicas.) (Mallo E.: 2006)

28 En el primero de los casos, la periférica seguiría padeciendo los problemas de estrangulamiento externo vigentes en la trayectoria de crecimiento de nuestras economías, dándoles su característico estilo “stop and go”; en el segundo, estaríamos soslayando, al menos, una de las variables que han determinado secularmente esa restricción externa.

29 En un mundo donde la división del trabajo causa diferentes grados de competencia imperfecta, efectos de escala y, en general, un valor diferente de mercado para distintos tipos de conocimiento, es inevitable encontrar una distribución desigual de los ingresos. No es la existencia de rendimientos crecientes y barreras de entrada per se lo que causa esta mal distribución, sino el hecho de que las diferentes actividades económicas incluyen estas características en diferentes grados. La riqueza relativa y la pobreza relativa son creadas por la asimetría entre grados diferentes de competencia imperfecta, no por la competencia imperfecta en sí. (Reinert: 2002, p. 14)

 


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