Contribuciones a la Economía


"Contribuciones a la Economía" es una revista académica con el
Número Internacional Normalizado de Publicaciones Seriadas
ISSN 16968360

DIFERENTES ENFOQUES  DEL ANÁLISIS DEL EMPLEO EN LA TEORÍA ECONÓMICA

Sara Colás  Griñán (CV)
Universidad Central “Marta Abreu” de Las Villas (UCLV), Cuba
salacg@uclv.edu.cu, saracg56@yahoo.es

 

RESUMEN

En las carreras de perfil económico los textos que abordan las teorías del empleo lo hacen a partir del enfoque neoclásico y keynesiano, lo cual dificulta la impartición de este contenido desde bases marxistas. El análisis comparado de las teorías del empleo puede contribuir a sentar las bases para  un estudio crítico de estas teorías en la actualidad Por tal razón, este trabajo tiene como objetivo fundamental diferenciar la teoría marxista del empleo de las teorías no marxistas, desarrolladas sobre la base de los postulados neoclásicos y keynesianos respecto al análisis de las causas del desempleo ,los tipos de desempleo y su solución

 

SUMMARY

In the careers of economic profile the texts that approach the theories of the employment make it starting from the neoclassical and Keynesian focus, that which hinders the impartation of this content from bases Marxists. The compared analysis of the theories of the employment can contribute to sit down the bases at the present time for a critical study of these theories For such a reason, this work has as fundamental objective to differentiate the Marxist theory of the employment of the theories non Marxists, developed on the base of the neoclassical and Keynesian postulates regarding the analysis of the causes of the unemployment, unemployment tip solution


Para citar este artículo puede utilizar el siguiente formato:

Colás  Griñán, S.:  “Diferentes enfoques del análisis del empleo en la teoría económica" en Contribuciones a la Economía, junio 2007. Texto completo en http://www.eumed.net/ce/

 

INTRODUCCIÓN

El desempleo es una preocupación insoslayable de las autoridades y del pueblo en general. Con frecuencia, el desempleo conlleva a una dilapidación de recursos humanos que de otro modo podrían estar produciendo bienes y servicios para satisfacer las necesidades de la sociedad. Al mismo tiempo puede significar extrema penuria personal para los trabajadores cesantes y es, en consecuencia, una preocupación social fundamental.

A lo largo del tiempo, la tasa de desempleo fluctúa ampliamente dentro de un país dado, en correspondencia con el ciclo económico. El desempleo aumenta durante las recesiones y declina en períodos de auge y también varía ampliamente de un país a otro, como se puede observar en los informes estadísticos al respecto.

A pesar de que existe consenso en cuanto a la gravedad del desempleo para la sociedad, los economistas no se han puesto de acuerdo en cuanto a las causas del mismo y a sus posibles soluciones.

Hablando en general – y dejando a un lado los tipos híbridos que son muy comunes en nuestros tiempos debido al desarrollo intelectual, económico, etc. que hacen que las teorías vayan modificándose y adaptándose a las nuevas condiciones- se ofrecen tres explicaciones del fenómeno del empleo: las neoclásicas, las keynesianas y las marxistas.

 

El  empleo en los clásicos de la economía política burguesa.

Adam Smith y el empleo

Smith solamente esboza el problema del empleo en el contexto de su teoría del salario, no constituyendo objeto específico de su investigación. Para Smith existe una estrecha relación entre la variación del salario y el empleo, lo que puede sintetizarse en las siguientes afirmaciones:

1.       Los salarios varían en proporción inversa a lo grato del empleo.

2.       Los salarios varían en proporción directa  al costo de su aprendizaje como la educación en las artes y en las profesiones liberales, aun es más largo y costosa.

3.       Los salarios varían  en proporción inversa a la continuidad del empleo (ningún otro trabajo es más fácil de aprender que el del albañil). Su compensación la eventualidad del empleo.

 

David Ricardo y el empleo

Ricardo tenía conciencia de que con el desarrollo de las máquinas estas sustituirían al hombre como mano de obra, es decir, con la incorporación de las máquinas  al proceso productivo el nivel de mano de obra necesaria sería menor, pero a la vez creía que esa mano de obra sustituida, encontraría trabajo más adelante, aunque en los primeros momentos le traería sus inconvenientes.

Si el capitalista, al utilizar las nuevas maquinarias logra obtener el ingreso neto usual, estará estimulado a aumentar la demanda de trabajo y por tanto, se incrementará la producción. Esta es la ocupación eminentemente burguesa; reconoce las contradicciones entre obreros y terratenientes al admitir el empeoramiento de la situación  de la clase obrera, pero en todo momento los obreros no pueden resolver ellos mismos su destino.

Teoría neoclásica del empleo

Los neoclásicos le otorgan un papel fundamental al mercado, pues lo c competencia del laisser-faire,  el paro se debe, bien a una interferencia del gobierno en el libre juego de las fuerzas del mercado, o generalmente, a prácticas monopolísticas. Solo con que el gobierno se abstuviera de intervenir en los asuntos económicos mediante la legislación social, los subsidios, los derechos arancelarios, etc. y abandonara el campo a la iniciativa privada y a la libre contratación en el mercado, se aseguraría automáticamente un alto nivel de ocupación. (Oxford. U, 1948)

Reducido a su expresión teórica: el paro existe porque los salarios son demasiados altos, este nivel, indebidamente alto se mantiene por las prácticas monopolísticas de los sindicatos obreros, e indirectamente por el sistema de distribución que garantiza un nivel mínimo. Si se suprimieran estas restricciones, la competencia obligaría a los salarios a descender hasta el nivel en que resultara provechoso para los empresarios emplear más trabajo.

Algunos consideran como verdaderos neoclásicos a Marshall y a Pigou;  ellos sentaron las bases  de la llamada economía moderna.

Pigou, contemporáneo con Marshall, tiene varias obras, dentro de las que destaca Teoría del empleo, donde desarrolla lo que se ha considerado la teoría neoclásica de la ocupación, que no es más que la teoría del empleo voluntario, la que explica a través de la ley de los rendimientos decrecientes de los factores de la producción, principalmente  del trabajo.

Él plantea que la relación entre el nivel de ocupación y el salario real es inversamente proporcional, lo que quiere decir que a media que aumente el salario real, menor será el nivel de ocupación y viceversa.

Para Keynes, la teoría de la ocupación del profesor Pigou “…es la única descripción detallada que existe de la teoría clásica de la ocupación” (Keynes, 1976, Pág. 21), donde su esencia está dada por las formas de aumentar la ocupación.

De manera general la teoría neoclásica del empleo parte del equilibrio en el mercado de trabajo pues plantea que el nivel de empleo es determinado mediante la igualdad de la demanda de trabajo (DL) y la oferta de trabajo (OL). Ambas curvas expresan una relación entre los salarios, los precios y el empleo.

Según estas teorías, las curva de demanda y oferta de trabajo se cortan en un punto (E),  con un nivel correspondiente de factor trabajo o empleo (No) y un nivel de salario real en equilibrio (Wo/Po). Dicho en otras palabras, en el punto donde coincidan los criterios de utilidad, correspondientes a la demanda de trabajo que formulan los empresarios, con los de des-utilidad (sacrificio por trabajar), que forma la función de oferta de trabajo de los obreros, en ese punto quedará determinado el volumen de ocupación. Los economistas neoclásicos llegan  a la conclusión de que la economía siempre funciona en el nivel de pleno empleo.

Ellos plantean la tasa natural de desempleo es aquella tasa que corresponde al equilibrio macroeconómico, en que la inflación esperada es igual a  su nivel efectivo, es aquella tasa a la que retornaría la economía después de una recesión o auge. Esta tasa también es llamada  tasa de desempleo de inflación estable, debe este  nombre a la teoría elaborada por A. W. Phillips. La curva de Phillips es una relación inversa entre la tasa de desempleo y la tasa de crecimiento de los salarios monetarios; cuanto más elevada es la tasa de desempleo, menor es la tasa de incremento de los salarios, expresado en otras palabras, existe una aceleración de intercambio o un compromiso entre la inflación de salarios y el desempleo.

Este concepto fue corregido por primera vez en 1968 por Milton Friedman; de modo independiente lo desarrolló Edmund Phepls. Ellos pronosticaron la muerte de la curva de Phillips sencilla, planteando que esta curva podía trasladarse a lo largo del tiempo, a medida que los trabajadores y las empresas se iban acostumbrando a la inflación y esperaban que ésta continuara.

La proposición de Friedman y Phelps es que a largo plazo la economía se desplazará  hacia la tasa natural de desempleo, cualquiera que sea la tasa de variación de los salarios y de los precios. El argumento se basaba en la definición de la  tasa natural de desempleo como la tasa de desempleo friccional que es coherente con el equilibrio del mercado de trabajo. Siempre que el desempleo esté por encima de la tasa natural de desempleo, estará buscando empleo más gente que la que es compatible con el equilibrio del mercado de trabajo. Este exceso de desempleo dará lugar a que  el salario real caiga, de modo que las empresas querrán contratar a más trabajadores y habrá menos personas que quieran trabajar, volviendo a descender la tasa de desempleo hasta volver a la tasa natural. En el caso contrario, en que la tasa de desempleo esté por debajo de la tasa natural, hay muy pocas personas que están disponibles para que las empresas cubran sus puestos de trabajo tan deprisa como lo hacen normalmente, por lo que el salario real subirá, dando lugar a que las empresas deseen contratar a menos trabajadores y atrayendo más personas a la fuerza laboral. La tasa de desempleo se elevará hasta volver a la tasa natural de desempleo. Por tanto, coexiste una relación de intercambio a largo plazo entre inflación y desempleo

Los neoclásicos definen tres tipos de desempleo (Sachs – Larrain, 1993):

1.       Desempleo friccional: es el desempleo que se debe principalmente a las bajas voluntarias, a los cambios de trabajo y a las personas que entran por primera vez en la población activa o que retornan a ella. Incluso aunque una economía  tuviera pleno empleo, siempre habría rotación, ya que los individuos buscan trabajo cuando terminan sus estudios o se trasladan de una ciudad a otra, etc. Algunos lo consideran como un tipo de desempleo estructural.

2.       Desempleo estructural: es el desempleo que forma parte de la tasa natural de desempleo de un país este tipo de desempleo tiene muchas características comunes con el desempleo friccional, pero se diferencian en que es más prolongado. Por lo tanto, puede tener grandes costos para los   desempleados  y   suponer una pérdida  considerable de  producción   necesarias para ocupar los puestos de trabajo existentes y las que poseen los demandantes de empleo; o un desajuste geográfico entre el lugar donde se encuentran las vacantes y el lugar donde se encuentra los demandantes de empleo.

3.       Desempleo cíclico: existe cuando hay un nivel insuficiente de demanda agregada, lo que obliga a las empresas a suspender temporalmente el empleo a los trabajadores o despedirlos. Cuando disminuyen el gasto y la producción totales, el desempleo aumenta en casi todas partes. No existe como consecuencia de las diferencias entre las tasas de inflación esperada y efectiva.  La distinción entre desempleo cíclico y otros, ayuda a los economistas a diagnosticar la salud general del mercado de trabajo. Existe desempleo cíclico cuando disminuye el empleo a consecuencia de la oferta y demanda agregada, como subproducto de las recesiones y las depresiones.

Teoría Keynesiana de la ocupación

Keynes señala que la mayoría de los economistas habían estudiado el proceso económico a partir de la existencia de un determinado nivel de ocupación y era importante saber por qué existe ese nivel de ocupación y no otro.

Para explicar las causas del desempleo se basa en el principio de la demanda efectiva, categoría que constituye  la  base del modelo keynesiano y, en el centro de ésta la propensión marginal a consumir, en donde la ley psicológica tiene un papel fundamental, la que plantea que los hombres están dispuestos, por regla general y como promedio, a aumentar su consumo a medida que su ingreso crece, aunque no en la misma proporción. Por lo anterior se plantea que en el centro de la teoría keynesiana está la subjetividad del individuo, demostrando la influencia del subjetivismo neoclásico.

Para Keynes el nivel de ocupación queda determinado por el equilibrio entre la oferta global y la demanda global, es  decir, donde ambas funciones se interceptan, por lo que el desempleo quedaría resuelto cuando se cierra la brecha donde la curva de oferta es mayor que la curva de demanda

La demanda global expresa el nivel de ingresos y por tanto, el beneficio obtenido por los empresarios; a su vez la oferta expresa el nivel de rendimiento que se obtiene a medida que  varía el nivel de ocupación. Mientras que la demanda sea mayor que la oferta o los ingresos mayores que los rendimientos, no existirá desempleo, pues los empresarios seguirán aumentando el número de trabajadores como único factor variable para aumentar sus ingresos (aplicando el principio de ceteris  paribus). Entonces en el punto donde la demanda es igual a la oferta, los ingresos obtenidos coinciden con los rendimientos, por lo que es aquí donde queda fijado el nivel de ocupación, pues después de este punto, cada unidad adicional de factor trabajo incrementada dará rendimientos en la producción que excede el nivel  de ingresos que se pueden obtener, pues no habrá demanda en el mercado que pueda ofrecerlos. Por lo que si los empresarios desean seguir teniendo beneficios tendrán que variar otros factores que intervengan en la producción como el capital, la tierra, la tecnología, etc.

Para Keynes la brecha que determina el nivel de desempleo se elimina mediante el incentivo del consumo y de la inversión, ya que al aumentar estos componentes, aumentaría la demanda global, porque ella está compuesta por la sumatoria de la demanda de consumo (D1) y la demanda de inversión (D2).

Para que haya empleo tiene que existir inversión y ésta solo se realiza si existen ingresos. Según el esquema lógico del modelo keynesiano, con los ingresos se pueden realizar dos cosas, consumirlos o invertirlos, donde el consumo está dado por la propensión marginal a consumir, ya sea en bienes  o en servicios, mientras que la inversión está dada por el incentivo a invertir, que está dado por la  tasa de interés, la que a su vez está  determinada por la liquidez y la cantidad de dinero.

“...la  ocupación solamente puede aumentar pari passu con un crecimiento de la inversión, a menos, desde luego, que ocurra un cambio en la propensión  a consumir; porque desde el momento en que los consumidores van a gastar menos de los que importa el alza de los precios de oferta total cuando la ocupación es mayor, el aumento de ésta dejará de ser costeable, excepto si hay un aumento de la inversión para llenar la brecha,” (Keynes, 1976, pág.  101.)

Teoría marxista

Marx trata del problema de empleo  a partir del análisis del proceso de acumulación capitalista. La acumulación capitalista genera un proceso de exclusión de mano de obra que tiende a formar una reserva permanente de personas, a través de una progresiva sustitución de mano de obra por maquinaria, lo que coincide con las ideas de Ricardo sobre la introducción de nuevas maquinarias. Ello posibilita frenar la tendencia alcista de los salarios, promotora de una demanda de mano de obra que creciera  al mismo ritmo que la acumulación. Dicha reserva de mano de obra sirve como reserva en sí misma para los períodos de expansión capitalista y a la vez como mecanismo de presión para la baja de los salarios. La acumulación genera un excedente de mano de obra, pero a la vez, precisa de él para continuar la acumulación: es causa y condición de la acumulación capitalista.

Dice  Marx en El Capital: “el incremento del capital lleva consigo el incremento de su parte variable, es decir, de la parte invertida en fuerza de trabajo. Una parte de la plusvalía invertida en fuerza de trabajo. Una parte de la plusvalía invertida necesariamente tiene que volver a convertirse en capital variable o en fondo adicional de trabajo. Si suponemos que, sin alterar las demás circunstancias, la composición del capital permanece invariable (...) es evidente que la demanda de trabajo y el fondo de subsistencia de los obreros crecerá en proporción al capital y con la misma rapidez con que este aumente (...) la acumulación del capital supone, por tanto, un aumento del proletariado.”(Marx, 1973,  Pág. 557)

Sobre las consecuencias de este crecimiento constante de la demanda de fuerza de trabajo tiene sobre los salarios, el autor señala: “como todos los años entran  a trabajar más obreros que el año anterior, llega forzosamente, más temprano que tarde, un momento en que las necesidades de la acumulación comienzan a exceder la oferta  normal de trabajo y en que, por lo tanto, suben los salarios(Marx, 1973,  Pág. 574)

Este tipo de proceso se dio efectivamente, durante los períodos de gran expansión del capitalismo. Los salarios tienen una relación inversa con las ganancias de los capitalistas o empresarios, pues  el aumento de los salarios genera una baja de la tasa de ganancias. Esta situación trae como consecuencia que los empresarios tengan que decidirse entre invertir más o no. Si toma la primera opción el volumen global de ganancias obtenidas puede  compensar  la disminución porcentual de la tasa de ganancia y, la disminución de la inversión capitalista inicia un ciclo descendente de la economía, un excedente de trabajadores y, finalmente, una baja de los salarios y una recuperación de la tasa de ganancias.

En la medida que no varíe la composición del capital (en su componente variable o destinado a la compra de fuerza de trabajo y constante, o destinado a los bienes de capital), la crisis son el mecanismo propio del capitalismo de generar desempleo coyuntural, y así, bajar los salarios y mantener las ganancias. Pero ello no alcanza, es decir, en el propio proceso de acumulación debe existir un mecanismo de ajuste de la relación salario-ganancia y no esperar hasta que el ajuste los provoque la crisis.

La competencia entre los capitalistas los lleva a la búsqueda del abaratamiento de las mercancías. Esto se consigue logrando una mayor productividad del trabajo. Pero si en el proceso, la relación entre el capital constante y variable permanece igual, las nuevas inversiones generan pleno empleo y favorecen las condiciones de la clase obrera para pelear por aumentos salariales y por mejoras en las condiciones de trabajo, lo que determina que la productividad tienda incluso a bajar (Olesker, 2004 ). Esto es uno de los factores que llevan a los capitalistas a invertir de manera creciente en capital constante, maquinarias, nuevas tecnologías, métodos modernos de producción, etc. En otras palabras, la búsqueda de mayor productividad no se basa en la fuerza de trabajo, generando un cambio casi permanente en la composición orgánica del capital. Por esta razón, no se produce un aumento  proporcional de la demanda de trabajo, sino por  lo contrario, una disminución progresiva. Como la demanda de trabajo no depende del volumen de capital total sino solamente del capital variable, disminuye progresivamente a medida que aumenta el capital total, en vez de crecer proporcionalmente en relación con este, como antes suponíamos.

Marx señala que aunque el aumento del capital total supone también un crecimiento del capital variable (y la demanda de fuerza de trabajo que este representa), y este ritmo de crecimiento comienza a ser menor que el de la población obrera y, por tanto, surge un excedente o sobrante de los trabajadores, que tiende a ser mayor cuanto mayor es el ritmo de la acumulación capitalista.  Esta población obrera sobrante se genera por dos vías: el despido de los obreros que antes tenían trabajo, y la imposibilidad de conseguirlo por una parte de los nuevos contingentes de trabajadores.

Es importante señalar que los procesos no se enmarcan en una situación de crisis, sino que resultan del proceso natural de acumulación  capitalista. Y como los nuevos capitales invertidos son, en última instancia, resultado del trabajo acumulado, es la clase obrera, con su trabajo, la que genera las condiciones para su futuro desempleo.

Marx denomina a la “población obrera sobrante” Ejército Industrial de Reserva (EIR). Su primera función es deprimir los salarios: una alta dotación de mano de obra desocupada o subocupada presiona a la baja de los salarios, por existir gente disponible a trabajar por menores salarios. Su segunda función es la de reserva, ya que en los momentos de expansión de la economía, siempre habrá disponibilidad de mano de obra que, de no haberla, presionaría a los salarios al alza.

En períodos de crisis, el EIR, integrado hasta ese momento por desplazados de la acumulación o buscadores de trabajo por primera vez que no consiguen empleo, se incrementa  en volumen con el ingreso de  todos los trabajadores desplazados por las empresas cerradas  en las crisis. En definitiva, el desequilibrio del mercado de trabajo es la sumatoria de  un componente estructural (modelo de acumulación) y un componente coyuntural (crisis cíclicas).

El EIR tiene cuatro componentes:

ü       Los desempleados propiamente dichos, es decir, la superpoblación excedente relativa (SER) flotante, por su entrada y salida del mercado de trabajo. Seria el desempleo abierto.

ü       Los que tiene trabajo esporádico, en malas condiciones y por ende siempre están dispuestos a ingresar al  trabajo formal. Son los precarios e informales que Marx llamó SER intermitente.

ü       Los que están en sectores que serán destruidos y están en espera de ser reserva. Marx los llamó SER latente.

ü       Los desplazados definitivamente, es decir, los desocupados crónicos.

“Para Marx, los cambios que se producen en la esfera de la producción son los que determinan los cambios en la esfera de la circulación.” (Molina, E, 1979, Pág. 43)

Para Marx el desempleo es inherente del sistema capitalista.  Los capitalistas en su afán de aumentar sus ganancias tratan de aumentar la rentabilidad invirtiendo cada vez más en capital fijo, ya sea mediante la introducción de equipos más modernos, nuevas tecnologías y métodos, con lo que la tasa de  crecimiento del nivel de empleo va disminuyendo,  es  decir, la demanda de trabajo  depende del capital variable. Por tal razón plantea que una parte del desempleo es estructural, pero a la vez existe un desempleo coyuntural, provocado por las crisis cíclicas propias del sistema,  constituyendo una necesidad del mismo de contar con un ejército de obreros para los períodos de expansión económica y  para que ejerzan presión a la baja de los salarios.

Esta superpoblación excedente relativa la subdivide en: flotante, intermitente, latente y crónica.

La acumulación del capital es un proceso profundamente contradictorio. Por una parte, la acumulación del capital es fuente de progreso de la producción, del desarrollo y perfeccionamiento de las fuerzas productivas de la sociedad capitalista. Por otra, va acompañada del incremento de la explotación de los trabajadores, del desempleo, del empeoramiento de la situación tanto de los parados como de los que tienen trabajo. Al respecto Marx escribió:

“Cuanto mayor es la riqueza social, el capital en funciones, y la intensidad de su desarrollo y mayores por tanto, la magnitud absoluta del proletariado y la fuerza productiva de su trabajo, mayor es también el ejército industrial de reserva. La fuerza de trabajo disponible se desarrolla por las mismas causas que la fuerza expansiva del capital. La magnitud relativa del ejército industrial de reserva crece, por consiguiente, conforme crecen las potencias de la riqueza. Pero cuanto mayor es este ejército de reserva en comparación con  el ejército obrero en activo, mayor es la masa de superpoblación consolidada, cuya miseria está en razón directa a su tormento de trabajo. Y, finalmente, cuanto más crece la miseria dentro de la clase obrera y el ejército industrial de reserva, más crece también el pauperismo oficial. Tal es la ley general, absoluta de la acumulación capitalista.” (Marx – Engels, T 23, Pág. 659)

Esta particularidad de la acumulación  capitalista engendra una determinada tendencia histórica en el desarrollo del capitalismo y es que en el seno de este régimen social se encuentra el germen de la destrucción, de su sustitución por un régimen social nuevo, que es el socialismo. Pero tanto Marx como Engels no se limitaron a trazar el derrotero general del desarrollo futuro de la sociedad; en el proletariado, en la clase obrera descubrieron la fuerza social encargada de llevar a cabo esta gran transformación: destruir al capitalismo y construir el socialismo.

CONCLUSIONES

ü       La teoría marxista del empleo se diferencia de la no marxista en cuanto a las causas y posibles soluciones  que le dan al problema del empleo, mientras que coinciden en  las clasificaciones generales del desempleo (cíclico y estructural)

ü       La teoría marxista del empleo  parte de la oferta para explicar las causas del empleo, siendo este producto del proceso de acumulación capitalista. La demanda de trabajo depende del capital variable por lo que la disminución proporcional en su inversión provoca un exceso de mano de obra, formándose el ejército industrial de reserva.

ü       La teoría keynesiana plantea que el exceso de la demanda global es la causante del desempleo y que  el mercado, en épocas de crisis, no es capaz de regular automáticamente la economía, principalmente para mantener el nivel de empleo. En el corto plazo, son las rigideces de los salarios nominales las que impiden el ajuste del mercado de trabajo.

ü       La teoría neoclásica plantea que la intervención del Estado y de los sindicatos provocan el aumento de los salarios reales por encima del nivel de equilibrio y por tanto, el desempleo. De no existir dicha intervención, la economía trabaja  a un nivel de pleno empleo, donde la, donde la demanda de trabajo es igual a la oferta de trabajo.

 


 

Bibliografía

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