Contribuciones a la Economía


"Contribuciones a la Economía" es una revista académica con el
Número Internacional Normalizado de Publicaciones Seriadas
ISSN 16968360

 EL MERCADO DE TRABAJO EN LA ESCUELA NEOCLÁSICA Y SU CONCEPTO DE CAPITAL HUMANO. UNA IMPLICACIÓN PARA EL DESARROLLO.
 

José Alejandro Jiménez Jiménez (CV)
Facultad de Economía, BUAP, México.
alex_jimjim@hotmail.com

“No sólo en el pensamiento,
sino a través de todos los sentidos,
el hombre se afirma en el mundo objetivo”[1].

 

En los estudios de los denominados mercados de trabajo y de las estructuras ocupacionales se presentan dificultades de comparación dada la naturaleza y diversidad de las sociedades, derivadas del grado de pluralidad o formas del desarrollo alcanzado por ellas, en los distintos períodos de su evolución. Tal vez debido a ello, se han ido conformando diferentes teorías o enfoques que proporcionan un mayor o menor grado de explicación objetiva al denominado mercado laboral o de trabajo.

Dependiendo del mayor o menor énfasis puesto como relevante en la determinación o funcionamiento del mercado laboral, pueden visualizarse 3 vertientes[2] principales: La neoclásica, la marxista y la institucionalista.

Con base en lo anterior, se exponen –en esta versión–  los postulados de los principales enfoques realizados sobre el mercado de trabajo en cinco secciones. En la primera, se presenta el concepto del pensamiento neoclásico sobre el denominado capital humano, advirtiendo al lector la importancia que pueden tener las referencias al pie de página para un mejor seguimiento sobre el punto aquí abordado; en la segunda, se recuperan algunas de las críticas efectuadas a tal enfoque por diversos autores como Mark Blaug, Samuel Bowles y Hebert Gintis; en la tercera se muestra el planteamiento neoclásico de la segmentación de los mercados de trabajo surgido bajo la concepción marginalista del capital humano; en la cuarta se contrasta este último enfoque con la perspectiva de análisis marxista sobre el particular. Enseguida se ofrece un breve sumario sobre esos 4 primeros apartados. En la quinta parte se ofrece un conjunto de reflexiones críticas sobre la noción e implicancias generales derivables del uso del concepto  capital humano. Y se concluye, en una sexta parte, haciendo un señalamiento sobre la incidencia del concepto para el desarrollo.


Para citar este artículo puede utilizar el siguiente formato:

Jiménez Jiménez, J.A.:  “El mercado de trabajo en la escuela neoclásica y su concepto de capital humano. Una implicación para el desarrollo" en Contribuciones a la Economía, junio 2007. Texto completo en http://www.eumed.net/ce/

 

1. El enfoque neoclásico y su concepto de capital humano:

Desde la perspectiva neoclásica, el análisis del mercado de trabajo se aborda como cualquier otro mercado y a partir de la interacción de la demanda y oferta de los diferentes tipos de trabajo.

Para este enfoque, la demanda de trabajo, como factor de producción, no posee características específicas que la distingan de cualquier otro factor de producción. Por tanto, conforme a los postulados neoclásicos de competencia perfecta, el principio de la maximización de los beneficios por las empresas, conduce a que la demanda sea igual a la productividad marginal del trabajo multiplicada por el precio del producto. Y, a su vez, la productividad marginal del trabajo depende del tipo, calidad y cantidad del capital fijo, así como del tamaño de la empresa. Es decir, depende de la técnica específica de producción que la empresa utilice. Aunque, la tecnología y la técnica de producción son un factor externo al mercado de trabajo propiamente dicho.

Para la teoría económica neoclásica, la oferta de trabajo se ubica en el marco de la teoría de la elección del consumidor. Así, se parte del supuesto de que es el trabajador quien decide si trabaja y cuánto, o si no trabaja. Esta conducta es una elección entre el disfrute de ocio o la renta que consigue al trabajar.

Conforme a la teoría neoclásica, si en el mercado de trabajo aumenta el precio del trabajo, se provoca un efecto de sustitución de ocio por trabajo y un efecto renta de consumo de ocio, porque al elevarse el salario real y mantenerse la misma cantidad de trabajo, se eleva el nivel de renta, haciendo que aumente la preferencia por el disfrute de más ocio.

La curva de oferta de trabajo, que resulta de estos dos efectos, será positiva si el efecto sustitución es más importante que el efecto renta; o, será negativa si se da una situación inversa.

Al amparo de las nociones anteriores, uno de los conceptos para el análisis del mercado de trabajo, surgido desde los pensadores neoclásicos, es el concepto de “capital humano”[3].

Este concepto está asociado a la idea de que las personas dedican mayor o menor tiempo y recursos para adquirir cualificaciones o educación, de modo que acuden con distintas capacidades al mercado de trabajo. En consecuencia, la situación de pobreza y desempleo es derivada, según esta teoría, del inadecuado nivel de capital humano. Para dar solución a estos dos problemas, la teoría sugiere aumentar el capital humano de los individuos, mejorando los niveles educativos.

De esta manera, uno de los trabajos más relevantes que intentan correlacionar índices de la actividad educativa, con algunos indicadores del nivel de actividad económica, es sin duda el trabajo de T. W. Schultz quien reintroduce el concepto de capital humano en el tratamiento de dos problemas diferentes:

a) el grado de contribución de la educación al crecimiento económico,

            b) el estudio de la relativa autonomía de la escolaridad en el aumento del ingreso real de los trabajadores.

El análisis de Schultz (1981) está referido al crecimiento económico alcanzado por los Estados Unidos de América entre 1900 y 1956, y del mismo se desprenden sus dos principales hipótesis:

1) Que el crecimiento se debía más a la acumulación de la riqueza humana que al mismo aumento del trabajo y el capital físico.

2) Que la inversión en capital humano explicaba la mayor parte del incremento de los ingresos reales por trabajador.

Estas hipótesis tenían como soporte lo siguiente:

Que toda inversión en capital humano consistía en una acción racional, libre y deliberada, tanto al nivel de cada individuo como de la sociedad en su conjunto.

La adquisición de habilidades, conocimientos y atributos aumentaban la productividad marginal del trabajo, lo que en consecuencia producía un rendimiento positivo.

Por tanto, las diferencias en la inversión humana podrían explicar satisfactoriamente las diferencias de ingresos.

Sin embargo, uno de los problemas que enfrentó Schultz fue el cálculo de la magnitud de las inversiones en capital humano y el cómo calcular el rendimiento de la educación. El método adoptado por Schultz consistió en correlacionar el Producto Nacional Bruto en un determinado país, a través del tiempo con la educación. Para ello, consideró los gastos educativos  –incluidos los gastos de funcionamiento de los centros educativos-  como inversión.

2. Algunas críticas a la teoría neoclásica del capital humano[4]:

Las críticas[5] a la teoría neoclásica del capital humano, cuestionan el hecho de partir de supuestos cuyo nivel de realismo no se pone a discusión, tal como el suponer la soberanía del individuo para elegir entre fines y medios.

Dicho supuesto, queda invalidado por el hecho de que las instituciones alteran la conducta de los individuos en el mercado. Pero suponerlo de esta manera sería abandonar el supuesto individualista[6] neoclásico que considera al individuo con soberanía e independencia absoluta para decidir en el mercado. Y el abandono de este supuesto lleva a la necesidad de reformular totalmente el análisis del mercado de trabajo que se ha efectuado con este instrumental neoclásico, independientemente de que los resultados empíricos de los trabajos relacionados con la teoría del capital humano han sido poco satisfactorios[7] con la realidad.

Otra de las críticas al planteamiento neoclásico, hecha por Samuel Bowles y Hebert Gintis desde una óptica marxista, señala que el concepto de capital humano no considera a las clases sociales y crea confusión conceptual, porque el término capital implica tener la propiedad y el control de los medios sociales de producción; por tanto, aplicado dicho concepto al individuo que se enfrenta al mercado de trabajo, significa considerar al trabajador como capitalista de cuyo capital deviene una renta.

 

3. El planteamiento neoclásico de la segmentación de los mercados de trabajo:

 

El economista Michael Piore[8] partiendo de la noción smithiana de división del trabajo como fruto del desarrollo económico, supone la conformación de un mercado segmentado[9]: uno primario (o sector protegido del mercado) y otro secundario (o sector desprotegido del mercado). En el primer grupo Piore ubica a las personas que ocupan puestos de dirección sobre el proceso de trabajo (empresarios, ingenieros, gerentes, etcétera); y en el segundo grupo se ubican los sectores más débiles (trabajadores subordinados, mujeres, minorías étnicas, emigrantes). Esta caracterización de la estructura ocupacional generó la conceptualización de una dualidad de mercados  –uno primario y otro secundario-  cuya estructura y lógica, fueron convirtiéndose, paulatinamente, en un objeto de estudio.

Los estudios de este economista tomaron como muestra 3 casos[10]: Estados Unidos, Francia e Italia. En estos países Piore observa que, en la década de 1930 y fines de los años sesenta, el segmento secundario se extiende, lo que lleva al segmento primario a efectuar subcontrataciones, emplear trabajo a domicilio o recurrir a tácticas diversas (tales como segmentar a los trabajadores mediante la aplicación de nuevas técnicas en los procesos productivos) para recuperar flexibilidad y competitividad, lo que trae como resultado una mayor ampliación del segmento secundario.

Entre los aspectos que fueron caracterizando a los estudiosos del mercado dual se encuentran:

El rechazo al planteamiento de la teoría neoclásica respecto a que el mercado imperfecto conduce al equilibrio y haber subsumido el supuesto del equilibrio oferta-demanda dentro de un modelo explicativo que fusionó el estructural funcionalismo con la teoría de sistemas. Esto quiere decir que a la tesis de un mercado imperfecto, opusieron la idea de estructuras económicas y sociales que, bajo ciertas condiciones, funcionaran coherentemente.

La mayoría de los estudiosos del mercado dual, efectúan una descripción de los mecanismos de funcionamiento de dichos mercados.

Aunque se caracterizan por asumir la existencia de dos mercados fundamentales de trabajo, no todos enfatizan igualmente sus diversos elementos.

En términos generales, la segmentación de los mercados de trabajo se concibe como un fenómeno endógeno al sistema económico que se caracteriza por una serie de rasgos, entre los que se encuentran:

Un mercado de trabajo primario que funciona de acuerdo a los lineamientos del oligopolio; es decir, está constituido por grandes firmas cuya productividad y rendimientos son altos. Su crecimiento es dinámico y está basado en la utilización de tecnología intensiva. Los salarios que se ofrecen en este mercado son altos, existen posibilidades de promoción, estímulos y mejores condiciones de trabajo para un prototipo de trabajador que se encuentra simbióticamente ligado a la firma que los contrata. Por tanto, los trabajadores de estas firmas serán estables, seguros de sí mismos, tendrán expectativas de ascenso, se encontrarán organizados en sindicatos fuertes y sus modelos de comportamiento serán acordes con el ambiente de la firma.

Un mercado de trabajo secundario que conforma características opuestas al anterior. Es decir, opera según los lineamientos de la competencia más pura, entre firmas que son más pobres y con producción basada en el uso intensivo del trabajo y con poca o deficiente tecnología. Son altamente desorganizados con un escaso o nulo crecimiento como resultado de su baja productividad. Una característica de este mercado es la alta movilidad laboral y en consecuencia, con escasas posibilidades de integrar una sólida organización sindical.

Existen, sin embargo, algunos aspectos específicos enfatizados por los defensores de los mercados dualistas. Entre estos se hallan los señalamientos de Vietorisz y Harrison quienes se pronunciaban en contra de las teorías que afirmaban la existencia de un mercado imperfecto tendiente al equilibrio; para ello propusieron un modelo que, basado en la teoría de sistemas, planteaba el desarrollo divergente de los mercados de trabajo concebidos como modos de operación normales característicos de una sociedad como la estadounidense[11].

Estos autores suponen la interacción simultánea de dos mecanismos. El primer mecanismo (positivo) corresponde a la aceptación de que, en la economía moderna, existen fuerzas económicas que conducen al desarrollo divergente y por tanto, a la segmentación de los mercados laborales dentro del sistema económico-social. El segundo mecanismo (negativo) corresponde al reconocimiento de la existencia de fuerzas políticas y sociales que interactuando con el primero conducen, simultáneamente, a acelerar el proceso de acumulación de capital en alguna de las firmas, reduciéndolo o frenándolo en otras.

Dentro del primer mecanismo, la conjunción del cambio tecnológico, la productividad del trabajo y los acuerdos salariales que resultaban de una fuerte organización sindical, darán lugar a la segmentación del mercado de trabajo en dos sectores uno primario y otro secundario. Dentro del segundo mecanismo, la existencia de una fuerza de trabajo excesiva, pero desorganizada sindicalmente, provocará una tendencia hacia la homogeneización y unificación del mercado. Estas tendencias a la unificación o mezcla de los mercados, como producto de la retroalimentación negativa, se verán obstaculizadas por dos efectos, que resultan de la retroalimentación positiva y que rigen a los mercados primarios.

Por una parte, la alta productividad, característica de las firmas poseedoras de grandes volúmenes de capital, y la existencia de una fuerte organización sindical en ellas permitirán –en momentos de negociación contractual- elevar los salarios de sus trabajadores sin afectar sus márgenes de ganancia; por otra parte, su gran capacidad tecnológica y sus crecientes requerimientos de habilidades específicas, se constituirán en barreras insalvables para la expansión de la movilidad entre los segmentos del mercado (retroalimentación negativa).

De esta manera, cuanto más habilidades específicas se requieran en el mercado primario, menos posibilidades tendrán los trabajadores con habilidades generales del mercado secundario de transitar hacia el primario.

Esta barrera a la movilidad –debida principalmente a la carencia de habilidades- se verá reforzada secundariamente por la discriminación racial de clase y/o de sexos. Sin embargo, cabe la posibilidad de una movilidad residual a través del credencialismo vía educación. En efecto, aunque la movilidad es escasa  (retroalimentación  negativa)  o  difícil  de  lograr  entre  los  mercados  –siendo las habilidades específicas su principal obstáculo- la movilidad, dentro de cada segmento, es alta al ser facilitada por la adquisición de educación y los salarios tienden hacia uniformidades o diferencias regulares secundarias. Ello, no obstante, a las características particulares que rigen la negociación contractual en uno u otro mercado.

Un tercer mecanismo que frenaría la tendencia hacia la unificación de los mercados y que describiría la interrelación entre ellos y la funcionalidad social de la segmentación, es que la reabsorción efectuada por el mercado secundario de los trabajadores sea posible, en la medida en que se presente lo siguiente:

Una disminución de la demanda de trabajo del mercado primario como resultado del cambio tecnológico.

Un aumento de demanda en el mercado secundario provocada por el predominio de técnicas de producción basadas en el trabajo intensivo.

El debilitamiento del regateo salarial y, consecuentemente, la persistencia de bajos salarios en el sector secundario (debida a la carencia de una fuerte organización sindical y a la inestabilidad y/o transferencia de los trabajadores que laboran en este sector).

Según Piore a los empresarios les resulta rentable utilizar una tecnología con una nueva división del trabajo que redefine características favorables en la demanda de trabajo para este segmento; pero deja una tecnología poco especializada en el sector inestable o secundario. Serán las circunstancias históricas concretas las que determinen si predomina el factor político o el tecnológico para resolver los problemas económicos, políticos y sociales derivados de las decisiones de los empresarios capitalistas.

Conforme a los objetivos de Vietorisz y Harrison surgió un modelo cuya finalidad es explicar la lógica estrictamente económica del funcionamiento de los mercados ocupacionales, en una sociedad altamente industrializada, en contraposición a las teorías que hacían de la discriminación racial el determinante fundamental del acceso al mercado laboral.

La existencia de un mercado (primario) con alta productividad, con trabajadores calificados y organizados, que coexiste con otro (secundario) de baja productividad con trabajadores no calificados y débilmente organizados, son elementos importantes dentro del esquema propuesto por esos autores. Mismo esquema que explica su dinámica al derivar la existencia de estos mercados del grado de acumulación del capital de las firmas, del nivel de habilidades o educación recibida pero sobre todo de la organización sindical de sus trabajadores. Todos estos elementos se conjugan para dar cuenta tanto de la segmentación de los mercados como de su unificación.

Las posiciones de Doeringer y Piore respecto a la dualidad de los mercados, complementan el punto de vista anterior. Así, estos autores, ante el supuesto marginalista de que los determinantes de la estructura salarial se hallaban, por una parte, en el deseo de los trabajadores de aumentar sus ingresos vía la educación y, por la otra, en el deseo de, los empresarios por minimizar sus costos vía la producción, afirmaron un conjunto de factores sociológicos e institucionales cuya incidencia en los salarios era determinante.

Al interior de los mercados de trabajo, tienen lugar procesos de socialización y aprendizaje que adaptan a los individuos a las normas y roles del grupo, dando origen a códigos de carácter moral, a través de los cuales se premia o se sanciona a los trabajadores. Esto da origen a la formación de grupos informales dentro de las empresas que, a su vez, están contenidos en las organizaciones formales como los sindicatos, que son instituciones reconocidas o institucionalizadas.

La característica más importante de los mercados del sector primario es que los empleadores mostrarán interés racional por la estabilidad, los mercados internos y los programas de entrenamiento –los cuales son los únicos medios con que cuentan para elevar la productividad-  estableciendo sistemas de estímulos, recompensas, mejores condiciones de trabajo, mayores salarios y posibilidades de movilidad interior de la empresa. Por su parte, los trabajadores presentarán también un interés racional por la estabilidad, respondiendo positivamente a tales incentivos y tendiendo a organizarse.

En cambio, una característica de los mercados secundarios –conforme a los señalamientos de Doeringer y Piore- es la inestabilidad laboral que beneficia a las firmas porque ellas tienen muchas razones para ser indiferentes a las tasas de desplazamiento de la fuerza de trabajo; una de estas razones es la poca probabilidad de que enfrenten problemas de escasez de oferta de mano de obra; otra razón tiene que ver con el hecho de que, mantener contratados a los trabajadores por largos períodos, obliga a las empresas a elevar los salarios y las prestaciones. En la medida que, en estos mercados secundarios, los empleos suelen ser mal pagados y aburridos se refuerza la tendencia a la inestabilidad laboral y contribuye a obstaculizar la formación o consolidación de organizaciones sindicales. Este mercado está fundamentalmente constituido por jóvenes y desafortunados.

Entre las críticas que se pueden hacer a estos enfoques de la teoría de la segmentación de los mercados, se encuentran las siguientes:

La explicación de los mercados de trabajo basada exclusivamente en dos mecanismos retroalimentadores  -uno positivo y otro negativo- parece ser demasiado rígida sin que dé cabida a otros elementos que pudieran explicar los cambios suscitados en la estructura y funcionamiento de dichos mercados.

El entrecruzamiento que se presenta entre la retroalimentación positiva y la negativa para conformar dos mercados divergentes, pero integrados en un solo sistema, resulta aventurado en cuanto a que establece apriorísticamente un conjunto de funciones y características de las instituciones sociales.

En términos rigurosos, las empresas no desarrollan tareas meramente socializadoras o capacitadoras con sus trabajadores, ni las subculturas y códigos que tienen lugar en su interior son acordes con las relaciones de producción existentes.

Podría decirse que, en este enfoque, se subestima la capacidad de los trabajadores para producir un cambio en las relaciones de producción y por tanto en la estructura de los mercados de trabajo.

Se postula que el rendimiento de la educación es funcional solamente para los mercados primarios y que es escaso o nulo para los secundarios.

A pesar de sus limitaciones, es de reconocer que surgieron otras posiciones de autores considerados como radicales, los cuales asumieron expresamente los supuestos de la teoría de la segmentación de los mercados de trabajo pero le introdujeron un conjunto de categorías de naturaleza marxista. Entre estos autores se encuentran: David Gordon, Michael Reich, Martin Carnoy, Samuel Bowles, Herbert Gintis y Richard Edwards quienes, entre muchos otros, adoptan al marxismo como perspectiva de análisis saliéndose completamente del planteamiento neoclásico referido a la segmentación de los mercados de trabajo.

 

4. El mercado de trabajo en los neoclásicos del capital humano y la corriente marxista

 

El punto con el que cerramos el apartado anterior es, precisamente, el elemento nodal que marca la distinción de la corriente marxista con los neoclásicos. Para la teoría neoclásica, el factor trabajo -considerado como capital- reduce la relación entre trabajadores y empleadores a una simple relación de mercado cuyo efecto es el salario y las utilidades, respectivamente.

En consecuencia, la relación social entre personas cuyos objetivos son distintos y, frecuentemente, contrapuestos, se transforma en una relación entre cosas: capital humano y capital.

Para quienes han analizado el denominado mercado de trabajo, desde una perspectiva marxista[12], es fundamental no confundir entre trabajo y fuerza de trabajo. Esta distinción exige que deba estudiarse este mercado con una base teórica específica. En primer término, porque la fuerza de trabajo que se requiere en el proceso productivo no es homogénea y, en segundo término, porque el precio que el empleador paga por la fuerza de trabajo, igual que cualquier mercancía, debiera –al menos- ser igual a su costo social de producción.

Los autores, señalados al cierre del apartado anterior, explicaron la segmentación laboral como resultado de los esfuerzos conscientes de la clase capitalista por imponer sus intereses y como parte de la reproducción de las relaciones capitalistas de producción. Subrayan la influencia que el desarrollo de las fuerzas productivas, la división social del trabajo y los cambios en la estructura de clases ejercen sobre la estructura laboral en el ámbito del capitalismo en los Estados Unidos de América.

De esta manera, Gordon, Reich y Edwards conciben la segmentación de los mercados ocupacionales como “... el proceso histórico, a través del cual las fuerzas político-económicas estimulan la división del mercado de trabajo y las reglas de comportamiento. Los mercados de trabajo segmentados son por tanto el producto de un proceso de segmentación que ocurre tanto horizontal como verticalmente a lo largo de la jerarquía ocupacional.” (Gordón, 1982).

Según estos autores, la segmentación de los mercados ocupacionales es resultado de cuatro procesos:

El primero de estos corresponde a la división del mercado ocupacional descrita por los dualistas -uno primario y otro secundario-. Una segunda segmentación se presenta dentro del sector primario y da lugar a dos tipos de trabajos: trabajos subordinados y trabajos independientes. Los subordinados se caracterizan por ser rutinarios y por estimular ciertos rasgos de la personalidad tales como la dependencia, la disciplina, el respeto a las reglas y a la autoridad, así como la aceptación de las metas de la empresa, etcétera. En cambio, el tipo de trabajo independiente requiere de creatividad, de capacidad e iniciativa para resolución de problemas, disposición al cambio y motivación individual. El tercer proceso se refiere a la segmentación provocada por la raza, como es el caso de las minorías étnicas, las cuales se enfrentan a la segmentación impuesta por los empleadores al momento de la contratación. Y el cuarto de esos procesos de segmentación viene dado por el fomento a las diferencias sexuales en el trabajo, lo que refuerza aún más la tendencia de la fragmentación del mercado de trabajo.

Conforme a estos tres autores, las divisiones anteriores tienen sus orígenes en la fase de transición del capitalismo competitivo al monopólico, período en el cual el incipiente desarrollo del mercado ocupacional apunta más hacia la homogeneización de la fuerza laboral que hacia su fragmentación. Tal homogeneización, unida a la creciente proletarización de los trabajadores genera tensiones y conflictos que amenazan el control de los monopolios emergentes. De modo que para enfrentar tal amenaza, los empleadores buscan acelerar, activa y conscientemente, la segmentación de los mercados con el objeto de dividir y someter a la fuerza de trabajo. Para ello aprovechan las destrezas y habilidades de los trabajadores para fomentar la división de la fuerza laboral en segmentos y así minar su fuerza frente a los empleadores.

Por una parte, las estrategias conscientes de los empleadores y por otra, la competencia entre los trabajadores, surgida de las mayores o menores destrezas y habilidades para el trabajo, segmentan o dividen a la fuerza laboral en varios segmentos. Así se restablece el principio de autoridad sobre el cual descansa el poder del empleador.

De esta forma, ha sido la propia división al interior del trabajo, como fuera de propio proceso de trabajo, es decir en los mercados externos, la que ha favorecido esta segmentación.

Los autores comentan que el proceso de segmentación fue un proceso, conscientemente, impulsado por los empleadores quienes aprovecharon los antagonismos étnicos, raciales y sexuales con el fin de romper la resistencia de la fuerza de trabajo generada por sus organizaciones sindicales o las huelgas y provocar la segmentación. Al mismo tiempo, los empleadores reestructurarían las relaciones de autoridad sobre las cuales descansa su poder de sometimiento. De esta forma, se han reforzado los mecanismos de control y se han legitimado las relaciones de dominación al interior del sistema capitalista.

Una de las objeciones que se le plantean a esta teoría, es haber asumido los supuestos del mercado dual heredando con ello sus limitaciones; pero, a diferencia de la teoría dualista, constituye el intento más acabado por superar el planteamiento neoclásico, al ubicar los procesos económico-educa tivos en el contexto de los fenómenos socioeconómicos relacionados con la acumulación de capital, los conflictos de clase y las relaciones de poder vigentes.

 

SUMARIO:

Los estudios de los denominados mercados de trabajo y de las estructuras ocupacionales presentan dificultades de comparación dada la naturaleza y diversidad de las sociedades, derivadas del grado de pluralidad o formas del desarrollo alcanzado por ellas, en los distintos períodos de su evolución.

Independientemente de tal situación, se observa que las exposiciones macroeconómicas típicas, mayormente aceptadas, tienen su base en los procesos económicos de producción y distribución brotado de las necesidades y de las formas en cómo las satisfacemos. Y que es, precisamente, desde una perspectiva marxista que puede comprenderse, cabalmente, la naturaleza y las fuerzas que impulsan la dinámica económica, social y política en su proceso de desarrollo.

No obstante las limitaciones que pueda tener este enfoque, para algunas cuestiones prácticas u objetivos a alcanzar, es indudable que sigue siendo un buen punto de partida para efectuar análisis sobre el funcionamiento de las estructuras económicas, políticas y sociales de nuestras sociedades. Así lo demuestran muchos continuadores de la tradición marxista, pese a los embates de sus opositores. Tales son los estudios de los autores marxistas que giran en torno a la teoría de la segmentación de los mercados de trabajo.

No puede decirse lo mismo respecto a los otros enfoques, pues los procesos históricos concretos contradicen la teoría; tal es el caso particular de las conjeturas del capital humano surgidas desde el pensamiento neoclásico. Así, se ha criticado este modelo por operar en abstracto y con variables puramente económicas sin considerar las particularidades histórico-estructurales, las relaciones políticas, culturales, psicológicas y sociales de las sociedades y economías, específicamente, las latinoamericanas.

Desde tal perspectiva, se dice que el concepto de capital humano peca de economicista, además de suponer que había un solo tipo de desarrollo (el que había ocurrido en los ahora países centrales) y que, lo que ocurrió en aquellas sociedades, debía suceder igualmente en las subdesarrolladas, tan pronto como se programaran o planificaran correctamente sus estructuras económicas, políticas y educacionales por el camino que ya estaba, en lo esencial, señalado por la experiencia histórica de los países desarrollados.

Respecto al mercado de trabajo, el problema no es simplemente de competencias o habilidades individuales sino que obedece a situaciones complejas y específicas que se dan en la realidad. Asimismo, ésta se ha encargado de cuestionar las posibilidades de mantenimiento de equilibrio entre oferta y demanda; entre formación de personal altamente calificado y su absorción en el mercado de trabajo. Así lo demuestran los problemas existentes como el credencialismo, el desempleo y el subempleo de personal en todas las capas de la sociedad y no sólo en las del personal altamente calificado, que conducen a cuestionar no sólo la base teórica -como ya lo han hecho diversos pensadores y según se ha señalado en las cuatro primeras secciones de la presente exposición- sino también, la noción misma y la continuidad del uso del concepto capital humano. Sobre todo cuando se trata específicamente de la mano de obra calificada. Esto es objeto de tratamiento final en el siguiente ítem.

5. La noción[13] y el uso del concepto capital humano:

Al igual que cualquier palabra utilizada -que presupone no sólo una actitud y orientación subjetiva individual sino que otorga un contenido en un ámbito sociocultural dado- en la expresión capital humano, lo humano ha sido cosificado al anteponerle el vocablo capital; o a la cosa (es decir al capital) se le pretende atribuir lo humano que, como cosa, en sí misma no tiene.

Así la locución capital humano califica el que todas las personas, sin distinción de ninguna especie, son una cosa, esto es, son “capital” (y, aunque al término se le agregue la adjetivación “humano”, no cambia los términos del problema). O bien, connota que ellas, las personas, tienen en su haber o deben poseer un “capital”, independientemente de la realidad concreta, histórica y espacial en que ellas se desenvuelven. Circunstancia misma que está marcada por el reconocimiento de que unos cuántos poseen el capital (la clase de los propietarios de los medios de producción) respecto a la inmensa mayoría de población que no posee capital (simple y llanamente porque no posee los medios de producción materiales).

Es una verdadera catástrofe para el concepto capital humano querer denotar cualidades e implicaciones extraídas de la forma capital, pues al aplicarse a los seres humanos se incurre en un conjunto de contradicciones entre las que se encuentran la siguiente: la forma capital, entre otras denotaciones, conduce teóricamente, a su comprensión como cosa (dinero) que al funcionar como capital reditúa –valiéndose de la explotación del trabajo de otros seres humanos- utilidades siempre capitalizables. Y si se acepta el uso del concepto capital humano, se acepta que el capital (los conocimientos derivados de la educación encarnados en el hombre mismo, según el enfoque neoclásico) es una cosa que se autoexplota a sí misma, es decir una cosa (capital humano) que extrae de sí mismo una plusvalía y utilidades para sí mismo.

Por otra parte, los que utilizan el concepto capital humano determinan, falsamente, una igualdad material entre los capitalistas, propiamente tales, respecto a los trabajadores cuya única posesión son el conjunto de cualidades físicas e intelectuales que en cada uno se encarnan (“sólo poseen su propio pellejo”, como muy bien señalaba Marx[14]). El uso acrítico del concepto ha sumido a los intelectuales en el manejo de un léxico, ideológicamente, tendencioso que crea confusión y favorece la reproducción de una realidad perversa para los millones de seres humanos sometidos, por la necesidad, al capital.

Es, a todas luces, indudable que el concepto capital humano no puede per se connotar la interrelación del ser como persona; puesto que lo humano cosificado -o la cosa pretendiéndola humanizada- no tiene ni puede tener conciencia. Esto sólo es atributo de seres humanos íntegros, los cuales -conscientes de su grandiosa naturaleza- pueden y establecen una concordancia de compromiso consigo mismos, con la naturaleza toda y con su especie. Sólo de esta manera, la existencia individual puede traducirse, simultáneamente, en la manifestación de su hacer y ser humano en lo social, debido a que la necesidad y el placer han perdido su carácter egoísta. Donde, por tanto, se supera la enajenación para dar paso al humanismo pleno que resuelve en definitiva el “antagonismo entre el hombre y la naturaleza, entre el hombre con el hombre, entre el individuo y la especie” (135-136)

Muy por el contrario, el concepto capital humano reifica la relación de propiedad y su uso mantiene y reproduce la diferenciación entre las clases sociales dentro de la sociedad de clases capitalista, en un momento y espacio concretos. Donde domina únicamente la fuerza del egoísmo, el provecho personal o el interés privado. “Porque cada cual cuida solamente de sí y ninguno vela por los demás” (Marx 1975:129)

Para finalizar esta disertación -obviamente sin pretensión alguna de haberla agotado- el concepto capital humano derivable de la concepción neoclásica supone una desviación proveniente de la libre elección de trabajo por ocio que implica la falsa deixis moral referente al origen del capital en los siguiente términos: “Cuánto menos compres, comas y bebas, o cuánto menos bailes y vayas al teatro –advertía Marx- (...) podrás ahorrar [y pagar tus estudios -así se dice ahora-] y mayor será tu tesoro: el propio capital” (Marx, C. 1975:152-3).

6. Implicación del uso del concepto capital humano en la construcción del desarrollo

Conforme al recorrido efectuado en esta presentación en torno a la concepción neoclásica referente al concepto capital humano, puede decirse, en honor a la verdad, que tal pensamiento, expresa una condición de los seres humanos, que prejuzga la situación específica y particularmente distinta en que el mundo se desenvuelve.

En un primer término, ni todos los países son capitalistas ni todas las regiones y, mucho menos las personas, se hallan en el mismo nivel de evolución científico técnica o humana en general  –es más, nunca lo han estado ni lo estarán, pues la realidad no es uniforme-, que haga posible aplicar, uniformemente, un concepto tendencioso desde su génesis.

En segundo lugar, ni las personas en sí mismas ni, mucho menos, las habilidades físicas o mentales de los individuos, son cosas -en el sentido de objetos inanimados en sí mismos, como puede ser concebido así, el “capital”, bajo cualquiera de sus formas-.

Han sido tales construcciones conceptuales cosificantes las que, una y otra vez, han atentado contra la dignidad humana, contra su libertad de decidir y de construir su propio destino, a lo largo del devenir de los seres humanos en el tiempo.

Se podría argumentar que al concepto en sí, pueda eliminársele toda la carga semántica que preenjuiciadamente se le haya dado, pero esto sale del control y de la buena voluntad de las personas. Los conceptos expresan condiciones materiales de existencia que los determinan. No se puede pasar de una situación a otra, sin cambiar de intencionalidad y de modo de apropiarse la realidad. Como ya se comentó, bajo aquella consideración se acepta que la situación de pobreza y desempleo es derivada, según esta teoría, del inadecuado nivel de capital humano. Y para dar solución a estos dos problemas (pobreza y desempleo), la teoría sugiere aumentar el capital humano de los individuos, mejorando los niveles educativos.

Como ambos problemas están, íntimamente, vinculados y como una de las metas del milenio para el 2050, se halla en erradicar la pobreza y haber logrado para el 2015 una eliminación de la misma en un 50%, es entendible que bajo tal noción, se perfilen los subprogramas tendientes al fortalecimiento de instrumentos financieros competentes con la finalidad, entre otras cosas, de contribuir a:

·                                apoyar a la consolidación de los sistemas educativos locales, a la formación y a los intercambios culturales;

·                                aumentar el ingreso y mejorar el empleo;

·                                apoyar a la cobertura, calidad y permanencia tanto de los servicios de salud como de servicios sociales e integrar sus beneficios a los grupos vulnerables;

·                                apoyar a la constitución y funcionamiento de los sistemas locales de planificación territorial y protección del medio ambiente.

Conforme tales señalamientos, el problema del desarrollo sostenible, regional y humano se resuelve colocando en el centro de la cuestión el aumento del “capital humano”.

Así, en términos de las buenas intenciones, el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) -que ha estimulado a los países donantes y a los países en vías de desarrollo a realizar Programas de Desarrollo Humano, local, regional y sostenible-  no podrá consolidar sus metas en tanto no se sienten las bases mismas que parten de la actividad práctica de seres humanos concretos y no de las cosas per se. Por ello es comprensible que, a diez años de que se dio inicio a la implementación del PNUD, el Banco Mundial[15] informe que se está muy lejos de reducir a la mitad la incidencia de la pobreza en todo el mundo o de lograr grandes mejoras en el desarrollo humano antes del año 2015.

La aseveración anterior se fundamenta en que, para la consecución de un desarrollo humano integral no puede dejarse desapercibida esa rica y basta experiencia acumulada en el prolongado decurso de la historia humana, la cual enseña que se requiere, en efecto, un cambio de mentalidad. Conlleva el reconocer que toda persona es única, particular, distinta e irrepetible y que, además, es capaz, en mayor o menor medida, de desarrollar entre otras, las siguientes cualidades:

o                               Elevación de la autoestima y confianza personales.

o                               Autoconfianza y efectiva comunicación interpersonal.

o                               Automotivación, deseo de superación, establecimiento de metas claras y persistencia para alcanzar metas.

o                               Mentalidad positiva, proactividad en la salud y los valores humanos.

o                               Capacidad de elevar su conciencia, responsabilidad y actitud de servicio a los demás.

o                               Mentalidad abierta, creatividad y con capacidad para escuchar.

o                               Capacidad de reconocer limitaciones, admitir errores y disponible para aprender la cotidianeidad.

Todas esas potencialidades o tan sólo una de ellas, no pueden estar en la cosa. No son cualidad de ningún capital como objeto o instrumento en sí mismo.

En conclusión, bajo un enfoque que, desde su fuente de origen y aunque se diga lo contrario, concibe al ser humano como capital, como una cosa o instrumento  -no importa que se le considere como el “capital principal” o centro de los programas de desarrollo- la consecución de las metas del milenio para el 2050, augura, desde ahora, una rotunda desilusión.

La consolidación de tales metas requiere, en primer término, de un cambio sustancial en nuestras concepciones, en nuestras formas de construir el mundo; en segundo lugar, demanda poner atención en el desarrollo del ser humano integral, como persona y en ningún sentido, o para nadie, como cosas con las cuales se pueda traficar o efectuar negocios; y en tercer lugar, pide elevar el nivel de participación y vinculación de las capacidades humanas en función de las condiciones históricas, sociales, culturales, naturales del espacio territorio o de las localidades.

JOSÉ ALEJANDRO JIMÉNEZ JIMÉNEZ

 

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[1] Marx, K. 1975: 141. [1844] Necesidades, producción y división del trabajo. Manuscritos económico filosóficos. En: From, Erich. Marx y su concepto del hombre. Fondo de cultura económica. 1975

[2] Tohaira, Luis (1983: 11).

[3] El concepto de capital humano lo atribuye, Gary S. Becker, al economista Alfred Marshall, citándolo en la página 25 como preámbulo a la primera parte de su libro El Capital humano, de la siguiente manera: “El capital más valioso de todos es el que se ha invertido en seres humanos” (Becker, Gary S. 1983) y también reconoce las aportaciones de T. W. Schultz en el estudio por las inversiones en capital humano. Becker dice que “las múltiples formas que pueden adquirir esas inversiones incluyen la escolarización, la formación en el puesto de trabajo, los cuidados médicos, las migraciones, precios y rentas”. (Cfr. Ib. p. 21).

Asimismo, Schultz entiende por capital humano a las habilidades, destrezas y conocimientos. Cfr. Schultz, Theodore W (1981)

[4] La teoría del capital humano surge en Estados Unidos durante la década de los 50’s, siendo Gary S. Becker uno de sus fundadores y la columna básica del que han partido los trabajos relacionados con esta teoría.

La consolidación de esta teoría está relacionada con trabajos de economistas como Sollow y Schultz quienes ven la inversión en capital humano, vía inversión en educación, como un factor del crecimiento económico. Economistas como Becker, Blaug, Carnoy y otros destacan la relación capital humano-productividad. Cfr. Martínez de Ita, María Eugenia. El papel de la educación en el pensamiento económico. En Revista Aportes Números 3 y 4, Facultad de Economía, BUAP, México, enero abril de 1997.

[5] Michael Piore, -economista ligado a la teoría de la dualidad y segmentación del mercado de trabajo-   ataca a la teoría del capital humano al poner en duda la realidad del supuesto de la soberanía del individuo (o, dicho de otra manera,  de independencia de las funciones individuales de utilidad) el cual,  siendo un perfecto conocedor del mercado, tiene capacidad de elegir los medios más eficaces que satisfacen eficazmente un fin.

[6] La percepción de individualismo se desprende de considerar al individuo con independencia y soberanía sobre sus gustos y preferencias. Los fabricantes únicamente responden a sus deseos. Cfr. Peterson, Willis L. Principios de economía. CECSA. México. 1984.

[7] Al respecto Mark Blaug escribió un extenso artículo titulado “El status empírico de la teoría del capital humano: una panorámica ligeramente desilusionada”, publicado en su texto original por la Journal of economic literature en septiembre de 1976, vol. XIV, num. 3 como “The empirical Status of Human Capital Theory”. El texto completo forma parte de la compilación hecha por Toharia, Luis denominada “El mercado de trabajo: Teoría y aplicaciones”. Alianza editorial, Madrid, 1983.

[8] Cfr. Tohaira, Luis (1983: 23-28) y Llamas, Huitrón (1989: 21-23).

[9] En algunos estudios económicos que han analizado la vinculación entre ocupación, ingreso y educación se utilizó el concepto de segmento ocupacional para agrupar a personas mediante la posición estructural que tienen en el sistema productivo y su posición en el sistema de las relaciones capitalistas de producción. “Los segmentos se perciben como parte de la clase trabajadora o como partes de una posición intermedia entre la clase trabajadora y la burguesía.” Cfr. Llamas Huitrón, Ignacio (1989: 13).

[10] Para el caso de la economía mexicana se han efectuado estudios que comparten la teoría de la segmentación. Entre ellos se encuentran: Ignacio Llamas Huitrón (1989), Carlos Muñoz Izquierdo (1990, 1992, 1996)

[11] Cfr. Harrison, B. Education, training and the urban Ghetto. Johns Hopkins University Press, Baltimore, 1972.

[12] Entre ellos se encuentran: Braverman, Harry Labor and Monopoly Capital; Gintis, H. y Bowles, S. Structure and practice in the labor theory of value.  Muñoz Izquierdo, Carlos (1974) Expansión escolar, mercado de trabajo y distribución del ingreso en México. Un análisis longitudinal 1960-1979. En Revista Latinoamericana de Estudios Educativos, Vol. IV, N° 1. México.

[13] Desde tiempos platónicos, ha sido una preocupación persistente el conocer la certeza de los enunciados, saber si su contenido semántico es verdadero. Al respecto, se reconoce que la validez de las expresiones es la relativa, pues sólo codifican la relación entre el hablante a un mundo mentalmente construido en su intrasubjetividad. Frawley, W. (1992: 385-387).

[14] Marx, C. (1975: 122-123 y 129).

[15] Banco Mundial. Informe sobre el desarrollo mundial 2004


 

 

 

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