Contribuciones a la Economía


"Contribuciones a la Economía" es una revista académica con el
Número Internacional Normalizado de Publicaciones Seriadas
ISSN 16968360

CONSTRUCCIÓN DE  UNA NUEVA  IMAGEN SOCIAL DEL ADULTO EN PLENITUD, UNA CULTURA DE LA IGUALDAD

Francisco  Bijarro Hernández (CV)
Universidad Autónoma de Tamaulipas, México.
tamps68@hotmail.com

Resumen. Es importante aportar estudios que contribuyan a abordar las situaciones del adulto mayor debido a las condiciones precarias y al crecimiento de este segmento de la población en México. Para ello, se analizan las circunstancias que distorsionan la imagen social del adulto mayor en las periferias de Cd. Victoria, Tamaulipas, México. Se diseñó una investigación mixta no experimental transversal explicativa. La muestra es no probabilística de 515 sujetos voluntarios. Los resultados muestran un débil perfil sociodemográfico, confirmando las condiciones de discriminación de estos actores sociales. Es recomendable fortalecer aun más las políticas públicas dirigidas a los adultos mayores.

Palabras clave: imagen social, adulto en plenitud, cultura de igualdad.

CONSTRUCTION OF A SOCIAL IMAGE OF THE PRIME ADULT, A CULTURE OF EQUALITY

Abstract. It is important to procure studies that contribute to approach the conditions of prime adults, at advanced age, because the human race is ageing. In order to do it, circumstances which distortion the social image of elders at local level was analysed, in Cd. Victoria, Tamaulipas, Mexico. A non experimental research was designed, of an explicative transversal type, complemented with statistical data. A non probabilistic sample was made with 515 voluntary subjects.  Results show a weak socio-demographic profile, and using other variables, both sources confirm that there are conditions of discrimination of these social actors. 

Key words: social image, prime adult, culture of equality.


Para citar este artículo puede utilizar el siguiente formato:

Bijarro Hernández, F.: “Construccion de una nueva imagen social del adulto en plenitud: Una cultura de la igualdad" en Contribuciones a la Economía, agosto 2007. Texto completo en http://www.eumed.net/ce/2007b/fbh.htm


INTRODUCCIÓN

El envejecimiento humano es un proceso bio-psico-social y espiritual que comienza con la concepción y finaliza con la muerte. Es un fenómeno singular para cada uno que envejece y a la vez universal, porque forma parte  del ciclo natural de la vida.   

Por lo anterior, las proyecciones realizadas hace más de  cincuentas años hoy están tomando su esencia.  Se discutía que en un futuro, la población senil iría en aumento, al igual que otros grupos sociales. Para ello, se planearon estrategias políticas en todos los niveles, con el propósito de afrontar estos comportamientos sociodemográficos y se expresaron toda una serie de inquietudes sociales para el reconocimiento de este sector. Problemas tales como falta de oportunidades laborales, atención especializada, entre otras cuestiones fueron planteados, que surgirían en torno al envejecimiento de la población.  

Hoy,  a  seis años de inicio del siglo XXI, el panorama es diferente para algunos grupos poblacionales. Sus peticiones tienen eco, pero a pesar de contar con escenarios que en cierta forma aminoran sus estados de discriminación social, aún prevalece el estigma violentando de alguna manera sus derechos humanos.

Es necesario crear nuevos mecanismos y estrategias de vinculación, tanto interdisciplinarias como interinstitucionales, para estar a un paso adelante y afrontar el desarrollo poblacional.  El adulto mayor, como se le identifica actualmente, es un sector que cada día toma mas presencia en las diferentes ramas académicas y gubernamentales. La vinculación, tanto de la ciencia y de la Administración Política, conlleva  unir esfuerzos para lograr un diseño y desarrollo de políticas conducentes a un óptimo desarrollo humano de este sector poblacional y difundir una nueva imagen social del adulto mayor.

Lo anterior se debe plasmar en proyectos y estrategias que no sólo apelan a acciones curativas, es necesario ir a la  conquista de transmitir una nueva cultura de  la igualdad. Por ejemplo un trato equitativo sin discriminaciones, políticas de participación y justa distribución de oportunidades y desarrollo, garantía de condiciones mínimas que permitan disfrutar la vida de manera sustentable y digna, entre otras.

            En la  Declaración Universal de los Derechos Humanos de 1948, cuando el concepto de vejez toma énfasis como universalidad y  se sostiene que,  “(…) el ser humano tiene derecho a la existencia, a la integridad física, a los medios indispensables y suficientes para un nivel de vida digno, especialmente en cuanto se refiere a la alimentación, al vestido, a la habitación, al descanso, a la atención médica, a los servicios sociales necesarios. De ahí el derecho a la seguridad en caso de enfermedad, de invalidez de viudez, de vejez.   (Conferencia Internacional del Trabajo, 1948: 659)

Mas adelante a finales de la década de los sesenta, la Organización Internacional del Trabajo, manifiesta la necesidad  vital de ofrecer condiciones de trabajo mejores a todo el mundo, haciendo un llamado urgente para fomentar pensiones  justas  para la vejez, se habla de derechos  vitales para los adultos en plenitud,  con la finalidad de alcanzar una equidad en la distribución de partidas presupuéstales, y lograr una pensión por el termino de toda una vida laboral (OIT, 1991). Mas adelante la misma OIT en su 65ª, en reunión especial para analizar las condiciones laborales del adulto mayor, enfatiza toda una serie de recomendaciones desde la oportunidad hasta la igualdad laboral para el sector senil.

 

ANTECEDENTES

México es un país con una población joven, considerando la juventud la esperanza de un futuro, participativo y protagónico, potencialmente estratégico para el desarrollo social. Por ello, la gran mayoría de los programas institucionales se encaminan de manera importante a la prevención, cuidado y control en los jóvenes, incluyendo los programas que permitirán prever en ellos los patrones de vulnerabilidad y discriminación social en sus diferentes maneras. Sin embargo, habría que enfatizar, con la misma magnitud, a un grupo de edad por el que probablemente alguno de nosotros tendremos la oportunidad de pasar, la colectividad de las personas de más de 60 años.

Según el mapa del envejecimiento de la población mundial en base al reporte Organización Mundial de la Salud, uno de cada diez habitantes del planeta tiene más de 60 años y posiblemente en el año 2050 una de cada cinco personas supere esta edad. La cifra podría llegar a 2000 millones, superando por primera vez en la historia el segmento de la población infantil, de entre 0 y 14 años. La población más anciana, mayores de 80 años, actualmente representan un 12 por ciento de los que superan los 60 años, este podrá crecer hasta un 19 por ciento. Asimismo, se estima que el número de centenarios pase de los 210,000 a cerca de 3,200,000 en el 2050. El acelerado crecimiento de la población geriátrica presiona la búsqueda para encontrar formas responsables de mejorar su relación con las nuevas generaciones y con la propia, bajo las miras de satisfacer sus necesidades en igualdad de oportunidades.

Y, de acuerdo a cifras del XII  Censo de Población y Vivienda, realizado por  el Instituto Nacional de Estadística, Geografía e Informática (2000), en el  Estado de Tamaulipas, hay 2,753,222 habitantes de los cuales el 7.47 por ciento pertenece al grupo de la edad en plenitud, que equivale a 205,674 habitantes de 60 años y mas de edad. En este sector social el 43 por ciento son hombres y el 57 por ciento son mujeres, reflejándose una mayor proporción de mujeres longevas. Por otra parte, 1,280,777 personas no son derechohabientes de servicios de salud,  que equivale a un 46.52 por ciento de la población; de estos 84,464 son ancianos. Referente a la discapacidad del adulto mayor tamaulipeco se reportan  22,936 casos, que es el 11 por ciento de la población senil.

Respecto a la población económicamente activa de 12 años y más, son 1,026,590 los tamaulipecos que desempeñan una actividad, aproximadamente la mitad de los habitantes, tocante a la participación de los adultos en plenitud, el 26 por ciento desempeñan actividad económica alguna y en este parámetro 53,133 están ocupados, en contraste con 84,139 económicamente inactivos. La tasa especifica de participación económica para el grupo etario de 60 a 64 es de 36.03 por ciento y para el de más 65 años es de 21.17 por ciento.

Este era el perfil demográfico del adulto mayor tamaulipeco a inicios del presente  siglo. Las condiciones en relación a la atención médica disminuyeron con la puesta en marcha del Seguro Popular en Tamaulipas a principios del actual quinquenio. Actualmente se instrumentan políticas asistenciales para enfrentar la vulnerabilidad de este grupo social, por citar alguna el Programa Estatal “Adopta un Abuelito”, a cargo del Sistema Nacional para el Desarrollo Integral de la Familia en Tamaulipas, entre otros,  instancia que es pilar fundamental para el diseño y desarrollo de nuevas políticas sociales.

A pesar de los esfuerzos de atención, la  discriminación y el estigma social están aun palpables en algunos sectores sociales. De  aquí se desprende la  inquietud, a través de estas líneas, de presentar de manera sencilla el escenario del adulto mayor de las zonas periféricas de la capital tamaulipeca, para posteriormente enfatizar la importancia de una nueva cultura de igualdad, que  fomente una optima imagen social del adulto en plenitud.

 

OPTICA TEORICA - METODOLOGICA

La base teórica es en el campo sociológico, con un enfoque de la teoría de integración de la acción-estructura, desde una óptica micro, se analizan los patrones que estructuran y propician la  discriminación y estigma social del adulto mayor. Para el logro de este objetivo se acude principalmente a las aportaciones de Pierre Bourdieu  (1989), sobre la relación dialéctica entre habitus y el campo.

            Se enfatiza a este teórico -reiteramos que el objeto estudio y a lo largo de la lectura se retoman otras posturas autorales-, por cuestionar y criticar las estructuras objetivas que ignoran el proceso de la construcción de la imagen social, mediante la cual los actores sociales perciben,  piensan  y construyen esas estructuras, para luego actuar sobre esa base. Bourdieu se centra en la relación dialéctica entre las estructuras objetivas y fenómenos subjetivos.  “Por un lado, las estructuras objetivas (...) forman la base para (...) las representaciones y constituyen las construcciones estructurales que influyen en las interacciones: pero, por otro lado, estas representaciones deben también tenerse en cuenta particularmente si deseamos explicar las luchas cotidianas, individuales y colectivas que transforman y preservan estas estructuras”. (Idem 1989: 15.)

            Es evidente que el autor se concentra en la práctica considerada por él, como el producto de la relación dialéctica entre acción y estructura. Estos términos pueden ser adaptados a el objeto de estudio, abordando la imagen social del adulto mayor como una estructura y la discriminación y estigma como una acción, - se refiere a la auto-percepción del adulto mayor- basadas en una práctica social, ya que éstas no necesariamente están objetivamente determinadas ni son productos del libre albedrío.

            Referente a la utilización de los términos de Bourdieu sobre habitus y campo, el primero incluye las estructuras mentales o cognitivas mediante las cuales las personas manejan el mundo social.  A través de estos esquemas las personas producen sus prácticas y las perciben y evalúan. Concretamente el habitus es el “ (…) producto de la internalización de las estructuras del mundo social (…)." (Idem: 18)  y éste se adquiere como resultado de la ocupación duradera de una posición dentro del mundo social que varía en  función de la naturaleza de la posición que ocupa la persona en ese mundo y éste se manifiesta en las actividades rutinarias de cada hombre. Para nuestro interés de estudio, el habitus es el conjunto de los procesos internos y externos que inciden en la  discriminación y estigma social del adulto mayor y la forma en que se manifiesta dentro y fuera de la estructura familiar y social.

Para  Bourdieu el campo es la red de relaciones entre las posiciones objetivas que hay en él. Estas relaciones existen separadas de la conciencia y la voluntad colectiva.  No son interacciones o lazos inter-subjetivos entre los individuos. Los ocupantes pueden ser agentes o instituciones y están constreñidos por la estructura del campo. Hay varios campos en el mundo social y se generan entre las creencias de los actores. El autor contempla el campo como un espacio, es un tipo de mercado competitivo en el que se emplean y despliegan varios tipos de capital (económico, cultural, social, simbólico). Las posiciones de los diversos agentes dentro del campo dependen de la cantidad y peso relativo de capital que poseen. El empleo del término "campo" en el objeto de estudio se inicia en el momento en que la disfuncionalidad de la imagen social del adulto mayor provoca el estado de vulnerabilidad y estigma social, pero a su alrededor existen otros campos que están a su favor o en contra,  los actores defensores, las autoridades y los familiares, entre otros.

            Se utiliza la postura de Bourdieu, porque ofrece una teoría distintiva de la relación entre  acción y estructura, dentro del contexto de una preocupación por la relación existente entre habitus y campo, y su negativa, de verse inmerso en el árido intelectualismo. En este sentido representa una opción teórica, al existir una flexibilidad en ligar el conocimiento teórico y el empírico.

          Sucintamente, para Bourdieu la estructura es la que proyecta la imagen social, la acción esta representada por los términos de estigma y discriminación social y el habitus se compone de los procesos internos, es decir cómo se percibe el adulto mayor a sí mismo. Por último el campo enfatiza la disfuncionalidad de la imagen social.

Referente al proceso metodológico,  con la finalidad de que este estudio sea de fácil comprensión para todo tipo de lector y sin la intención de minimizar la importancia de otras técnicas estadísticas, se diseñó, de acuerdo con Hernández, et al. (2003), un estudio de tipo explicativo, de investigación no experimental, de tipo transversal descriptivo. Estos estudios (…) se realizan sin la manipulación deliberada de las variables y en los que solo se observan los fenómenos en su ambiente natural para después analizarlos” (Idem:  269).

La población de estudio estuvo dirigida a 515 adultos mayores que habitan en diferentes zonas periféricas de Ciudad Victoria, Tamaulipas, México, se condujo durante los meses de abril a noviembre del año 2005 y su determinación fue de manera censal. La selección se realizó mediante una muestra no probabilística de sujetos voluntarios y se utilizó una metodología cuanti-cualitativa. El cuestionario se estructuró con tres variables: la primera indaga el perfil sociodemográfico y la composición familiar; la segunda se centra en el estado de salud y, por último, se recaban datos enfocados al estilo de vida.

Es importante reiterar que el diseño original del instrumento recopilador es el utilizado por la Secretaría de Salud de la Entidad Federativa en mención -cedula de identificación-. Sin embargo, se reestructuró con la finalidad de abordar de manera más directa y profunda el objeto de estudio, diseñando ítems que se ajustaran a la unidad de análisis y al escenario de acción. Este instrumento, a pesar de tener  una confiabilidad estadísticamente no significativa, posee una validez pertinente, al ser utilizado previamente en varias ocasiones por la citada dependencia gubernamental. Se aplicó mediante visita directa domiciliaria a diferentes hogares que conforman los núcleos periféricos antes referidos. Los datos recopilados se concentraron en matrices de respuestas y de codificación, y posteriormente se interpretaron estadísticamente, con el objeto de ofrecer un escenario real de las condiciones de vida del adulto mayor. Se seleccionaron hogares con condiciones socioeconómicas similares, a fin de homologar el grupo de análisis, puesto que este tipo de estudio no busca la cantidad de la información más bien la calidad. Las estrategias empíricas de recopilación de datos se realizaron bajo el diseño de una investigación de corte no experimental transversal descriptivo.

 

PRESENTACION DE RESULTADOS

La muestra está integrada por 515 adultos mayores, de los cuales 55 por ciento son del género femenino y 45 por ciento del género masculino, porcentajes similares a los que se registraron  a nivel estatal en el año 2000. Esto presume que la población estudiada está estructurada de manera ponderada por género. El grupo erario objeto de estudio se desglosa en grupos quinquenales de edad (ver Tabla 1), concentrándose en los primeros dos grupos. Sin embargo, para abordar las variables sobre indicadores del perfil, escolaridad, ocupación, vivienda y servicios, condiciones de salud y prácticas de cultura del cuidado la información se presenta en cuadros resumen sin el detalle de grupos quinquenales de edad con el fin de simplificar el análisis.

Tabla 1. Distribución porcentual según grupos etarios del adulto mayor de las zonas periféricas de Cd. Victoria, Tam.

EDAD

Frecuencia

%

60 – 64  años

211

40.97

65 – 69  años

97

18.84

70 - 74  años

93

18.06

75 – 79 años

54

10.49

80 – 84 años

44

8.54

85 - 89 años

9

1.74

90 -94  años

6

1.16

Mas de 95 años

1

0.19

Total

515

100.0

Fuente: Datos obtenidos con base en la encuesta aplicada a los adultos mayores de las zonas periféricas de Cd. Victoria, Tam.

Nota: Todos los datos fueron validados.

El perfil del grupo estudiado se describe mediante los indicadores que se presentan en la Tabla 2. Se puede apreciar que la mayoría esta casado, es católico, no goza de servicios médicos, solo tiene la primaria incompleta, se dedica a labores del hogar y percibe en general menos de un salario mínimo.

Los adultos mayores encuestados están propensos a una doble discriminación y estigmación social –acción-, que se refleja en una disfuncionalidad de su imagen social -campo-, con un perfil sociodemográfico limitante, que provoca condiciones precarias de salud y el deterioro de su organismo. Ello consolida aún más la imagen social del anciano como la de un ser que ya agotó todas su posibilidades de superación, conservación y desarrollo personal.

Tabla 2. Perfil  promedio  sociodemográfico  del  adulto   mayor   de   las   zonas  periféricas  de  Cd. Victoria, Tam.

INDICADORES DEL PERFIL

PROMEDIO

Edad

68 años

Estado civil

Casado

Escolaridad

Primaria incompleta

Religión

Católica

Ingreso económico mensual

Menos de una salario mínimo

Ocupación

Labores del hogar

Servicios médicos

Ninguno

Fuente: Datos obtenidos con base en la encuesta aplicada a los adultos mayores de las zonas periféricas de Cd. Victoria, Tam.

Los datos expresan que 57 por ciento son casados, mientras que el resto ya no cuenta con una relación de pareja; algunos testimonios del último grupo manifiestan que su situación económica se ve desprotegida, al no contar con el apoyo de su compañero (caso de mujeres). Este indicador repercute para no poder llevar un buen desarrollo integral.

En la Tabla 3 se aprecia un alto porcentaje de analfabetas (32 por ciento) en el grupo de estudio, un porcentaje un poco más alto que corresponde a quienes no terminaron sus estudios de primaria y la cuarta parte concluyó la primaria, por lo que la escolaridad es muy baja. Este indicador se puede apreciar en el siguiente concentrado.

Tabla 3. Distribución porcentual según el tipo de escolaridad del adulto mayor de las zonas periféricas de Cd. Victoria, Tam.

ESCOLARIDAD

Frecuencia

%

Analfabeta

169

32.8

Primaria incompleta

190

36.9

Primaria completa

127

24.7

Secundaria incompleta

5

1.0

Seccundaria completa

16

3.1

Capacitación para el trabajo

7

1.4

Profesional

1

.2

Total

515

100.0

Fuente: Datos obtenidos con base en la encuesta aplicada a los adultos mayores de las zonas periféricas de Cd. Victoria, Tam.

Nota: Todos los datos fueron validados.

¿Cuáles son las ocupaciones de los adultos mayores objeto de estudio? En la Tabla 4 se puede identificar que se dedican a labores del hogar, solo un 8 por ciento se encuentra pensionado por lo que el 23.3 por ciento se ve obligado a trabajar como empleado y 8.9 por ciento como jornalero.

Al relacionar las variables sobre ocupación con otras obtenidas en el levantamiento de información de campo se encuentra que el 57 por ciento son casados, mientras que el resto ya no cuenta con una relación de pareja.   Algunos testimonios del último grupo manifiestan que su situación económica se ve desprotegida, al no contar con el apoyo de su compañero (caso de mujeres). Este indicador repercute para no poder llevar un buen desarrollo integral.

Otra limitante que conlleva a un ingreso desfavorable de algunos adultos mayores es la poca escolaridad. Esta situación les impidió, durante su época laboral activa, contar con un empleo que les garantizara una pensión digna. Como se detectó anteriormente, menos del 10 por ciento están pensionados.

Los indicadores sobre ocupación reflejan bajas condiciones de ingreso que propician más discriminación y estigma social -acción- del adulto mayor, al enfrentarse, por lo general, a una dependencia socioeconómica familiar.

Es importante reiterar que en algunos hogares se presenta una doble senilidad, es decir, adultos mayores que viven con sus hijos, también seniles. Los ancianos de la familia dependen entonces de la ayuda del hijo-nieto, lo que resulta ser una limitante para tener los cuidados acordes a su edad.

Tabla 4. Distribución porcentual según el tipo de ocupación del adulto mayor de las zonas periféricas de Cd. Victoria, Tam.

OCUPACIÓN

Frecuencia

%

Ninguna

14

2.7

Labores del hogar

247

48.0

Pensionado

41

8.0

Empleado

120

23.3

Jornalero

46

8.9

Discapacitado

42

8.2

desempleado

5

1.0

Total

515

100.0

Fuente: Datos obtenidos con base en la encuesta aplicada a los adultos mayores de las zonas periféricas de Cd. Victoria, Tam.

Nota: Todos los datos fueron validados.

Otro hito que limita  una óptima imagen social -estructura- del adulto mayor son las condiciones de la comunidad en donde habita y las características de vivienda. El material de construcción que prevalece es de concreto en paredes y lámina en techos, tienen dos cuartos en promedio y uno de esos cuartos además funciona como cocina. Sobresalen los hogares que gozan de servicios públicos básicos, como agua potable y electricidad, pero en cambio la recolección de basura es ocasional lo que provoca focos de infección. Una característica general de las zonas periféricas de Ciudad Victoria,  es la falta de pavimentación de sus calles, lo que, aunado a los contrastes climatológicos, incide para que los estilos de vida saludable se vean aún más afectados. Esto se refleja en la Tabla 5.

 

Tabla 5. Perfil promedio comunitario del adulto mayor de las zonas periféricas de Cd. Victoria, Tam.

VIVIENDA/SERVICIOS

RESULTADO

Material de construcción de la vivienda

Concreto/lámina

Número de habitaciones

2

Distribución de la de vivienda

Cocina/habitación

Sanitario/drenaje

84%

Agua potable

76%

Electricidad

87%

Combustible

Gas butano

Recolección de basura

Ocasional

Calles

No pavimentadas

Fuente: Datos obtenidos con base en la encuesta aplicada a los adultos mayores de las zonas periféricas de Cd. Victoria, Tam.

Nota: Al señalar concreto/lamina referimos a aquellas casas que están construidas con paredes de concreto y techo de lamina.  Al hablar de cocina/habitación ilustramos a una sola pieza, sin división alguna.

Con referencia a las condiciones de salud de los adultos mayores encuestados, un 24 por ciento padece de desnutrición, sobresalen las enfermedades respiratorias, con un 58 por ciento. Uno de los patrones que propician este trastorno, de acuerdo con Forciea, et al. (2002), es la constante exposición a la volatilidad de polvos -recordemos que la característica general presentada en la tabla anterior es la falta de pavimentación de las calles-.

Esta característica comunitaria también afecta la salud de los encuestados, ya que el 33 por ciento padecen constantemente enfermedades gastrointestinales, pues son la (…) causa de la mayor parte los casos de diarrea y constituyen la cuarta más común de infecciones en ancianos (…). (Rodríguez, 1989 p. 107).

Continuando con el perfil de salud del adulto mayor, el promedio del padecimiento de enfermedades crónico-degenerativas (diabetes mellitus e hipertensión arterial) es mínimo de 10 años desde la fecha de diagnóstico. Poco menos de la mitad de los encuestados no acuden al control médico, sosteniendo que no tienen los medios para asistir a las instituciones médicas y, por otra parte, que no son beneficiarios de ningún servicio de salud (ver Tabla 6).

Tabla 6. Distribución porcentual o frecuencia según condiciones de salud del adulto mayor de las zonas periféricas de Cd. Victoria, Tam.

CONDICIONES DE SALUD

RESULTADO

Enfermedades respiratorias

58%

Enfermedades gastrointestinales

33%

Desnutrición

24%

Enfermedades crónico-degenerativas

24%

Duración promedio de las enfermedades crónico-degenerativas

10 años

Vigilancia médica

54%

Fuente: Datos obtenidos con base en la encuesta aplicada a los adultos mayores de las zonas periféricas de Cd. Victoria, Tam.

Para conocer los hábitos que tienen los adultos mayores para su propio cuidado se elaboró la Tabla 7. En cuanto a la cultura del cuidado practicada por los adultos mayores, se enfatiza que 64 por ciento de la población encuestada no acostumbra una dieta especial, lo cual propicia que las enfermedades aceleren el proceso degenerativo. Asimismo, 63 por ciento no realiza alguna actividad física como parte de su estilo de vida, lo que agrava aún más su situación. Por lo general, las prácticas de higiene personal diaria se realizan solo una vez al día, favoreciendo más la vulnerabilidad de su salud. El automedicamento y el consumo de cafeína son dos prácticas comunes en la vida del adulto mayor. Por otro lado, la débil —por no decir nula— cultura del cuidado fortalece el campo de la imagen social de un ente sumiso, dependiente y no productivo, entre otras características.

Tabla 7. Distribución porcentual y frecuencia según prácticas de cultura del cuidado del adulto mayor de las zonas periféricas de Cd. Victoria, Tam.

PRACTICA

RESULTADO

Dieta especial

36%

Ejercicio

37%

Higiene corporal

1 diario

Aseo bucal

1 diario

Limpieza vivienda

1 diario

Tabaquismo

17%

Alcoholismo

14%

Cafeína

77%

Automedicamento

46%

Fuente: Datos obtenidos con base en la encuesta aplicada a los adultos mayores de las zonas periféricas de Cd. Victoria, Tam.

La parte central de la persona es resultado de la intervención de lo que denominamos sus cualidades -habitus-, las cuales representan los atributos morales asociados al desarrollo de una conducta integral. Estos atributos no se dan en los seres humanos para siempre; en unos casos se van complementando hasta alcanzar sus valores más altos, y en otros se derrumban, provocando la decadencia moral del individuo. El objetivo es estimularlos en abstracto y en concreto, para lograr el apoyo y vinculación, por parte de un equipo interdisciplinario e interinstitucional, en el momento preciso en que esta decadencia comience a manifestarse.

 

 

INTERPRETACION

La fomentación de nueva cultura de la igualdad es muy importante y vital; el concepto de una imagen social –estructura- propia gira alrededor de aspectos socioeconómicos. Por ello, aunque en ocasiones el adulto mayor se auto-valora emocionalmente –habitus- y, por ende, se ayuda a sí mismo, esta ayuda se limita, al no contar con los incentivos económicos  y familiares que le permitan satisfacer sus necesidades.

De acuerdo con Silva (2002), el anciano, con sus acciones, no solamente favorece su propia discriminación social, favorece también a la población joven, pues en él existe la cultura solidaria hacia su familia, que lo identifica como parte de un sacrificio y especie de reparación del daño que pudo haber provocando a su familia durante su juventud. La solidaridad es un factor importante para la ayuda mutua y es admirable su consolidación; su transmisión entre generaciones favorece a los participantes de esta relación, pues cada ente social proporciona su propia experiencia, logrando con ello una pronta solución a los conflictos que se presentan.

La practica de una  cultura de la igualdad fortalece la estructura del adulto mayor, para fomentar la participación de los demás, y debe iniciar por el vínculo entre los agentes del sistema social, al que pertenece el adulto mayor, lo que permite acercarse a una reflexión en la satisfacción del anciano. La construcción de una estructura social decorosa del adulto en plenitud es responsabilidad de los roles asignados por la misma sociedad y está en ella cambiarlos.

El diseño y desarrollo del concepto de una nueva cultura de la igualdad implica el compromiso y la responsabilidad del propio individuo, en sus manos está hacerlo valer como parte de sus derechos humanos, permitiéndose asimismo expresar su propia individualidad ante un acto personal o social.

Para Moragas (1991), la mayoría de las veces el anciano hace caso omiso de su derecho como individuo; éste queda en un segundo plano y se guarece bajo un discurso terminal. Es decir, hace una especie de antesala a su funeral, dejando a un lado el cuidado de su propia  persona –habitus- debido a que en ocasiones no obtiene la meta deseada.

Hooker (1990) indica que es imposible participar y proporcionar al adulto mayor las herramientas para tener un buen estilo de vida óptimo, pues hará caso omiso. Este escenario permite la gran participación y utilidad del núcleo familiar y el conjunto interdisciplinario e interinstitucional  para la atención integral del adulto mayor.

Desde el enfoque de Prieto, et al. (1996), una gran desventaja del adulto en plenitud es el marco referencial de la vida que ha venido construyendo a lo largo de su existencia; estas experiencias le afectan y pueden ser poco favorables. El adulto mayor necesita orientación para encauzar y superar esta barrera personal, formular y concienciar una educación informal que lo lleve a aceptar la vejez con orgullo y dignidad.

La imagen social -estructura- digna que cada sujeto construye de sí mismo y la percepción de otros actores sociales, se vinculan en cierta forma con la concepción de su propio habitus. Dicha acción es una herramienta importante para el logro de una cultura de la igualdad

Para Bize (1999), el estilo integral y por ende una nueva cultura de la igualdad debe estar relacionada con los integrantes del núcleo familiar, pues el adulto mayor sentirá su respaldo. Es necesaria una reestructuración de sus propios valores y de la imagen que al interior de su familia tengan de él, como un ser humano con dignidad y derechos.

García (1999) sostiene que la imagen que se fomenta de considerar el pensamiento de terceros enfocado  a la persona del adulto mayor, le consolida cierto respaldo a su estilo de vida integral. Es importante fomentar las estructuras de un estado holista óptimo, dejando de lado todos los prejuicios y estereotipos sociales que giran en torno al rol del anciano en esta sociedad y, sobre todo, al interior de la familia.

Su estructura se considera el simple hecho de encontrar adultos mayores con referencias ajenas a las de los demás, creyendo que los otros no piensan conforme a su visión –acción-, fomenta su marco referencial personal –habitus-, lo que conduce a las siguientes apreciaciones –campo-:

vEn estructura: el adulto mayor no percibe y no valora lo que goza, lo que repercute en la imagen que tiene de sí mismo.

vEn acción: el rol del adulto mayor al interior del núcleo familiar en ocasiones se caracteriza por la falta de valoración personal y, en otro extremo, por la sobreprotección.

vEn habitus: en ocasiones el adulto mayor exagera su estado de salud, alterándolo a través de mecanismos de acción para evadir su situación real.

vEn campo: la construcción social de la ancianidad, aunada a su propia autoconstrucción de ser,  en alguna forma limita el desarrollo para una nueva cultura de la igualdad.

En la mayoría de las ocasiones, si no se ofrece un trato decoroso al adulto mayor -estructura-, se fomenta la acción del deterioro de su dignidad, así como una personalidad débil y sumisa, sin independencia para realizar sus funciones personales. Moreno y Castellano (1995) sostienen que la legalidad moral participa en su propio compromiso y respeto; la solidez de su dignidad personal es lo que sostiene su integridad como ente social. Esta serie de acciones y asignaciones de la sociedad fomentan un camino viable hacia su decoro, cuya meta se proyecta en su individualidad. En cierta forma, las acciones sociales son el producto de la estigmatización, pero en manos de cada individuo se encuentra su respetabilidad.

Desde la visión de Soler (1999), los usos y costumbres son acciones centrales de la parte operativa de un idóneo estilo de vida integral; en este sentido representa un estado vital en la personalidad del adulto en plenitud.

Sostiene Lehr (1990) que la importancia de la atención interdisciplinaria para algunos ancianos pasa a un segundo término; ellos no exigen detener el camino para cuestionar y analizar las acciones de su persona como un ente bio-psico-social. Algunos de los componentes de esta tri-dimensionalidad favorece más la autovaloración del adulto mayor, pero ninguno debe ignorarse, pues todos forman la estructura de la individualidad y, con el desequilibrio de uno de ellos, disminuye su integridad como un ser humano -acción-.

Para Fargues (1998), esta imagen del deterioro es producto de una construcción social basada en una carencia de valores, ya que en el actual mundo globalizador, solamente se acepta aquello que es productivo. Si se ignorara el patrón normativo, se entraría a un mundo en rosa donde todo es bello, pero irreal, y se relegaría a otros integrantes del sistema social del cuidado del adulto mayor -como los agentes familiares y el personal interdisciplinario encargado del bienestar del desarrollo integral del adulto mayor-, esto suena fantástico, pero en ocasiones es solo  una utopía.

No valorar el habitus propio tiene serias repercusiones en el estado integral, causando problemas a la propia persona –campo-, cuyo única acción es el menosprecio de su propia integridad.

Es importante que no se adopten posturas de aislamiento científico, sino unir diferentes visiones analíticas a través de un grupo interdisciplinario e interinstitucional, para abordar, diseñar y desarrollar políticas públicas de asistencia social, -estructura- que faciliten la potencialidad integral del adulto mayor y no solamente hacer alarde utópico, sino fomentar acciones que se reflejen en hechos concretos y reales.

La avería de su estructura fortifica en favor de éste una característica que gira en torno a un patrón fenomenológico existente. Gutiérrez (1995) opina que el fortalecimiento de su auto-imagen conlleva al adulto mayor a elevar y defender su rol ante su familia y la sociedad. Tampoco se debe dejar de lado la ley del más fuerte y el más poderoso, pues ese poderío es momentáneo y, posteriormente, la representatividad que tenga en la población será la que obtendrá cuando deje de lado su rol de juventud, para ocupar el de la edad provecta.

El fortalecimiento de la estructura debe enfatizarse para alcanzar la meta de dignificar el habitus del adulto en plenitud y que se pueda reflejar ante los demás con una imagen decorosa. Está  en el fomento y aceptación  del habitus del anciano lograr este objetivo.

Para Rubio, et al. (1995), el fortalecimiento personal es un indicador vital en el desarrollo integral del ser humano, en algunas ocasiones favoreciendo una solidez en la auto-dignificación personal pero, en otro sentido, el ente social devalúa su propia integridad.

Desde su visión, Soler (1999) indica que a lo largo de la vida, el individuo aprende, a través de la práctica rutinaria, aspectos importantes y dignos, pero también lo hace de los obstáculos y comportamientos que inciden en su devalúo como persona. El campo de no alcanzar las metas personales favorece en el individuo un habitus de castración para comprender la estructura de la imagen de la ancianidad, enfrentándose a una acción de auto-menosprecio. Pero, está en manos de cada persona vencer esos contrastes y diseñar una estructura ideal, para que, llegado el momento, pueda gozar de un estilo de vida óptimo, reflejo de un campo y por ende habitus dignos.

Cuando el adulto mayor se autoevalúa comparándose con situaciones ajenas a las suyas, puede llegar a menospreciarse. Colateralmente, desvía la atención de su propia acción, por la influencia de las circunstancias en que se ha desarrollado su vida y cómo se desenvuelve en la actualidad. Es importante que el individuo deje a un lado los castillos de hielo en los cuales le gustaría vivir.

Silva (2002) sostiene que el respeto a la individualidad del adulto mayor se centra en la que él mismo fomenta y proyecta hacia los demás, empezando con los actores familiares, manifestando su necesidad de recibir una expresión sentimental de sus familiares, en ocasiones favoreciendo sentimientos encontrados. Estos son algunos indicadores de la estructura del estilo de vida al cual desea pertenecer, pero que en ocasiones se restringe cuando el adulto mayor se auto-limita y, por otra parte, percibe que los demás lo adulan.

Por otra parte, Beauvoir (1993) refiere que el adulto mayor, al enfrentarse a ciertas barreras durante la toma de decisiones, sostiene el nivel de significancia y la percepción de su acicalado; ante esta dificultad, podría aislarse de aquello que le brinda un bienestar sistémico. La acumulación de años no debe ser interpretado como una acción de discriminación; al contrario, debe ser una variable por la cual se dignifique la estructura social del individuo, y que permita la construcción de una personalidad diferente –habitus-, con la que pueda interactuar con diversos grupos etarios.

Bize (1999) indica que la consideración y el fomento del adulto mayor se deben promocionar ante todos los sectores y grupos sociales. El atropello a los derechos humanos del adulto mayor, en su mayoría pisoteados por algunos jóvenes, incita a la devaluación personal –campo- y, por ende, alienta el déficit personal –habitus-. Es importarte enfatizar la estructura a través de los requerimientos personales y los cuadros conductuales de los adultos en plenitud, y dejar de lado las acciones de  estigmas en cuanto a las posturas del anciano. Si se logra operativizar esta parte medular, la convivencia social entre los individuos será más placentera, conllevando a la práctica de una nueva cultura de la igualdad.

González (1998) reflexiona sobre el mantenimiento de una interacción armoniosa, que puede atribuirse a un conjunto de valores personales. Este impacto social favorece la socialización del adulto mayor, al propiciar las condiciones idóneas para fomentar un estilo de vida holístico. Con un débil fortalecimiento para el control y autocontrol entre los senescentes, no es posible alcanzar la satisfacción ante sus condiciones de vida y el consecuente reconocimiento de sus limitaciones. Para llegar a una plenitud de vida con logros y eficacia, el discurso de lo moral y de lo aceptable debe centrarse en funciones a realizar en un sentido más amplio y exacto, con todo el impulso que permita alcanzar este objetivo vital. La acción es real; entrada la tercera edad, las condiciones de desarrollo ya no son las mismas.

Los patrones de responsabilidad bien estructurados conllevan a aceptar un débito convincente. El habitus que es la personalidad del adulto mayor se caracteriza por un amplio sentido de compromiso, que debe plantearse a fondo para no distorsionar la sistematización de conductas como privativas y loables. Sin el compromiso en cuanto a los valores morales, es imposible lograr una acción reconocida individualmente, y sin este reconocimiento no aparece la satisfacción hacia la realización de los actos imprescindibles para la autorrealización personal, que permita al individuo comportarse en correspondencia con las exigencias de su salud positiva.

Boroio (1996) señala que dentro de las funciones de los roles de los sujetos, la responsabilidad es un indicador que permite diseñar y desarrollar patrones culturales en su contexto social; pero, en la particularidad del sujeto, es la responsabilidad hacia su persona. Entre los adultos mayores, la imitación es un mecanismo de acción característico de la identidad grupal.

Silva (2002) sostiene que si el adulto mayor adopta determinados estilos de comportamiento sin que le sean impuestos, se trata de una consolidación personal. La forma del éxito en el desarrollo de la plenitud se favorece por una concientización de su rol, el cual desempeña con base en su proyección social. Pero está en manos del individuo promover una imagen social –estructura-  diferente, pues es él quien construye su propia identidad social, aunque en ocasiones esta identidad se minimiza, haciéndose más vulnerable a la discriminación y a la violación de sus derechos.

 

A MANERA DE CONCLUSIÓN

Acorde a los corolarios anteriores, se concluye que la distorsión de la imagen social -estructura- del adulto mayor es producto de los patrones socioculturales –acciones- que giran en torno a su personalidad tridimensional. Pero, en especial, la intervención de la atribución comunitaria aumenta la disfuncionalidad, pues la imagen social vigente del anciano es la de un ser sumiso y dependiente, que ya no forma parte de la vida productiva y que debe apegarse a las condiciones impuestas en el hogar donde habita pues, en la mayoría de los casos, no le pertenece.

La propuesta para el bienestar estructural  en el adulto mayor se desarrolla bajo la plataforma del beneficio de contar con un estilo de vida sistémica. Pero en la práctica de la igualdad queda en segundo plano; su deseo de valoración personal no es del todo idónea, pues es él mismo quien sabotea su desarrollo integral como persona, al dejar en manos de terceros su individualidad e independencia, a pesar de poseer estas características con éxito y plenitud.

El diseño y desarrollo de políticas integrales, así, como la difusión de una cultura de la igualdad de vinculación  del adulto mayor deben ser abordados por un equipo interdisciplinario e interinstitucional. Si se atiende desde una sola rama científica y/o institución, se cae en un error, pues hay algunas ciencias y/o espacios específicos que quieren consolidarse clausurando la interacción y el espacio científico-institucional-científico-, bajo el discurso del liderazgo científico y/o corporativo. Pero, ¿qué sucede con aquellas disciplinas  que iniciaron su participación laboral con un nivel técnico y hoy, ya profesionalizadas, buscan cerrar espacios? ¿Es esto madurez científica y/o institucional? Si se maneja la alocución de dignificar la imagen social del longevo, con esta apatía vinculativa se forma parte del grupo estigmatizador. Es necesario ampliar los horizontes y realizar de manera coordinada los estudios específicos respectivos para incrementar las acciones y lograr con ello un exitoso desarrollo integral del adulto en plenitud y fomentar así una nueva cultura de la igualdad.

 


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