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Las disparidades económicas intrarregionales en Andalucía

Antonio Rafael Peña Sánchez
 

 

CAPÍTULO II.
ANDALUCÍA EN EL CONTEXTO EUROPEO Y NACIONAL.

DISPARIDADES ECONÓMICAS Y CONVERGENCIA DE LA REGIÓN ANDALUZA.

En este apartado intentaremos encuadrar el proceso de desarrollo económico de Andalucía dentro de su entorno nacional y europeo. Para ello, utilizaremos como indicador, en primer lugar, el Producto Interior Bruto per cápita. Adentrándonos en la actividad económica de Andalucía en el conjunto de la Unión y en el contexto español, medida en principio a partir del crecimiento medio anual del Producto Interior Bruto en el periodo 1986-1996, podemos constatar como el crecimiento experimentado por Andalucía (3,1 %) ha sido mayor al de UE-15 (2,1 %) y España (2,8 %), no siendo así durante todo el periodo analizado, ya que dicha tendencia se ve rota en el periodo recesivo 1991-1996. Ello muestra que el crecimiento económico de Andalucía se impone al europeo y español en los periodos expansivos, siendo menor en los periodos recesivos. Ahora bien, hemos de tener en cuenta que el mayor crecimiento que ha experimentado el PIB de Andalucía en el periodo 1986-1996 ha venido acompañada por un mayor crecimiento demográfico, lo que hace que el crecimiento experimentado por su PIB per cápita (2,48 %), de igual cuantía al de España en el mismo periodo (2,49 %) haya sido superior al de EUR15 (1,69 %), pero no suficiente para alcanzar un mayor acercamiento real a la Unión Europea. Sobre este particular, el dato más significativo de todos es que el PIB per cápita de Andalucía se sitúa muy por debajo del 75 % de la media comunitaria, motivo por el cual la región ha sido catalogada como región del Objetivo nº 1 y, en consecuencia, beneficiaria de las ayudas estructurales que tal consideración conlleva.

CUADRO Nº 2.1

CRECIMIENTO ANUAL MEDIO DEL PIB

A pesar del mayor crecimiento experimentado por el PIB per cápita andaluz con respecto al de la Unión, que ha permitido alcanzar un PIB per cápita en 1996 del 57 % de la media de la Unión frente al 53 % que tenía en 1986, no ha conseguido elevarlo a un puesto mayor dentro del conjunto de las regiones europeas, ya que pasó de la posición 16 de las regiones más atrasadas de la Unión en 1986 al puesto 11 de las mismas en 1996, con un retroceso de 5 puestos. Hay que añadir también que, según los datos ofrecidos por Eurostat, New release, nº 18/2000, Andalucía pasó a ocupar la posición 8 de las regiones menos desarrolladas en 1997, con un PIB per cápita del 58 % de la media de la Unión Europea, descendiendo tres puesto en el ranking regional europeo (Villaverde Castro, 2000, pág. 114).

En el cuadro nº 2.2 también podemos observar como las disparidades regionales dentro de la Unión siguen siendo muy importantes, existiendo unas fortísimas diferencias entre las regiones más ricas y las más pobres, con el agravante añadido de la intensa cristalización que presenta la posición que ocupan las regiones europeas extremas en el ranking del PIB per cápita, ya que de las 10 regiones más ricas, 8 de las que en 1995 ocupaban los primeros diez primeros puestos lo ocupaban también en el año 2000, cinco años después, y 7 de las que en 1995 ocupaban los primeros diez puestos entre las regiones más pobres, en el 2000 volvían a repetir. No obstante, se producen cambios importantes en las posiciones ocupadas por numerosas regiones europeas (especialmente de las situadas en una amplia franja central) (Ezcurra, et. al., 2003, pág. 25 ; Villaverde Castro, 2003, pág. 95). Estos resultados no hablan de un grado de movilidad en el ranking regional muy aceptable, aunque tampoco se puede concluir que haya habido una cristalización de las posiciones inicialmente ocupadas, sobre todo de las que ocupan las posiciones centrales. Esto significa que la verdadera gravedad de las disparidades regionales en Europa es menor de lo que cabría pensar considerando únicamente como criterio el cociente entre la región más rica y la más pobre (o, como se hace habitualmente, el cociente entre las diez o veinticinco más ricas y más pobres)(Villaverde Castro, 2000, pág. 110).

CUADRO Nº 2.2

PIB PER CÁPITA DE LAS REGIONES MÁS RICAS Y MÁS POBRES DE LA UE

Lo anterior nos hace pensar que los cambios de posición que se producen en las regiones europeas no son lo suficientemente fluidos como para pensar que el problema de las disparidades es transitorio (debido a la falta de movilidad de las regiones en el ranking del PIB per cápita ), sino que la permanencia de las posiciones de las regiones europeas en el ranking puede darnos la idea de que la solución de las disparidades socioeconómicas en la Unión es un problema con no fácil solución, y en la que tiene que intervenir más activamente las autoridades públicas. Podemos afirmar, por tanto, que las regiones inicialmente más ricas tienden a mantener su situación privilegiada, mientras que las más pobres ven consolidada, por el contrario, su posición de atraso relativo. Entre unas y otras, sin embargo, se aprecia un grado de movilidad muy elevado, que hace menos gravoso y preocupante el nivel de las disparidades regionales (Ezcurra et. al., 2003, pág. 25). Los resultados anteriores parecen conducirnos, una vez más, a una conclusión bastante obvia, y es que la política regional, tanto a escala comunitaria como española, sigue siendo necesaria. Ahora bien, dado que su puesta en práctica no ha sido hasta el momento presente muy eficaz, es obvio también que la política regional necesita de una urgente y profunda reorientación, además de, probablemente, una mayor dotación financiera (Villaverde Castro, 2000, págs. 114-115).

Se observa también una ligera reducción de las desigualdades regionales en el año 2000. Si en 1995 el número de regiones con un PIB per cápita igual o inferior al 60 % de la media de la Unión Europea era de 14, cinco años después se ha reducido hasta 13. Por otro lado, y en el lado opuesto, 6 regiones han mantenido su posición con un nivel de PIB per cápita superior al 150 % de la media europea entre 1995 y el 2000. Con todo, se tiene que de todas las regiones NUTS II que se contabilizaban en el 2000, en 103 de ellas ha mejorado su posición relativa en términos de PIB per cápita (Consejería de Economía y Hacienda, 1998, pág. 189), siendo la mayoría de estas regiones las que partían con un PIB per cápita menor en 1995.

GRÁFICO Nº 2.1

FUENTE: Elaboración propia a partir de La Renta Nacional de España y su distribución provincial. Serie Homogénea. Años 1955 a 1993 y avances 1994 a 1998, BBV.

El acercamiento real de Andalucía a la media de las regiones de la Unión, en una perspectiva temporal bastante más dilatada, la que va desde principios de los años 60 hasta 1998, imprime dos hechos significativos: el primero viene dado por la lejanía real existente aún en el desarrollo económico de la región andaluza respecto a la media europea, que en el periodo analizado su PIB per cápita nunca llegó a superar la barrera del 60 % del de EUR15 , y llegando a alcanzar en el año 1998 un índice de PIB per cápita similar al que tenía en 1975 (alrededor del 59 %); el segundo viene dado por el suave proceso de convergencia real que se ha producido en el periodo analizado, sólo interrumpido por el periodo de crisis económica sufrido por la primera y segunda crisis del petróleo (1975-1985). Este proceso de convergencia de Andalucía con respecto a la Unión puede considerarse, en buena medida, resultado de la integración de dicha región a la Europa comunitaria, ya que como observamos, en la etapa más reciente, dicho proceso se pone de manifiesto a partir de 1985 (y la incorporación de España a la entonces Comunidad Económica Europea se produce el 1 de enero de 1986). Aún así, y este es, obviamente, el aspecto negativo de la cuestión, el índice correspondiente no llega en ningún momento al 60 % de la media comunitaria, como mencionamos anteriormente, lo que nos ilustra sobre el hecho de que la región es una de las menos desarrolladas de la Unión Europea.

CUADRO Nº 2.3

COMPARACIÓN DEL PIB PER CÁPITA DE ANDALUCÍA

El cuadro nº 2.3, en líneas generales, pone de relieve que se ha producido un acercamiento generalizado en todas las comunidades autónomas españolas a la media de la Unión Europea. Las comunidades que han mostrado mayores avances han sido, en este orden, País Vasco (8,2 puntos), Cantabria (7,6 puntos), Madrid (7,1 puntos), Navarra (6,2 puntos), Comunidad Valenciana (5 puntos) y Cataluña (4 puntos), todas ellas con un incremento de su posición relativa superior al experimentado por término medio a nivel nacional (4 puntos). De otro lado, resaltamos que si en 1995 sólo la Comunidad Autónoma de Madrid tenía un PIB per cápita superior a la media europea, en el año 2000 las comunidades que superaban dicho umbral eran Madrid, Navarra y País Vasco, situándose además Cataluña y Baleares muy próximas a la misma. Con todo, se tiene que en los años transcurridos desde la integración de España a la actual Unión Europea, la dispersión relativa de los niveles de PIB per cápita de las distintas regiones españolas respecto a la media comunitaria se ha reducido en un 20,5 % (Consejería de Economía y Hacienda, 1998, pág. 189) .

El caso de Andalucía no ha sido una excepción. Si en 1995 su nivel de PIB per cápita representaba el 58 % del promedio de la Unión Europea, cinco años después se sitúa en el 61,2 % (experimentando un crecimiento de 3,2 puntos), aumento, en cualquier caso, inferior al experimentado en el conjunto nacional (4 puntos). Este ritmo de avance se justifica, en parte, por el mayor dinamismo de la población andaluza, que en el periodo 1986-1996 aumentó un 7 %, frente al 3 % registrado en España, según datos del INE (Consejería de Economía y Hacienda, 1998, pág. 189).

La situación de Andalucía dentro del conjunto de las comunidades autónomas españolas nos permite hacer una serie de comentarios. El primero viene dado por la posición que ocupa la región andaluza como segunda región menos desarrollada en el panorama nacional, sólo superada en su grado de subdesarrollo por Extremadura en los dos periodos que estamos analizando, aunque ésta región presenta un velocidad de acercamiento real algo mayor al de Andalucía, ya que su crecimiento medio en el periodo analizado fue de 3,7 puntos, y por tanto superior a la velocidad de acercamiento de Andalucía, que fue únicamente de 3,2 puntos. La segunda idea que podemos extraer del cuadro anterior viene fundamentada en el dato de PIB per cápita que presenta Andalucía en los dos periodos analizados, muy por debajo del dato que presenta la media del conjunto nacional. La tercera idea viene de la mano del crecimiento experimentado entre 1995 y el año 2000, ya que en Andalucía fue menor al crecimiento medio de la media nacional (4 puntos), lo que implica una paralización o incluso un cierto alejamiento de Andalucía hacia la posición media que ocupan el conjunto de las regiones españolas. Y por último, el cuadro resalta también las fuertes disparidades regionales existentes entre las regiones españolas, problema que limita y condiciona el crecimiento de las mismas no sólo en el entorno nacional sino también en el entorno europeo.

Con la ampliación de la Unión Europea a 25 Estados miembros, el panorama económico cambia (Costa-I-Font y Tremosa-I-Balcells, 2003). Todas las regiones españolas alcanzan un mayor porcentaje de PIB per cápita medio europeo, ya que como podemos observar, el PIB per cápita medio de UE-25 está muy por debajo del de UE-15. Andalucía, por ejemplo, pasaría de un PIB per cápita que supone el 61,2 % de la media europea para los 15 países miembros de la Unión, a un 67,5 % en el año 2000, debido a que la media de los 10 Estados miembros candidatos a la adhesión era en el mismo año del 43,7 % de la media europea. Por tanto, incluso tras la adhesión de los países del Este, Andalucía seguiría perteneciendo a las regiones consideradas como Objetivo nº 1, ya que no llega a alcanzar el 75 % de la renta media europea (Cordero Mestanza, 2003, pág. 195; Villaverde Castro, 2003, pág. 95).

GRÁFICO Nº 2.2

FUENTE: Elaboración propia a partir de La Renta Nacional de España y su distribución provincial. Serie Homogénea. Años 1955 a 1993 y avances 1994 a 1998, BBV.

GRÁFICO Nº 2.3

FUENTE: Elaboración propia a partir de La Renta Nacional de España y su distribución provincial. Serie Homogénea. Años 1955 a 1993 y avances 1994 a 1998, BBV.

La evolución seguida por el PIB per cápita de Andalucía con respecto al PIB per cápita medio español nos permite comprobar que a lo largo de todo el periodo analizado, Andalucía nunca llega a superar la barrera hasta ahora infranqueable del 76 %, a pesar del acercamiento que se produjo en el mismo entre el año 1959 y el año 1977, año este último a partir del que se produce una paralización o estancamiento en el avance del desarrollo económico andaluz, pudiendo hablar incluso de un suave retroceso en la posición andaluza.

El verdadero nivel de vida de los individuos andaluces supera el mostrado por el indicador del PIB por habitante. En concreto, si prestamos atención a la renta familiar bruta disponible (RFBD) por habitante en el periodo 1967-1997 (gráfico nº 2.2) observamos que la situación de Andalucía se encuentra por encima de los seis puntos porcentuales más próximo a la media nacional de lo que indica el PIB por habitante, lo que pone de relieve la capacidad redistribuidora del sector público en Andalucía. Es decir, las capacidades de consumo y ahorro e inversión de la región son superiores que las que su PIB per cápita les hubiera permitido obtener debido, precisamente, a la existencia de transferencias redistributivas de rentas vía sector público, que dota a la región de unos mayores niveles de ingresos que los estrictamente derivados de la propia actividad productiva regional. Por tanto, podemos afirmar que Andalucía, como sucede en otras regiones atrasadas españolas, sufre una importante desventaja interterritorial en términos de capacidad productiva, que es corregida ulteriormente por la asistencia de las Administraciones Públicas, con el fin de mejorar las condiciones de vida de su población (Mella Márquez, 1998b, págs. 307-308). Ahora bien, nuestra pertenencia a la Unión Europea con las consiguientes restricciones y consolidaciones presupuestarias y la pertenencia a la Unión Monetaria, hace difícil mantener en el futuro un escenario basado en importantes ayudas financieras venidas de fuentes ajenas a la región. Por ello, lo más conveniente es diseñar una estrategia que permita lograr cada vez mayores niveles de renta y de bienestar a partir de las fuentes propias de creación de riqueza (Le Gallo y Ertur, 2003).

Al hilo de lo anterior, hemos de resaltar también que el mercado de trabajo es uno de los factores que más claramente reflejan la salud de una economía (Fischer y Nijkamp, 1989, pág. 388). Existen distintas fuerzas que inciden en la dinámica seguida por el mercado de trabajo, entre las que nos encontramos : los cambios socio-demográficos (envejecimiento, migración), los cambios sociales (formas de vida, jubilación anticipada), la reconversión económica (fenómenos de estancamiento y recuperación), los cambios tecnológicos (la aparición de la microelectrónica) y los cambios de la política pública (desregulación, privatización).

El fuerte dinamismo del mercado de trabajo viene también acompañado de efectos secundarios, tal como la inversión de las tendencias migratorias (como por ejemplo el crecimiento negativo de las grandes ciudades o la redistribución demográfica entre la ciudad y el campo), el descenso de los índices de migración laboral, el aumento de la población suburbana que trabaja en el centro urbano, el desfase geográfico entre la oferta y la demanda de empleo, y la aparición de una escasez de personal altamente cualificado (por ejemplo, en el sector informático).

También es verdad que los cambios estructurales acaecidos en los mercados de trabajo en la Unión Europea en los últimos tiempos han dado origen a una gran variedad de problemas en el funcionamiento de los mismos así como graves problemas sociales (Fischer y Nijkamp, 1989, pág. 388), de los que no ha estado ajeno el mercado de trabajo andaluz, como: el aumento del desempleo en casi todos los territorios, aunque las tasas varían de unos a otros; la distribución de las oportunidades de empleo entre regiones, sectores y clases económicas; alto grado de inercia, que se refleja en conjunto en la baja movilidad laboral (lo que sugiere la necesidad de elaborar una teoría sobre el comportamiento de los individuos en el proceso de búsqueda de empleo) y el declive del modelo de actividad regional-sectorial; el aumento de la vulnerabilidad de segmentos concretos del mercado de trabajo, relacionados con la edad; la especialización regional en ciertos sectores productivos o el origen étnico; y la marginación de ciertos colectivos de la fuerza laboral.

Los estudios sobre el mercado de trabajo se han convertido ya en algo muy habitual en la literatura económica. Probablemente, no nos equivocaríamos cuando decimos que muy pocos son los economistas interesados en el ámbito de la economía aplicada que no han elaborado en alguna ocasión algún trabajo de este tipo . Con el fin de encuadrar a Andalucía en su entorno de influencia, vamos a realizar un breve estudio sobre el mercado laboral de esta región comparándola con el de la economía nacional y europea.

La tasa de desempleo de la economía andaluza hace años que ha alcanzado y mantiene cotas en torno al triple de la media comunitaria, constituyendo, sin duda, el desequilibrio más preocupante de cuantos aquejan a nuestra región, debido al fuerte impacto social que ello conlleva .

CUADRO Nº 2.4

TASA DE PARO DE LAS REGIONES MÁS Y MENOS AFECTADAS POR EL PARO 1991-2001

El mercado de trabajo andaluz cuenta con una serie de deficiencias que se manifiestan en el valor que adoptan las variables propias en el estudio del mismo. Si comenzamos este análisis con la tasa de paro, comprobamos claramente dos hechos significativos: por un lado, y centrándonos en la movilidad que tienen las regiones en las posiciones que ocupan en el ranking de este indicador, podemos constatar como existe una gran movilidad, ya que entre 1991 y el año 2001 sólo seis regiones permanecieron ocupando puestos entre las 10 primeras con mayor tasa de paro y una permaneció entre las 10 primeras con menor tasa de paro. Ello nos da una idea sobre el menor problema que ello supone ya que como hemos podido comprobar, todas las regiones tienen posibilidades de cambiar de posición; por otro lado, Andalucía se encuentra con un grave problema, ya que entre 1991 y el año 2001 se ha encasillado entre los diez primeros puestos entre las que mayor tasa de paro poseen, habiendo mejorado, si cabe, en el periodo en cuestión, ya que pasó de ocupar la segunda posición entre las regiones con mayor tasa de paro en 1991 a la posición sexta en el año 2001, reduciéndose ligeramente el valor de la tasa de paro en algo más de dos puntos. No obstante, un hecho también significativo es que en el año 2001 Andalucía cuenta con una tasa de paro que sigue triplicando a la media europea.

Cabe señalar también como los desequilibrios siguen siendo intensos en el año 2001, y han aumentado en los diez años que hemos presentado en el cuadro anterior, ya que, tomando como indicador del mismo el cociente entre la media de las 10 regiones con mayor y menor tasa de paro, el valor que el mismo tenía en 1991 era de 9,33 mientras que en el año 2001 fue de 13,23, lo que indica, en principio, un mayor grado de disparidad entre las regiones europeas.

CUADRO Nº 2.5

REGIONES DE LA UE CON MAYOR Y MENOR NIVEL DE PARO, 2001

Al desglosar el paro de Andalucía y compararlo con el del entorno de la Unión Europea observamos, en primer lugar, que triplica a la misma, lo cual crea una fuerte limitación al desarrollo económico de la región, destacando las diferencias existentes en la tasa de paro en mujeres (por ser muy superior a la media, 31,9 frente a 8,9), tasa de paro en jóvenes (37,1 frente a 15,1 de la Unión Europea) y el paro de larga duración (29,6 frente a 42,6). Deducimos, pues, que Andalucía, a pesar de contar con una alta tasa de paro en el contexto europeo, cuenta con un dato favorable en cuanto a las tasas de paro de larga duración si lo comparamos con la media de las regiones europeas.

En el cuadro anterior también observamos la tasa de paro andaluza con respecto a la española. Podemos confirmar lo mismo que hemos apreciado a nivel europeo, es decir, señalar el grave problema con el que cuenta nuestra región respecto al paro de jóvenes y mujeres, teniendo un mejor dato sobre el desempleo de larga duración, cuyo dato es algo más favorable a la media nacional. Es decir, confirmamos que la tasa de paro es mayor en nuestra región, tanto en términos globales, como para el caso del paro de mujeres y jóvenes, y sin embargo, el paro de larga duración es un problema menor en Andalucía (comparativamente hablando) que en el resto de España. No obstante, hemos de destacar los valores que adopta el paro en España, ya que, prácticamente, duplica a la media Europea. Por tanto, con respecto a la media de la UE-15, el valor de la tasa de paro andaluza es prácticamente el triple, lo que hace que la distancia real con Europa permanezca inalterable, no consiguiendo grandes logros en el comportamiento de esta variable.

El estudio de la tasa de paro en el entorno nacional (cuadro nº 2.6) destaca, en primer lugar, que existe una cierta movilidad en las posiciones entre las regiones españolas, lo que hace menos grave el fuerte problema de desequilibrio socioeconómico existente, aumentando ligeramente el mismo a lo largo de estos 10 años analizados, si lo medimos a partir del cociente entre las 5 regiones con mayor y menor nivel de paro (2,47 en 1991 frente a 2,56 en 2001); y en segundo lugar, que Andalucía sigue manteniendo la primera posición superando a la media española en cerca de 10 puntos tanto en 1991 como en el año 2001, lo cual la pone de manifiesto dos hechos: por un lado, la delicada situación para salir del subdesarrollo en la que se encuentra inmersa (Martínez Romero, 1997a, págs. 104-110, 1997b, págs. 13-20) ; y por otro lado, la incapacidad con que cuenta esta región para crear empleo.

CUADRO Nº 2.6

TASA DE PARO (%) DE ANDALUCÍA EN EL CONJUNTO NACIONAL Y UE-15

Respecto a esta última cuestión, algunas razones que explican la incapacidad de Andalucía para generar empleo, según Aurioles Martín y Velasco Pérez (1995), son las siguientes:

a) Razones generalizables a cualquier economía occidental, como las dificultades de reincorporar al mercado de trabajo los colectivos menos cualificados que con motivo de los procesos de capitalización motivados por los cambios tecnológicos fueron expulsados del mismo;

b) Razones de tipo institucional y de orden sociodemográfico compartidas con el resto de España y que vienen relacionadas con las características del marco de relaciones laborales que se conforma en España en la primera mitad de los ochenta y con la inversión de las características de los procesos migratorios. La formación del problema como se manifiesta en estos momentos puede ser entendido, en consecuencia, como un fenómeno relativamente reciente en el que concurren tres circunstancias principales.

i) En primer lugar, la definición de un marco de relaciones laborales (Estatuto de los Trabajadores de 1980 y posterior reforma de 1984) particularmente restrictivo en lo que se refiere a la posibilidad de renovación de plantillas y, como consecuencia de ello, de las condiciones de acceso al mercado de trabajo. El Estatuto de los trabajadores desarrolla nuevos mecanismos de protección al desempleado que no sustituyen a los existentes en el régimen anterior, cuyo elemento central era la estabilidad del empleo, sino que se añaden al mismo dando lugar a la formación de un sistema con importantes elementos de rigidez.

ii) En segundo lugar, la contención de la movilidad funcional y geográfica características de los años setenta con el consiguiente desarrollo de conductas no favorables a la búsqueda activa de empleo. Entre los factores que en mayor medida influyen en este punto hay que destacar nuevamente algunos de carácter institucional, como es la permanencia de las antiguas Ordenanzas Laborales; otros que operan en forma de desajustes entre las características del empleo ofertado y demandado (mismatch); y la desaparición del recurso a la emigración por falta de oportunidades, elevación del coste directo (fundamentalmente vivienda) o del coste de oportunidad (mecanismos de subsidiación de la población desempleada).

iii) En tercer lugar, la ya señalada elevación de las tasas de actividad por encima de las de ocupación como consecuencia de factores demográficos (incorporación de población joven al mercado de trabajo) y sociológicas (actividad femenina).

c) Razones relacionadas con los nexos que se dan entre la actividad económica y el mercado de trabajo en Andalucía: En relación con las particulares circunstancias que se dan en Andalucía para que la evolución del problema del desempleo haya sido más dramática que en el resto de España hay que destacar las especiales características con que se manifiestan los fenómenos anteriormente apuntados. En Andalucía se da la siguiente combinación de elementos:

i) En primer lugar, los niveles formativos son particularmente reducidos, lo que dificulta la adaptación a los procesos de cambio tecnológico que imponen las nuevas formas de producción.

ii) En segundo lugar, el principal desequilibrio en la estructura productiva de su economía radica en el excesivo peso de las actividades primarias en contraste con la reducida base industrial existente y concentrada en los principales núcleos urbanos. Esta circunstancia introduce un elemento de presión importante sobre el proceso de expulsión de los excedentes de empleo del sector agrario que, en el caso de Andalucía se agrava por exclusiva base agraria del medio rural y la reducción de la movilidad funcional y demográfica. De hecho, Andalucía, junto con Extremadura, son las únicas regiones europeas en las que el fenómeno de población campesina asalariada (jornaleros) es cuantitativamente significativo.

iii) En tercer lugar, la desaparición del recurso a la emigración como válvula de escape de los excedentes laborales del medio rural coincide con la transformación de Andalucía en región receptora neta de movimientos migratorios.

iv) En cuarto lugar, la tasa de fecundidad en Andalucía se reduce, como ocurre en el resto de España, a finales de los setenta. Como consecuencia de ello, cabe esperar que la presión sobre el mercado de trabajo por parte de los que se incorporan por primera vez se reduzca de forma paralela, pese a lo cual seguirá siendo muy fuerte durante la próxima década.

v) En quinto y último lugar, el proceso de incorporación de mano de obra femenina al mercado de trabajo ha sido particularmente intenso en Andalucía desde comienzos de los ochenta, recortándose las diferencias con el resto de España. El margen de crecimiento todavía existente permite afirmar que, como en el caso de la población juvenil, la demanda femenina de empleo se mantendrá como un importante elemento de tensión sobre el equilibrio en el mercado de trabajo.

La reforma del mercado de trabajo introducida a partir de diciembre de 1993 se plantea con el objetivo de eliminar las rigideces que caracterizaban su funcionamiento y facilitar los mecanismos de entrada y salida. Los resultados que se alcanzaron durante 1994 y 1995 sugieren que sus consecuencias inmediatas sobre el número de contrataciones fueron positivas, aunque con importantes disfuncionalidades, fundamentalmente en lo que se refiere a la calidad del empleo creado. La evolución de la economía y la profundización en la reforma durante 1996 han incidido en una mejora generalizada del volumen de empleo y de la estabilidad en el mismo.

Entre las causas explicativas de la alta tasa de desempleo que soporta Andalucía debe destacarse, por su carácter diferenciador: a) el acusado y creciente proceso desagrarizador que se viene produciendo desde los años 60 y que se mantiene en la actualidad. Es necesario tener en cuenta que en los primeros años de este proceso existía la posibilidad de utilizar como válvula de escape la emigración, que llevó a 1,16 millones de andaluces (en el periodo 1961-1975) a buscar oportunidades de empleo fuera de la región, lo que hizo respirar un poco al mercado de trabajo andaluz. Sin embargo, el saldo migratorio en el periodo 1980-1985 se vuelve negativo, regresando unos 110.000 andaluces, que provocan el fuerte aumento del paro en dicha época; b) el elevado nivel de paro motivado por el factor demográfico, que viene determinado por la llegada al mercado de trabajo de las generaciones numerosas nacidas entre los años 1955 y 1975, y que en parte explica el aumento del paro juvenil de los años 80. El comportamiento demográfico que provocó tan importantes aumentos en la población en la edad de trabajar en los años pasados, comienza a presentar efectos favorables en los próximos años. Las previsiones demográficas, señalan que en 1977 se alcanzó el máximo en el crecimiento natural de la población, para comenzar a reducirse los incrementos poblacionales de forma significativa en los sucesivos años (Torres y Villalba, 1997, págs. 146-147).


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