Revista: DELOS Desarrollo Local Sostenible ISSN: 1988-5245


GASES DE EFECTO INVERNADERO Y LA POLÍTICA DEL ESTADO MEXICANO DIRIGIDA A LA PRODUCCIÓN DE TRIGO

Autores e infomación del artículo

Zagoya-Martínez Joaquín *

Velasco-Hernández María de los Ángeles**

Hernández-Rodríguez María de Lourdes***

Universidad Autónoma de Puebla. México

joaquin.zagoya@coltlax.edu.mx


Resumen
El cambio climático es un proceso natural, sin embargo, se ha acelerado a partir del incremento en las emisiones de gases de efecto invernadero generadas por las actividades atropogénicas. El caso de la agricultura cobra singular importancia, al ser responsable de aproximadamente un cuarto del total de emisiones a nivel mundial, por tal motivo es necesario revisar las políticas que rigen los programas destinados a impulsar dicha actividad y su relación con el efecto invernadero. El objetivo del presente trabajo es determinar el efecto de la política del Estado mexicano dirigida a la producción de trigo sobre la emisión de gases de efecto invernadero en Valles Altos de México durante el periodo 2010-2014. El trabajo se realizó considerando los estados de Hidalgo, México, Puebla y Tlaxcala, donde a partir de la revisión y análisis de información secundaria, relacionada al cultivo de trigo bajo condiciones de temporal durante el periodo 2010-2016, se estimó las emisiones de gases de efecto invernadero (CH4, CO2, N2O y NOx). Se utilizó la metodología propuesta por el Grupo Interguberidntal de Expertos sobre Cambio Climático (IPCC, 1996), ajustándola con base en lo planteado por Castellón et al. (2014). Los resultados muestran que la emisión de gases entre los años evaluados no existió diferencia significativa, principalmente a causa de la fertilización aplicada, en relación a los estados, Tlaxcala sobresalió en la emisión, a raíz de registrar mayor superficie sembrada con este cultivo. Con respecto a la política del Estado mexicano orientada a la agricultura y a su vez a la búsqueda de la sustentabilidad, no es congruente con los modelos agrícolas planteados, los cuales son basados fundamentalmente en tecnologías tipo Revolución Verde.

Palabras clave: gases de efecto invernadero-cambio climático-neoliberalismo-política agrícola-trigo.

GASES OF GREENHOUSE EFFECT AND THE POLICY OF THE MEXICAN STATE DIRECTED TO THE PRODUCTION OF WHEAT

Abstract
Climate change is a natural process, however, accelerated by the increase in greenhouse gas emissions generated by atropogenic activities. The case of agriculture is particularly important, being responsible for approximately a quarter of the total emissions worldwide, for this reason it is necessary to review the policies that govern the programs designed to promote this activity and its relationship with the greenhouse effect. The objective of this paper is to determine the effect of the policy of the Mexican State aimed at the production of wheat on the emission of greenhouse gases in the High Valleys of Mexico during the period 2010-2014. The work was carried out considering the states of Hidalgo, Mexico, Puebla and Tlaxcala, where from the review and analysis of secondary information, related to the cultivation of wheat under seasonal conditions during the period 2010-2016, gas emissions were estimated of greenhouse effect (CH4, CO2, N2O and NOx). The methodology proposed by the Intergovernmental Panel of Experts on Climate Change (IPCC, 1996) was used, adjusting it based on what was stated by Castellón et al. (2014). The results show that the emission of gases between the evaluated years did not exist a significant difference, mainly because of the fertilization applied, in relation to the states, Tlaxcala excelled in the emission, as a result of registering a greater area sown with this crop. With respect to the policy of the Mexican State oriented to agriculture and in turn to the search for sustainability, it is not consistent with the agricultural models proposed, which are based mainly on Green Revolution type technologies.

Key words: greenhouse gases-climate change-neoliberalism-agricultural policy-wheat.

Para citar este artículo puede utilizar el siguiente formato:

Zagoya-Martínez Joaquín, Velasco-Hernández María de los Ángeles y Hernández-Rodríguez María de Lourdes (2018): “Gases de efecto invernadero y la política del estado mexicano dirigida a la producción de trigo”, Revista DELOS Desarrollo Local Sostenible (octubre 2018). En línea:
https://www.eumed.net/rev/delos/32/angeles-velasco.html
//hdl.handle.net/20.500.11763/delos32angeles-velasco


Introducción
Durante la Revolución Verde se generaron nuevas variedades de trigo, las cuales expresaron su potencial productivo en diversas partes del mundo. Sin embargo, otros factores como la fertilización, la densidad de población, la protección contra plagas y la labranza, no contaron con el mismo tratamiento científico, a raíz de la escasez de recursos humanos profesionales e infraestructura. Ante estas limitantes se acotó su implementación a las tierras planas de mayor calidad agrícola, o bien, que dispusieran de infraestructura de riego. El éxito neto de la Revolución Verde en la producción de alimentos se interpretó erróneamente fuera del ámbito académico, tomándose como una demostración de que las inversiones en investigación agrícola local en el conocimiento de los recursos naturales per se y en la formación de recursos humanos, no serían estrictamente prioritarias para lograr la seguridad alimentaria 1 (Turrent y Cortés, 2005).
Los modelos actuales de producción agrícola basados en tecnologías desarrolladas durante la Revolución Verde han beneficiado la productividad del sector a través del uso intensivo de agroquímicos, fertilizantes sintéticos, mecanización y semillas mejoradas. Ejemplo de ello, es la producción de trigo la cual mayormente es destinada a la agroindustria, registrando más de 720 millones de toneladas cosechadas anualmente a nivel mundial, de esta forma el cultivo de este grano básico se posiciona como el principal cereal producido para consumo humano (FAO, 2015). Sin embargo, este tipo de modelos de agricultura congruentes con la producción intensiva, se rigen en función de políticas cuyo énfasis es el crecimiento económico, sin considerar los limites sociales y ecológicos (Damián et al., 2011).
La Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) y la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) en su reporte sobre perspectivas agrícolas 2015-2024, señalan que la superficie sembrada en el año 2024 de este grano básico alcanzará los 226 millones de hectáreas, con una producción cercana a los 787 millones de toneladas y un rendimiento de 3.48 t ha-1, que logrará satisfacer un consumo aparente de casi 785 millones de toneladas, manteniendo sus precios alrededor de los 272 USD t-1 (OCDE-FAO, 2015) (Tabla 1). En este sentido, es evidente la postura de las políticas públicas 2 en impulsar una agricultura a gran escala que si bien, satisface la demanda mundial de alimentos, omite las consecuencias adversas sobre el medio y sociedad.
Sin bien esta mejora en la producción ha permitido satisfacer parte de la demanda de alimentos a nivel global, se han presentado abusos de las tecnologías tipo Revolución Verde, causando crisis en el medio, así como en los aspectos sociales y económicos (Gliessman, 2002). El modelo de agricultura productivista ha favorecido al incremento de las emisiones de gases de efecto invernadero como el metano (CH4), dióxido de carbono (CO2), óxido nitroso (N2O) y otros óxidos (NOx) los cuales están asociados al cambio climático (Maqueda et al., 2005). Al respecto, el Grupo Interguberidntal de Expertos sobre Cambio Climático (IPCC, 1996) informa que 13.5% de los gases de efecto invernadero proceden de la agricultura. Las actividades agrícolas se consideran la segunda fuente de emisiones de gases de efecto invernadero ya que generan cantidades significativas de N2O y CH4 teniendo un potencial de calentamiento 265 y 28 veces mayor respecto al CO2 (Saynes et al., 2016).

Con base en lo anterior, el diseño de las políticas públicas de fomento productivo, adaptación y mitigación del cambio climático habría de considerar la heterogeneidad de los efectos que se observan en los territorios, así como la diversidad de los actores inmiscuidos. De esta forma, es necesario considerar que las políticas para hacer frente al cambio climático, al mismo tiempo que promueven la seguridad alimentaria, nutricional y se fomenta la agricultura sostenible, requieren de enfoques diferenciados por territorios y actores (FAO, 2016). En el caso de México, el trigo es el segundo cereal de mayor consumo humano, cultivándose principalmente bajo condiciones de riego. Sin embargo, diferentes políticas públicas han intensificado su implementación en condiciones de temporal para mejorar la producción y aportar a través de sus líneas de acción elementos para mitigar el cambio climático. El Programa Sectorial de Desarrollo Agropecuario, Pesquero y Alimentario (PSDAPA), 2013-2018 señala textualmente “En conclusión, el modelo agroalimentario no es capaz de responder a los retos ni de aprovechar las oportunidades que la nueva realidad le presenta, se requiere construir un nuevo modelo que transforme el rostro del campo para que sea productivo, competitivo, justo, sustentable y rentable” en este sentido, establece en su estrategia impulsar prácticas sustentables en las actividades agrícola, pecuaria, pesquera y acuícola, las siguientes líneas de acción:
4.2.1. Estimular prácticas sustentables mediante el Componente Conservación y Uso Sustentable del Suelo y Agua, dando prioridad a productores organizados.
4.2.2. Impulsar la adopción de técnicas de labranza de conservación y el manejo agroecológico mediante Programa de Modernización Sustentable de la Agricultura Tradicional3 (MasAgro).
4.2.3. Fomentar la aplicación racional de agroquímicos y fertilizantes, e incentivar la gestión integral de residuos.
4.2.4. Promover el uso de biofertilizantes.
[…]
4.2.6. Impulsar acciones que reduzcan la emisión de gases de efecto invernadero.
4.2.7. Incentivar el control biológico por especie-producto para el manejo de excretas.
En el contexto planteado anteriormente, el supuesto del Estado mexicano, considera que a través de la implementación de políticas como MasAgro, supone mitigar los efectos negativos sobre el ambiente y los recursos naturales, provocado por el uso excesivo de las tecnologías tipo Revolución Verde. Sin embargo, en el caso de MasAgro en sus paquetes tecnológicos incorpora: 320 marcas de herbicidas, 408 de insecticidas, 167 de fungicidas, 51 fertilizantes sólidos y 149 fertilizantes foliares (SAGARPA-CIMMYT, s.f). Con ello es evidente la dificultad para lograr la sustentabilidad.
Con base a lo anterior, es evidente la necesidad de evaluar las emisiones de gases de efecto invernadero, que generan los cultivos básicos, para que de esta forma sean parte primordial en la formulación de políticas agrícolas orientadas a la sustentabilidad y a la mitigación del cambio climático. El objetivo del presente trabajo es determinar el efecto de la política del Estado mexicano dirigida a la producción de trigo sobre la emisión de gases de efecto invernadero en Valles Altos de México durante el periodo 2010-2014.

Materiales y métodos
El presente trabajo se realizó considerando cuatro entidades federativas del centro de la República: Hidalgo, Estado de México, Puebla y Tlaxcala, las cuales conforman los Valles Altos de México (SAGARPA, 2012a) (Figura 1), donde a partir de la revisión y análisis de información secundaria existente relacionada al cultivo de trigo bajo condiciones de temporal, (superficie sembrada, superficie cosechada, fertilización y producción) durante el periodo 2010-2014,  se determinó las emisiones de gases de efecto invernadero CH4, CO2, N2O y NOx relacionados al cultivo. Se utilizó la metodología propuesta por el Grupo Interguberidntal de Expertos sobre Cambio Climático (IPCC, 1996), ajustándola con base en lo planteado por Castellón et al. (2014). El estudio de datos, se efectuó a través del software estadístico SPSS versión 23.0 utilizando estadística descriptiva, así como inferencial empleando análisis de varianza (P<0.05).

Resultados y discusión
La superficie beneficiada con MasAgro fue: en el estado de Hidalgo cercana a las 1800 ha representado 0.31% del total de la superficie sembrada; Estado de México con 12900 (1.50%); Puebla con 15900 (1.66%); y Tlaxcala con 11900 ha (4.98%), (SAGARPA 2015a y 2015b). En la totalidad de variables evaluadas entre años analizados no se encontraron diferencias estadísticamente significativas (P<0.05) lo que coincide con lo reportado en la actualización del inventario nacional de gases de efecto invernadero en el periodo 1990-2010, para el sector agricultura efectuado por el Instituto Nacional de Ecología y Cambio Climático (INECC) y el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) (INECC-PNUD, 2012).

Con respecto a los estados existieron diferencias significativas, siendo los resultados relevantes: En superficie promedio destinada al cultivo de trigo (P=0.000), Tlaxcala fue superior al registrar 34,135.10 ha (representado 14.27% respecto a la superficie sembrada total en el estado), seguido del Estado de México (9,819.00 ha; 1.13%), Hidalgo (2,353.47 ha; 0.41%) y Puebla (3,770.66 ha; 0.39%) que en conjunto representó 7.36% del total nacional. En el caso de la producción promedio (P=0.000), destacó Tlaxcala (85,539.64 t), seguido por el Estado de México (23,489.91 t), Puebla (5,610.04 t) e Hidalgo (4,944.26 t) registrando 3.40% del grano cosechado en el país. (SAGARPA 2015a; 2015b). En cuanto a la aplicación de Nitrógeno (N) a través de fertilizantes sintéticos (P=0.000), Tlaxcala fue superior al registrar 1.97 Gg, seguido por el Estado de México (0.56 Gg), Puebla (0.21 Gg) e Hidalgo (0.09 Gg), representando en conjunto 8.21% de lo aplicado en el territorio nacional, para este cultivo, bajo condiciones de temporal durante el periodo de estudio (Figura 2). En la Figura 3, se muestran los porcentajes que aporta cada estado por año respecto a la producción de trigo y aplicación de N, donde se observa que Tlaxcala es la entidad que más cosecha trigo y aplica N para este cultivo.

En la Figura 4, se muestran los promedios anuales de las emisiones de CH4, CO2, N2O y NOx, procedentes de la quema de residuos de trigo en Valles Altos de México. En el caso de las emisiones promedio para el total de años evaluados fueron CH4=0.0361 Gg, CO2=0.7574 Gg, N2O=0.0007 Gg y NOx=0.0226 Gg. En la Figura 5 se muestran los porcentajes que aporta cada estado por año respecto a la emisión de CH4, CO2, N2O y NOx procedentes de la quema de residuos de trigo en Valles Altos de México durante el periodo 2010-2014, siendo Tlaxcala el mayor generador de estos gases. En la Figura 6, se muestran los promedios anuales de las emisiones totales de N2O procedente del cultivo de trigo; emisiones indirectas de N2O procedentes de la deposición atmosférica de NH3 y NOx; y emisiones indirectas de N2O procedentes de la lixiviación en Valles Altos de México durante el periodo 2010-2014. En cuanto al promedio de los años evaluados, las emisiones totales de N2O procedente del cultivo de trigo fueron de 0.07129 Gg; emisiones indirectas de N2O procedentes de la deposición atmosférica de NH3 y NOx de 0.0212 Gg y emisiones indirectas de N2O procedentes de la lixiviación de 0.0378 Gg. El estado de Tlaxcala fue el mayor generador de estos gases (Figura 7). Por otra parte, se graficaron los datos para la obtención de CO2 equivalente (CO2 equivalente: CO2+CH4+N2O), en Valles Altos de México, presentándose una tendencia (línea punteada) estable durante los años evaluados (Figura 8).

Cabe mencionar que, la disminución de emisiones durante el año 2011 en Valles Altos de México, es principalmente de la presencia de heladas a típicas que afectaron la producción de trigo en el estado de Tlaxcala. Los resultados encontrados son similares a los reportado por Castellón et al. (2014), en el cultivo de trigo al efectuar el inventario de gases de efecto invernadero para la categoría agrícola en el estado de Tlaxcala. La tendencia observada en la emisión de gases de efecto invernadero coincide con lo reportado en el estudio sobre seguridad alimentaria, nutrición y erradicación del hambre efectuado por la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) y la Asociación Latinoamericana de Integración (ALADI), donde señalan que América Latina, registra una menor contribución a la mitigación del cambio climático en lo que se refiere a este rubro, a raíz de continuar con la implementación de programas que fomentan las tecnologías tipo Revolución Verde; pero al mismo tiempo, es más vulnerable a los efectos negativos de este evento –inundaciones, incremento de las altas temperaturas y sequias– (CEPAL-FAO-ALADI, 2016). 

Conclusiones
Los resultados muestran la existencia de una correlación directa entre la superficie sembrada con trigo y la emisión de gases de efecto invernadero. La generación de estos gases fue constante en el periodo evaluado. De igual modo, es notorio que el cultivo de trigo bajo condiciones de temporal se concentra en el estado de Tlaxcala. Con base a lo anterior, se evidencia que las políticas implementadas por el Estado mexicano hacia el agro a través de sus líneas de acción, no han logrado el supuesto de mitigar el cambio climático, develando exclusivamente una intención programática, discursiva y de buenos propósitos, sin que se oriente al logro de objetivos de una verdadera política de fomento al sector agrícola a través de tecnologías limpias. El caso de MasAgro, ratifica lo planteado anteriormente ya que a pesar de autopostularse, como parte de la estrategia para la mitigación del cambio climático, continúa con una base de tecnologías tipo Revolución Verde, que, al fomentar el uso de fertilizantes nitrogenados, contradice su planteamiento original. De acuerdo a lo señalado, son necesarias, la creación e impulso de alternativas basadas en iniciativas sociales y con enfoque agroecológico, con el propósito de disminuir la emisión de gases de efecto invernadero en las actividades agrícolas y reducir el impacto ambiental sobre los ecosistemas. Finalmente, se recomienda continuar con otras investigaciones considerando cultivos de importancia en Valles Altos de México, como la cebada y el maíz.

Agradecimiento

Agradecemos al Dr. Andrés María Ramírez y Dr. Rafael de Jesús López Zamora por las observaciones realizadas.

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*El Colegio de Tlaxcala, A. C. joaquin.zagoya@coltlax.edu.mx
** Facultad de Ingeniería Química de la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla. ambientalbuap@yahoo.com.mx
** El Colegio de Tlaxcala, A. C. ma_lourdes@coltlax.edu.mx
1 El concepto de Seguridad Alimentaria surge en la década del 70 del siglo XX, basado en la producción y disponibilidad alimentaria a nivel global y nacional. En los años 80, se añadió la idea del acceso, tanto económico como físico. Y en la década del 90, se llegó al concepto actual que incorpora la inocuidad y las preferencias culturales, y se reafirma la Seguridad Alimentaria como un derecho humano. Según la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO), desde la Cumbre Mundial de la Alimentación (CMA) de 1996, la Seguridad Alimentaria ¨a nivel de individuo, hogar, nación y global, se consigue cuando todas las personas, en todo momento, tienen acceso físico y económico a suficiente alimento, seguro y nutritivo, para satisfacer sus necesidades alimenticias y sus preferencias, con el objeto de llevar una vida activa y sana”. En esa misma Cumbre, dirigentes de 185 países y de la Comunidad Europea reafirmaron, en la Declaración de Roma sobre la Seguridad Alimentaria Mundial, "el derecho de toda persona a tener acceso a alimentos sanos y nutritivos, en consonancia con el derecho a una alimentación apropiada y con el derecho fundamental de toda persona a no padecer hambre" (FAO, 2017).
2 En este sentido, y a partir de aquella necesidad se acuña el concepto de políticas públicas, que, en el marco del modelo neoliberal y aplicado a los sectores económicos, sugiere dar por supuesto que la política económica real es que no debe existir una como tal, en este caso una política agrícola; esto es, no más intervención del Estado en la economía. En años recientes ya no se habla de una política agrícola, virtud por la cual, más que favorecer a los productores o sectores más desprotegidos, las medidas aplicadas por el Estado actualmente están orientadas al productivismo, estimulan la producción de más alta eficiencia y rentabilidad económica (Martínez y Roca, 2003).
3 MasAgro busca obtener rendimientos más altos y estables en maíz y trigo, incrementar el ingreso de los agricultores y reducir el efecto de las prácticas agrícolas convencionales sobre el medio ambiente y por consiguiente en el cambio climático, a través del desarrollo de prácticas agronómicas innovadoras de producción (agricultura de conservación y de precisión) y postcosecha, uso de biofertilizantes y de semilla de alto rendimiento mejoradas y adaptadas a las condiciones agroclimatológicas actuales como sequía, calor, plagas y enfermedades y a los requerimientos de la agroindustria (SAGARPA, 2012a).

Recibido: Agosto2018 Aceptado: Agosto2018 Publicado: Octubre de 2018


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