Revista: Caribeña de Ciencias Sociales
ISSN: 2254-7630


LITERACIDAD ACADÉMICA. Interpretación y producción de textos para la formación académica y profesional en educación superior

Autores e infomación del artículo

Gonzalo Ramón Martínez Morales*

Ricardo García Jiménez**

México

Correo: rgarcia2000_mx_1@hotmail.com


A lo largo de la vida universitaria, miles de jóvenes y ya no tan jóvenes estudiantes, tratan de leer y escribir una cantidad importante de textos que contribuyan a formarlos sobre los aspectos teóricos y metodológicos que deben adquirir para convertirse en buenos profesionales de su área de conocimiento.
No es posible sortear el hecho de que miles de estudiantes en el nivel de educación superior revelan problemas para utilizar el lenguaje de manera adecuada, así como para comprender e interpretar textos especializados, por consiguiente, para escribir por su propia cuenta textos, enfrentan dificultades en la adquisición de conocimientos de su disciplina, lo que con frecuencia deriva en un aprendizajes insuficientes o fragmentados.

Para citar este artículo puede utilizar el siguiente formato:

Gonzalo Ramón Martínez Morales y Ricardo García Jiménez (2019): “Literacidad Académica. Interpretación y producción de textos para la formación académica y profesional en educación superior ”, Revista Caribeña de Ciencias Sociales (diciembre 2019). En línea:
https://www.eumed.net/rev/caribe/2019/12/literacidad-academica.html
//hdl.handle.net/20.500.11763/caribe1912literacidad-academica


Es muy frecuente escuchar a distintos maestros de instituciones de educación superior, públicas y privadas, decir que los alumnos son incapaces de escribir coherentemente un texto largo. Que no hacen notas, ni apuntes, resúmenes o diarios personales, que no dominan la elaboración de reportes de lecturas, ni la reseña de libros y mucho menos artículos académicos, tampoco la redacción de poemas, cuentos o la escritura de ensayos, menos la composición de trabajos científicos que impliquen cierta originalidad, congruencia lógica, metodológica, claridad, elegancia, reflexión personal, análisis y pertinencia.
Muchos académicos universitarios han manifestado que los estudiantes universitarios no son escritores competentes por no dominar los elementos básicos de la expresión escrita: el código de la escritura y la composición del texto. No destacan en el manejo de la gramática, la ortografía y la sintaxis, indispensable en el recurso de componer un texto: de saber generar, desarrollar, expresar, revisar y redactar determinadas ideas adecuadamente.
Los problemas de escritura y compresión lectura están vinculados con ciertos rasgos con los que Ferreiro y Teberosky (1979) trabajaron en su libro “Los sistemas de escritura en el desarrollo del niño”. A partir de este, desde hace ya más de tres décadas, en varios países de América Latina incorporaron en sus diferentes niveles de educación pública en sus planes y programas de estudios nacionales, la idea de que escribir no debe ser algo parecido a copiar dictados; no obstante, y según los autores estas son aún creencias y prácticas generalizadas. Así lo evidencian estudios como el de Cubas (2007). Para Ferreiro y Teberosky (1979), escribir es representar gráficamente el lenguaje de forma funcional y personal, y supone la apropiación del código de escritura; este incluye las prácticas culturales, la representación de pensamiento, las hipótesis de trabajo en diversas fases, el ajuste pragmático, las habilidades de representación grafo-motora, entre otros aspectos. Por ello, el dibujo de la grafía, las planas, la transcripción a partir de un modelo y el dictado, así como otras prácticas que privilegian el dibujo de las letras, no deben ser los aspectos centrales en la adquisición del sistema de escritura.
Estudios como los de Arnoux (2008), Calvo (2009), Dusú & Suárez (2003) y  Fernández (2016)  indican que cerca del 80% de los egresados de las instituciones de educación superior pública concluyen sus carreras sin haber logrado aprender cómo escribir, cómo organizar y redactar sus tesis: de ahí que no logren titularse a través de dicha modalidad.
Y si quienes finalizan en las instituciones privadas se titulan, pero no lo hacen fundamentalmente por medio de tesis, ya que en la mayoría de los casos el requisito es inexistente (o se cuenta con cursos pagados ex profeso); es decir, en cuanto los estudiantes terminan su último curso obtienen el diploma, por eso hay menos pasantes en los establecimientos particulares. En ambas situaciones, sin embargo, quien pierde es la nación y triunfa la sinrazón y el desazón que impera en el sistema educativo nacional.
Durante las décadas de los años de 1970 y ochentas, la universidad pública se excusó de continuar con el desarrollo de los procesos de lectura y escritura. Se argumentó que ese aspecto ya había sido estudiado en los niveles previos, así que no le correspondía al nivel superior abordar de nuevo los temas relativos al uso adecuado de la lengua. Sin embargo, para los años noventa del siglo pasado hubo una demanda por parte de los empleadores, quienes manifestaron que los profesionistas evidenciaban importantes carencias en su forma de expresarse oralmente y por escrito, es decir, poseían un bajo desarrollo de la competencia comunicativa, lo que terminaba por afectar su desempeño laboral.
No obstante, en tiempos más recientes (año 2010)  se hace visible otro problema en este mismo tema que pone en evidencia que el curso de competencia comunicativa, aunque ayuda, no es suficiente, pues los estudiantes siguen mostrando dificultades en su literacidad académica, lo que les impide comprender a profundidad los textos de la especialidad, desarrollar el pensamiento crítico y producir textos escritos académicos.
En consecuencia, se requiere un mayor trabajo consciente y comprometido para que los estudiantes logren apropiarse de las formas pertinentes en el uso del lenguaje y estructuras semánticas de la disciplina (literacidad o alfabetización académica).
Es bajo al anterior contexto que Gonzalo Ramón Martínez Morales, profesor normalista y universitario, político y  psicólogo educativo, originario de San Juan Bautista Cuicatlan, Oaxaca, reflexiona en torno al problema de la comprensión de textos y la limitada capacidad de escritura que poseen los estudiantes de nivel superior que residen en esta parte del país.
Su experiencia por más de 35 años en distintas instituciones de educación media y superior le han dado los elementos suficientes para indagar que estas ausencias o el escaso desarrollo de las capacidades comunicativas que los estudiantes presentan son un problema serio para la entidad oaxaqueña. 
Trabajar en torno a la escritura y la lectura en la universidad significa para el autor de Literacidad Académica habilitar a los estudiantes esas competencias para que sean capaces de comprender y generar textos adecuados a sus necesidades comunicacionales, a efecto de que se produzca la apropiación requerida del bagaje cultural de la profesión en que se están forjando. 
Hoy en día, según Gonzalo Ramón Martínez Morales, es común escuchar los señalamientos de los profesores universitarios en el sentido de que sus estudiantes no saben leer ni escribir.
Aunque esta afirmación recogida por el autor, claramente puede reconocerse por el nivel de lectura y escritura y un cierto dominio del lenguaje que estos poseen, que son el tema en cuestión que nuestros estudiantes no han desarrollado la habilidad o competencia comunicativa que el nivel superior les bebería demandar.
Un porcentaje elevado de estudiantes de distintas instituciones educativas de todo el país, demuestran una baja habilidad reflexiva y crítica, así como dificultades para generar textos académicos que implican procesos complejos.
Por ello, la propuesta del autor del presente libro señala que, la literacidad siempre implicará una manera de usar la lectura y la escritura en el marco de un propósito social específico. Si nos fijamos en los usos de la lectura y la escritura, estos van más allá de la escuela, podemos darnos cuenta de que leer y escribir no son fines en sí mismos: uno no lee o escribe para leer y escribir. Lo anterior plantea claramente un problema de medios y fines.
Por ejemplo, y retomando la idea de Daniel Cassany (2009), publicada en su libro “Para ser letrados”, la práctica de la lectura y la escritura: “al contrario [de la forma tradicional], la lectura y la escritura son formas de lograr objetivos sociales y prácticas culturales más amplios: uno lee una receta de cocina para cocinar, escribe una carta para mantener una amistad, entrega una solicitud para ejercer un derecho ciudadano, lee el periódico para informarse, escribe una lista para organizar su vida”.
Hay como sugiere entre líneas el autor Literacidad Académica, que situar la lectura y la escritura en contextos y motivaciones de uso más amplios, podemos llegar afirmar que los textos que leemos y escribimos se insertan en las prácticas sociales y culturales de nuestra vida y no al revés.
Desde esta perspectiva se concibe a la literacidad académica, y como los sugiere Gonzalo Ramón Martínez Morales, la literacidad es un conjunto de prácticas letradas, entendidas como prácticas socioculturales, que llevan al individuo al ejercicio de la capacidad comunicativa a contextualizar esa cualidad a redefinir y ubicar el propósito comunicativo específico en aquella esfera o campo social para el ejercicio de su competencia evidenciado en arreglo discursivo concreto que cada campo demanda. 
Es así que cuando pensamos en el uso de la literacidad en un contexto específico y para un propósito particular, ya no podemos reducirla sólo a un conjunto de habilidades cognitivas que tienen que ser aprendidas mecánicamente. De igual manera no podemos, por tanto, quedarnos solamente con una perspectiva cognitiva del estudio de la literacidad. Por otro lado, no podemos decir que la lectura y la escritura sólo existen sobre el papel, en el sentido de que son capturadas en forma de textos para ser analizadas. Entonces, tampoco podemos estudiar la literacidad desde una perspectiva meramente lingüística de codificación y descodificación de símbolos gráficos.
Estas prácticas letradas se inscriben en las identidades de las personas sugiere el autor, pues éstas desarrollan maneras de leer y escribir de acuerdo a la manera y exigencia de quienes se identifican y son miembros de un grupo, campo, disciplina o institución especifica.
Para tal finalidad, Gonzalo Ramón Martínez Morales desarrolló en su obra Literacidad Académica, la importancia de conocer y poner en práctica todas aquellas actividades y normas letradas propias del mundo académico, entendidas como prácticas socioculturales, que deben llevar a cabo los estudiantes a partir de asumir las  tareas y actividades contextualizadas en una institución académica como los son las universidades, tecnológicos y cualquier escuela de educación superior, con el propósito comunicativo específico, que evidencian en su identidad del aprendiente el estricto uso discursivo disciplinar de acuerdo a su formación académica. 
Es así que, para alcanzar tal propósito, el autor divide su obra en los siguientes apartados:
Primero, el autor busca hacer entender que literacidad académica es una interpretación y producción de textos escritos, con un enfoque que implique tomar en cuenta el contexto geográfico, social, político y económico en que se insertan las instituciones de educación superior. Ya sea en el proceso de enseñanza-aprendizaje y como este debe incidir conocer, adquirir y ampliar las habilidades lecto-escriturales del pensamiento de orden superior como: diseñar, construir, planear, producir, idear y elaborar escritos pertinentes, lógicos y racionales a través de la interpretación y producción de textos académicos.
Segundo, se aborda la importancia del lenguaje, los procesos cognitivos básicos y superiores, adquisición del lenguaje, aprendizaje de la lectura y escritura, competencias y desarrollo de habilidades lingüísticas, lectura crítica, niveles de la lectura: literal, inferencial y crítico-valorativo, que son aspectos esenciales para detonar las funciones mentales y el aprendizaje en el estudiante.
Tercero, en este apartado se enfatiza sobre el papel fundamental del lenguaje oral y escrito en la comunicación humana, pieza clave de la existencia cotidiana y contacto con la realidad, que permite desarrollar la interacción social y capacidad intelectual.
Cuarto, se puntualiza sobre el proceso de investigación científica, elemento sustancial para la formación académica, profesional y, por supuesto la reflexión al comprender la importancia que tiene la ciencia y el conocimiento de ella en la vida cotidiana. En este capitulo se señala que el fondo del proceso investigativo, lo es el método, camino más adecuado para lograr un fin y la metodología de la investigación, procedimiento ordenado que se establece con la finalidad de conocer y comprender el significado de los hechos y fenómenos, que es en esencia hacia donde se dirige el interés científico para interpretar, encontrar, demostrar, refutar o generar un conocimiento.
Quinto, aunque este capítulo abordar los planteamientos teóricos de Thomas Kuhn contenidos en su obra: “La estructura de las revoluciones científicas”, en el cual se expone con claridad y precisión el tema del paradigma (como referente histórico, status y crisis que viven y dan paso a la llamada revolución científica), no es claro en la continuidad de los temas que se vienen desarrollando.
Sexto, en este apartado se aborda la importancia que tiene el texto y la comprensión lectora describiendo aquellas condiciones para que se produzca. De igual forma se trazan estrategias para desarrollar la comprensión lectora de textos explicando particularidades como el interpretar, retener y valorar. Del mismo modo se detallan el desarrollo de ciertas habilidades: activación de conocimientos previos, anticipación, predicción, observación, monitoreo, análisis y conclusión. Además, se señalan las causas principales que influyen y dificultan la compresión lectora.
La presente obra bien a complementar y dar respuesta, desde la visión del autor, a la importancia de la dimensión formativa, la necesidad de guiar el aprendizaje del con el fin de ubicar al estudiante de saber interpretar, procesar, producir y finalmente expresar con claridad sus ideas, emociones y conocimientos en el ámbito académico, investigación y futuro desempeño profesional, por lo cual se plantea la propuesta de LITERACIDAD ACADÉMICA.
Interpretación y producción de textos para la formación académica y profesional en educación superior para estudiantes, docentes e instituciones.
Con toda certeza el presente libro, viene a dar respuesta a necesidades apremiantes en el ámbito de la literacidad académica: interpretación y producción de textos escritos en general y particularmente, de textos científico-académicos.
Mismo que puede ser consultado y utilizado como guía en la formación académico de los estudiantes de los primeros cursos de los estudiantes de educación superior.

Oaxaca de Juárez, Oaxaca a abril de 2019.

Referencias.

  • Arnoux, E. (2008). Escritura y producción de conocimiento en las carreras de posgrado. Buenos Aires: Santiago- Arcos.
  • Calvo L., M. (2009). La elaboración de la tesis de licenciatura como espacio para la formación y la construcción social del conocimiento. (IISUE-UNAM, Ed.) Perfiles Educativos, XXXI (124). Obtenido de: http://www.scielo.org.mx/pdf/peredu/v31n124/v31n124a3.pdf
  • Cassany, Daniel (2009). Para ser letrados. Barcelona, Paidos. Pág. 23 a 35
  • Dusú C.R. & Suárez Rodríguez, C. (2003). Capacidades, competencias y estrategias en la formación científico investigativa. Universidad de Oriente, Santiago de Cuba, Cuba.
  • Eco, U. (1977). Como se hace una Tesis: Técnicas y procedimientos de investigación, estudio y escritura (8va edición 2006 ed., Vol. 7). Italia: Gedisa S.A. Colección: Biblioteca de educación. Herramientas universitarias
  • Fernández de Zamora, R. M. (2016). Las Tesis Universitarias en México. Una Tradición y un patrimonio en vilo. México, DF, México: UNAM.
  • Ferreiro, E. y Teberosky, A. (1979) Los sistemas de escritura en el desarrollo del niño. México: Siglo XXI.


Recibido: 15/08/2019 Aceptado: 30/12/2019 Publicado: Diciembre de 2019


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