Revista: Caribeña de Ciencias Sociales
ISSN: 2254-7630


HACER POLÍTICA DESDE LA ORATORIA DE FIDEL CASTRO. COMPILACIÓN

Autores e infomación del artículo

Osmel Reyes Pacheco*

Universidad de Las Tunas, Cuba

Email: osmelrp@ult.edu.cu


Resumen
El estudio de la oratoria de Fidel Castro Ruz nos permite adentrarnos en su amplio pensamiento, en especial sus ideas sobre la política. En ella encontramos definiciones, relaciones con otras ciencias, aportes, vigencia de sus análisis. La presente ponencia es una compilación de esta temática presentada en el panel Hacer Política desarrollado en la Feria Provincial del Libro y la Literatura, Las Tunas 2018. Es importante resaltar que a lo largo de su vida Fidel Castro ejerció este oficio por mandato de su pueblo y no porque cursara estudios para ejercer dicha profesión, lo cual hace más valioso el marco teórico que encontramos en su filípica.  
Palabras claves: política-oratoria-Fidel Castro.
Abstract
Fidel's study of the oratorical one Castro Ruz allows to go into in its wide thought, especially its ideas on the politics. In her we find definitions, relationships with other sciences, contributions, validity of their analyses. The present report is a compilation of this thematic one presented in the panel to Make Political developed in the Provincial Fair of the Book and the Literature, The Tunas 2018. It is important to stand out that along their life Fidel Castro exercised this occupation for command of his town and not because it studied studies to exercise this profession, that which makes more valuable the theoretical mark that we find in his phillipic.  
Key Words: politics-oratorical-Fidel Castro. 

Para citar este artículo puede utilizar el siguiente formato:

Osmel Reyes Pacheco (2019): “Hacer política desde la oratoria de Fidel Castro. Compilación”, Revista Caribeña de Ciencias Sociales (marzo 2019). En línea:
https://www.eumed.net/rev/caribe/2019/03/politica-fidel-castro.html
//hdl.handle.net/20.500.11763/caribe1903politica-fidel-castro


INTRODUCCIÓN
Durante la Conferencia Inaugural en el XXII Encuentro Nacional de Solidaridad con Cuba, del Movimiento Mexicano de Solidaridad con Cuba, Universidad Obrera de México, el 18 de marzo de 2017 el intelectual cubano Fernando Martínez Heredia planteó:
“Hoy podemos avanzar mejor con esa ayuda de Fidel, pero a condición de emular con sus ideas y sus actos, para sacarles provecho en lo decisivo, que serán nuestras actuaciones. No imitando simplemente a Fidel, que nunca imitó a nadie, sino traduciéndolo a nuestras necesidades, situaciones y acciones.”
“Fidel y el Che pusieron el socialismo y el marxismo en español desde la América Latina, y lo hicieron decididamente antimperialista e internacionalista. Rescataron y asumieron la profunda propuesta revolucionaria de José Martí, crítico radical de todos los colonialismos al mismo tiempo que de la modernidad civilizadora, y promotor de una república nueva y una segunda independencia continental. Y rescataron y asumieron el socialismo cubano, que habían fundado Mella, Guiteras y las experiencias radicales de la Revolución del 30. La nueva época revolucionaria convirtió en un hecho natural que los problemas sociales principales fueran los problemas fundamentales para el pensamiento.”
Hoy nos acercamos a una de las profesiones más longevas en la historia de la humanidad de la mano de uno de sus más grandes exponentes, querido por sus amigos y respetado por sus enemigos, desde una visión latinoamericanista, caribeña y cubana.   
Epígrafe1. Proceso de formación.
En el transcurso de la vida de Fidel pueden distinguirse tres momentos: el joven revolucionario; el líder de la Revolución cubana y el líder mundial. Fidel fue hijo de una tradición que es fundamental dentro de la historia del pensamiento revolucionario cubano: la corriente radical, que ha tenido puntos en común y ha establecido una trayectoria singular.
El joven Fidel Castro, dirigente estudiantil y abogado de reclamos populares, encontró y asumió muy pronto todo aquel legado de su patria, los ideales de libertad, justicia social y liberación nacional. Sobre ello expresó: “Diría que mi primera formación política la obtuve leyendo la historia de Cuba, todavía como estudiante; pero aún después que me gradué, leía mucho siempre. Siempre me gustó y todavía me gusta leer, y me fanatizo con cualquier literatura que se refiera a nuestras guerras de independencia, a los personajes de nuestra lucha por la independencia.
Después, la literatura política. Empiezo a familiarizarme con la literatura política cuando estoy estudiando en la universidad, sobre todo cuando estoy estudiando economía política, que se empieza a estudiar desde el primer año de la Escuela de Derecho; era una economía política capitalista, pero estaban todos los clásicos, las principales escuelas de economía, aparecían referencias a ellas. En segundo año también se sigue estudiando economía política y se empieza a estudiar después legislación obrera, que es cuando empiezo a oír hablar más profundamente de Marx, de Engels y de Lenin, de las distintas escuelas y leo bastante a todos aquellos personajes.
(…) no era mucho el tiempo de que disponía en los primeros años para estudiar, porque ya estaba envuelto en actividades políticas y estaba también en actividades deportivas. Era deportista, era político y, además, quería estudiar, trataba de estudiar y estudiaba, pero no disponía de mucho tiempo, realmente, para el estudio en los primeros años de mi carrera universitaria”, citado por Borge, 1992: 140.
Así Fidel aprendió a ser, a la vez, patriota y socialista. A alimentarse del magisterio de Martí y a estudiar a Marx y Lenin, para poder plantearse bien la época en que vivía, sus conflictos fundamentales y las vías y métodos de la lucha por la liberación.
Epígrafe 2. Actividad política.
El joven Fidel participó en el movimiento político cubano que fue más lejos en los intentos de utilizar la acción ciudadana, el democratismo y el sistema electoral y representativo que existía durante la república neocolonial, para lograr cambios realmente positivos para el país. Aunó esfuerzos junto al líder de masas Eduardo Chibás y el Partido del Pueblo Cubano (Ortodoxos), los que concitaron el entusiasmo y la esperanza de la mayoría del pueblo, y el miedo a su triunfo fue una causa del golpe militar del 10 de marzo de 1952. Precisamente una de las convicciones principales del joven estudioso y activista político, desde algunos años antes de 1952, era que tomar el poder resultaba un requisito indispensable para cambiar a Cuba.
Fidel no descuidó referirse a la evidencia de que el régimen violaba la legalidad y no admitía recursos en su contra, pero se dedicó por entero a la vertebración y preparación para pelear de un movimiento clandestino, con gente sencilla del pueblo que tuviera ideales y decisión personal, y asumiera la férrea disciplina y las ideas revolucionarias como suelo común.
Otra lección que nos aportó fue el hecho mismo del Moncada, rebelión contra las oligarquías y contra los dogmas revolucionarios, como lo definió el Che, el motor pequeño que debería poner en movimiento al motor grande. La tercera lección fue asumir la etapa de prisión como el lugar de la firmeza inquebrantable, y proponerle al país una gran revolución, aunque su realización pareciera tan lejana.
Al salir de cárcel fundó y dirigió el Movimiento 26 de Julio, de honda raíz martiana: los fines públicos, los medios secretos; la convocatoria a todo el pueblo sin exclusiones, pero en una organización férreamente unida en sus ideales, su estructura y su disciplina, decidida y con vocación de poder. Y el carácter radical de la revolución, ajeno a las discusiones bizantinas acerca de los sujetos históricos abstractos: de los humildes, por los humildes y para los humildes.
El segundo hecho decisivo fue consecuente con el primero, pero muy diferente a él. La resistencia y la guerra popular ganaron fuerza suficiente, derrotaron y desmoralizaron al enemigo y desembocaron en una victoria completa. En enero de 1959 la Revolución venció a la dictadura y, al mismo tiempo, destruyó los aparatos militar, represivo y político del Estado burgués.
Sobrevinieron un alud de acontecimientos y un proceso vertiginoso que transformaron muy profundamente a Cuba y a los cubanos, desarmaron, vencieron y les quitaron a sus enemigos toda esperanza de recuperación, y concitaron el entusiasmo y la admiración en nuestra América y en el mundo. Fidel completó durante esta etapa su estatura de líder, fue el principal protagonista de la generación y conducción de los hechos y fue el mayor productor de las nuevas ideas revolucionarias que hasta hacía muy poco habían sido impensables.
En Cuba se logró unir en una sola revolución al socialismo y la liberación nacional. Para vencer frente al nuevo reto, la revolución cubana fue socialista de liberación nacional. La victoria de la insurrección fue convertida en liberación nacional y social por la unión de una vanguardia que supo utilizar de manera óptima el poder revolucionario y darse cuenta de que la opción más radical era la única viable, y de un pueblo que multiplicó una y otra vez sus acciones y su conciencia, y se volvió capaz de transformarse a sí mismo y a la sociedad.
La Cuba revolucionaria logró, por primera vez en este continente, fundir en una sola entidad los más altos valores de la lucha patriótica con los más altos valores de las luchas de clases, un logro trascendental de las ideas revolucionarias conseguido en la práctica de un gigantesco laboratorio social. La trascendencia de esa victoria se apreció enseguida a lo largo de América Latina, y hoy sigue vigente en la cultura de liberación latinoamericana.
En menos de dos años, la vanguardia se fue multiplicando y la mayoría del pueblo abrazó la Revolución. Fidel fue el principal protagonista de la gran revolución socialista, que cambió las vidas, las relaciones sociales, los sueños de la gente y de las familias, las comunidades y la nación. Para lograrlo se convirtió, como para todo lo importante, en el conductor, el líder amado, la pieza maestra del tablero intrincado de la unidad de los revolucionarios y del pueblo.
De Fidel hay que decir que durante toda la vida combatió al imperialismo norteamericano, y supo vencerlo, mantenerlo a raya, obligarlo a reconocer el poder y la grandeza moral de la patria cubana. Pero, sobre todo, enseñó a todos los cubanos a ser antimperialistas, a saber que esa es una condición necesaria para ser cubano, que contra el imperialismo la orden de combatir siempre está dada, que como dijo un día el Che –su compañero del alma—, al imperialismo no se le puede conceder ni un tantito así. La soberanía nacional es intangible, nos enseñó Fidel, y no se negocia.
Desde 1959 en adelante, Fidel fue el mayor impulsor y dirigente del internacionalismo, ese brusco y hermoso crecimiento de las cualidades humanas que le brinda más a quien lo presta que a quien lo recibe. Cuba ha aportado apoyo solidario sin exigencias. Combatientes, médicos, maestros, técnicos, el ejemplo impar de quienes jamás dieron lo que les sobraba, un paradigma revolucionario, con Fidel siempre al frente, audaz y fraterno.
Epígrafe 3. Definición de política y su relación con otras ciencias.
Proponemos dos definiciones que brinda el propio Fidel sobre qué es política:   

  1. “[...] yo no sé distinguir la diferencia que hay entre ciencia y política, como no sea que la política además de ciencia es un arte.  (Castro, 1969: 18)
  2. “De la política me parecería mejor decir que es una mezcla de ciencia y de arte, aunque más de arte que de ciencia”.  (Castro, 2003: 4). 

A la hora de defender o cuestionar esta profesión Fidel siempre analizó cómo se ejercía, al respecto en dos ocasiones planteó:  
“Creo sinceramente, que la política puede estar al servicio del bien o del mal. Si está al servicio del bien es una política revolucionaria, como la ciencia también puede estar al servicio del bien o del mal. Si está al servicio del bien, puede decirse que es una ciencia humana, noble, revolucionaria, como también si la ciencia se pone —como se ha puesto muchas veces— al servicio del mal, de la guerra, de la destrucción, habrá que llamar a esa ciencia, ciencia al servicio de la política, y de la peor política, ciencia al servicio del crimen”.  (Castro, 1969: 18).
“[...] Una política económica y social acertada debe tener como centro y preocupación al hombre. Si se traza una política que no corresponda a este contenido, no habrá desarrollo y ni siquiera paz”. (Castro, 1981: 55). 
Es interesante ver los análisis que realiza el líder histórico de la Revolución Cubana de la política, en relación con otras ciencias, le presentamos a continuación algunos:
“[...] la ciencia, la técnica y la economía son instrumentos de la política, porque la política es la que traza los objetivos y conoce el modo de hacer las cosas”. Citado por (Miná, 1988: 180-181). 
“[...] la cuestión de la ciencia y de la técnica es lo más importante de la política de cualquier gobierno capitalista o socialista [...]”. (Castro, 1993: 248).
“Porque hay una verdad que debiéramos sabérnosla todos como la primera, y es que no hay independencia política si no hay independencia económica, que la independencia política es una mentira, si no hay independencia económica. Para que los países puedan ser verdaderamente libres en lo político, deben ser verdaderamente libres en lo económico, y entonces ayudarlos.” (Castro, 1960: 631).
“[...] no hay economía sin política, ni política sin economía”. (Castro, 2003:8).
“[...] las tareas económicas están indisolublemente asociadas a las tareas políticas, no puede haber solo política sin economía, ni puede haber economía revolucionaria sin una política revolucionaria”. (Castro, 1997:4). 
“La democracia política es forma sin contenido sin la democracia económica.” (Castro, 1992:55).
Epígrafe 4. Educación Política y Cultura Política.
Un logro innegable del proceso revolucionario cubano ha sido lograr en su pueblo una educación política y una cultura política que trascienden barreras culturales, el máximo impulsor de ello siempre fue su conductor Fidel Castro, tanto en discursos, intervenciones, reflexiones u otras vías. De la importancia que le concedió a estas dos cuestiones dan fe los siguientes fragmentos de su vasto pensamiento:
“[...] la educación más importante es la educación política del pueblo [...]”. (Castro, 1986:53).
“[...] no puede haber buena educación política si no hay una buena educación histórica, no puede haber una buena formación revolucionaria si no hay una buena formación histórica”. (Castro, 1989:3).
“no se debe tomar ninguna escuela política, no se puede tomar el pensamiento de ningún teórico o político como algo inflexible, como algo dogmático.” (Castro, 1992:50).
“[...] a gente que tenga una cultura política y una moral sólida no se le puede engañar tan fácilmente”. (Castro, 1985:122).
“[...] la fuerza no está en las armas, ni en las leyes, ni en las instituciones del Estado; está en el pueblo, en las masas, en las convicciones revolucionarias y en la cultura política de cada ciudadano. La fuerza no está en la mentira ni en la demagogia, sino en la sinceridad, la verdad y la conciencia [...]”. (Castro, 1978:69).
“Hay que creer en los pueblos, y mientras más aprendan, más conocimientos, más cultura general y cultura política posean, mucho más difícil será tratarlos como manada de analfabetos e incultos”. (Castro, 2004:4).
“Las ideas políticas de nada valen si no hay un sentimiento noble y desinteresado [...]”. Citado por (Betto, 1985:157).     

 

El Marxismo-Leninismo como Política y los cambios en Cuba
“[...] El marxismo-leninismo es la ideología de la clase obrera, la doctrina política más completa, la explicación más cabal de los problemas sociales e históricos”. (Castro, 1972:236).    
“[...] Y marxismo-leninismo, socialismo, quieren decir definición política; definición política bien clara y precisa. Es tener una ciencia política a la disposición del pueblo, es tener una guía, es tener un norte, es tener una brújula, es saber qué pasos hay que dar por la senda revolucionaria”. (Castro, 1973:3). 
“¡Que cese el bloqueo económico contra nuestro país, que cesen las amenazas de Estados Unidos, que cesen las agresiones, que cesen las campañas contra Cuba, que cese la guerra contra Cuba, y nosotros, en condiciones diferentes, podríamos, incluso, buscar fórmulas diferentes de existencia política de nuestro país!”
“Si todo eso cambia, si todo eso cesa, entonces podremos plantearnos en el terreno teórico, e incluso en el terreno práctico, otra forma de dirección política de nuestro país, que no tiene nada que ver con la democracia burguesa ...”. 
“Ellos no van a renunciar a sus sueños de erradicar la Revolución, arrancar de raíz la Revolución en nuestro país; pero tienen dos vías: la vía de la hostilidad, la vía de las agresiones o la vía de la paz con Cuba, respeto a Cuba y tratar de influir a través de otros medios en la vida política de Cuba.”
“La posición nuestra es que no nos opondríamos a una política de paz.” (Castro, 1992:81-83).
Políticas de la Revolución
“¿Por qué ganamos nosotros la guerra? Porque seguíamos una política humanitaria. La gente fue conquistada por esa política.”
“Y esa política no sólo la hemos aplicado aquí, la hemos aplicado en las misiones internacionalistas en las que hemos participado. Todos aquellos hábitos y aquellas normas que presidieron nuestra conducta en las montañas fueron las mismas que llevaron nuestros soldados a Angola, a Etiopía, a dondequiera, en todas partes que estuvieran, y en todas las colaboraciones que hicimos con el movimiento revolucionario.”
“Esta realidad de lo que es Cuba, este reconocimiento de lo que es Cuba y de la política solidaria de Cuba, la política internacionalista de Cuba, la política humanitaria de Cuba, es reconocida.”
“... como parte de una verdadera política de integración tenemos que promover más el conocimiento de la historia de América Latina, de la literatura latinoamericana y de las realidades latinoamericanas.” Un grano  de maiz. (Castro, 1992:120-142).
Política y Políticos
“[...] la política es una de las más maravillosas, más fabulosas, más estimulantes actividades a las que puede dedicarse el hombre [...]”. (Castro, 1988:353).
“Creo que me faltaría expresarte una cuestión que forma parte de mi pensamiento, de mi idiosincrasia personal. Considero que un revolucionario, un luchador que está envuelto en la esfera de la política, en la esfera de una revolución, no puede pensar ni en la gloria ni en la historia; albergo sobre eso la más profunda convicción.” (Castro, 1992:29).
“Los políticos somos soñadores y los hombres de negocios son racionalizadores [...]”. (Castro, 1995:4).
“[...] los políticos que no entiendan, o no quieran entender, o que no se esmeren en conocer la economía, no son dignos de ejercer las funciones que ejerzan como tales políticos”. (Castro, 1998:2).
“[...] Ningún hombre, ningún político tiene derecho a pensar en sí mismo, ni en su presente ni en su futuro [...]”. (Castro, 1998:4).
“La vida privada, a mi juicio, no debe ser instrumento de la publicidad, ni de política, ni nada de eso, como es tan común y corriente en ese mundo capitalista que tanto detesto y como es tan común y corriente en ese mundo politiquero, fariseo e hipócrita que tanto rechazo. Tengo esa mentalidad y he llevado esa norma durante toda mi vida. Es así, cada hombre tiene su manera de pensar y de ser. Dejemos a la historia que se encargue de esas cosas.”
“Toda mi vida he sido enemigo de los dogmas y nosotros debemos evitar que el pensamiento de los políticos más ilustres, de los revolucionarios más esclarecidos, se convierta en dogma, porque incluso cada pensamiento responde a un momento determinado, a una circunstancia determinada, a una información determinada, a una experiencia determinada.”    
“Digo, por eso, que ni el pensamiento de Marx, ni de Engels, ni de Lenin, ni del Che son dogmas, sino brillantes muestras de talento, de visión política, de visión social, de visión revolucionaria, creadas en un momento determinado.” (Castro, 1992:50). 
Epígrafe 5. Confianza Política y la paz como política.
La confianza política en el pensar político de Fidel Castro asume diversas dimensiones: la confianza en la Revolución; la confianza en la vanguardia política; la confianza en el liderazgo del proceso revolucionario; la confianza en los procesos políticos revolucionarios: electorales, de toma de decisiones, entre otros; la confianza en el pueblo como protagonista principal de la historia y la política revolucionaria; confianza del pueblo en el gobierno, en el Estado y el Partido; confianza en el socialismo y en las potencialidades de los grupos, individuos y clases sociales que conforman el pueblo para enfrentar las adversidades, traiciones, amenazas, riesgos y en su capacidad para transformar la realidad sociopolítica en función de intereses legítimos, altamente reconocidos por las masas populares, según nos plantea (Verdecia, 2016:4).
Resalta en su oratoria lo siguiente: "No existe en nuestra Revolución el oficio de político porque todos somos políticos, desde el pionero hasta el anciano jubilado. Trabajan en el Partido y en el Estado no aquellos que aspiren a un cargo sino a los que los militantes y el pueblo asignen una tarea (...) Ni las riquezas, ni las relaciones sociales, ni la familia, ni la publicidad o la propaganda, como ocurre en la sociedad burguesa, deciden ni pueden decidir para nada el papel de un hombre en la sociedad. Es el mérito, exclusivamente el mérito, la capacidad, la modestia, la entrega total al trabajo, a la Revolución y la causa del pueblo lo que determina la confianza que la sociedad otorga a cualquiera de sus hijos. Un solo pasquín electoral se exhibe en las elecciones: la vida y el expediente del ciudadano. Y a la hora de escoger no son unos pocos sino muchos los que pueden ser acreedores a tal confianza (…)". (Castro, 1976:5). 
En la comunidad internacional se aborda cotidianamente el tema de la paz, desde joven la Revolución Cubana se convirtió en abanderada de la misma, y en gran parte gracias a las ideas de Fidel. La expresión del desarrollo de esas ideas de Fidel sobre la paz, se muestra evidente en tres direcciones fundamentales: 1- la batalla por los derechos del pueblo cubano a vivir en paz y construir su destino, frente a la hostilidad permanente del gobierno de los Estados Unidos, que ha hecho todo lo posible por impedirlo, pretendiendo ahogar aún el propio derecho a la vida. Eso y no otra cosa es lo que representa el bloqueo; 2- su participación mediadora en la solución de conflictos regionales y locales, a petición de las partes implicadas y  3- los esfuerzos a favor de la paz mundial, indisolublemente unidos con la condena a la carrera armamentista y por la transformación del orden internacional vigente, planteado por (Martínez, 2017:2).

CONCLUSIONES
(Martínez, 2017:14) en magistral proceso de síntesis planteó el legado de Fidel Castro:
1-Partir de lo imposible y de lo impensable, para convertirlos en posibilidades mediante la práctica consciente y organizada y el pensamiento crítico, conducir esas posibilidades actuantes hacia la victoria, a la vez que se forman y educan factores humanos y sociales suficientes para poder enfrentar situaciones futuras. Mediante las luchas, los triunfos y las consolidaciones, convertir las posibilidades en nuevas realidades.
2- No aceptar jamás la derrota. Fidel nunca se quedó conviviendo con la derrota, sino que peleó sin cesar contra ella. Me detengo en cinco casos importantes en su vida en que esto sucedió: 1953, 1956, 1970, el proceso de rectificación y la batalla de ideas.
3- La determinación de mantener la lucha en todas las situaciones, cualesquiera que fuesen. Al estudiar a los revolucionarios, a aquellos que se lanzan a pelear por transformaciones sociales profundas, sería muy conveniente considerar como concepto a la determinación personal.
4- Organizar. Esa fue una constante, una verdadera fiebre de Fidel. Ojalá que ese aspecto primordial dentro de su legado no sea descuidado, y sea comprendida su importancia vital.
5- La comunicación siempre, con cada ser humano y con las masas, en lo cotidiano y en lo trascendente. Esta es una de las dimensiones fundamentales de la grandeza de Fidel, y es uno de los rasgos básicos del liderazgo.
6- Utilizar tácticas muy creativas y estrategias impensables, que eran, sin embargo, factibles.
7- Luchar por el poder y conquistarlo. Mantener, defender y expandir el poder, que es un instrumento fundamental para los cambios humanos y sociales. En términos abstractos se puede discutir casi eternamente acerca del poder, pero solo las prácticas revolucionarias logran convertir al poder en problemas que puedan plantearse bien, y resolverse.
8- Crear los instrumentos revolucionarios y formar a los protagonistas. Tomar las instituciones para ponerlas a nuestro servicio, no para ponernos nosotros al servicio de ellas.
9- Ser más decidido, más consciente y organizado, y más agresivo, que los enemigos.
10- Enseñar y aprender al mismo tiempo, con los compañeros y con la gente del pueblo con la que se comparte, y en cuanto sea posible, con todo el pueblo.
11- Ser siempre un educador. Fidel considera que la educación es un elemento fundamental para que el ser humano se levante por encima de sus necesidades y sus propensiones más inmediatas, y se vuelva capaz de actuar con propósitos cada vez más elevados y de albergar motivaciones y valores correspondientes a ellos.
12- Que la concientización y la movilización estén en el centro del trabajo político, no solo para que se cumplan los fines de este, sino para que la política llegue a convertirse en una propiedad de todos.
13- Avanzar hacia formas de poder popular. En un buen número de aspectos de la gran aventura de la creación de la nueva sociedad y la participación en la revolución mundial de los oprimidos, Fidel vivió los afanes y las vicisitudes de los límites que les ponen a la actuación las limitaciones del medio, los obstáculos y los enemigos.   
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*Profesor del Departamento de Marxismo e Historia de la Universidad de Las Tunas, Cuba. osmelrp@ult.edu.cu

Recibido: 29/10/2018 Aceptado: 04/03/2019 Publicado: Marzo de 2019


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