Revista: Atlante. Cuadernos de Educación y Desarrollo
ISSN: 1989-4155


LA INTERPRETACIÓN HISTÓRICA DE LA ORIENTACIÓN: ORÍGENES Y FUNCIONES.

Autores e infomación del artículo

Jeannet Pérez Hernández*

Colegio Superior para la Educación Integral Intercultural de Oaxaca, México

janelgirl@gmail.com.


Resumen
Este artículo se centra en esclarecer y rastrear la terminología referida a la orientación, así como a exponer cuáles son las funciones y objetivos que le son propias con base a los principios fundamentales que la sustentan. Finalmente, se exponen aquellos ámbitos de actuación de la orientación: personal, académica y profesional aclarando la terminología de cada una de ellas.

Palabras clave: Orientación, Proceso orientador, Orientación personal, Orientación profesional, Orientación académica.

THE HISTORICAL INTERPRETATION OF THE ORIENTATION:
ORIGINS AND FUNCTIONS.

Abstract:
This article focuses on clarifying and tracing the terminology related to guidance, as well as to explain what are the functions and objectives that are proper to it based on the fundamental principles that support it. Finally, those areas of action of the orientation are exposed: personal, academic and professional clarifying the terminology of each of them.

Keywords: Orientation, Guiding process, Personal orientation, Professional guidance, Academic guidance.


Para citar este artículo puede utilizar el siguiente formato:

Jeannet Pérez Hernández (2018): “La interpretación histórica de la orientación: orígenes y funciones.”, Revista Atlante: Cuadernos de Educación y Desarrollo (septiembre 2018). En línea:
https://www.eumed.net/rev/atlante/2018/09/interpretacion-historica-orientacion.html
//hdl.handle.net/20.500.11763/atlante1809interpretacion-historica-orientacion


1. Introducción
Aunque existe un acuerdo en considerar la orientación como un proceso de aprendizaje, la forma en que se lleve a cabo puede variar dependiendo del contexto. La orientación es un término muy ambiguo y difícil de definir. Prueba de ello, han sido las diferentes interpretaciones que se han realizado en torno a este concepto a lo largo de los tiempos.

Otro factor que ha dificultado su conceptualización ha sido el ámbito de actuación al que debe dirigirse, entendiendo por estos el personal, académico y profesional. Con el fin de esclarecer estas observaciones se realizará un breve recorrido a través de las aportaciones vertidas por diferentes autores de forma que nos permita extraer nuestra propia definición y conocer de forma más detallada cuáles son los principales campos de actuación.

2. Aclaración conceptual: la orientación

La acción de orientar es un hecho natural que ha estado siempre presente en todas las culturas y que ha sido necesaria a lo largo de la historia con la finalidad de informar o ayudar a las personas a desenvolverse e integrarse social y profesionalmente (Monescillo, Méndez y Bisquerra, 1998).

Algunos antecedentes tienen sus orígenes en Parsons (1906), pionero de la conceptualización de la orientación vocacional y que centraba su hipótesis en considerar que la orientación debía facilitar al sujeto decisiones relacionadas con aspectos de su vida profesional. En un par de años, Beers (1908) arroja nuevas vertientes en torno a este concepto y considera que la orientación debía estar focalizada fundamentalmente en ayudar al sujeto a conseguir su bienestar psicológico, ofreciéndole así una mayor importancia a éste como persona.

Avanzando un poco más en el tiempo, son también destacables las aportaciones de García Yagüe (1964), quien concibe la orientación como un proceso de ayuda que se debe proporcionar desde el propio centro educativo con la intención de que las personas en constante formación sean conscientes de sus propias capacidades y opciones dentro de su contextos: económico, social o escolar de manera que de forma racional se integren eficientemente en la sociedad. En esta misma línea, Mira y López (1961:2) hacen una reflexión en torno a este concepto y definen la orientación como: “…una actitud científica compleja y persistente destinada a conseguir que cada sujeto se dedique al tipo de trabajo profesional en el que con menor esfuerzo pueda obtener mayor rendimiento, provecho y satisfacción para sí y para la sociedad”. En 1966 Strang y Morris, vuelven a poner de manifiesto que el pilar básico del proceso orientador es cubrir las necesidades personales de aprendizaje del alumno. Es decir, de que existe la necesidad de guiar el aprendizaje de los alumnos, atender sus necesidades y ser sensible ante su desenvolvimiento personal.

Orientar supone por tanto conocer este desenvolviendo personal, ya que sólo de esta manera se podrán reforzar las actitudes positivas y comportamientos constructivos tanto del grupo-clase como del sujeto de forma individualizada. En definitiva, lo que se pretende conseguir es un proceso de ayuda de forma que el sujeto sea capaz por sí mismo de reconocer sus limitaciones y utilizar sus recursos personales en el momento de fijar su objetivo profesional.

Otros autores como García Hoz (1970) manifiesta sus interpretaciones al respecto de forma clave y concisa definiendo la orientación como un proceso de ayuda que debe proporcionarse a los sujetos con la finalidad de que obtengan los medios necesarios para poder solucionar las dificultades que la vida le plantea. Algo más complejas fueron las aportaciones de Cailly (1977), ya que profundiza más sobre esta temática y considera que existen dos únicas tendencias que resumen las aportaciones que se pueden hacer de la orientación. La primera, es una tendencia optimista que entiende la orientación como una acción necesaria que va a ayudar a los jóvenes a elegir su futuro profesional, lo cual contribuirá a su desarrollo personal (orientación-panecea). La segunda en cambio, es una tendencia pesimista que entiende la orientación como un proceso innecesario e incapaz de cambiar el futuro de los jóvenes, ya que se considera que su futuro ya está determinado y sin solución (orientación-inquietud).

Otras aportaciones como las de Repetto (1977-1988) o Gordillo (1979) entienden la orientación como un proceso educativo que debe ofrecerse al sujeto para ayudarle en su desarrollo personal, con la finalidad de que sea capaz de interiorizar sus propios valores y que junto con las aportaciones de los educadores sea capaz de desenvolverse en aquellas situaciones que se le presenten a lo largo de su vida. Además, consideran de gran importancia la aplicación de programas de intervención que con un carácter preventivo pretenden el desarrollo de los sujetos en sus aspectos tanto académicos como profesionales y personales. La orientación debe concebirse por tanto, como un proceso de ayuda integral y sistemática que permita al sujeto a través de las técnicas educativas y psicológicas apropiadas conocerse mejor así mismo y marcarse un reto profesional con base a la realidad económico-social actual.

Ya a principios de los ochenta comienzan a surgir nuevas interpretaciones en las que existen una mayor relación bidireccional entre la teoría y la práctica. García (1982), es un claro ejemplo de esta vertiente y entiende la orientación como un proceso teórico-práctico donde la teoría aborda los conocimientos y destrezas que el sujeto debe ir adquiriendo durante su proceso formativo, y el práctico, como las acciones relativas al desarrollo profesional en el que se pondrán en práctica los conocimientos adquiridos.

Así, la finalidad que se plantea es fomentar el desenvolvimiento pleno de la persona para que sea capaz de tomar sus propias decisiones ante las dificultades que le van a ir surgiendo a lo largo de su vida. Además, de hacer hincapié en esta relación, también es relevante mencionar la importancia que se comienza a dar entre docentes-orientadores-alumnos (Lázaro y Asensi, 1987).

No sería hasta el año 1988 cuando Rivas profundice más sobre la necesidad de crear un mayor vínculo entre la orientación y la escuela, como el primer punto de partida desde el que se debe ofrecer a los alumnos la ayuda que necesitan. Esto se realizará mediante la elección de los estudios o preparación adecuada, dando gran importancia a la necesidad de guías de actividades complementarias que favorezcan la independencia y el hallazgo responsable y no fortuito del compromiso individual que representa la decisión y opción vocacional. Los sujetos deben proyectar su vida y ser consecuentes con sus decisiones ya que éstas conllevarían a repercusiones futuras de mayor o menor magnitud.

Más recientemente, y siguiendo estas mismas líneas, se han realizado nuevas aportaciones. Entre ellas destacamos las realizadas por López (1989:27) quien considera la orientación como: “una forma de asistencia psicológica con características de esclarecimiento, cuyo objetivo es que los consultantes elaboren su identidad vocacional y movilicen su capacidad de decisión autónoma con el fin de satisfacer sus propias necesidades en relación con el contexto cultural y la situación concreta en que su elección tiene lugar. El proceso sistemático se realiza, generalmente en momentos especiales: pasos de ciclos evolutivos o etapas educacionales”. Y las de Montane (1993:39), que define la orientación como: “un proceso que surge para dar respuesta a la problemática que surge en relación con el empleo y la formación para ocupar de forma más o menos inmediata a un puesto de trabajo.” Haremos mención también a las reflexiones realizadas por Álvarez (1995:36), que considera la orientación como: “un proceso sistemático de ayuda, dirigida a todas las personas en período formativo, de desempeño profesional y de tiempo libre, con la finalidad de desarrollar en ellas aquellas conductas vocacionales que le preparen para la vida adulta, mediante una intervención continuada y técnica”. Y a las de Mora (1995:9) que concibe la orientación como aquella actividad centrada en el desarrollo educativo del sujeto, haciendo especial hincapié en fomentar la idea de democratización de la igualdad que debe ofrecerse a todos los sujetos, y la define como: “aquella actividad especializada del proceso educativo, en su organización, métodos y programas, y como fundamento esencial de la democratización de la cultura. La orientación, al ser sinónimo de toma de conciencia, un saber dónde se está, a dónde se va, y por qué caminos y medios, capacita al individuo para conocer sus rasgos personales, aptitudes e intereses y, por consiguiente es casi sinónimo de educación”.

Avanzando algo más en el tiempo podemos exponer las definiciones aportadas por Rus (1996) y las de Sampascual, Navas y Castejón, (1999) quienes consideran la orientación como: “Un proceso de aprendizaje sistemático planeado y científicamente secuenciado y, finalmente supone admitir que la ejecución de sus funciones reclama de esfuerzos de todos los profesionales comprometidos en el proyecto educativo” (Rus, 1996:161). “Aquel servicio técnico, personal y sistemático que se ofrece al alumnado desde el sistema educativo, con el fin de ayudarle a conocer sus posibilidades y sus limitaciones, así como las de su medio, para que tome las decisiones adecuadas para obtener el máximo desarrollo personal, académico y social y para lograr su transición a la vida activa como un ciudadano libre y responsable” (Sampascual, Navas y Castejón, 1999:15).

Finalmente, caben señalar algunas de las reflexiones realizadas recientemente como las de Molina (2001) y la de Clarés (2002) y que entiende la orientación como un proceso continuo e integral, dirigido a todas las personas pudiéndose llevar a cabo tanto de forma grupal como individual y focalizado al entendimiento de diversos aspectos de la persona tales como: sus capacidades, intereses, motivaciones personales y vocacionales.

Teniendo en cuenta la revisión bibliográfica a la que nos hemos referido anteriormente, extraemos como principal conclusión que la orientación ha sido concebida de forma genérica como la ayuda ofrecida a un sujeto para lograr su desarrollo personal. Toda orientación es en el fondo personal, aunque adopte la forma de vocacional o académica en una situación dada. Concebimos por ello que la orientación debe ser entendida como aquella acción educativa inmersa en nuestros centros educativos que debe ayudar a nuestros alumnos en su desarrollo personal, académico y vocacional con el fin de capacitarle a conocer cuáles son sus posibilidades ante la elección de su futuro profesional.

3. Los objetivos y funciones presentes del proceso orientador

Todo proceso orientador debe fundamentarse en una serie de objetivos y funciones que lo caractericen y lo hagan único. Por ello, en este apartado se expondrán los objetivos específicos que persigue la orientación, así como el objetivo general que los engloba. También se abordarán las funciones y principios, los cuales nos ayudarán a entender su funcionalidad. Teniendo en cuenta las apreciaciones realizadas en torno al concepto de la orientación, podemos llegar a considerar que el objetivo fundamental que persigue es ayudar en el desarrollo integral de la persona a través de la adaptación personalizada del proceso de enseñanza-aprendizaje, facilitando la transición entre los distintas etapas y niveles en los que se articula el sistema educativo y el mundo laboral. Y una vez expuesto el objetivo general, llegamos a la conclusión de que los objetivos específicos a los que podemos hacer referencia en torno al concepto que nos ocupa, la orientación, deben englobar muchos aspectos formativos del sujeto. Para ello nos basaremos en los expuestos por Sampascual, Navas y Castejón (1999:16):

  • Ayudar a encontrar los itinerarios formativos adecuados para que los individuos se preparen para desempeñar ocupaciones acordes con sus intereses, motivaciones, capacidades, aptitudes individuales y con las necesidades y demandas sociales.
  • Estimular a los padres a hacer explícitos sus valores, actitudes y a conocer las características diferenciales de sus hijos, ajustando sus expectativas.
  • Buscar la integración del sujeto consigo mismo, perseguir que cada sujeto alcance el ajuste personal y la autoaceptación como facetas de su personalidad.
  • Mejorar el rendimiento académico, el desarrollo de las capacidades y aptitudes del alumno y la adaptación del mismo en el centro educativo.

En cuanto a las funciones que le son propias, son muchas las que se le han atribuido en los últimos tiempos: asesorar a los sujetos (grupal e individualmente), docentes y familia; identificar las necesidades educativas de los alumnos; ayudar en la prevención y localización de las dificultades de aprendizaje; participar en el desarrollo de los procesos de innovación, investigación y experimentación; contribuir a la interacción entre los integrantes de la comunidad educativa; realizar un ajuste del currículum a la realidad del centro educativo; proporcionar a los alumnos ayuda en el ámbito personal, académico y profesional.

Funciones que quedan sintetizadas en cuatro grandes grupos: función diagnosticadora y de ayuda; función de autoconocimiento; función social y función permanente. En los párrafos siguientes explicaremos de forma breve y esquematizada cada una de estas funciones.

  • Función diagnosticadora y de ayuda: esta función ha de intentar que el sujeto consiga su adaptación a lo largo del desarrollo evolutivo de su vida y en el contexto en que se encuentre, para prevenir desajustes, poner medidas correctivas y evitar fracasos.
  • Función de autoconocimiento: uno de los objetivos fundamentales de la orientación reside en proporcionar al sujeto el adecuado conocimiento de sí mismo (Boza, 2001). Debe saber cuáles son sus propias posibilidades para poder establecer en base a esto sus niveles de aspiración y encauzar así su actividad hacia aquellos ámbitos profesionales que más le interesen. Para que esto sea posible, el sujeto debe alcanzar su plena madurez personal de forma que no se desvíe ante el logro de sus objetivos.
  • Función social: las personas cotidianamente manifiestan su conducta en un ambiente social cambiante, marcado por una serie de circunstancias personales, psicológicas y humanas. Es fundamental que el sujeto conozca muy bien a esa sociedad en la que vive, ya que sólo de esta manera podrá garantizar su inclusión en la misma (Mora, 1995). Hay pues que reflexionar sobre el modo de relacionar en la escuela lo profesional y lo personal, ya que sin esa vinculación no podría darse respuesta a las demandas sociales solicitadas.
  • Función permanente: la orientación no se puede entender como un simple consejo realizado en un momento dado, sino que debe entenderse como un proceso continuo capaz de ofrecer al sujeto en cada momento lo más adecuado con base a sus posibilidades y metas. Es un proceso que se centra básicamente en cuatro fases: preparación-formación, acceso, adaptación y progreso (Pérez y Blasco, 2001). No obstante, esto no obsta para que en determinados momentos deba prestarse una atención específica más intensa.

4. Contextos de intervención en la orientación

Los ámbitos de intervención de la orientación presentan varias clasificaciones dependiendo del autor o autores (Galve y Ayala, 2001, entre otros) que tomemos como objeto de estudio. No obstante, de forma generaliza la mayoría coinciden en considerar que son tres los contextos claves de intervención durante el proceso de orientación: el escolar, el profesional y el personal.

Orientación personal. La orientación personal apunta hacia la vida interior del ser humano, hacia su armonía interior, equilibrio personal, conocimiento de sí mismo, sin perder las perspectivas de su entorno. Por ello, es entendida como el proceso de asesoría y guía al sujeto para su desarrollo personal con el fin de conseguir la adaptación y conocimiento de sí mismo, la socialización y la comunicación entre los seres humanos. El conocimiento de sí mismo y del mundo que nos rodea constituyen elementos esenciales en la conceptualización de Rodríguez (1991:11), quien señala que orientar es básicamente: “indicar de manera procesual para ayudar a la persona a conocerse a sí mismo y al mundo que le rodea, es auxiliar a un individuo a clarificar la esencia de su vida, a comprender que es él una unidad con significado capaz de y con derecho a usar su libertad, de su dignidad personal dentro de un clima de igualdad de oportunidades y actuando en calidad de ciudadano responsable tanto en su actividad como en su tiempo libre”.

Consideramos por ello, que la manera en que la orientación se determine afectará a la vida personal del sujeto y por tanto al ámbito social. Lo que se pretende por tanto es organizar aquellos medios que puedan servir de ayuda a los sujetos para alcanzar su pleno aprendizaje de forma gradual lo que supondrá una mayor efectividad del mismo. Desde que somos pequeños debe estar presente la orientación personal, debe concebirse como algo imprescindible en el Sistema Educativo llegándose a aplicar de forma individualizada en cada caso y en base a las necesidades de cada alumno. Ya una vez el escolar pase de etapa, la orientación proporcionada dará un giro y estará más dirigida a ayudar al alumno a que vaya alcanzando su madurez crítica y reflexiva capaz de desenvolverse dotándole de las capacidades de tomar sus propias decisiones.

En definitiva, se persigue el autoaprendizaje del sujeto y para ello en muchas ocasiones se deben utilizar una serie de programas conductuales que nos proporcionen la ayuda que se precise en cada momento dependiendo de seis factores básicos: grado de importancia, necesidades emergentes, sujetos a los que deben ir dirigidos, familia como factor de apoyo, proceso de enseñanza-aprendizaje y tiempo estimado en la ejecución.

Orientación académica. Tras las aportaciones expuestas en el epígrafe anterior parece evidente, que las primeras tareas de orientación antes de que se extendieran al ámbito escolar, apareciesen asociadas a la vertiente más estrictamente profesional, por un lado, y a la vertiente personal, por otro. Pero su extensión al ámbito escolar no se hizo esperar y este hecho aparece justificado, según Sampascual, Navas y Castejón (1999:12), al menos por tres razones.

En primer lugar, porque el mundo del trabajo se ve ampliado como consecuencia del desarrollo económico y social y en la actualidad son muchas las profesiones en las que el sujeto puede encontrar una ocupación. Es por ello, por lo que la diversidad de profesiones requieren en los sujetos que las van a desempeñar las destrezas y virtudes necesarias para poder realizarlas eficientemente. Sin ayuda, pues, de la orientación es difícil que los sujetos se encaminen con acierto hacia los estudios que abocarán en aquellas profesiones que mejor encajen con sus aptitudes e intereses.

En segundo lugar, porque la escolaridad obligatoria se ha ampliado en la mayoría de los países hasta los 16 años (LOGSE, 1990). Consecuencia de ello es que las Instituciones Educativas tengan escolarizados alumnos y alumnas con todo tipo de antecedentes, lo que da lugar a que en las aulas se den grandes diferencias entre alumnos en cuanto a intereses, actitudes, posibilidades y rendimiento.

Esto conlleva la necesidad de individualizar las enseñanzas para poder adaptarlas con base a las particularidades de cada persona lo que implica una necesaria actitud orientadora. La escuela debe ayudar a cada sujeto a proyectar sus objetivos tanto formativos como vocacionales y a progresar en ellos de acuerdo con sus capacidades reales. La actividad del profesorado no debe limitarse por ello a ser sólo una actividad instructora, sino que debe plantearse también como una actividad orientadora. Y en tercer lugar, porque nos encontramos con la problemática relacionada con los desajustes personales y las dificultades de adaptación que presentan algunos de los alumnos, ya sea familiar, social o escolar, que tiene una consecuencia inmediata en el ritmo e intensidad de sus aprendizajes escolares y en el tipo de relaciones que establecen con sus compañeros y con sus profesores.

Esto plantea también la necesidad de una actividad orientadora que permita ayudar a aquellos alumnos que presente algún desajuste en cualquiera de estos niveles (personal, familiar o social). En conclusión, la orientación formativa es un proceso de ayuda al estudiante para que sea capaz de resolver los problemas que la vida académica le plantea ofreciendo a cada sujeto variantes (objetivos fijados, metas a alcanzar, oportunidades de realización,…) según la edad y el nivel del escolar.

Orientación profesional. Partiendo de la idea de que la orientación profesional se postula como un trabajo que constituye un aspecto fundamental en la vida del sujeto, podemos vislumbrar dos estrategias de intervención básicas a tener en cuenta. Uno más clásico, centrado en ofrecer la formación práctica sobre un oficio u ocupación concreta y otro más inteligente, centrado en asesorar al sujeto con base a sus actitudes, aptitudes, inquietudes y sobre todo aspectos vocacionales, pero siempre teniendo en cuanta las necesidades reales del mercado de trabajo. De este modo, cada orientador tenderá a tener presente la gran variedad de aspectos a tener en cuenta en todo proceso antes, durante y posteriormente de forma que cada programa se adecue a cada sujeto teniendo para ello en cuenta factores tales como: funciones a desarrollar, información ocupacional, tests para la recogida y delimitación del perfil profesional y áreas de desempeño laboral.

A este respecto, los enfoques más tradicionales irán perdiendo protagonismo convirtiéndose en simples versiones parciales del tipo de orientación ofrecido a los sujetos hasta el momento. Este cambio surgió como consecuencia de las presiones e influencias derivadas de las reformas llevadas a cabo que supondría un cambio no sólo en el contenido si no en la forma de intervención pedagógica.

Nacen por tanto, nuevas estrategias de actuación, nuevos métodos de organización, modificaciones conceptuales y teóricas que se adaptarían mejor a las necesidades del momento. Surge así, un gran movimiento en la educación que gira en torno al asesoramiento profesional. Desde esta perspectiva la orientación se está concibiendo por tanto como un camino decisivo hacia el futuro profesional de los sujetos y la propia Comunidad Educativa. Se está comprendiendo la importancia de este proceso otorgándole importancia y llevando a cabo las modificaciones curriculares necesarias dentro del contexto escolar. Derivado de todo esto habrá que reflexionar también sobre los programas, modelos, técnicas y procedimientos a definir para poder llevar a cabo la orientación de forma que le permita al sujeto encontrar el camino profesional que mejor se adapte a sus capacidades e inquietudes. Para ello, se llevará a cabo una evaluación previa en la que se tengan en cuenta las necesidades manifestadas por los sujetos.

5. Conclusiones

Son muchas las definiciones, las formas de entender su significado, principios y funciones las que han ido apareciendo a lo largo de la historia de la orientación, pero todas coinciden en definirla como un proceso de ayuda que debe concederse a todos los sujetos con la finalidad de otorgarles las destrezas que necesitan para poder desenvolverse en el complejo mundo en el que vivimos.

El proceso orientador debe otorgar a la persona una enseñanza integral en todas sus vertientes, es decir, debe enseñar al sujeto cómo es (orientación personal), por qué es mejor en unas materias o disciplinas que en otras (orientación académica), o cuál es su verdadera vocación (orientación profesional). Con estas premisas, la persona podrá estructurar su propio itinerario, su camino, estableciendo para ello aquellas metas futuras que pretenda alcanzar en un corto, medio o largo plazo.

La orientación debe ser entendida por tanto como un elemento de calidad dentro de nuestro Sistema Educativo que va a permitir al sujeto lograr por sí mismo sus propósitos con base a sus necesidades, intereses, capacidades y limitaciones.

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*Labora en el Colegio Superior para la Educación Integral Intercultural de Oaxaca (CSEIIO) www.cseiio.edu.mx. Función: Asesora-Investigadora. Perfil: Licenciatura en Informática, Maestría en Pedagogía de las Ciencias Sociales y estudiante de Doctorado en Investigaciones Educativas por el Instituto de Investigaciones Sociales y Humanas www.isociales.edu.mx.

Recibido: 03/07/2018 Aceptado: 07/09/2018 Publicado: Septiembre de 2018

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