LA MEMORIA HISTÓRICA DE LOS PUEBLOS SUBORDINADOS

David Charles Wright Carr
Luis Enrique Ferro Vidal
Ricardo Contreras Soto

Don Lobo y don Coyote: Líderes de la resistencia chichimeca del siglo XVI

Phyllis M. Correa
Francisco Gerardo Correa Yáñez
Universidad Autónoma de Querétaro

Resumen

Durante la conquista de Querétaro y Guanajuato en el siglo xvi, dos líderes chichimecas, conocidos como Don Lobo y Don Coyote, jugaron un papel importante en la resistencia contra los invasores españoles y sus aliados otomíes y purépechas. Según la relación de Nicolás de San Luis Montañés, estos personajes fueron los líderes del ejército de chichimecas en la batalla del cerro de Sangremal que se realizó en Querétaro. Guerrero Tarquin (sin fecha) comenta que siguieron en su lucha contra el avance de los españoles y sus aliados hacia el Norte siendo objetos de una constante persecución. Sin embargo, nunca fueron aprehendidos o muertos. También hay noticias de que hace aproximadamente 50 años todavía se cargaban sus cruces de ánimas en la Entrada de los Xúchiles que se realiza cada año durante las fiestas patronales en la ciudad de San Miguel de Allende. El objetivo de esta ponencia es indagar sobre la memoria histórica colectiva que se tiene respecto a estos dos personajes y la veneración que se les otorga hoy en día.

Palabras clave: memoria histórica, religiosidad popular, Guanajuato.

Introducción

 

En varias fuentes históricas, hay mención de dos líderes chichimecas conocidos como don Lobo y don Coyote quienes jugaron un papel importante en el proceso de la conquista y colonización de Querétaro y de Guanajuato durante el siglo xvi. Nicolás de San Luis Montañés dijo en su relación que fueron los líderes de las huestes chichimecas en la batalla del cerro de Sangremal en Querétaro. Al revisar la información de las diversas fuentes más al fondo se encontraron más datos sobre estos personajes pero la información que se tiene es contradictoria respecto a la naturaleza de su participación y parece ser de poca confiabilidad histórica.


      Por otro lado, de acuerdo a Manuel Nava a mediados del siglo xx, las personas de la comunidad de Boca de la Cañada al sur del municipio de San Miguel de Allende, veneraban dos cruces representando a las ánimas de estos líderes de la resistencia chichimeca. Dice al respecto:

Don Lobo y don Coyote eran los principales jefes chichimecas, guamares. Según la historia eran salvajes y desalmados. Todavía en vida de nuestro muy querido y respetado Sr. Cura Párroco (en aquel entonces) José Mercadillo Miranda, los vecinos de Boca de la Cañada traían el día de la entrada de los xúchiles, unas crucitas representando las almas de don Lobo y don Coyote. Dichas crucitas entraban junto con la Santa Cruz de Calderón (principal elemento en la fiesta de Señor San Miguel) pero Monseñor, queriendo seguir su propia obra de catequización y evangelización, pensó que las almas de unos asesinos y, además, enemigos de la Corona, no podían ser representadas en una cruz y les prohibió que siguieran trayéndolas (Nava, sin fecha, p. 9).

 

      También menciona que estos aguerridos chichimecas emboscaron a los españoles en el Infiernillo (hoy Cañada de la Lejona) a unos cuantos kilómetros del sitio de lo que sería la villa de San Miguel el Grande (hoy de Allende) y enfrentaron al español, Juan Yáñez, capitán conquistador, y sus soldados en la Boca del Infierno (hoy Cañada de la Virgen) hacía 1552. Estos datos que parecen venir de informantes que participaban en las tradiciones religiosas que giran alrededor de la Santa Cruz del Puerto de Calderón, como don José Patlán, antiguo guardián de la cruz. Nos llamó la atención la veneración de estas ánimas porque no aparecen como personajes en el relato fundacional que se conoce en la zona sobre la batalla en el Arroyo de los Frailes en septiembre de 1531 y la aparición de la Santa Cruz del Puerto de Calderón (Correa, 1998). Sin embargo, sí aparecen en los relatos sobre la fundación de Querétaro.


      El propósito de esta ponencia es hacer un recuento de los relatos sobre don Lobo y don Coyote de diversas fuentes y luego ver como son integrados estos personajes en el imaginario colectivo hoy en día en el municipio de Allende. El objetivo no es establecer una versión más histórica sino tomar en consideración lo que dice Rubial García (2004) al referirse a la leyenda fundacional de Querétaro en el sentido de que la historia no puede ser considerada como algo estático o lejano del presente y por esta razón “la leyenda […] es una prodigiosa historia que concibe al pasado como una herramienta que permitirá echar a andar un proyecto, como una fuente de la que podían salir los símbolos forjadores de una identidad” (p. 56). Principalmente, el propósito fue averiguar si aún existe una veneración de sus ánimas en la comunidad de Boca de la Cañada.


      El texto tendrá la siguiente estructura: (1) una breve historia de San Miguel de Allende en los primeros años de la conquista; (2) un recuento de las algunas de las diversas fuentes donde encontramos referencias a los personajes estudiados; (3) una descripción de los guamares ya que don Manuel Nava los coloca en este grupo étnico y San Miguel fue uno de los centros principales de este grupo; (4) información de coyote como nombre o apellido; (5) el significado de lobo y coyote en la mitología de Norteamérica; y (6) algunos rastros de su memoria de don Lobo y don Coyote que se encontraron en el municipio hoy en día.

San Miguel y sus primeros años

Al tiempo de la conquista española, el área de estudio estaba fuera de la cultura Mesoamericana de alta civilización como lo define (Kirchhoff, 1943). Existen evidencias de casi 100 asentamientos ceremoniales estructurales, plazas y terrazas para el periodo clásico y postclásico en el municipio (300-1100 D.C.); especialmente notorios son los sitios de San Miguel Viejo y Cañada de la Virgen (Martínez y Nieto, 1987). Este último ha sido excavado y está abierto al público.


      Desde antes de la Conquista, San Miguel parece haber sido una zona de confluencia cultural donde varios grupos de chichimecas convergían (pames, guamares y guachichiles principalmente), aunque la naturaleza de su interacción no es clara. De acuerdo a Jiménez Moreno (1984), San Miguel fue el núcleo principal de los guamares y que durante los primeros años de la conquista demostraron tener redes de organización política con otros grupos. Se desconoce si estas redes o confederaciones existían antes de la llegada de los conquistadores o si se aglutinaron en defensa de sus territorios.


      Se cree que San Miguel fue fundado por primera vez en 1542, por el fraile franciscano, Juan de San Miguel. Él había convertido a unos pocos nativos y estableció una misión cerca de las orillas del río Laja aproximadamente a cuatro o cinco kilómetros al oeste de la ubicación actual de la ciudad.


      En 1543, Juan Jaramillo, uno de los conquistadores de Tenochtitlán, defensor de fronteras y encomendero de Jilotepec, recibió un permiso oficial para explorar las tierras al norte de este pueblo. Tenía que reportar al virrey y hacer recomendaciones respecto a las políticas para establecer relaciones con los grupos nómadas del Norte. Como resultado de estas expediciones, recibió concesiones de tierra para la cría de ganado en la vecindad de San Miguel (Powell, 1984, p. 21). De acuerdo a Francisco de la Maza, uno de los primeros colonizadores de San Miguel fue un noble otomí de Nopala, pueblo que pertenecía a Jilotepec, don Fernando de Tapia, quién fue aliado de los españoles en la conquista y fundación de la ciudad de Querétaro (De la Maza, 1972, p. 14).


      A partir la conquista de Querétaro, hay constantes ataques y disturbios por parte de grupos de chichimecas contra los españoles y sus aliados indígenas pero no hubo evidencia de una resistencia organizada y generalizada hasta la guerra del Mixtón en 1542 (Powell, 1984). Al principio, la expansión de los españoles hacia el Norte fue por la necesidad de propagar la cría de ganado, pero el descubrimiento de las minas en Zacatecas en 1546 provocó un gran flujo hacia este lugar al final de la década, dejando casi vacías y desprotegidas grandes zonas entre las poblaciones establecidas a lo largo de la frontera chichimeca al sur (pp. 29-30). En 1550 surgieron una serie de ataques a poblaciones, estancias y las caravanas que transitaban el Camino de la Plata por indios zacatecos, guachichiles y guamares. El primer ataque fue contra la estancia de Diego de Ibarra y todos los habitantes fueron muertos. También incursionaron en el poblado de San Miguel dando muerte a catorce o quince personas. El poblado formado por indios tarascos, chichimecas y otomíes ya contaba con una misión franciscana, un hospital y un colegio pero al ser atacados quedó abandonado el lugar. Una parte de los chichimecas pacíficos se trasladaron a San Antón (de las Minas) cerca de Dolores Hidalgo y otros a la zona de Celaya. Los atacantes fueron copuces, un grupo de guamares, con Carangano como su líder. Este líder se alió después con otro grupo encabezado por Copuz Viejo, su pariente, y atacaron otra estancia asesinando a los residentes, quemando los edificios y matando unos animales de considerable valor (pp. 44-45).


      Para contrarrestar estos ataques, el virrey, Luis de Velasco, organizó tres expediciones entre 1551 y 1553 sin mucho éxito. A raíz del informe presentado al virrey por el español Juan Yáñez, conquistador y poblador de San Miguel y posteriormente su primer teniente de alcalde mayor, describiendo el combate que tuvo con los chichimecas en la Boca del Infierno (hoy Cañada de la Virgen) habiendo resultado vencedor, Yáñez le solicita la fundación de la villa de San Miguel. El 10 de diciembre de 1555, el virrey ordenó la fundación de San Miguel como villa de españoles (Powell, 1984, pp. 80-81) ya que era una posición estratégica en la frontera chichimeca y cruce de caminos de las principales rutas hacia las minas de Guanajuato y Zacatecas (pp. 23-24).


      El documento para elevar al pueblo a villa dice “os hago saber […] que por evitar las muertes fuerzas e robos que los chichimecas han fecho en el camino de los zacatecas se funde en el pueblo de San Miguel una villa de españoles para la seguridad del dicho camino […]”. El virrey Velasco tenía la intención de fundar personalmente la villa, pero no fue posible por encontrarse enfermo. Envió a Ángel de Villafañe para ejecutar la orden nombrándolo autoridad española en la villa y designando a don Domingo Pérez, indio principal, gobernador de los chichimecas, y de los otomíes, a don Juan de San Miguel. Se concedió a la villa “tres leguas de términos por todas partes”. El título de la villa, sin embargo, no fue entregado hasta 1559 (De la Maza, 1972, pp. 15-16).


      Durante los primeros años de existencia de la villa, los residentes eran responsables de su propia defensa pero con el recrudecimiento de ataques por los chichimecas organizados en una gran alianza de distintas tribus, después de 1560, aparte de fundar más villas, se estableció el sistema de presidios en puntos estratégicos en la frontera norte de la Nueva España (Powell, 1984, pp. 81-82). Después de 50 años de conflicto, la pacificación de los grupos nómadas rebeldes se logró en la década de 1590 y nunca “por la espada, sino mediante una combinación de diplomacia, compra y conversión religiosa (p. 213).

      Como se puede apreciar, en estas dos fuentes sobre la historia de los primeros años de San Miguel, De la Maza (1972) y Powell (1984), no hay ninguna mención de dos líderes chichimecas conocidos como don Lobo y don Coyote. Tampoco hay mención en el texto escrito por Guillermo de Santa María describiendo de primera mano a los grupos chichimecas durante el siglo xvi (2003). La presencia de estos líderes de la resistencia chichimeca en la zona de San Miguel de acuerdo al texto de Manuel Nava (sin fecha) y la veneración de sus ánimas en la comunidad de Boca de la Cañada indicaría un vínculo con la zona que consideramos interesante por varias razones. Entre ellas, el hecho de que en la tradición de los grupos concheros del Bajío y el complejo religioso que gira alrededor de la Santa Cruz del Puerto de Calderón, ellos dejaron de combatir contra los españoles y sus aliados indígenas aceptando la fe católica, a consecuencia de la aparición milagrosa de la Santa Cruz en el cielo, durante una batalla entre otomíes cristianizados y chichimecas no cristianizados cerca al arroyo de Los Frailes en 1531, como relata el mito de fundación (Correa, 1998). Dentro de este contexto, nos surgió el interrogante: ¿Si el mito de fundación es el recuerdo del proceso de conquista y colonización que se dio en la zona de San Miguel y que se conmemora cada año en las fiestas patronales de septiembre, cómo podemos entender la veneración de don Lobo y don Coyote, quienes nunca fueron sometidos o evangelizados? Por esta razón, surge la inquietud de indagar sobre ellos y averiguar si todavía hay una tradición oral sobre ellos que tenga vigencia hoy en día.

      Para precisar la zona de operaciones de don Lobo y don Coyote referida por don Manuel Nava, de acuerdo a documentos recopilados por Wright (1998, p. 115) la frontera con los chichimecas estaba en el área de San Lucas y San Agustín, al sur de San Miguel, cerca de Chamacuero (hoy Comonfort), donde había una fuerte. San Lucas fue un pueblo de guachichiles aliados de don Juan Martín, capitán de cuerpo, y su sobrino, Pedro Martín de Toro. Esta frontera coincide con las acciones bélicas de don Lobo y don Coyote, mencionadas por don Manuel Nava: la batalla del Arroyo de los Frailes en 1531 y la batalla de Juan Yáñez en la Boca del Infierno en 1552. Entre Chamacuero y San Miguel, el cerro de Palo Huérfano seguido al este por el Puerto de Calderón (antes de los Bárbaros), paso obligado del Camino Real de Celaya, que se conectan a la serranía de los Cordonices que se extiende hacia Guanajuato al oeste, forman una barrera natural de difícil acceso, lleno de cañadas y cuevas que daba protección a los grupos de chichimecas no pacificados. La comunidad de Boca de la Cañada y Cañada de la Virgen donde Yáñez se enfrentó con los chichimecas en 1552 están enclavadas dentro de esta serranía, a aproximadamente ocho kilómetros hacia el este del Puerto de Calderón. Se puede apreciar esta formación geológica en el Mapa de San Miguel de 1580 e inclusive hay dos indígenas ahorcadas en el sitio de Puerto de Calderón donde fue construida la capilla para la Santa Cruz que de acuerdo al mito de la batalla de 1531 apareció en el cielo. De igual manera, esta batalla, de la cual no hay fuentes históricas más que la tradición oral de los habitantes de la zona y algunos documentos que ellos poseen, ocurrió en el arroyo de Los Frailes, a uno o dos kilómetros en la bajada del Puerto en dirección a San Miguel (Correa, 1998).

Los guamares

Según fray Guillermo de Santa Maria (2003), los guamares se dividían en cuatro o cinco grupos aunque hablaban una sola lengua. Su centro se ubicaba en la villa de San Miguel y se extendían desde el río Lerma y Michoacán al sur hasta las montañas de Guanajuato y San Felipe en el norte, casi llegaban hasta Querétaro por el este y Aguascalientes por el noroeste. Este grupo fue considerado el más “valiente y belicosa, traidora y dañosa, todos los chichimecas” (p. 206). Conformaban una confederación con otros guamares conocidos como copuces que se dividían en tres parcialidades, unos en paz asentados cerca de Celaya y otros confederados con guaxabanes y sanzas de lengua guachichil (p. 207).

      No se tiene referencia clara a que familia lingüística pertenecía este grupo, aunque parece que tuvieron “un lenguaje propio” (Powell, 1984, p. 245, n. 20). La falta de información probablemente se debe a que los guamares desaparecieron de los documentos al final del siglo xvi aunque siguió habiendo menciones de los copuces que formaban parte del mismo grupo. Por ejemplo, guamar no aparece como una designación étnica en los registros de bautizos en los libros de la notaria de la parroquia de San Luis de la Paz comenzando en 1590 (Ramírez, 1952). Los primeros bautizos se realizaron en La Petaca, San Antonio, Jofre y San Luis de la Paz. La Petaca es la más cercana a San Miguel. Algunos registros no contienen una designación étnica aunque por los nombres o apellidos se puede suponer que son indígenas. Entre los que sí tienen este dato, hay guaxabanes (“vaxabanes”), guachichiles (“vuachichil”), otomíes (“otomites”), copuces, pames, chichimecos, y tarascos (pp. 152-172).

      Quizás los sobrevivientes de los guamares en la zona huyeron o se asimilaron al patrón cultural y lengua de los otomíes. Es difícil, por su forma de hacer guerra, pensar que fueron completamente exterminados. De hecho, hoy en día, la gente en varios barrios de la ciudad de San Miguel afirman ser descendientes de chichimecas y no de otomíes pero al consultar los primeros registros en la notaria de la parroquia de San Miguel que empiezan en 1631, predominan los otomíes en los registros y no hay ninguno con una designación étnica referente a algún grupo de chichimecas. Para efectos de este estudio, el interés por los guamares es porque, de acuerdo a don Manuel Nava (sin fecha), don Lobo y don Coyote pertenecían a este grupo (p. 9).

Relatos sobre don Lobo y don Coyote

 1. Relación de Nicolás San Luis Montañés

A continuación se reproduce el fragmento de Relación de Nicolás de San Luis Montañés. Según la relación, los indios, encabezados por él y Fernando de Tapia, ya tenían un año poblando a Querétaro, habiendo conquistado a 25,000 chichimecas el día de 25 de julio de 1522. 1 Con respecto a don Lobo y don Coyote, Montañés dice lo siguiente:

por la mañana antes de salir el sol, empezamos a hacer la guerra, que fue el día del señor Santiago. Todos quedaron ensangrentados y muy fatigados, los bárbaros lo mismo; dos capitanes chichimecos llamados don Lobo y don Coyote quedaron muy enojados y nunca pudimos conquistarlos, decían que iban a traer más gente que tenían en el Cerro Gordo en Media Luna; [sin embargo,] los andaba apaciguando el dicho capitán [chichimeco] don Juan Bautista, diciendo que no haya más guerras, ya que los cristianos ganaron este puesto, por su brazo y sudor y había costado derramar su sangre […] fue a su mandado de Dios Nuestro Señor y de su Majestad; sosiéguense; que basta, porque mi palabra que he dado vale mucho (Fernández y Mendoza, 1992, p. 40).

2. Documento utilizado por fray Francisco Xavier de Santa Gertrudis para elaborar el libro La cruz de piedra, imán de la devoción, en 1722

Cabe señalar que Rubial García (2004) considera que este documento es un agregado de diversas versiones de la conquista de Querétaro y no hubo una preocupación por resolver contradicciones y ambigüedades en el contenido incluyendo la fecha de la batalla de Sangremal de 1502. Él considera que el documento tiene características similares a los “títulos primordiales”:

Sonando el clarín y disparar las armas de fuegos ciete hombres a caballo […]. Señor don Nicolás sus armas de Santiago […] viene caminando los camino los llanos lisos. Algunos mecos, que anda en los cerros lo devisa, fueron a topar la conquista, otros que viene otro lado, otros que embió los capitanes de la Gran Chichimeca mil chichimecos a recibir, con su capitán de un meco flechador a onde están este cerrito gordo colorado, y está unas peñas con dos cuebas grandes, onde estaban sus casas de ellos, un chichimeco estaba llamado don Lobo, y allí esperaba la Christiandad mil chichimecos, que pusiero una enrramada, todo de palma sotol muy grande, y colgaro la campana. […] Empezaro a guirriar […], ce flecharo unos y otros, todos ellos dieron ladrido pelando: se pusiero todos los cathólicos el puesto bueno a lado derecho de la fe, éstos son los mecos muy brabos de otras naciones, el cerro que llama el Lobo y otro capitán de ellos se llama el Coyote […] (Rubial, 2004, pp. 80-81).

      Don Nicolás, capitán general, mandó llamar al cacero del cerro, que es don Lobo, chichimeco viejo al que llamaro El Meco, su pellido Mataro, muy ballente y otro chichimeco, que se llama su pellido don Coyote del munte del lobo. Llegaro con mucho obedecimiento de mi bos, de mi lengua de chichimeco […] le di su ejemplos de su lengua de ellos, que cepa hora qué es la Christiandad que traemos, que ay Dios […]. Oyéndome esta razón los dichos chichimecos, caballeros, hincando ellos de rrodillas delante del padre […] le besó las manos y los pies […] dijo ellos que ce concluya […] por la mañana ante que salga el sol el día de Santiago, allá vamos todos a ser esta conquista […]. Llamaron al Saurín [sacerdote indígena] aquella nochi, le tomaro su pareser que dijo: muy bien viene la Christianda, que está de paz los chichimecas […] [que] se ha de haser la guerra a hombres a hombres sin armas ninguno (Rubial, 2004, p. 83).

      Después de describir aspectos de los ejércitos, el documento continúa:

que viene otros quinientos mecos con el capitán Lobo y don Coyote de los naciones del cerro gordo que llaman a todo una piesa entero de masiso […] que ya los mecos está dasando [danzando?] todos encima el cerrito muy tupido […] éste día está puesto su vida […] que se paró el sol y se puso muy marillo jumiado […] apareció una cruz alta, como quatro brasadas de alto, con sus resplandor y blanco en medio de los chichimecos […] muy hermosísimo de rrayos a la Santíssima Cruz y a Santiago por un lado apareció en medio de ellos […] (Rubial, 2004, p. 88).

      Más tarde don Nicolás juntó a todos los chichimecas a las dos de la tarde para elegir los principales quedando don Fernando de Tapia como gobernador y capitán de la fundación. Entre los doce principales se encontraba a don Juan Coyote, y el capitán de los chichimecos. Don Juan Bautista, y don Lobo, “son los cabildo que pide a los dichos chichimecos, son gobernadores los tiempos que viniere, se han de elejir sus sendencias” (Rubial, 2004, p. 95).

3. La versión de Alfredo Guerrero Tarquin en su libro Tradición y leyendas chichimecas

Advierte Guerrero Tarquín que el objetivo de este texto es realizar “un relato de algunos acontecimientos de carácter histórico y de algunas de las leyendas y tradiciones” que circulan entre los habitantes de Guanajuato, y sus estados vecinos: San Luis Potosí y Querétaro (Guerrero, sin fecha, p. v). En pocos casos consultó a archivos, ya que la mayoría de la información lo obtuvo conviviendo con los chichimecas de la misión en San Luis de la Paz durante doce años (Guerrero, sin fecha, pp. x-xi).

        Después de la batalla ocurrida el 25 de julio en el cerro de Sangremal en 1531:

         […] gran parte de sus tribus [los chichimecas] […] se replegaron definitivamente al interior, donde era fama que existía un poderoso contingente de mecos bravos […] mientras [Nicolás de] San Luis se lanzaba a la aventura por el oriente, tratando de flanquear a los rebeldes, don Fernando de Tapia y los esposo Chichimeca Criado llegaban hasta el puerto de “El Pinto”, donde encontraron muy fuerte resistencia por parte de los naturales que eran unos mecos pintados […]. [Don Fernando] optó por retirarse a sus cuarteles de Andamexey [Querétaro] […] don Fernando, que sabía hacer las cosas de una manera serena e inteligente, organizó una cuadrilla de maceguales que se encargaron de abrir una brecha entre el Puerto del Pinto y Andamexey, pero cuando andaba en estos trabajos de asentar el camino […] sufrió un ataque feroz y despiadado por parte de dos famosos guerrilleros chichimecas que, según la relación de don Nicolás de San Luis, se llamaban don Lobo y don Coyote, que hacían honor a sus apodos por la ferocidad que desplegaban en todos sus ataques. El naciente poblado [de Querétaro] […] quedó reducido a cenizas humeantes y lugar de desolación y muerte.


        Consumada esta sobresaliente hazaña, don Lobo y don Coyote se retiraron tranquilamente por el rumbo de Los Capulines [cerca de San José Iturbide, Guanajuato], hasta donde fueron perseguidos por las columnas que estaban acantonadas en un fuerte denominado Chichimequillas, en número muy superior a los atacantes, que tuvieron la ventaja de la sorpresa.


        Don Nicolás de San Luis […] decidió […] [enviar] diez columnas por todo el territorio, sin permanencia fija en ningún lugar […]. Reservó fuertes escoltas que lo acompañarían en sus exploraciones y [otras] guarneciendo el centro de sus operaciones, que era Santiago de Querétaro. Veinte capitanes de primera y siete mil indios flecheros tomaron parte en esta acción guerrera, una de las más grandes de aquellos tiempos […] se lanzaron por todos los rumbos en persecución de los chichimecas […] (Guerrero, sin fecha, pp. 33-35).

      Para llegar a Zacatecas, los conquistadores trataron de abrir camino por Montenegro al norte de Querétaro, sin embargo, cuando llegaron a los pantanos de Curi-Nits (hoy San José de Iturbide, Guanajuato) su paso fue impedido misteriosamente por la presencia de aguas que inundaban el terreno.

Intentaron pasar por las partes altas pero fueron atacados por miles de chichimecas y tuvieron que retroceder a Puerto del Pinto nuevamente. Ante esta situación:

la banda de don Lobo y don Coyote hizo otra entrada a la villa de Andamexey […] salieron avantes los chichimecas, pero hubieron de lamentar muchas pérdidas, porque para entonces ya contaba con defensas el naciente poblado, lo que fue una sorpresa para los chichimecas […]. Estos dos valientes chichimecas […] fueron el blanco de enconada persecución […] [pero] no pudieron lograr [su captura] porque el espesor de la serranía los protegía, haciendo imposible a los atacantes darles alcance, además de que por su astucia y tacto guerrero, ni por su paso por las rocas de las montañas dejaban el menor rastro que sirviera de guía a sus perseguidores. Así eran de aguerridos aquellos guerreros chichimecas a quienes con tanta justicia calificaron los españoles como dos fieras extraordinariamente sagaces, que atacaban cuando menos se esperaba y se perdían en la noche sin dejar huellas (Guerrero, sin fecha, p. 37).

      Cuando don Juan Chichimeca Criado no pudo sostener su posición en el Puerto del Pinto, estableció un campamento fortificándolo sobre la cordillera del Pinto lo que sería después el Fuerte de Santa Rosa (¿Jáuregui?), hoy un pueblo de Querétaro. En vez de continuar hacia el Norte, se desvió el camino hacia Itzcuinapan (lo que sería llamado San Miguel después) en 1532 pasando por Buena Vista (Guerrero, sin fecha, pp. 37-38).


      Respecto a la presencia de los chichimecas en las fuentes históricas, lamenta Guerrero Tarquín (sin fecha) que

la Historia la escriben siempre enalteciendo a los vencedores, ocultando sus crímenes de guerra o justificándolos de alguna manera […] cuantos han escrito sobre la actuación de los chichimecas en aquellos tiempos remotos, con muy raras excepciones, los han denigrado […] pasaron a la historia considerados como chusma de hombres salvajes, feroces, capaces de los más horrendos crímenes […]. El valor, el arrojo, la sagacidad y los ideales libertarios de sus jefes y caudillos, ni siquiera se mencionan […] lo que de ellos se dice respecto a su vida guerrera o familiar, es para execrarlos, pasando como sombras fugaces de un pasado del cual parecen avergonzarse los siglos (Guerrero, sin fecha, p. 47).

4. Recopilación de don Manuel Nava sobre la historia de San Miguel de Allende

Como ya se mencionó en la introducción, de acuerdo a don Manuel Nava, los principales jefes chichimecas que encabezaban la resistencia en la zona de San Miguel fueron don Lobo y don Coyote, indios guamares. Hace más de 60 años, todavía traían unas crucitas que representaban sus ánimas personas de Boca de la Cañada para acompañar a la Santa Cruz de Calderón el día de las fiestas a San Miguel pero el cura de la parroquia por considerarlos asesinos y enemigos de los españoles y la religión católica, prohibió su participación (Nava, sin fecha, p. 9).
      Dice don Manuel que los guamares vivían en el Ojo de Agua en el Cerro de las Tres Cruces, en la Cañada de la Virgen y en el Agua Espinosa y que fueron defensores de su territorio dando batalla en lugares como Portezuelo (hoy San Felipe, Guanajuato), San Luis Potosí, Zacatecas, Las Cañas (al norte de San Miguel), Boca del Infierno (hoy Cañada de la Virgen), y El Infiernillo (hoy La Lejona). Además, en este último, muy cerca del poblado de San Miguel don Lobo y don Coyote habían emboscado a los españoles y después en 1552 enfrentaron a Juan Yáñez en Boca del Infierno (Nava, sin fecha, pp. i-v).

      La importancia del texto es que relaciona a don Lobo y don Coyote con la zona de San Miguel de Allende, lo cual no se había visto en ninguna otra fuente. En una llamada telefónica a don Manuel Nava, tratamos de averiguar la fuente de su información pero en este momento no se acordaba aunque podrían haber sido informantes con quien él sostuvo pláticas hace varias décadas como don José Patlán, antiguo guardián de la Santa Cruz del Puerto de Calderón.
      En otro párrafo, citando a don José Patlán, don Manuel dice que después de la batalla en el cerro del Sangremal, los conquistadores se dirigieron hacia Apaseo. De allí los capitanes Manuel de Luna, Martín Patlán, Macedonio Ramírez, Marcos Degollado, Francisco Xavier Valle y Pedro Pablo Zamora,2 y otros tomaron rumbo para Chamacuero (hoy Comonfort) e Itzcuinapan (hoy San Miguel). Al llegar al Puerto de Calderón se enfrentaron a don Lobo y don Coyote de nuevo en una feroz lucha entre más de 30,000 indígenas. La sección sigue con el relato sobre la batalla y la aparición de la Santa Cruz cuando los indios bárbaros dejaron de pelear aceptando ser bautizados (Nava, sin fecha, pp. 2-3). Señalamos que la versión del mito difundido por don Félix Luna (Correa, 2006) no da los nombres de los líderes de los chichimecas no cristianizados.

5. El texto Los concheros y su origen de Lolita Vargas3

Las versiones difundidas actualmente por las diversas mesas de danzantes concheros, nos proporcionan una visión de cómo interpretan la conquista y fundación de Querétaro en el presente. En la versión que se reproduce aquí, se puede ver una similitud con la relación de don Nicolás de San Luis Montañés. Sin embargo, agregan un elemento nuevo. Solamente aparentaban aceptar la nueva religión con el fin de encubrir y proteger a sus verdaderas creencias y costumbres. Consideramos que esta versión podría tener algo de verdad, ya que James Scott en su libro, Los dominados y el arte de la resistencia: Discursos ocultos (2000), muestra que entre los grupos subalternos es común adoptar los discursos de los dominadores dándoles un significado distinto: un discurso de resistencia a la dominación.

El fuego de la hoguera formaba caprichosas formas […], indudablemente que anunciaba cambios. Poco a poco […] se fueron incorporando los Guerreros, los Jefes Chichimecas […] [que habían sido convocados] por don Lobo y don Coyote, para tratar un tema muy serio, la oferta hecha por el Pochteca Coni, de origen Otomí. Analizaban el tema de acuerdo a lo que sus enviados habían observado recorriendo cada uno de los ‘Vientos’, las noticias no eran buenas.

        El hombre blanco avanza, destruye todo a su paso, las antiguas formas están muriendo, las señales divinas indican que es inevitable un nuevo tiempo, la encomienda para nosotros es salvar el antiguo conocimiento revistiéndolo de un nuevo ropaje […] preparémonos para ello […] que este sacrificio sea la conquista y victoria mas grande jamás lograda. Informarle a Coni que aceptamos la oferta del hombre blanco, mas con nuestras condiciones, que llevaremos a cabo una honrosa batalla, sin armas, cuerpo a cuerpo, en la loma en donde ahora nos encontramos […] [cuando] llega la fecha, la batalla se inicia, todos cumplen su promesa de luchar sin armas, mas los ánimos se encienden, a punto estaban de hacer uso de ellas, cuando el día se oscurece, algo notorio sucede […] una luz refulgente emana de algo que se mueve [en el cielo] […] ante la mirada atónita de todos se forma una gran Cruz, la mirada Chichimeca veía el símbolo del Nahui Ollin; los Españoles veían a Santiago portando un estandarte con el símbolo de la Cruz […] para ambos bandos era un prodigio divino, cada cual en su lengua grita: “El Es Dios” (Vargas, sin fecha).

Coyote como nombre o apellido en México

El apellido coyote, con sus diversas variantes, aún existe en algunas partes de México. En Puebla, hay Coyotl y Coyotzi, en la Sierra de Zongolica, hay Coyohua (el hombre del coyote) y en Cholula, Coyoamani (cautivador de coyotes) y Coyotécatl (linaje de coyotes o gentilicio de Coyotlán). Antes de la Conquista, era frecuente la identificación onomástica entre el hombre y el coyote, como Nezahualcóyotl (coyote hambriento).

      Se considera que el coyote es un animal “astuto como el zorro y voraz como el lobo […]. [Además, le dicen] coyote a aquel indispensable miembro de la fauna social que media entre la omnipotente autoridad y el desamparado ciudadano” (Yates, sin fecha). Con esto, se hace referencia a las personas llamadas “coyotes” que se dedican a tramitar papeles ante diversas instancias estatales por unos honorarios. Aunque son personas muchas veces necesarias también son mal vistos porque se cree que toman ventaja de sus clientes ya que, en teoría, cualquier ciudadano puede realizar sus propios trámites.

El lobo y el coyote en la mitología de Norteamérica

Creencias sobre el lobo y el coyote fueron comunes entre los grupos nativo americanos de Norteamérica especialmente en la mitología del Gran Bolsón y California (Vander, 1997). De hecho, muchos de los grupos que habitaban el Gran Bolsón no comían la carne de lobo o de coyote (p. 570, n. 7). En los mitos, el lobo fue el sabio hermano mayor y el coyote, su travieso hermano menor. Los dos fueron creadores de las personas y la cultura (p. 81). El lobo se concebía como benévolo y serio, creador de los hombres y el sistema solar. En contraste, el coyote era el embustero causando desorden por su carácter impulsivo y la envidia que tenía a su hermano (Sturtevant y D’Azevedo, 1986, p. 296). Por su culpa, hay enfermedad, hambre y muerte en el mundo, ya que el hombre tiene que cazar para conseguir su alimento. Antes el Lobo había reunido a todos los animales en una cueva para que pudieran tomar lo que necesitaban cada día sin mayor esfuerzo pero el coyote los soltó (p. 657). Las dos figuras, con su dualidad, fueron importantes para mantener el equilibrio cósmico.

Don Coyote y don Lobo en el imaginario colectivo actual

Entrevista con el Delegado de la comunidad de Cruz del Palmar en agosto de 2011

Al preguntarle al Delegado si ha oído la “leyenda” de don Lobo y don Coyote de Boca de la Cañada y su papel en la conquista de la zona, responde que no sabía nada de este relato. Sin embargo, dijo que había unas personas que vivían en Cruz del Palmar con esos sobrenombres. Don Lobo había fallecido hace tiempo. Don Coyote vive y es una persona de edad. Se le preguntó si ellos habían sido mayordomos de alguna cruz o capilla, a lo que respondió con una risa, diciendo que todo lo contrario porque estas dos personas, en sus épocas juveniles, habían sido unos asesinos desgraciados. Por esta razón, recibieron dichos apodos.

      De acuerdo al Delegado, ambos habían quitado la vida a varias personas en las comunidades cercanas y que fueron temidos en toda la zona. De hecho, don Lobo había pasado sus últimos años viviendo solo en las montañas cercanas, bajando a la comunidad únicamente cuando tenía necesidad de adquirir algún bien para su consumo personal. Hace unos años, el Delegado fue notificado del fallecimiento de un hombre en el río cercano que al parecer murió ahogado y estaba siendo devorado por los perros; el muerto fue don Lobo.

      Don Coyote actualmente vive en la comunidad de Cruz del Palmar. Por ser un hombre mayor de edad sale poco. El delegado no quería dar más información de su domicilio o su estado de salud, tampoco su nombre verdadero. Comentó que las personas mayores dicen que estos dos personajes fueron el terror de la región y por lo mismo los evitaban.

      Se le comentó que don Lobo y don Coyote habían sido dos guerreros chichimecas de la resistencia contra la invasión de los españoles en el siglo xvi, conocidos por su ferocidad y bravura para combatir hasta con puños, pies y de ser necesario a mordidas. El delegado quedó pensativo analizando esta corta descripción de nuestros personajes, a lo que dijo, que tal vez ellos si habían oído de don Lobo y don Coyote y tomaron estos apodos por ellos mismos aunque aclara que estos personajes del siglo veinte no necesitaban ningún estandarte o excusa para terminar con las vida de un ser vivo ya sea humano o animal.

      Sugirió que fuéramos otro día y que tal vez podríamos hablar con don Coyote, advirtiéndonos que no sería conveniente hablar sobre su vida delictiva. Se puede apreciar que a pesar de ser una persona de edad avanzada, le siguen teniendo temor.

Entrevista con Blas Flores, subdelegado de Boca de la Cañada, quien vive a un lado de la capilla de este lugar, en agosto de 2011

Según Don Blas, nunca había escuchado hablar de don Lobo y don Coyote o la veneración de sus ánimas. Menciona que, sin embargo, hay una capilla o calvario saliendo del poblado en una loma. Cerca de ésta, hay dos tumbas pero desconoce a quienes pertenecen. Menciona que tal vez sea de Inocencio Martínez, una persona del tiempo de la Cristiada, que robaba a los ricos para dar a los pobres. Dijo que la Santa Cruz que actualmente se encuentra en la capilla de Boca de la Cañada junto a su vivienda, anteriormente estaba en esta capilla. También, según la tradición local, hay una cueva por el mismo rumbo donde está enterrado el dinero u oro donde se hacen trabajos de bien y de mal, refiriéndose a trabajos mágicos. La cruz de Inocencio Martínez es la que se venera en la capilla de la comunidad hoy en día. Según el subdelegado, en algún momento, no se acuerdo cuando, esta cruz fue vetada por la autoridad eclesiástica en San Miguel quien amenazó recoger a la cruz si la traían a las festividades en septiembre porque Inocencio Martínez fue un asesino y un bandido.

      La Santa Cruz de Inocencio Martínez se venera en el mes de mayo. Es de madera y tiene incrustaciones de vidrio pintadas con dibujos pero desconoce su significado. La capilla tiene dos mayordomos que no pudimos contactar ese día, que son Tomas Amador y Rubén Flores. Viven por el puente a la entrada a la comunidad. También nos platicó que el Cerro Retumbado, se “sentó” (o sea, se colapsó) causando que se formara una laguna que ahora está seca y que fueron de San Miguel para ver que había pasado, pero no se acordaba en qué año fue.

Entrevista con el papá de la delegada de San Julián, originario de Agustín González

Este informante tiene 70 años y es originario de Agustín González, una localidad muy cercana a Boca de la Cañada. Por esta razón, tiene un conocimiento de la zona aunque ya tiene muchos años residiendo en el Ejido de San Julián. Dijo que existen tres tumbas en el cerro de la Peña Derrumbada y que están en muy mal estado, sin embargo entre sus piedras se puede ver que existen muchos trabajos mágicos enterrados de donde una vez sacó una bola de cabello con una vela y alfileres. Dicho cerro se encuentra entre San Ysidro de la Cañada, la Cañada de la Virgen y Boca de la Cañada. Para el papá de la delegada de San Julián, Boca de la Cañada debe ser un centro ceremonial importante ya que vienen de Villagrán, Comonfort y Santa Cruz de Juventino Rosas para presentar ofrendas al ánima de cualquier persona.

      Respecto a Inocencio Martínez, este informante afirmó que era un sacerdote (quizás de la Cristiada) y no un ladrón. Esto fue confirmado por otro originario de Agustín González, el señor Juan Vargas, de más de 80 años de edad que estaba con nosotros. Ellos se vinieron a vivir a San Julián, cuando el antiguo dueño vendió el rancho a la Secretaría de la Reforma Agraria en la década de 1970. Su conocimiento y memoria no eran tan buenos como el papá de la delegada.

Reflexiones finales

Todavía hay muchas fuentes por consultar si es posible. Por ejemplo, no hemos podido consultar el informe de Juan Yáñez para ver si en realidad hace mención a don Lobo y don Coyote como sus contrincantes. Posiblemente allí hay más datos sobre el enfrentamiento. Philip Powell (1984) también hace referencia a una serie de documentos de los primeros años de la conquista y colonización en esta zona que deberían de ser consultados directamente.

      Al considerar la referencia actual de dos personas quienes fueron o adoptaron los apodos de don Lobo y don Coyote por ser unos asesinos desalmados, nos indica que posiblemente la designación de don Lobo y don Coyote fueron más bien títulos se daban a los líderes que tenían características particulares. Solamente en el documento que reproduce Rubial (2004), se encuentra la mención de don JuanCoyote y que el apellido de don Lobo parece haber sido Mataro. Nunca aparecen en las otras fuentes con un nombre en español o lengua indígena ni siquiera. Esto muestra que siguieron reacios a ser sometidos y evangelizados.

      Con respecto a la realidad histórica, consideramos que es poco probable que el don Lobo y el don Coyote presentes en la batalla del cerro de Sangremal en 1531 (o 1522), se encontraban realizando combate contra el conquistador español, Juan Yáñez, 20 o 30 años más tarde en 1552. Sin embargo, si es cierto entonces hay concordancia respecto a la afirmación de Nicolás de San Luis Montañés de que nunca los pudieron conquistar; con Guerrero Tarquín de que siguieron asediando a los españoles durante su avance hacia el Norte; y con el hecho de la prohibición del padre Mercadillo de la participación de sus cruces de ánimas en las fiestas de septiembre en San Miguel, por no haber aceptado nunca la dominación española ni la religión católica.

      Se nos hicieron interesantes las interrogantes generadas por la mención de su veneración aún en pleno siglo veinte, cuatrocientos años después de la Conquista. El caso es similar a lo que encontró Rubial (2004) respecto a las transformaciones que se han dado en la leyenda fundacional de Querétaro. En su opinión, los cambios reflejan diferentes visiones de los eventos en distintos momentos y para distintos propósitos. La verdadera historia se ha perdido en el tiempo probablemente por las razones que dio Guerrero Tarquín de que la historia de los vencidos nunca es de interés para los vencedores.

      Aún queda pendiente continuar la investigación etnográfica en Boca de la Cañada para ver si todavía hay una veneración de las ánimas de don Lobo y don Coyote. Sin embargo, es difícil creo que es una mera coincidencia que también la cruz que se venera hoy en día en la capilla de Boca de la Cañada es de un personaje con características similares a don Lobo y don Coyote y que además en algún momento haya sido vetada de participar en el desfile en San Miguel en septiembre. Quizás el informante estaba confundiendo a la cruz de Inocencio Martínez con las de don Lobo y don Coyote pero poco probable. Por otro lado, hay que entrevistar al “don Coyote” de Cruz del Palmar para ver cómo llegó a tener este apodo y si tiene alguna relación con nuestros personajes del siglo xvi. Finalmente, lo más relevante es que los personajes siguen teniendo importancia en la formación de las identidades locales hoy en día.

Referencias

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1 Es demasiado temprano para ser factible, aunque la fecha de 1531 parece haber sido establecido mucho tiempo después de los hechos y solamente para coincidir con el año de la aparición de la Virgen de Guadalupe y no en base de documentos históricos más o menos fidedignos (Rubial, 2004).

2 Los primeros cuatro son los principales personajes en el mito de la batalla del Puerto de Calderón que aún se transmite por tradición oral en el municipio de Allende. Los otros dos aparecen en unas copias de documentos antiguos en posesión de la familia Patlán. Ellos tuvieron un papel en la fundación de la comunidad de La Huerta.

3 Esta es la primera mesa de españoles, creada a raíz de una reunión entre la capitana generala y anciana mayor, Guadalupe Jiménez Sanabria (“Nanita”), de la Mesa de las Insignias Aztecas de la ciudad de México y Emilio Fiel y Xabi Karasusan en México en 1989. A partir de esta reunión, algunos miembros de la Mesa de Insignias Aztecas comenzaron a viajar a España y españoles interesados venían a México para aprender la tradición conchera. El objetivo fue fundar grupos de danza en España para poder “romper las fronteras que habían separado los destinos de sus respectivos pueblos” y crear un nuevo mestizaje.El 25 de julio de 1992, en el Monte del Gozo, cerca de Santiago de Compostela, recibieron el permiso para crear la primera Mesa de Danza Hispánico-Azteca, denominándola la Mesa del Señor Santiago, con Emilio Fiel como su primer capitán. Hoy en día, hay mesas en trece ciudades de España (Mesa General de la Cruz Espiral del Señor Santiago de Hispania, sin fecha).

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