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Alfonso Klauer
El destino de los recursos
¿Cuál fue el uso que dio la élite imperial a tan gigantesco ingreso? A título de hipótesis, es posible resumir el destino de los egresos económicos del Estado imperial en un cuadro como el que se presenta en la página siguiente.
Los ingresos de que dispuso el poder imperial tuvieron, fundamentalmente, seis usos:
a) Consumo directo (alimentación, vestido, joyas, etc.), e indirecto (palacios, ciudadelas, etc.) de la élite imperial;
b) Consumo directo (alimentación, vestido, joyas, etc.), e indirecto (edificios administrativos, materiales e insumos, etc.) del aparato burocrático intermedio;
c) Consumo directo (comidas y bebidas), e indirecto (parafernalia y centros ceremoniales, etc.) en y para festividades cívicas y religiosas;
d) Alimentación para los mitayos o ejecutores de las obras públicas;
e) Materiales e insumos para las obras públicas, y;
f) Gastos militares (armas y vituallas de todo género).
El Cusco y los privilegios de la élite
El Imperio Inka como todos los que ha conocido la humanidad en su historia mostró una altísima proclividad al gasto en detrimento de la inversión.
La élite inka, aparte de consumir la producción de las tierras que se autoasignó, consumía parte de la producción alimenticia agrícola, ganadera y pesquera con la que tributaron los pueblos dominados.
Ello le permitió ser el único grupo social en usufructuar la variadísima gama de alimentos que pudo extraerse de los distintos pisos ecológicos y zonas naturales de los Andes.
Así, las colcas o tambos estaban también llenas de granos, papas, carne seca y toda clase de alimentos disponibles en cualquier momento afirma Lumbreras. Pero además estaban llenas de lienzos finísimos, vestidos y toda clase de lujos para el vestir y el adorno personal sigue diciendo nuestro historiador.
El Inka fue el ejemplo máximo de derroche: no se ponía dos veces el mismo vestido y cambiaba cuatro en el curso del día. Y no comía ni bebía dos veces en el mismo vaso según refiere el cronista Murúa.
Lo atendían 20 jóvenes mujeres de la élite ñustas, 25 guardarropas, 50 mayordomos y 400 pajes dice a su turno el cronista Betanzos.
La élite inka fue también el único grupo social que usufructuó del más amplio espectro de la producción cerámica, metalúrgica, forestal y de canteras de piedra.
Fue además la principal beneficiaria del trabajo especializado de las mamaconas y acllas que produjeron los más finos tejidos y ajuares, y bebidas y licores. Monopolizó la producción de joyeros y orfebres. Se privilegió con el uso de las joyas que se obtuvo como botínes de guerra. Absorbió una importante cuota de enseres y de mujeres secundarias.
Y usufructuó del trabajo de miles de yanaconas.
La ciudad del Cusco según el cronista Cieza de León:
[estaba] llena de naciones extranjeras (...) pues había indios de Chile, Pasto, cañaris, chachapoyas, huancas, kollas, y de los demás linajes que hay en las provincias...
Eran los yanaconas al servicio del poder imperial. Entre ellos y los miembros de la élite, la ciudad albergaba en las postrimerías del imperio a más de 40 000 vecinos según puede leerse en Valcárcel.
Según expresa Lumbreras, el Cusco se convirtió en un lugar de leyenda increíble (...) Lleno de palacios suntuosos, templos relucientes con paredes de oro y plata y pedrerías..., que deslumbraron a los cronistas y conquistadores españoles.
Pedro Sancho, el secretario que con Pizarro vio por primera vez el Cusco, dice en su Relación de la conquista del Perú: es tan grande y tan hermosa que sería digna de verse aun en España...
Y a juicio del cronista Cieza de León: el templo de Koricancha fue de los [más] ricos de oro y plata que hubo en muchas partes del mundo.
Lumbreras agrega que ...en la ciudad, por doquier, brotaba el agua de surtidores bellamente tallados en piedra, agua limpia que llegaba por canales también labrados en piedra.
Nótese que la élite imperial inka del siglo XVI usufructuaba de servicios urbanos como el agua domiciliaria, por ejemplo que amplios sectores de la población andina del siglo XXI, en países como Ecuador, Perú y Bolivia, aún no poseen.
No obstante, el que quizá podría considerarse el más extravagante gasto improductivo e inútil en el Cusco, fue relatado por Polo de Ondegardo 583. Refiere en efecto que a la plaza principal de la ciudad o Amaruccancha: le sacaron la tierra propia y se llevó a todas partes por cosa de gran estima, y la llenaron de arena de la costa del mar como hasta dos palmos y medio [de altura]...
Esa exquicitez para llamarla de alguna manera, requirió sin duda de un enorme despliegue de fuerzas, como en su tiempo señaló el propio cronista.
Asumiendo que la plaza tenía una hectárea, debió pues transportarse tanto como 15000 toneladas de arena. O, si se prefiere, debió movilizarse tanto como 430 mil llamas llevando arena desde la costa, y partiendo luego a repartir la apreciada tierra de la plaza a diversos confines del imperio. Debió ser pues, además, costosísima la extravagancia.