TEXTOS SELECTOS

CURSO DE ECONOMÍA SOCIAL

 

R. P. Ch. Antoine

 


 

 

 

Papel del pueblo en la forma social.

Todo para el pueblo: esa podría ser la fórmula popular de la democracia esencial que todo católico debe admitir; todo por el pueblo: he ahí la fórmula de la democracia en un sentido secundario y accidental. Entiéndase que tomamos estas fórmulas, no en un sentido estricto y restrictivo, sino en el sentido amplio.

En otros términos: ¿en qué clase debe hoy dirigirse la acción de los católicos, y sobre cuál deben, sobre todo, apoyarse para salvar a la sociedad entera y volverla al orden social cristiano? El agente principal de esta reforma, responden los reformistas cristianos, debe ser la clase directora. Es, ante todo, en el pueblo, donde hay que apoyarse, dicen los demócratas cristianos. ¿Qué partido tomar en esta alternativa? Normalmente el bien social debe hacerse con el concurso proporcional de todas las clases de la sociedad, y sobre todo, de las clases elevadas. Pero si, por una deplorable perversión de las ideas y de los sentimientos, ya no se puede contar con el apoyo deseado ni con el concurso de estas últimas, en circunstancias tales, la salud del pueblo debe realizarse por medio del pueblo (1).

La Iglesia quiere salvar a la sociedad y lo quiere a toda costa. Para trabajar en este noble designio apela a todas las fuerzas sociales, clases superiores, gobiernos y asambleas y su voz repercute en el universo entero «con una amorosa paciencia». Pero un doloroso espectáculo se ofrece a su vista. A parte algunas espléndidas excepciones que han permanecido fieles a las tradiciones cristianas del pasado, las fuerzas sociales normales le rehusan su concurso.

Por diversos motivos, la aristocracia de la sangre y del dinero, la burguesía industrial, las clases cultas e instruídas, las dinastías históricas, los gobiernos y las asambleas no quieren, o no pueden, colaborar con la Iglesia en la gran obra de la salud social (2).

Y entonces, la madre de las naciones vuelve su mirada al pueblo, y coloca en él la esperanza de la futura reconstrucción social. Sin duda, también la inmensa mayoría de éste yace en la indiferencia y en la incredulidad; pro esta indiferencia y esta incredulidad no son razonadas ni deliberadas; ni son prejuicios más que se les ha inoculado, prejuicios artificiales y facticios, y para hacer que caigan todos basta destruir una mentira, una sola, es a saber, que la Iglesia es el triste cómplice de las opresiones y de la injusticia. Por otra parte, si se quiere arrojar una ojeada general sobre la historia de los tiempos cristianos, se reconocerá, a no dudarlo, que la marcha progresiva de la civilización es siempre en el sentido de la democracia y que tiende a hacer al pueblo cada vez más dueño de sí mismo y de su gobierno. Vemos a las clases mantenidas en la esclavitud, después en la condición de servidumbre y de villanía, elevarse sucesivamente a la libertad civil y política. El movimiento para la tregua de Dios y el movimiento municipal en la Edad Medía, nos muestran al pueblo llegando al ejercicio del poder y constituyendo ciudades democráticas, de las que algunas de ellas son modelos. En seguida ha venido el movimiento que tiende a transportar las formas del movimiento democrático del gobierno municipal al gobierno del Estado. La evolución, por otra parte, se halla ligada a un conjunto de condiciones de orden moral y de orden económico que, a través de sus vicisitudes, indican una ascensión popular constante (3). ¡Maldígase esta ley histórica lo que se quiera, no por eso dejará de existir! Es un hecho que no se puede poner en duda el de que el impuesto democrático ha alcanzado en este siglo a todas las naciones europeas. «La mejor opinión que los mismos obreros han concebido de sí mismos y su unión compacta ¿no son, como dice León XIII, una de las causas del conflicto social? «Por lo mismo, como afirma Monseñor Doutreloux, el movimiento democrático es irresistible; se hará con nosotros o sin nosotros, y si se hace sin nosotros se hará contra nosotros, contra el cristianismo.» ¿No es, pues, el objeto y la razón de ser de la democracia cristiana el cristianizar el movimiento democrático?

En fin, en un país donde la forma de gobierno es republicana, el pueblo es soberano por el sufragio universal y es dueño de los destinos de la nación. ¿Por qué, pues, no dirigirse directamente a él para operar la reforma social? Impresionados por este pensamiento, católicos que toman a pechos la restauración cristiana de la sociedad, se han decidido atrevidamente a apoyarse en el pueblo. En esta gran obra ¿cuál será el papel de las clases elevadas?


(1) Toniolo, Rivista internazionale, Marzo de 1898.

(2) «Se ha dicho que las clases elevadas faltaban comúnmente a su misión frente a las clases populares. Nadie lo ha dicho ni repetido con más insistente energía que los fundadores de la obra de los Círculos.» (M. de Mun, Discours de clóture de l'assamblé générale de l'oeuvre des Cercles en. 1877.)

(3) A propos de la democratie chrétienne, por M. H. Savatier (Le XXe Siècle 1896, p. 486).


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