Publicado originalmente en Teoría y política del desarrollo económico.
México, Siglo XXI Ed., 1968.
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La acumulación de capital se origina del hecho corriente de que cualquier
colectividad, aun las que están en los niveles más bajos de división del
trabajo, es capaz de crear un excedente, es decir, producir más allá de lo
necesario para la supervivencia de sus miembros.
La absorción por el consumo de los aumentos ocasionales de la producción podría
mejorar momentáneamente las condiciones de vida de la población, pero ninguna
alteración experimentaría la capacidad productiva. Sin embargo, en cualquier
sociedad se han formado grupos minoritarios que supieron apropiarse del
excedente de la producción, ya sea que éste ocurriera ocasional o
permanentemente. Este es el hecho simple y universal que forma la base para el
proceso de desarrollo.
En las sociedades primitivas la creación de un excedente de producción
constituía, generalmente, un fenómeno eventual; resultaba de la acción de
factores discontinuos y exógenos, tales como condiciones climatológicas
excepcionales, descubrimientos de mejores tierras, presión exterior para el
comercio, etcétera. Si el fruto de ese aumento de la producción se hubiese
distribuido uniformemente entre el conjunto de la colectividad hubiera sido
consumido, siendo su efecto poco durable. La apropiación por parte de un grupo
reducido vino a facilitar la acumulación. Este fenómeno se observa con mayor
claridad en las etapas más avanzadas de la organización social, cuando los
recursos acumulados pueden ser fácilmente transformados en factores de
producción. En efecto, lo esencial del proceso acumulativo no es la retención de
una parte del producto por un grupo minoritario, sino la transformación del
excedente en capacidad productiva.
Aparentemente, en un principio la acumulación se basó en la esclavitud, o sea en
la entrega compulsiva, total o parcial, de un grupo a otro de su excedente de
producción. En los niveles más primitivos de la técnica, ésta parece haber sido
la forma más práctica de obligar a un grupo social a reducir su consumo por
debajo del nivel de su producción. A medida que la productividad se fue elevando
se hizo posible aplicar otros métodos. Pero, sin duda, fueron los recursos
apropiados por medio de la esclavitud los que constituyeron el punto de partida
del proceso acumulativo. Es verdad que, en la mayoría de los casos, estos
recursos no fueron utilizados para aumentar la capacidad productiva. La mayoría
de las veces sólo servían para elevar el nivel de consumo de los grupos
parasitarios. Con todo, aun en tal hipótesis, desempeñaron un papel positivo en
el proceso de crecimiento, ya que la elevación del nivel de consumo permitió, y
muchas veces exigió, su diversificación. La búsqueda de esa diversificación
constituyó la base de las actividades comerciales.
Encontrada la posibilidad de diversificar el consumo, a través del comercio, se
había dado el paso decisivo hacia el proceso de aumento de la productividad. La
palanca clave del proceso acumulativo ya no residirá en la represión del consumo
de algunos grupos a costa de reducirlos a la esclavitud, sino en la apropiación
del fruto del aumento de la productividad, resultante del aprovechamiento más
económico de los recursos, hecho posible por el comercio. Establecidas las
corrientes comerciales, surgirán grupos y comunidades que se dedicarán
totalmente a ese tipo de actividad. Esa especialización facilitará la
concentración de la riqueza, ya que, como es fácil percibir, los beneficios del
aumento de productividad tenderían a concentrarse en manos de los comerciantes.
Y esa riqueza concentrada, asumiendo la forma de activos líquidos y medios de
transporte en manos de intermediarios, creaba las condiciones para nuevas
expansiones del comercio.
Con los elementos indicados será posible reconstituir un esbozo general del
proceso de desarrollo de las comunidades preindustriales. En primer término
aparecen los factores exógenos, provocando la creación ocasional o permanente de
un excedente de producción. Como ya hemos visto, el excedente permanente fue
posible gracias a la esclavitud. En segundo lugar viene la apropiación de ese
excedente por grupos minoritarios. En tercer lugar tenemos los patrones de
consumo más elevados, propios "de los grupos minoritarios, que amplían las
posibilidades y hasta crean la necesidad de intercambio con otras comunidades.
En cuarto lugar se encuentra el intercambio, que posibilita la especialización
geográfica y la mayor división del trabajo, con el consiguiente aumento de la
productividad en las comunidades que participan del mismo. En quinto lugar se
encuentra la concentración de la riqueza, permitida por el intercambio.
Finalmente surge la posibilidad de incorporar al proceso productivo los recursos
acumulados por los comerciantes, ya que este era el medio por el cual los
intermediarios podían aumentar la corriente del comercio, incrementando sus
ingresos.
Este esquema simplificado nos permite captar lo esencial del proceso económico.
Por el lado de la producción aparece la creación del excedente; por el de la
distribución la apropiación de ese excedente por parte de un grupo minoritario,
y por el lado 'de la' acumulación la posibilidad de aumentar la productividad
con la ampliación del mercado y la incorporación del excedente al proceso
productivo. Si observamos este proceso en el curso del tiempo vemos que la
tercera fase se reencuentra con la primera: el incremento de la productividad,
causado por la incorporación de nuevo capital y la ampliación del mercado, da
lugar a la creación de un nuevo excedente, el cual, apropiado por el grupo
minoritario, se transformaría en nuevo capital, etcétera. Los puntos
estratégicos de ese proceso están constituidos por la posibilidad de incrementar
la productividad y por la apropiación, por parte de los grupos minoritarios, del
fruto de dicho aumento. En última instancia son estos dos factores los que
permiten el crecimiento. En verdad, si los recursos incorporados al proceso
productivo no causasen aumento real de la productividad, la acumulación no
propiciaría ningún crecimiento, limitándose a desplazar en el tiempo el acto de
consumo. Por otra parte, si el fruto de un aumento de la productividad,
ocasional o permanente, fuese distribuido por el conjunto de la población, el
resultado sería solamente una elevación ocasional o permanente del nivel de
consumo, pasando la economía de una posición estacionaria a otra.
El esquema que presentamos se refiere a fases preliminares del desarrollo. En
estas fases tanto los bienes que se consumen como los que son acumulados tienen,
fundamentalmente, la misma naturaleza, pudiendo por lo tanto intercambiarse. Por
este motivo la apropiación por parte de los grupos minoritarios resulta
indispensable para evitar que el consumo absorba la totalidad del producto. Sin
embargo, a medida que la producción va alcanzando cierta complejidad, los bienes
destinados a la reincorporación al proceso productivo tienden a diferenciarse de
los bienes de consumo corrientes. Así pues el negociante que realiza el comercio
marítimo necesita transformar los recursos que acumula en barcos y otros
instrumentos de trabajo. A fin de hacer frente a esa demanda que se diversifica
el aparato productivo deberá adquirir el necesario grado de especialización.
En una economía que haya alcanzado cierto grado de des. arrollo, la producción
presenta tal estructura que la acumulación se convierte en un proceso casi
automático. Pero, para que el aparato productivo funcione normalmente, es
indispensable que la demanda tenga una determinada composición. Ahora bien la
composición de la demanda está determinada por la distribución del ingreso, o
sea por la forma en que los distintos grupos se apropian del producto. Por lo
tanto de aquí se infiere que la estructura de la producción, la división del
producto entre consumo y acumulación y la distribución del ingreso tienen causas
fundamentales comunes. Éstas se basan en el sistema institucional, articulado en
torno del proceso de apropiación del excedente.
II LA UTILIZACIÓN DEL EXCEDENTE