Gloria Amparo Miranda Zambrano
La estrategia y experiencia fue colateral a la anterior. Al ver que lo que se reforestaba en el Bosque no resultaba debido al desconocimiento y manejo equivocado del hábitat, del tipo de semilla, del clima y suelo, del lugar (por parte de iniciativas externas que cumpliendo la mayoría de veces metas y no objetivos, y ver los nicolaítas que resultaban insustanciales tales esfuerzos), probaron asimismo, indistintas maneras de cómo hacer efectivo el trabajo, tanto en la plantación, la germinación de la semilla, su arraigamiento y humedad. Finalmente, el esfuerzo dio resultados, se llegaron a reforestar 26,000 árboles de oyamel en los parajes muy alejados del Bosque, especialmente en “Los coyotes”, “Las Sepulturas” y “Rancho Tuerto”.
Como traían semillas de otros viveros de temperaturas más altas y no prosperaba. Yo capté las semillas de la misma especie, con la misma temperatura, la sepa. Tanta fue nuestra preocupación por reforestar, que ideamos hacer esferitas de barro, con semilla de oyamel dentro, lista para germinar. Probamos diferentes tipos de tierra; la tierra negra no sirvió…Algunas eran duras, otras se deshacían rápido…en cambio, con la tierra amarilla… ¡si funcionó! Ese barro requiere poca humedad.
Entonces las bolitas se hicieron en el vivero para reforestar las partes alejadas del monte. Primero llevamos 8 mil esferitas para reforestar al boleo, a pie, como lo hacemos con la semilla de avena. ¡Dio resultado!…los oyamelitos empezaron a germinar. Luego le contamos de esa experiencia a la PGR y nos llevaron en helicóptero, allí de lo alto tiramos ¡¡¡18 mil esferitas!!! Entonces reforestamos pos los paraje de ‘Los Coyotes’, ‘Sepulturas’ y ‘Rancho Tuerto’. Un señora que nos acompañaba no tenía miedo, era la que más entusiasmada. ¡¡Tiraba de lo alto las esferitas!! A mi me daba miedo. Todo lo que está reforestado en la parte alta se debe a esa labor. Salieron bien bonitos, ahora está ¡¡¡ lleno de oyamelitos!!! El barro amarillo agarra el rocío de la noche, luego humedece y deshace la esferita y allí el oyamelito empieza a germinar! Todo fue nuestro ingenio…
La experiencia de reforestación “esferitas de barro” manifiesta la existencia de un conocimiento local consistente, creativo y reiterativo, mismo que a la vez expresó en su momento resistencia a perder la partida de la decadencia del Bosque. Estaba en juego la figura polarizada que ostentaba: arruinarse o reverdecer.
Refleja también la existencia de un espíritu forestal encarnado en los actores sociales sobre manejos técnicos diversos. Sobre semillas, suelos, clima, riego y demás. Mismos que al haberse manifestado expresó la confianza para entrar a sui géneris experiencia tanto en el proceso, como en las acciones finales, o de manera contraria el experimento no hubiera culminado exitosamente. Manifiesta además que el CT en San Nicolás resume un espíritu crítico, comparativo y abierto al cambio.
Si los nicolaítas se hubieran quedado certificando pasivamente que ‘no se podía reforestar’ sea porque son lugares alejados, o que es difícil el enraizamiento de semillas sin una buena plantación, o que faltaría humedad; la aventura de la reforestación habría claudicado antes de engendrarse. Sin duda, los modelos locales son “experimentos en vivo”, que se desarrollan mediante la investigación y práctica, ahí el CT realiza conversiones más amplias.
Asimismo, el espíritu crítico del CT se manifiesta cuando cuestionan la intervención de las instituciones externas dedicadas a la forestación. Que les interesa más la cantidad, aunque luego se desequen los arbolitos. La insistencia por afirmar cuál es el proceso de las plantaciones, porque conocen como es, es otra de sus contribuciones. “Yo le decía que menos cantidad, para que se lograra, eso era lo que yo quería… Yo le decía cómo deben protegerse los oyameles y demás árboles…Se le hace un tutor para que crezcan derechos…Les hicimos los seguimientos, quitar ramas…”.
La reforestación externa que acoge el Bosque de manera regular, solapada por las políticas inconsistentes de invisibilización del CT local, misma que no da los resultados esperados por falta de conocimiento, dedicación y seguimiento a la plantación, aspectos que sustentan la sapiencia local, sigue siendo el problema fundamental de la reforestación en el Bosque. “Los ingenieros hacen la sepa de manera cuadrada y meten la bolsa incluso con basura y no lo compactan, lo plantan y se van”. Sabemos que la reforestación no arroja para quienes la intervienen significados parejos, por lo menos en la arena de su práctica. “Los saberes occidentales y los saberes indígenas conforman sistemas de saberes o conocimientos que parten de perspectivas distintas, operan desde procesos diferentes y sirven a propósitos distintos” (Leff et al., 2002:510).
En cambio, la labor de reforestación a informe de sus protagonistas conductores es redituable. “De 100 arbolitos prosperan 95… casi el 100% ¡Esos 5 que no prosperan es porque lo pisaron una mula o las personas que no se fijan… ¡nunca porque lo plantamos mal!”.
Presentamos resumidamente el arte del cultivo de los árboles para la reforestación que forjaron los protagonistas de San Nicolás Totolapan en sus propios términos:
1. Se prepara el cajete o sepa, es decir se quita el suelo.
2. Se siembra el arbolito así tiene ‘chance’ de echar raíces y conservarse.
3. Para plantar un arbolito debe compactarse bien el suelo, esa es la técnica.
4. Ver que lleven densidad entre árbol y árbol. Hacer un azadón entre sepa y sepa.
5. No se riega la plantación, se hace en tiempo de lluvia.
Pero las inequidades sobre la reforestación en el Distrito Federal siguen en pie. “Dicen las noticias que de la Magdalena Contreras vienen 2 millones de arbolitos, pero son puros halagos y ¿dónde están? En el Ajusco forestaron 2 millones de arbolitos, lo hacen los soldados y no prendió ¡¡ni uno!! De todo esos aprendimos”.
¿Cuánto de inversión económica y humana estará costando a la sociedad mexicana el hecho de seguir desconociendo e invisibilizando el aporte de los saberes locales y sus habilidades? Nos alienta seguir la tarea de identificar estrategias y propuestas para que la experiencia local pueda materializarse como parte constituyente de un modelo de pretensión mayor, que soslaye los límites de San Nicolás.
Sobra decir que aparte de los beneficios sobre el hábitat que conlleva la reforestación, la experiencia fue importante porque menguó el espíritu progresivo de invasión de terrenos para instalar jacales o abrir con tractor los terrenos para hacer milpas.
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