Tesis doctorales de Economía


EL CONOCIMIENTO TRADICIONAL Y LA PROPUESTA DE EDUCACIÓN Y CULTURA AMBIENTAL EN LA GESTIÓN EJIDAL ECOTURÍSTICA DEL PARQUE SAN NICOLÁS TOTOLAPAN, CIUDAD DE MÉXICO

Gloria Amparo Miranda Zambrano



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5.2.2. La cantera de la experiencia e intencionalidad de la PEC: el guiado ejidal

En el capítulo anterior se sustentó que existe un ‘corpus cognoscitivo’ en la conducción del Bosque y Proyecto como una construcción ideologizada y re-significada. Concluimos que el escenario no es homogéneo para el CT, sus actores y el PEESNT, que existen relaciones de fuerza y procesos de enfrentamiento, permanencia y afirmación en los mismos en el proceso de construcción de la propuesta ecoturística sustentable alternativa. Vimos cómo el poder y marginación tanto del CT como en la relación entre los actores, marcan disputas, hecho que a la vez –concordando con Bonfil– tiene un mensaje significativo, que no hace sino mostrarnos expresiones de resistencia y control sobre sus recursos, su organización social, sus conocimientos y su sistema simbólico que consideran suyo.

Por ello, la identidad y mirada consagrada por el Bosque y la Naturaleza no ha fenecido, muy por el contrario, se manifiesta con sentido identitario, sentimientos, simbolismos y valoraciones que se brinda al Bosque; y que todo ello constituye un ‘bien espiritual’ dador de vida y además vivificante en los actores del Proyecto.

Son estas manifestaciones emocionales e indentitarias lo que los guías vienen entregando a los visitantes, aparte del recorrido e información meramente turística. Todo ello conforma el soporte ideológico-cultural de lo que particularmente denominamos como “Pedagogía Ecoturística Comunitaria de San Nicolás Totolapan” (PEC). La misma, como una expresión y contribución más de las habilidades y capacidades de la cultura local, adyacente al “corpus cognoscitivo” que manejan sobre el recurso forestal. En 12 años de gestión, los mensajes identitarios y la concepción consagrada por su patrimonio es la motivación de fondo cuando los actores desarrollan su servicio de guiado.

Vienen atendiendo diferentes tipos de visitas, siendo las necesidades de cada grupo disímil y a la vez indeterminado, por lo que el servicio se orienta cada vez más a tener nuevos contenidos y llegadas, además del reto pedagógico. Tienen que atender a grupos de:

• Preescolares

• Escolares (primaria y secundaria)

• Estudiantes universitarios

• Visitantes en familia

• Grupos de discapacitados

• Grupos de la tercera edad

• Científicos nacionales y extranjeros

• Comunidades y ejidos

• Intercambio de experiencias

• Instituciones oficiales del Estado e internacionales

• Autoridades internas y externas

• Visitantes en general

Aquí las enseñanzas y mensajes tienden a reconocer las diferencias en edad, sexo, extracción social, problemas particulares y hasta motivaciones personales, en un proceso de ir construyendo capacidades y adhiriéndose a lo inédito. Las lecciones del guiado son colectivas, así como colectivos son los grupos distintos que atienden. Vienen aprendiendo de los ‘visitantes difíciles’, de los que ‘no quieren atender’, ‘de los eufóricos’, ‘de los que no escuchan’, ‘de los que recién conocen’, ‘de los que nada saben o contribuyen más’. De entender y satisfacer a la vez a los niños, maestras, padres de familia, a iniciados y expertos técnicos visitantes y autoridades que prometen más de lo que cumplen.

A los guías –para el caso de escolares–, se les capacitó sobre cómo debían hacer el guiado y elegir el tema (Convenio con la Secretaría de Educación Pública); pero en la práctica los contenidos y los mensajes se vienen sustentando, direccionando y enriqueciendo con los aportes de su cultura local. “(…) le pusimos con lo que sabemos de lo rústico”. La vivencia cotidiana vigorizó el programa de enseñanza-aprendizaje y objetivo educativo establecidos en el manejo de grupos, el dominio de la disertación, la elección de temas de motivación, la seguridad del colectivo y qué actividades lúdicas aplicar. La experiencia de Manuel Moriño da luces al respecto.

Primero es la bienvenida. Miro el grupo, el tipo de gente, si son de dinero o no, si son grandes, si son discapacitados…Luego elijo en el momento el Programa que haré, lo adecuo a lo que dice la SEP, les hago juegos…Luego elijo la ruta , luego juegos y luego a comer. Debo hacer que la explicación sea más interesante según la edad. No es fácil tenerlos atentos. No deben hacerte perder el control. Por ejemplo a un compañero un grupo lo venció, salieron fuera del Bosque y los jóvenes… ¡volvieron en pesero! Ellos deben venir todos en conjunto.

Me hago ayudar con un silbato para reunirnos, para retiro, orden, silencio, todo con juegos y bromas. ¡Hay que tener un don para manejar a los niños!

Se puede derivar que la PEC es una experiencia que se construye en el fragor de obstinadas experiencias en el llano. La preparación previa del grupo con BALAM, SC en ecoturismo, las directivas de la SEP y la auto capacitación, fue un sustento valioso, pero no suficiente. “Al principio sudaba de miedo, temblaban mi voz, mis pies”. O, en otros casos, cuando la experiencia del Proyecto tenía que exponerse fuera de los límites del Parque, “Mis manos temblaban cuando de repente en nuestra primera vez teníamos que hablar ante 300 personas. Como fuimos varios de nosotros, lo pudimos hacer y luego nos fue gustando, por el cariño que tenemos al Bosque. Ahora casi todos salimos a representar al ejido. También Sectur nos enseñó cómo debíamos exponer y presentar nuestras experiencias”. Hoy, diferentes espacios académicos y no académicos siguen convocándolos, incluso hay publicaciones con artículos elaborados por los actores protagonistas.

Con el correr del tiempo se han venido adquiriendo destrezas y habilidades, como experiencia que explicita una calificación personal. Para llegar a ‘ser guía muchos se apuntaron para tener incrementos y reconocimientos en porcentaje’, pero en realidad los que se quedaron fueron quienes manifestaron ese sentido identitario y de resistencia por el campo. La misma, hecha introspección, es el medio que viene otorgando resistencia a las eventualidades acontecidas en la labor turística, como lo explicaremos más adelante.

Los guías ejidatarios enfrentan cotidianamente la adversidad, aprendiendo en la improvisación de los fracasos, pero también de los aciertos y éxitos. En estas circunstancias el andamiaje y telón de fondo donde descansa ese enfrentamiento inédito y desconocido en la labor turística, es en el manejo de su Bosque, en los conocimientos, habilidades y simbolismos que han desarrollado dentro y en torno a él. “La motivación por intercambiar y enseñar nuestras experiencias sale de por sí, como sabemos mucho del Bosque nos entra una seguridad”. Casos y expresiones de fragor como éstas vienen fortaleciendo y brindando el perfil educativo que ahora detenta el Proyecto.

“Le damos alegría a su corazón a como de lugar. Nosotros mismos a veces estamos tristes o con algún problema, pero se impone nuestra misión, que es dar entretenimiento”.

Se entiende que es también un espacio y oportunidad para desarrollar habilidades y capacidades a partir de lo que saben, como base diríamos, para renovar significaciones del servicio ecoturístico comunitario, pero también desde un enfoque y compromiso por el dimensionamiento y difusión de la sustentabilidad como a continuación se expresa:

• “Me interesa que cuando salgan sean mejor que ayer”.

• “Yo quiero que entiendan que el Bosque no es de nosotros nomás, sino de todos”.

• “Estamos pagados cuando ustedes tienen éxito”.

• “Queremos de corazón que el visitante se vaya alegre, cambiado, eso nos llena, ¡¡¡ ese es nuestro mayor pago!!!”.

• “Mi pago, mi triunfo, es sentir que sirvió”.

• “Cuando regresan estamos mejor pagados, regresan porque valoran nuestro trabajo”.

• “No es nada más por tener visitantes y ya, es que de corazón queremos que sientan lo que nosotros por el Parque. Daríamos nuestra vida por él”.

Es propio distinguir que la totalidad de los guías sostienen que a doce años de trabajo desarrollado en el PEESNT, lo que los motiva no sólo es brindar un buen servicio. La aspiración mayor es que los visitantes se atribuyan el mismo compromiso identitario y cosmovisional que sienten y asumen por el Bosque, la tierra y los recursos naturales en general. Es decir, un compromiso por la sustentabilidad de los recursos naturales, más allá inclusive de sólo el Bosque y de la comunidad ejidal que representa San Nicolás, propugnando, que están pagados cuando los demás actores y comunidades sean sostenibles como lo afirman estos testimonios. En nuestra mirada, ¡estaríamos ante un fenómeno social de cómo las comunidades amparan la sustentablidad de la gran ciudad; sin embargo, por las equivocadas políticas, se insiste en su invisibilidad!

Si en San Nicolás existe un repertorio de conocimientos acerca de la estructura y los elementos de la Naturaleza, además de ello un compromiso por la sustentabilidad, propio no sólo a nivel local, sino que “todavía sobreviven en las mentes y en las manos de los miembros de las culturas rurales” (Toledo, 2005:8), nos preguntamos, ¿Por qué seguir excluyendo y rechazando estas contribuciones y desafío cuando ad portas se habla de amenazas mundiales en el tema ambiental? Más aún, cuando existe por parte de los actores un compromiso de redimensionamiento social que arroja propuestas de contribución al mismo objetivo.

Víctor Toledo no deja de tener razón cuando sostiene con respecto a la contribución coyuntural de los actores sociales y que la sociedad se esfuerza en inadvertirlos. “(…) es en última instancia, en esos lenguajes milenarios, largamente ignorados, desvalorizados o mal interpretados, donde se encuentran las claves para remontar la actual crisis ecológica y social desencadenada por la revolución industrial, la obsesión mercantil y el pensamiento racionalista” (Toledo, 2005:7-8). Ahí fundamos la importancia de abordar el tema de estudio y la preeminencia de seguir profundizando. La reflexión sigue en pie.

Por otro lado, los actores del PEESNT brindan servicios como asociación civil y como Parque. Si bien es cierto que los ejidos, comunidades e instituciones que requieren sus servicios cubren sus gastos y logística, no llegan a cobrar por el servicio que prestan. Significa también cumplir con uno de los objetivos del Proyecto: que sea exportable a realidades culturales y contextos territoriales símiles, especialmente al externo de la región y país.

Estas expresiones dialógicas (tanto de los servicios voluntarios y el compromiso del dimensionamiento o difusión de la sustentabilidad que manifestamos en líneas anteriores), no hacen sino revelarnos que está presente entre los nicolaítas la perseverancia de una sociedad con la ‘cultura del compartir’, manifestando con ello, además, propósitos íntimos de resistencia de una identidad sustentable.

Si bien estas formas de intercambio no expresan ser estrategias de supervivencia donde se comparte ‘todo o sino feneces’ (como lo es en la cultura andina y otros pueblos originarios, por lo cual amerita tal denominación), las expresiones de voluntariado y la pretensión de que los demás encarnen ‘los términos propios de la sustentabilidad’, manifiestan el espíritu vigente de una cultura del compartir sintetizada en pretender un acompañamiento y participación en lo que saben y desean que perviva, para el bienestar del entorno comunal y más allá del mismo. Con ello los nicolaítas manifiestan carecer de una percepción cerrada de su realidad, sino más bien, abierta y dialogante. En este tipo de sociedades “el sistema de percepciones de la realidad no aísla a la sociedad de la esfera familiar (…) más bien se consideran las esferas individuo, familia, comunidad inmediata, comunidad mediata, o si se quiere comunidad nacional, total o humanidad” (García, 1996:75). Por ello, la pretensión de que sus adquisiciones y avances sustentables, puedan dimensionarse.

Asimismo, considerar que tales argumentos procuren persistir, no hacen sino expresar una forma de resistencia a las formas propias de la conducción de los recursos, ligadas al desarrollo cognoscitivo y simbólico que se manifiestan por el Bosque, expresión que a la vez expresa la presencia de una ‘intrincada red de estrategias comunales’ explícita o implícitamente propugnadas (Bonfil, 1990). El mismo autor sustenta que la resistencia india reside en el control que siguen manteniendo sobre sus recursos, su organización social, sus conocimientos y su sistema simbólico. Cuando se pierde este control, se desindianizan (1990:191). Hechos y propósitos como estos muestran renovados desafíos que plantean las comunidades rurales con brío sustentable hacia la cultura occidental. Advirtiendo que es posible encontrar cada vez, muestras de la unidad Cultura/Naturaleza, desterrando la idea de que ambos polos están completamente separados.

Por otro lado, la manera particular de gestión de los recursos naturales con apertura al diálogo deja entre sus actores una forma de cimentar su individualidad expresada en procesos de auto-eficiencia, la cual corrobora una mejor autoestima personal y grupal, alentando una renovada identidad campesina. “La racionalidad ambiental está siendo internalizada por nuevos actores sociales expresándose como una demanda que guía nuevos principios para la valorización del ambiente y para la reapropiación de la Naturaleza, arraigándose en nuevos territorios y nuevas identidades” (Leff, 1995, en Leff et al., 2005:15). Más adelante volveremos a tocar el tema del estilo de gestión. Continuemos con la intencionalidad del servicio.

Lo del amor por la tierra es una relación que va más allá de lo que implica la gestión del turismo. Nos lleva a pensar en una lógica de construcción sustancial hacia el compromiso por nuestros recursos y no una lógica cerrada sobre el turismo. Es, a nuestro entender una de las contribuciones más significativas de las comunidades campesinas ejidales a la sustentabilidad de los recursos naturales, empero (insistimos), por estar invisibilizadas, sigue la exclusión de su real valor.

Ahí, el mensaje oculto para lograr esos objetivos es la pedagogía, fundada en emociones de ternura y acogimiento. Su lenguaje es sencillo, siempre situándose en la posición del otro. “El mensaje que queremos dar es que primero se conoce con el corazón y al conocerla así, la amarán y respetarán (a la Naturaleza)”. “Para llegar a ellos hay que llegar a ser niños otra vez. ¡Si ríen, hay que reír, si saltan hay que saltar! "como hacemos en nuestra vida del campo”. Van logrando un sutil entendimiento cómplice, además que establecer la relación de servicio. Por ejemplo, cuando tejen estrategias de intervención según grupos de edad, sexo y condiciones físicas. Aspectos que logran despertar la motivación por el recorrido y conocer el PEESNT y el Bosque en sí. Es una pedagogía que se aprende, se labra y se construye en un proceso y diálogo interpersonal, donde cada día es diferente, porque heterogénea es la metodología de intervención, las emociones, los grupos que atienden y la temática motivadora.

Los actores lo identifican como “amor y afinidad en el trato y servicio, además de paciencia”. En algunas oportunidades, había que atender a 400 niños por las mañanas y 400 por las tardes. El “Halcón” (Santiago Martínez) atendió a 50 niños en un tour, cuando el límite era de 30. Hay esfuerzos que no a pocas miradas resultarían inexplicables.

“Es un turismo diferente, con educación, porque lo que realmente queremos decir es que amamos la tierra, que ella tiene magia, costumbres, tradición. Somos parte de la tierra…Porque tenemos una historia que decía que a cada paso se rendía culto al sol, al agua, a la luna, a la muerte. Es otro mundo que muchos no quieren ver en nosotros”. En esa visión, muestran y expresan lo mejor que tienen; queriendo llegar al visitante (en el guiado turístico) a la esencia o alma de los interlocutores. Buscan forjar identidades individuales y colectivas sobre el significado y compromiso de los recursos naturales, la labor comunal, el trabajo campesino, llevar una empresa social; aspectos, que van mucho más allá del Bosque sólo como recurso natural. Es una intervención diferente, sustentada más en un discurso con mensaje educativo-cultural que desarrollista.

Por ello, no están de acuerdo en que se les tipifique como actores que hacen ‘Turismo de Naturaleza’: “No es un turismo de Naturaleza donde sólo se debe enseñar la recuperación de la biodiversidad, el agua, el suelo…sólo como aspectos técnicos, como propone la Semanart en un manual que acaba de sacar. No somos eso.”

A la intencionalidad de depositar y a la vez cimentar emociones constructivas en los modelos educativos la denominan “pedagogía del amor”, “pedagogía de la ternura”, “pedagogía de los afectos” y “educación del corazón”. Pero la PEC que está en construcción va mucho más allá, como se evidencia en el apartado donde se presenta la experiencia del guiado ejidatario (“¡Aprendan a observar y amar lo nuestro!”). Ahí se descifra grosso modo, las particularidades de sus características e intenciones.

No es una propuesta elaborada expresamente por expertos pedagogos, tampoco se creó manifiestamente cimentada en sistematizaciones de una hermenéutica y epistemología educativa. Se evidenció y fluye porque tenía que salir y dimensionarse, porque al estar en la esencia de los guías ejidatarios, ‘eso que la tradición, el sentimiento y la mirada deja’, ineludiblemente llega a transmitirse elaborando un lenguaje propio hacia los demás, expresando mensajes humanos y cultivados.

Así la PEC irrumpió, sin mayor preparación y contemplación previa, en la naturalidad de lo que ‘se siente y saben hacer’. No nace de las canteras y contribuciones explícitas de las otras pedagogías alternativas, pero diríamos trae, reconoce y legitima mucho de ellas. El valor de todas ellas fue haber nacido justamente de las necesidades de los actores sociales, retratando diferentes coyunturas y contextos, importantes en sus momentos históricos vividos. En ese contexto, también la PEC de San Nicolás recoge el calor del parto que trajeron sus acontecimientos, por ello es diferente a las propuestas de los sistemas de educación ambiental institucionalizados.

La PEC sigue en construcción y reflexión, y aunque se acerca más a la Pedagogía de la Ternura es diferente a ella. Nace en el marco del interés por un mundo y sociedades sustentables, queriendo afianzarse a la vez que trata de contrarrestar los efectos del neoliberalismo mundializado y radical en la historia de la humanidad. Donde ya no es posible resistir silenciosamente la expansión de la destrucción de la vida, para nuestro caso, de la foresta, los suelos, el agua, la vida silvestre y fuente de vida toda, por la amenaza de la intromisión de las externalidades y presión urbana, acompañada de despojo e incertidumbre que tiene San Nicolás por los recursos que posee.

Una propuesta que parte de reconocer los valores locales por el derecho de ser una sociedad con historia forestal y sustentabilidad, donde el ‘corpus cognoscitivo’ local o tradicional de la sabiduría de los actores sociales tiene mucho que decir, al mismo tiempo que valida contribuciones externas (tecnológicas, científicas…) en procesos de ‘diálogos del saber’. La PEC es producto de la configuración de largos procesos de asimilación de conocimientos y acontecimientos suscitados en San Nicolás, llegando a vivir una renovada valorización de la Naturaleza y su reapropiación.

La relación dialógica no siempre está sobre la base de las palabras. Como afirma Long (1993:4) “sus nociones están enraizadas en las experiencias y la conciencia cotidiana de hombres y mujeres ordinarios”, ahí son usuales los gestos, miradas cálidas, risas cómplices, ternura, sencillez, naturalidad y espontaneidad. Es decir, no requiere de grandes discursos, ni capacitación especial sobre cómo debe ser el guiado, ni su proceso. Se construye creativamente en lo cotidiano, ideando cómo crear empatía con los visitantes en el menor tiempo posible.

Todo ello motiva identificar la existencia de una re-significación que expresa conjeturar renovadas identidades de nuestros actores sociales. Como pueblo, como territorio, como actividad productiva, como educadores, como mujeres y hombres que tienen una misión que cumplir, asociados al Bosque. La propuesta de la PEC, extiende un compromiso voluntario de querer enraizar una racionalidad ambiental entre los visitantes turistas y no turistas al Proyecto.

Entendemos que la PEC es compleja, se seguirá hablando de ella más adelante. Pero queremos detenernos en las otras expresiones que dificultan el compromiso de servicio y actividad laboral de los guías ejidales, mismos que ‘chocan’ y restan importancia a lo que se han propuesto hacer a través del mensaje pedagógico.

Reparación de caminos, cortar leña (a pedido), limpieza de la infraestructura del Bosque (barrer y pulir pisos y baños y similares), son también actividades que hacen los guías en sus ratos libres aparte de la labor principal, que es el guiado. Con ello, sienten que se complica la labor que atienden (que ya sienten saturada) y que hay un desperdicio de sus capacidades y habilidades, ignorada por quienes conducen políticamente el PEESNT.

Nos tocó escuchar y observar a uno de los líderes –diríamos el más perspicaz y empoderado del proyecto– con la queja de que está mal utilizado en su trabajo: “me mandan a limpiar pisos, tender camas y limpiar estufas de los campamentos…Yo puedo seguir haciendo proyectos para el Bosque y para otros más ¡… pero…”. “En los 12 años en el Parque me vienen rotando por todas partes, no me gusta, antes trabajaba en el venadario”. “Yo quisiera hablar de mi experiencia a otros como yo, me siento desaprovechado”.

Efectivamente, son actividades que a la vista de cualquier visitante, y para ellos mismos, resultan inexplicables. Son labores que contradicen el reconocimiento de la existencia de la suma y repertorio de ideas y percepciones, calificación, visión y experiencia que encierran sobre el CT sus actores y, por qué no decirlo, del reconocimiento al mérito de ser fundadores del Proyecto. Peor aún, siendo gestores de la PEC (misma que es invisibilizada por los propios guías y sus autoridades) la problemática se agudiza al descalificarse su real importancia.

El cuestionamiento mencionado no sólo parte de nuestra mirada, lo testimonian los resultados de una breve entrevista que sostuvimos con algunos visitantes al Parque. Consideran que los guías hacen un servicio eficiente y novedoso (refiriéndose a las explicaciones del mundo campesino), resultando en brindar en forma y contenido ‘más de lo esperado’. En varios casos dieron a entender que se trasluce que el servicio de los guías no es bien remunerado por el Proyecto, pareciéndoles injusto que algunos actores trabajen demás o que su presentación personal no siempre sea la más adecuada.

No creemos que los visitantes arriben al Parque sólo para satisfacer necesidades recreativas del segmento naturaleza, deducimos que hay una intención de búsqueda de recepcionar el trato humanitario que han identificado de parte de los guías ejidales. Por ello el interés de inmiscuirse en su problemática, y algunos de ellos incluso apoyando labores que escapan a su competencia.

Así, es notorio que comparten su agradecimiento, expresados en felicitaciones, regalitos, propinas, ‘lobbys’, y ofrecimientos para seguir en contacto y coordinación. “Saben mucho, y por lo que veo, el pago por el guiado es poco, entonces deben pagarles poco”. Los actores por su parte reciben con beneplácito tales distinciones. Sin embargo, este diálogo de cooperación, reciprocidad y solidaridad no es abierto. Existe recelo y temor por parte de los actores a que las autoridades del Proyecto evidencien tales hechos. Aquellos prohibieron recibir propinas especialmente, en la intención de ‘no desvirtuar el objetivo de servicio’. En ese orden de cosas, prevalece por un lado, la mirada de invisibilización de los atributos y contribuciones de los actores tratándolos como ‘cualquier trabajador más’ y por otro, la prevalencia de sucesos –como sustenta el caso con los externos– de que hay una situación de apertura a la valoración de tales contribuciones. Por demás está decir que ‘la otra carga de trabajo’ dificulta la calidad del compromiso de servicio, y con ello el mensaje pedagógico.

Habría que considerar que sobre el recargado trabajo que muestran los actores en el Proyecto está la multiactividad económica que desarrollan los actores para completar sus ingresos familiares. Complica más la realidad el proceso de envejecimiento de los mismos, muchos de ellos, especialmente quienes lideraron la reforestación inicial del Bosque, son personas que pasan de los 70 años, y como varios laboraron voluntariamente no tienen seguro de vida, peor aún, sin la asistencia en servicios de salud. Las autoridades reconocen que “la mayoría de los ejidatarios ya están viejos, pero es un problema difícil de abordar”.

Relación de desavenencia que nos lleva a reflexionar ¿A qué conducirá en un mediano y largo plazo el seguir insistiendo en la mirada de auto-negación e invizibilización de las contribuciones de los actores primigenios del Proyecto? La disputa por el poder interno (que debate pretensiones indeterminadas por establecer modelos de gestión entre quienes conducen el Proyecto), ¿cómo afectará el proceso de edificación de la PEC? y, ¿cuál será el límite de los cuestionamientos y resistencia?

A pesar de las desavenencias y su capacidad de manejo de la disputa, hoy en día se puede notar que los constructos y cooperaciones por parte de los actores del Proyecto, siguen en pie. Veamos cómo se expresa y evidencia la PEC entre actores y sectores pares.


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