Gloria Amparo Miranda Zambrano
5.3.1. La sustentabilidad campesina: El valor de la relación Ser Humano-Naturaleza
Efectivamente, existen aportes cognoscitivos cosmovisionales y técnicos importantes en el ejido, conformando el “banco” de saberes y conocimientos en el manejo del recurso forestal. Que el mismo manifiesta en conjunto, poseer una cultura ecológica, condiciones de fondo para el desenvolvimiento del CT y, manifestar aspectos que favorecen su construcción y consolidación como proyecto. Cómo -gracias a su empoderamiento y posterior re-significación como organización que contribuye al ecoturismo sustentable comunitario-, consigue ser una propuesta “modélica” para otras comunidades. Sin embargo es necesario preguntarse:
¿Desde dónde se construyen los conocimientos tradicionales, capacidades y habilidades de la cultura local, y con ella el andamiaje de la PEC? ¿Qué fomenta la resistencia y arraigo de los actores para permanecer en el Bosque?
• “Es como la semilla que necesita agua” (en clara alusión que la tierra necesita del ser humano y viceversa)
• “El Bosque necesita de mí, , como yo de él”
• “Traemos la misión de cuidarla, protegerla, agradecerla, no sólo en base a los usos y costumbre, sino en los sentimientos que tenemos hacia ella…ella nos devuelve siempre con más”
• “El Bosque es mi mundo, es mi vida”
• “Por inercia, yo no me voy”
• “Es mi casa muy grande, respiras cuatro o cinco veces más, te mantienes mejor”
Son expresiones de una cultura identitaria por el Bosque, que expresa signos de reciprocidad e intersubjetividad producto de una relación de arraigo desplegados mutuamente entre Ser Humano–Naturaleza y Naturaleza-Ser Humano.
La crianza mutua de la que nos habla García (1996), Toledo (1999, 2000), Leff (2002, 2005) y otros autores que vienen estudiando los signos de reciprocidad-espiritualidad hacia la Naturaleza. Es recurrente la relación que tienen los actores con la Naturaleza, trasluciendo respeto y convivencia. Ahí se instala una suerte de licencia a la Naturaleza, que teniendo vida, tiene condición humana y terrena, y como tal puede ‘abrigar’ análogas sensaciones de los seres humanos, por lo tanto ella, necesita de sus cuidados. Por eso existe reciprocidad entre ambos; la madre renueva la vida y el ser humano a cambio la protege y conserva. Es la “crianza mutua” en términos de García (1996).
No se quiere distinguir ‘románticamente’ esta relación de compromiso compartido; el entendido es recuperar la profundidad de la mirada de los actores sobre su Bosque y Naturaleza. Aquella que “ (…) propone una utopía positiva, de una modernidad distinta, entre otros principios básicos, en un vínculo renovado entre el hombre y la naturaleza, apoyados en campos de pensamientos y sentimientos morales presentes en un discurso poético, esto es ético y estético, como arma eficiente para relativizar la “claridad científica” (Conchiero y Diego:2002:7).
Es cierto, que a la actualidad en San Nicolás no hay calendarios de ofrendas, ritos y fiestas relacionados expresamente a sentir la Naturaleza consagrada; y que el trabajo que se despliega sea cargado de ritualizaciones como suceden en comunidades donde expresan con mayor expresividad la relación sagrada del ser humano con su entorno, como sucede en los pueblos originarios mesoamericanos y andinos por ejemplo. O más aún, el Bosque y en particular el árbol, ya no es para San Nicolás el “(…) ‘xochinkuauit’, árbol enraizado en el corazón de la tierra que representa el eje que ‘inaugura la posibilidad de efectuar la ruptura mágica del tiempo y del espacio, el lugar de la hierofanía abertura que hace posible el transito de una región cósmica a otra, entre el cielo, la tierra y el inframundo (Aramoni en Conchiero y Diego, 2002:10).
Sin embargo, en algún momento de la historia de ejido se vivieron tales expresiones, de manera contraria Alejandro Cano no tendría la costumbre de poner “cada fin de mes o primeros días, una veladora con fruta en los ojos de agua” del monte de San Nicolás. El sustento o explicación es “para que la tierra, siga dándonos” . Es el único ejemplo vigente que encontramos en San Nicolás, como un hecho que sigue en la admiración y respeto entre sus pobladores.
Por su parte, Don Ambrosio Tenorio recuerda que contaban sus abuelos que el primer día de cada mes se dejaba ofrendas a las cumbres más señaladas y en los ojos de agua.
Se ponía molito y fruta, como manzanas, duraznos, chabacanos. Todo metido en trastes y también se ponía unos muñequitos parecidos a los dioses. Todo se enterraba. Con el tiempo se ha perdido esta costumbre, ya no hay lugares apartados por todo lado están las casas y la gente empezó a destapar las ofrendas. Algunos se comían y se enfermaban. Se ponía ¡¡para que nunca falte agua en los manantiales!!
Los sentimientos siguen latentes, por ello hay rezos como el que expresa Cruz Amaya cuando invoca a sus seres sagrados “Diosito lindo acompáñame y déjame trabajar, que buena leña me llevo, también para los pobres”. También lo testimonian las fiestas de la Cruz de Mayo y las ofrendas a la Virgen de Guadalupe, acontecimientos destinados para enaltecer las milpas y el monte. No es posible dejar de decir que tales expresiones vienen en declinación. Lo testimonia Ambrosio, quien sostiene que no lo asume hoy en día, porque “no me gustaría que me llamen idólatra”. Un ejemplo más de cómo la gran ciudad absorbe costumbres y con ella identidades consagradas que trabajaron y sintieron una relación por el Bosque diferente a los ejidatarios del común de hoy.
Las voces de los actores relatan también una forma de conciencia que adquiere sentido cuando se refieren a ‘no dejarla’ o ‘necesita de mí y yo de ella’. Son sentimientos propios que tocan su territorio. Un referente identitario y de reciprocidad porque han nacido y crecido en ella, donde se ha gestado una interacción de carácter personal; por ello se siente que hay un compromiso de quererla, de cuidarla. Expresiones que de alguna manera renacen el sentido de la espiritualidad de lo humano hacia la Naturaleza.
Desde la mirada de occidente se considera al capital físico, capital humano y capital social (Ostrom, 2001; Kay, 2005; Merino, 2004) como componentes primordiales en la existencia de las comunidades, asumiendo un énfasis en lo económico-productivo y cultural-social. Sin embargo, las comunidades campesinas, como se devela con el presente caso de San Nicolás, tiene entre sus principales referentes de vida otro componente trascendental: el espiritual como atributo de la expresión íntima que tienen los individuos en su relación con la Naturaleza. Entonces, también ello constituye un bien, que lo identificamos como ‘bien espiritual’, siguiendo la dirección de E. Ostrom en ello de seguir identificando los componentes de valor que integra y re-significan la vida de las comunidades, inusual en la actual coyuntura y especialmente en áreas conurbanas, como sucede con San Nicolás.
Este ‘bien’ es trascendental o quizás más revelador que el denominado capital físico y social, es quién hace posible y sostiene a los anteriores. Este bien inmiscuye al CT puesto que la cultura identitaria (arraigo e intersubjetividad por la Naturaleza) tiene como uno de sus canales de expresión a los saberes y conocimientos, manifestado en la relación con la foresta (aspectos que explicamos en el IV capítulo).
Para quienes desconocen el valor de este componente es inexplicable responderse porqué y qué mantiene a estos actores resistir su Bosque. “¡Por qué no lo han vendido ¡ya!”, “¿Por qué no han cambiado a formas mas industriales de explotación moderna, si el Bosque esta en pleno corazón del DF?” En el fondo este bien espiritual expresado en la identidad y raíz identitaria sagrada no ha fenecido en San Nicolás. Está empañada, remozada, cambiada, pero los actores siguen siendo los “Guerreros del Bosque y del Agua” a pesar del paso del tiempo y vivir la cercanía amenazante de occidente representada por la vecindad con la megaciudad de México.
Entonces, si se quiere responder a qué alega que los actores permanezcan y resistan su Bosque, la explicación -aparte de seguir empoderando y re-significando su Proyecto, fuente principal de trabajo-, la justificación va también por el lado de recreación del ‘bien espiritual’, ahora imbricada en el compromiso de diversificación de actividades y servicios que debe cumplir el Proyecto Ecoturístico. Más aún, viene recreándose a partir de ello la contribución educativa con lo que denominamos “Pedagogía Ecoturística Comunitaria” (PEC), tema que seguiremos abordando en detalle más adelante.
Sigamos con las consideraciones de reafirmación y arraigo identitario que denotan las visión de los actores de San Nicolás. Valentín de la Rosa, Alejandro Tenorio, Pascual Ruiz, Pedro Rivera, Lázaro Camacho, Ambrosio Tenorio, Fidencio Camacho, Julián Escalona, Santiago Martínez, Migue Ángel López, Cruz Amaya, Manuel Moriño y, tantos otros sabios de la historia del pueblo y en ello del recurso forestal, vienen brindando sus historias de vida como modelo de resistencia, identidad y arraigo por el campo. Don Pascual Ruiz afirma:
“Nací en el pueblo y desde niño me he dedicado a guardar documentos de la historia del pueblo. Mi padre me enseñó el amor a la historia, él estuvo al lado de Emiliano Zapata, por eso tengo en mi poder varios códices. (…) Tengo 8 hijos y con ellos he formado mi empresa de nopales, a pesar de haberles brindado estudios universitarios. Con esta empresa, doy trabajo a muchos jóvenes de la ciudad. El campo es la solución, no hay de otra. Tarde que temprano se vuelve a la tierra, es lo mas seguro, incluso para los que han decidido ser profesionistas”.
Don Lázaro, acota lo siguiente:
“He enseñado a mis 6 hijos el amor y trabajo para con el Bosque. Tan es así que todos mis hijos que tienen sus casas alrededor de esta su pobre casa, le han puesto madera a pesar de ser construcciones modernas… ¡allí usted las ve¡... Ellos trabajan en algo relacionado al cuidado de los bosques en instituciones del gobierno, no se han alejado de lo que les enseñe. Es su sustento, por eso estoy orgulloso”. ”. Don Pascual cumplió bodas de oro, acompañado de una amplia y unida familia.
No es la ‘intersubjetividad’ sólo para con el Bosque, sino el sentido de dejar estas identidades para las generaciones que prolongarán este universo: hijos, familias, comunidad, todos los que tendrán acceso al mismo. Lo importante es que la identidad campesina y el sentido de pertenencia al campo, sigue arraigándose. “Ser campesino es levantarse temprano, pensar que hay que sembrar para cosechar, ser aguantador, ser como la semilla que necesita agua…Ahora con nuevos proyectos que muchas veces tienen otro nombre, pero es de nosotros, lo conocemos” (en referencia al ecoturismo sustentable).
La cultura ecológica que presentan los actores, integra reminiscencias de la ‘intersubjetividad’ que implica considerar que ‘todos’ tenemos que trabajar a favor de la conservación del Bosque y la integralidad de los demás recursos ‘del mundo’. Asimismo identificar la VIDA antes que al ser humano y el respeto a los demás antes que ‘al mió propio’. En ello radica la persistencia y afán de dimensionar estas identidades la cual refleja ser diferente a la racionalidad moderna sobre la Naturaleza y los seres humanos.
En la “intersubjetividad” que plantea Lenkersdorf se da principalmente en reconocer que los elementos materiales son sujetos y no simples ‘objetos’ de intervención; en sus estudios del mundo tojolobal, encontró la inexistencia en la distinción de denominar a las personas ‘sujetos’ y las cosas materiales ‘objetos’. “Todos son sujetos, por lo tanto hay un respeto en la intervención a los recursos naturales”. A nuestro entender, cuando se considera ‘objeto’ a los recursos materiales es entonces que se interviene con la visión de explotación, subordinación y allanamiento. Al reflexionar sobre el tema específico, los actores de San Nicolás no consideran en términos ‘puros’ la intersubjetividad que refiere el autor, es decir considerar a los elementos materiales como sujetos. La intersubjetividad mas bien va por la perseverancia y previsión de hacer entender que “todos debemos sentir y amar la Naturaleza”.
Estas expresiones destacan el significado del Bosque, del pueblo, de la tierra, de la importancia de su legado histórico como una construcción territorial ideologizada y re-significada en la historia, donde hay la esperanza de seguir viviendo de ella, de la seguridad que da cuando se la atiende y trabaja, que la tradición y vocación continua. De alguna manera, se constata que ‘la Madrecita Tierra’ a la actualidad sigue siendo –aunque de manera renovada-, el referente básico del ser campesino e ejidatario, “de una forma de conciencia que adquiere sentido cuando se persiste estar y cuidar de ella” (Kuassi en Conchiero y Diego, 2002: 7)
Empero, ¿De dónde nace este sentido identitario, sentimientos, simbolismos y valoraciones?, ¿Cómo se forjan y arraigan en ‘el alma’ de los actores para constituir su identidad asociada al campo? En el ejercicio de desentrañar estas valoraciones y acercarnos a entender de dónde y cómo se establecen estas sujeciones para constituir “seres del campo”, las reflexiones de Seeffó Luján (2005:115) en su estudio sobre los agricultores, nos sirve como referencia para asimilar los procesos socializadores de los actores de San Nicolás.
“El jornalero se forma desde la infancia, bajo la dirección de sus padres y hermanos. Aprende a trabajar: discrimina texturas y colores del suelo y de sus frutos; cuenta las unidades cosechadas, estima distancias de surcos y superficies de terrenos; calcula pesos y volúmenes de repollos o brócolis cortados y cargados en los camiones, interactúa con sus semejantes, aprende a hacer amigos y eludir enemistades. En este camino de la vida y bajo el cobijo familiar, el niño-peón, va sufriendo una metamorfosis acelerada. ‘(…) Como capullos humanos, los ‘niños de la tierra’ experimentan el campo desde la lactancia (...). La familia es fundamental en la producción-reproducción biológica y social de los peones (…)”.
Los actores del Bosque no escapan a estas formas propedéuticas de inicio a la identidad del Bosque que les brinda las unidad familiar entremezclada con los saberes y conocimientos, el lenguaje, la historia, los simbolismos, la tradición y, los sueños e ideales. Todos los actores testimonian que corretearon y sintieron del monte su fuerza, sus ciclos, la vida, el calor, el frío, la incertidumbre, su sombra y, hasta sus misterios. Ahí radica, sin duda, el proceso de apropiación simbólica e imperecedera del Bosque y de su territorio como su universo vivencial. Entonces, el Bosque como paisaje y casa propia y común, brinda no sólo un valor ecológico, sino también una historia de vida personal y comunal donde se construyen y fijan identidades e ideales ecológicos, ideológicos, espirituales y también laborales.
Siguiendo la explicación de la relación simbiótica entre la Naturaleza-Ser humano, es interesante percibir cómo al dialogar con los guías ejidatarios -en quienes se sostiene la gestión operativa cotidiana del PEESNT-, un pleno compromiso identitario y de servicio por el Bosque y el Proyecto Ecoturístico, enraizada en la ‘palpitante’ motivación de la labor cotidiana, actitud que no se pudo percibir en la vibración de los demás actores (inclusive los sabios ancianos ejidatarios). Huelga decir que la misma es contenido sustancial del andamiaje para los contenidos del guiado turístico y por lo tanto de la PEC. Al ser una postura contagiante, hace que los demás (especialmente visitantes) los sigan en sus sueños y propuestas en la labor ecoturística y sustentable; no pocos los identifican como “(…) los locos”. “…, y los somos, ¡¡por dar y entregarnos, ¡¡ nos dicen así!!”. Lo testimonian expresiones como:
• “Yo amo a la madre naturaleza, no puedo vivir sin su agua de manantial, respiro aire puro, cosecho de sus tierra, me da leña. Yo le debo mucho a SNT, no se cómo devolverle tanto a Dios. Podría trabajar aunque sea gratis y no moverme de esto, que para mí, es un paraíso.
• “Mi padre defendió los recursos naturales con su propia vida, murió cuando era Presidente Ejidal…, yo nací bajo la higuera y mi madre es una yegua, con ello le digo mi amor por esto”.
• “Mi anterior matrimonio fracasó porque mi compañera no entendía mi entrega a lo que es mi madre (el Bosque)”
Más aún, no es mera casualidad que el total de los guías y trabajadores ejidatarios sinteticen expresiones como “¡Yo trabajaría aquí, aun sin pago!” “¡mi vida es el Bosque!”; “¡el Bosque es lo que me anima a levantarme cada día!; “¡el Bosque me sano lo que ningún medico!” ;“antes estaba enfermo, no dormía, tenía los nervios..., el Bosque me sanó todo, ahora duermo como un niño…¡muero sin el!”; “así tenga mucha lana, ¡yo no dejaría mi Bosque, antes mejor, muero!”; “en la electricidad me enferme porque trabajaba todo el día y empecé a sentirme mal. Me dijeron que cambie de trabajo, en algo más descansado, que me despejara. Y el Bosque me sanó. ¡Por eso estoy aquí!”
Son expresiones que facilitan y acercan al sustento explicativo del porqué los actores resisten su Bosque a pesar de las disputa y contienda velada que enfrentan (por poder político, por más tierras, o lograr beneficiarse de mayores servicios). Efectivamente, el conflicto hace surgir al adversario y forma la conciencia de los actores presentes; asimismo, si lo hace de manera colectiva (acción colectiva) se genera bajo la identidad, que es la definición que hace el actor sobre sí mismo, otorgándole la posibilidad de actuar sobre él, como sobre la sociedad (Touraine 1988). Con el ejemplo de identidad (y resistencia) del Bosque en mención, los nicolaítas no hacen sino encontrar cada vez renovadas significaciones, transformadas cada vez en identidades, que al encarnarse en su vida y proyecto personal, es posible su proyección a los demás, en este caso a los visitantes durante el servicio. Aspectos que por cierto vienen a constituir el andamiaje ideológico de la PEC.
En estas expresiones, es indudable que al Bosque -la Naturaleza-, se le asigne e identifiquen cualidades imprevisibles desde la mirada endógena. Que el Bosque se ‘comporta’ como un ente dador de vida y además vivificante, por ello la permanencia e ella. Que trasciende para conceder a quienes la perseveran, bienestar y salud; componentes importantes que constituyen y contribuyen a la calidad de vida de los actores. Al respecto el trabajo de Latour (2007) explica que los objetos tienen parlamento ; en el caso abordado sustentaría que el Bosque está parlando en lenguaje silencioso, que sabe brindar ‘ánimo’, ‘salud’; es decir está re-significando la vida de quienes la habitan, por ello manifiestan adhesión.
Los actores no se imaginan en otro lugar, si no es disfrutando de la energía y vigor del Bosque, del verdor y diversidad de vida que concede la foresta. Es un disfrute de la vida, -aparte de la reproducción económica y social- “que se da en la poesía y el canto (del Bosque) que permite acercarse a las raíces , a una verdad de fuente y de poder, lo que en náhuatl significa ‘Yolotalmanik’, al corazón de la tierra (Concheiro y Diego 2002:6).
Ante el panorama de identidad y arraigo que resumen los actores sobre su Bosque , no es posible dejar de reflexionar: ¿Es ésta la razón de la permanencia de los actores en el Proyecto a pesar del cuestionamiento e inconformidad por la remuneración pecuniaria que perciben? Peor aún, ¿existe un sesgo de conveniencia por parte de autoridades y actores externos al proyecto, que al saber de esta consideración bosque/actores y actores/bosque, abusan o mejor dicho, se sustentan y confían en los mismos para no reconocerlos pecuniarimente y demás distinciones?; ¿Prevalece y se juega la idea ‘que de todos modos ellos permanecerán ahí, ‘pase lo que pase’? Reflexiones que urgen respuesta, pues se sabe de la adversidad económica que sustentan los actores.
Volviendo a las expresiones identitarias, los lideres y pueblos originarios sostienen que sólo con el desarrollo de la vida espiritual podrá reestablecerse la armonía cósmica y de la Tierra. “Por ello es importante transformar las conciencias de quienes desde el poder se cierran a reconocer el potencialidad espiritual, impidiendo la recuperación de la humanidad”.
Son diferentes maneras de mirar, interpretar, sentir y disfrutar la vida del Bosque y la Naturaleza, bienes que están cargados de valor cultural, ideológico y espiritual que subyacen en el ser de los actores, que se exteriorizan y cobran forma y mensaje cuando se transmiten a los visitantes o se quiere dejar huella en otros campesinos, enarbolados en la practica cotidiana de la PEC.
Propuesta que como vemos, encierra miradas y mensajes diferentes y acaso más complejos e imbricados que la propuesta de desarrollo sustentable y ecoturistico expresada mayormente en términos académicos, de la que departimos al inicio del presente trabajo.
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