Tesis doctorales de Economía


EL CONOCIMIENTO TRADICIONAL Y LA PROPUESTA DE EDUCACIÓN Y CULTURA AMBIENTAL EN LA GESTIÓN EJIDAL ECOTURÍSTICA DEL PARQUE SAN NICOLÁS TOTOLAPAN, CIUDAD DE MÉXICO

Gloria Amparo Miranda Zambrano



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3.6. Los actores y el conflicto como expresión de poder

¿Cuáles son los signos que exteriorizan las relaciones de poder en la gestión operativa del Parque? ¿Qué implicaciones tienen en la sostenibilidad organizativa y de gestión del Proyecto? ¿Cómo se conciben el conocimiento tradicional y las habilidades y capacidades en la gestión y cómo se valoran y reconocen? Son algunas interrogantes que tratamos de resolver aproximándonos a conocer el manejo institucional interno que enfrentan los actores. Aunque habría que tener en cuenta que siendo el PEESNT la principal actividad que afronta el ejido, viene apropiándose de un perfil político-administrativo con base en la heterogeneidad política y social de sus miembros, por ello los espacios de decisión son concluyentes.

La administración del Parque pasa por la organización ejidal, donde participan 336 ejidatarios. La máxima autoridad es la asamblea, cumpliendo sus funciones de acuerdo al reglamento interno, es quien estipula la renovación de sus autoridades cada tres años. Sus juntas se realizan el último domingo de cada mes con asistencia obligatoria, y quien ejecuta los acuerdos es el Presidente del Comisariado, apoyado por autoridades colegiadas y suplentes. El Consejo de Vigilancia, el Primer y Segundo Secretarios y sus suplentes, se encargan de que el Comisariado haga efectivos los acuerdos.

Aparte de dar cumplimiento a sus actividades propias, el cuerpo de autoridades del ejido (secretario, tesorero y vocales) se asumen además como autoridades del PEESNT. El Consejo de Vigilancia apoya orgánicamente la gestión del Bosque, es de quien depende el aspecto forestal y de esta instancia un equipo de vigilantes, que en fechas de mayor concurrencia suman hasta 20 personas. Dependen del Tesorero –quien se ocupa de los bienes del Parque y por su puesto del ejido–, el Administrador y el Jefe de Operación.

El tipo de administración ejidal actualmente ha entrado a mostrar límites, no siempre se adecua a las exigencias y requerimientos que conlleva conducir un proyecto con visión y reto empresarial. Podrían beneficiarse de formas más amplias de organización en vista de la realidad y movilización de sus integrantes, superando la estructura vigente. Por ejemplo, la “camisa de fuerza” que vive el Comisariado –quien tiene por derecho propio administrar el Parque y elegir a un responsable dentro de los asociados– se expresa, cuando no siempre acierta llevar una administración calificada, lo que genera conflictos entre los demás ejidatarios, además por depositar en el mismo personaje político el derecho de decisión en la gestión cotidiana del Parque. Los demás ejidatarios se reservan el derecho de entender hasta dónde es importante la presencia de una autoridad ejidal o preferir un técnico calificado para tales menesteres.

La importancia de emprender una nueva normatividad flexible a los cambios y acontecimientos actuales se hace relevante hoy. Los teóricos, especialmente quienes vienen trabajando los marcos reglamentarios de los temas del campo ajustados a la NR (CEDRSSA, 2006; Concheiro et al., 2007 y Rodarte, 2003, entre otros), sostienen que es imprescindible e “imperante construir criterios de definición lo suficientemente flexibles y articuladores para dar cuenta de los cambios y continuidades de las sociedades rurales, y poder reposicionar lo rural (…)”. A San Nicolás le apremia asumir estas medidas.

Al no tener salidas eficaces a la reglamentación y normatividad y, ahora que el ejido maneja un proyecto de envergadura como es el PEESNT, las diferencias, según opciones divergentes, no se han dejado esperar. “Antes se presentaba un solo candidato para la elección del Comisariado Ejidal, ahora son cuatro, ¡hay mucho interés por lo que representa el Parque!”. En la conducción de la organización hay ejidatarios que se autodenominan de “derecha” e “izquierda; así, el recientemente elegido comisariado, tiene el desafío de poner ‘orden’ a los disímiles intereses que vienen surgiendo, tanto por ser merecedores a proyectos o programas, o ser considerados en la demanda laboral a los mismos dentro o fuera del ejido. “Todos se creen arquitectos, ingenieros, además todos quieren decidir. También hay celo cuando se da oportunidad a la gente nueva”. Por otro lado, el envejecimiento de los ejidatarios –quienes estarían acercándose al final de su actividad productiva pública, estimando que están en las décadas de los 60 a 75 años de edad–, ha desatado cierta preocupación; sin embargo, el tema no es trascendental debido a que las estrategias de participación vienen cambiando: delegar la representatividad a sus hijos más cercanos que están en actividad productiva relacionada al Bosque. Aunque es innegable que los líderes ejidatarios de mediana edad tienen mayor poder de decisión y conducción, no obstante subsiste el problema de que la “mayoría son ancianos y sólo asisten a dormirse…Muchas veces se toman decisiones importantes cuando están dormitando”.

Por su parte, la dirigencia plantea que el problema es la renuencia de algunos actores por el cambio. En otros casos, por ambiciones políticas, al no querer reconocer que una determinada gestión deba tener éxito. “(...) muchas empresas sociales no tropiezan por los obstáculos que encuentran en el camino, sino con sus propios pies, o sea no prosperan como consecuencia de un manejo inadecuado de sus mecanismos organizativos internos” (Pozas, 1992:68, en Rico, 2005:57). Algunos ex comisariados son críticos a la labor presente, no reconocen la ‘obra’ actual, afirmando que son pequeñas, “Tienen la mesa servida, siguen los mismos servicios que hemos dejado. Nosotros instalamos la infraestructura básica, hoy sigue casi igual”. Actualmente, está en debate la venta del campo deportivo de su propiedad en 24 millones de pesos. “No brinda ingresos, más bien es fuente de conflictos”.

La mayoría de personal que trabaja en el Parque pertenece al ejido (hijos y descendientes de ejidatarios) generando el PEESNT más de 100 empleos directos, últimamente la mayoría de ellos sustentados, laboralmente, por el “Programa de Reserva Ecológica Comunitaria” –que labora en el Bosque de manera autónoma y paralela–, y otros con contrataciones temporales. Este Programa tiene a su cargo 33 empleados, organizados en 3 brigadas de vigilancia ambiental, cumpliendo servicios todo el año, según el calendario forestal, objetivos y metas. Hay monitoreo, evaluaciones y reportes mensuales. Los empleados del PREC cubren cerca del 50% de ejidatarios titulares, los demás son familiares y allegados de los socios.

Los actores que vienen prestando sus servicios como guías ejidales en el Parque –que vendrían a ser los protagonistas del Bosque y el PEESNT– reciben una remuneración que oscila entre 3 y 4 salarios mínimos por mes. Según las autoridades se les reconoce el doble en días festivos, además de aguinaldo, medicamentos (en caso de enfermedad) y permisos por salud sin descuento de haberes. Se paga a los guías externos $150.00 pesos y a los guías del ejido $100.00 por conducción. Si hubo demanda de sus servicios y la labor fue recargada, se les brinda compensación a su trabajo. Por ejemplo, por dos guiados a la semana se les subsana con $ 200.00 pesos, y si fueron tres veces con $ 600.00 pesos acumulables, cifra que se añade a su salario mensual.

No obstante, los actores del PEESNT manifiestan disconformidad por la remuneración, especialmente los jóvenes, así, el Parque viene siendo atendido especialmente por personas adultas. “Qué hago yo aquí en el Bosque si abajo ¡gano más!”. El clamor por parte de los guías ejidales y trabajadores del Parque, va por el cuestionamiento al ‘bajo’ reconocimiento pecuniario y social de su labor. Asimismo, el desconocimiento de algunos de sus derechos laborales, como sobretiempos, aspectos que contradicen lo sustentado por las autoridades. Empeora la situación, la contratación ocasional de personal externo como guías u obreros, pues éstos –a decir de los ejidatarios– laboran “sólo por cumplir”, lo cual es una amenaza a la calidad y sostenibilidad del servicio, aspecto que profundizaremos más adelante.

Otro caso de incomodidad por el aspecto remunerativo es el de los trabajadores del vivero forestal “Potrerito”, quien funciona dentro del Bosque, estando adscrito a la Delegación Magdalena Contreras, algunos de sus trabajadores son del ejido. El vivero es conducido hace 5 años bajo la responsabilidad de Miguel Ángel López y 20 trabajadores (10 varones y 10 damas), mismos que recrean sus labores cotidianas y experimentos, conjugando un proceso de re-significación del conocimiento tradicional forestal. Su responsable es remunerado por 7 horas de trabajo diario con $3,000.00, al mes. En el caso de Miguel, también podemos advertir una suerte de insatisfacción por la baja remuneración de su equipo.

Si se compara con los ingresos que perciben los Brigadistas, Jefes de Brigada y Coordinador, quienes laboran en el “Programa de Reserva Ecológica Comunitaria” (PREC), con una remuneración de $3, 000.00, 5,000.00 y 10,000.00 pesos mensuales, respectivamente, es hasta cierto punto el equivalente a las remuneraciones pecuniarias de los trabajadores del Parque. Empero, hemos notado cierta rivalidad entre los trabajadores de ambos proyectos. La ‘rivalidad’ podría venir de las oportunidades de acceso laboral que se tendió a los del PREC (no están todos los ejidatarios por razones presupuestales del PREC), pues tampoco es secreto que “las autoridades de turno eligieron para esos puestos a sus allegados”.

Habría que destacar, que algunos de los integrantes del PREC reúnen mayor calificación, como es el caso, por ejemplo, de su coordinador y otros. La pregunta de fondo sería, ¿por qué perseveran y resisten los guías ejidatarios en el Bosque a pesar de la inconformidad pecuniaria y las relaciones sociales desiguales y excluyentes? La respuesta va por otro orden de cosas, a nuestro entender por la configuración de ‘otros gratificantes’ que denota su sentido de identidad y pertenencia por el territorio y territorialidad, unido a sus saberes y habilidades en la conducción del Bosque, aspectos que abordaremos en los subsiguientes capítulos.

Otras oportunidades para la generación de ingresos que tienen los guías, y en general los ejidatarios, es la conducción de proyectos productivos que ofrecen Conafor, Corena y otras instancias. Son convocatorias para proyectos familiares o individuales como: producción de viveros, nopal, arbolitos de navidad o, productos de traspatio (crianza de conejos, borregos). En convenio, los técnicos elaboran el proyecto según las condiciones y necesidades de los ejidatarios, beneficiando tanto al responsable, como al ejido. Es “otra forma de tener productiva la tierra y bajo vigilancia”.

Las autoridades sustentan que las convocatorias son por licitación, notificándose a los asociados por igual; pero lo que decide es la “experiencia de la persona”. Es notorio cierto celo al cumplimiento del convenio, principalmente por el lado económico; San Nicolás ha pasado por experiencias de malversación de dinero. De igual forma, hay preocupación para el cumplimiento de los plazos de los convenios, siendo aval el ejido, tiene responsabilidad en la conducción del proyecto. “Hay un asociado con su equipo, que ha recibido un millón y medio de pesos para un proyecto grande, y otro más, pero no demuestra resultados. Ya tiene su oportunidad, pero sigue en la crítica. Tiene sus problemas anteriores, antes vendía lotes de terrenos”.

No se quiere señalar que los proyectos productivos expresen sólo cuestionamientos, hay casos de reconocimientos a los socios. Por ejemplo, Corena destacó últimamente el trabajo del Coordinador del PREC (conducción técnica-administrativa y lo económico). Por su parte, el discurso colectivo manifiesta descontento por la labor de la dirigencia, alegándose favoritismos a allegados y familiares y, el cuestionamiento a la labor de los representantes y cómo conducen el poder.

En otro orden de cosas, aparte de los salarios individuales como empleados del Parque, el núcleo agrario de San Nicolás Totolapan recibe diferentes incentivos de instituciones estatales. Por ejemplo, el pago por servicios ambientales que se hace a las comunidades rurales. Según informe del comisariado, en el año 2007 San Nicolás recibió de estímulo anual por cada hectárea preservada de Bosque $400.00, sumando la cantidad total de $700,000, misma que fue redistribuida de manera proporcional entre sus asociados. Anteriormente, hasta el mes de mayo del año pasado, los agricultores ejidatarios recibían una retribución por estímulo a la agricultura, cuya cantidad dependía del tamaño de terreno y siembra. La mayoría recibía de $200.00 a $500.00, mientras que un ejidatario llegó a los $5,000.00

Aparte están las utilidades del PEESNT, que durante años estuvo reinvirtiendo sus entonces ‘magras utilidades’ especialmente en obras de equipamiento, infraestructura y mantenimiento, además de salarios y gastos de operación. Es a partir de 2004 que el ejido por primera vez realizó un reparto de utilidades entre sus asociados. Se distribuyeron $1,000.00 por cada ejidatario para dicho año; le siguió el 2005 con $2,000.00; mientras que para el 2006 y 2007 se autorizaron $3,000.00, igualmente para cada asociado. Según sus autoridades, para diciembre de 2007 el PEESNT reportó un ingreso de 1’000,5000 pesos, siendo cada vez mejor las utilidades. El desembolso, es entregado cada fin de año en acto oficial, con informes y balance presupuestal, culminando el evento, con presentes y reunión de camaradería.

Cabe destacar que la mayoría de los socios entrevistados reciben con aprobación y beneplácito tales remesas, alentando y reconociendo que los usufructos son cada vez mejores. Sin embargo, el grupo de oposición (de ‘izquierda’), considera irrisorio y hasta ofensivo recibir esas cifras por concepto de utilidad del proyecto: viene de un proyecto considerado líder nacional en el sector, y adolecen de claridad los informes, inclusive algunos mencionaron no haber recogido tal estipendio. “Lo que se alcanza son lineamientos generales y como la mayoría no lo entiende lo pasan y ya. No nos pueden callar dándonos esa cantidad”. Es sabido, que el informe económico se presenta el mismo día de la elección de autoridades, aprobándose el cometido ‘por cansancio’ y discusión de una agenda cargada, propia de la culminación del año.

Ante la crítica a la oficialidad, el grupo opositor manifiesta recibir represalias por parte de las autoridades, expresadas en: “retener información sobre beneficios de programas rurales y críticas y cuestionamientos al trabajo que desarrollan”. Sin embargo, el grupo entiende que las disputas por el poder son parte del reto que se tiene en el camino de construir una mejor propuesta, pues aspiran asumir la administración en próximas elecciones.

Ante los hechos, lo notorio es que el ejido viene exteriorizando un clima soterrado de conflicto que parte de la desconfianza de la gestión del PEESNT, quien por su lado aparece configurando cada vez mayor complejidad y envergadura como tal. Debido a ello, es factible que la dirigencia no haya podido socializar las actividades y resultados con informes de impacto y sostenidos, evitando sospechas por manejos incorrectos y corrupción. Tampoco se sabe de denuncias formales por tal discordia, son inexistentes las pruebas categóricas con las cuales refutar. Coronando tales desavenencias está el cuestionamiento sobre el destino que se da a los ingentes ingresos por donaciones, para nadie es un secreto que San Nicolás es el ejido (entre las comunidades rurales del Distrito Federal) que ‘más acoge’ financiamientos externos.

Las controversias, generalmente agrias respecto al reparto de utilidades netas del Parque, es uno de los temas más sensibles que advertimos al interior y exterior del ejido, además de ser lo más comentado, en tanto que sus autoridades pretenden guardar sagazmente dicha información y/o asumir la política de la indiferencia. El tema es controvertido, Santana (2006:76) sostiene respecto a la generación de empleo “que si bien reduce la figura del desempleo en su conjunto, lo son a tiempo parcial (estacionales) o, cuando más a tiempo completo pero temporalmente inestables (pocos trabajadores fijos en planilla) y siempre de carácter cíclico”. En el ejido el tema contrato salarial, temporalidad y montos de ingresos, atraviesa también una atmósfera de incertidumbre, además de manifestar aún un carácter endeble.

En otro orden de cosas, se logró dar cuenta de otros derechos y beneficios destinados a los socios del ejido, por parte del ejido y como PEESNT, en coordinación con los reglamentos de las instituciones competentes, tenemos:

• La venta de madera de desecho (caídos por el viento o “por viejos”...) a empresas, para la fabricación de celulosa. Semarnat es quien designa las cantidades a vender y el tipo de especies elegidas en la foresta.

• Utilizar madera en la construcción de cabañas para los proyectos productivos que son individuales (privados).

• Para los proyectos productivos particulares, todos los excedentes son para el ejidatario. Cuando se extrae madera para venta, la utilidad es en partes iguales.

• No hay prohibición para alquilar tierras de propiedad individual ejidal a diferentes empresas o para actividades indistintas como los “gotcha”, fútbol, granja didáctica, etcétera; aunque la decisión debe ser avalada por el ejido e informar sobre los cambios en el uso del suelo.

• Todos los que tienen terrenos deben emprender actividades que estén articuladas al Parque y su preservación.

• En las tierras de bien común se puede vender leña y tablas. La repartición es proporcional, según porcentaje.

• A cada ejidatario como “derecho de monte” se le reconoce un topo de madera en raja, como producto del trabajo comunitario en la tala del Bosque.

• Los ingresos que hacen Televisa o TV Azteca (quienes remuneran con 3 a 5 mil pesos por cada grabación) son para reinvertirse en infraestructura.

En este contexto, los guías ejidales del Parque vienen resolviendo sus problemas de mejor remuneración e ingresos recurriendo a la pluriactividad económica, pero anteponiendo su compromiso con el Bosque y el PEESNT. “(…) eso sí, todos somos guerreros, todos somos de lucha, buscamos que persista el Bosque, en la lucha nos encontramos”. Los guías ejidales, complementan su ingreso con labores como: maestro de baile, (vals para fiestas de 15 años), decoración con yeso en viviendas, por recibir una jubilación; administrar ‘una micro’ de pasajeros, trabajar en la UNAM como velador, ser propietario de un restaurante, arreglo de electrodomésticos, etc. Uno de los trabajadores del Parque, diríamos el más exitoso económicamente, goza de diferentes ingresos: como guía, propietario de su restaurante y por brindar asesorías a proyectos ecoturísticos comunitarios.

¿‘Pobres’ los ejidatarios de San Nicolás? Los actores que entrevistamos no se consideran pobres económicamente, porque son ejidatarios y conducen un proyecto como el PEESNT. Por descontada está la renovada calificación de algunos (biólogos, agrónomos, forestales, profesionales en turismo), condición que beneficia su acceso al mercado de trabajo y favorece al ejido. Saber elaborar programas, proyectos, informes, manejo de tecnologías mediáticas o, hacer evaluaciones, beneficia y procura el cumplimento de los objetivos del Parque, alejándose de la dependencia como sucede con otras comunidades del campo. Es decir, acuden a otras fuentes de ingresos, fincado en otros beneficios y, en ese camino, vienen inaugurando un nuevo estilo de trabajo ejidal.

Por otra parte están los trabajadores del PEESNT, guías de turismo y trabajadores de los servicios (de quienes se viene haciendo especial referencia en la presente tesis), quienes reflejan en un discurso velado, el cuestionamiento a las relaciones sociales diferentes, con una percepción de dominio e inicial política de exclusión por parte del sector más favorecido. Son quienes perciben menos ingresos, no gerencian proyectos y trabajan la tierra “por puro gusto y no se van a mover de ella”.

En otras palabras, existen diferentes sectores de ejidatarios adheridos al PEESNT. Algunos más solventes, (diríamos) económica y socialmente, pertenecen a la dirigencia; son profesionistas que han heredado tierras de sus padres, y en ellas han establecido indistintos proyectos. Aparte, sus familiares conducen algún servicio en el pueblo o Parque. Vienen desarrollando las mismas estrategias económicas de la multiactividad económica, con la diferencia que tienen acceso al poder de decisión en la conducción del PEESNT y el ejido. Su discurso se justifica alegando que están en la dirigencia por ‘el afán de servicio’, por ello es frecuente escuchar: “(…) yo no vengo a enriquecerme, yo tengo arreglada mi vida, mis ingresos, vivo de mi trabajo”. Son, de alguna manera, los nuevos sectores ‘pudientes y empoderados’ del pueblo. Se distinguen de otros campesinos que viven de la tierra, pero que no son propietarios o tienen acceso y decisión sobre ella. La gestión aparentemente viable y exitosa, últimamente ha entrado en cierto conflicto producto de la ambición por parte de algunos líderes, sujetos que consideran que el proyecto debe beneficiarlos más.

Como se puede ver, las intervenciones de los actores en el campo laboral y en la repartición de utilidades, en donde se vienen configurando una serie de relaciones sociales, es un tema que muestra aún poca claridad, y es poco convincente para un sector de ejidatarios. La alternativa de trabajar un proyecto sustentable con el PEESNT y los proyectos adyacentes no es tan simple como reflejaban los actores en su discurso inicial. De no aclararse estos nodos, creemos que los discursos ocultos de enfrentamiento, podrían agudizarse. Recordemos que el proyecto es considerado –en el discurso oculto–, como un proyecto político, tanto al interno como al externo. Aquí, la lucha por el poder del proyecto depende de las alianzas establecidas y las estrategias generadas, donde el poderío de la autoridad es el andamiaje para reproducir el sistema de poder en el ejido.

En otro orden de cosas, como resultado del libre mercado, hace pocos años viene notándose una corriente de competencia por posicionarse de espacios colindantes al PEESNT, en franca competencia a proyectos de perfil ecoturístico, inclusive del propio San Nicolás, ofreciendo similar servicio (granja didácticas, ecoturismo) e inclusive los crecientes “gotcha”, que vienen jalando competitivamente a indecisos visitantes, e inclusive campismo con venta ambulante de comidas típicas externas al ejido. El movimiento económico que se ha desatado alrededor del Parque, es de negocios ajenos al ejido, o en su defecto instalaciones que se vienen estableciendo en terrenos ejidales de propiedad privada, pero usufructuado por arriendo.

Respecto a los “gotcha” (6 en tierra ejidal) se hizo notorio que a través de este servicio se hayan develado disputas internas entre ejidatarios. La más sonada es la relacionada con el anterior comisariado, acusándolo por parte de la “Alianza de Ejidatarios de Izquierda de San Nicolás Totolapan de “ser dueño de un ‘gotcha’ que señala Raúl Llanos Samaniego en su nota "Juegos de guerra devastan el Ajusco” (La Jornada, 29 y 30 de noviembre del 2005), que administra un ex militar veterano de la penosa guerra sucia (Proceso, 22 de octubre de 2006)”. Por su lado, las autoridades sostienen que los negocios se han instalado en espacios no aptos para la agricultura (pedregales) contando con el permiso del Programa de Medio Ambiente, por lo tanto, no impactan al medio ambiente. “Es una fuente de trabajo como cualquier otra, genera ingresos a quienes han invertido”, pero por los problemas “no otorgaremos un solo permiso más para nuevos negocios”. Los ‘gotcha’, con ello la ‘gotchamanía’ es un servicio que prosperó a orillas del Bosque, algunos en terrenos ejidales declarados irónicamente para este caso, como ‘Reserva Ecológica’ estando el servicio muy lejos de los parámetros de lo que exigen los postulados de carácter sustentable. La ambición por el ‘dinero rápido y el negocio’ como parte del delito ambiental, es tema que amerita mayor investigación.

La confrontación y análisis de resultados nos lleva a la siguiente reflexión. El panorama de conflicto subterráneo y explícito que expresa el ejido al presente, provoca presagiar que los ingresos del PEESNT adolecerían de una redistribución democrática, expresando cierto beneficio de unos cuantos actores que tienen acceso al poder de decisión en la gestión del proyecto. Además, que el grupo de poder del pueblo –mismo que mantiene el control oficial– estaría apoyado por apéndices de representantes del gobierno quienes beneficiarían a algunos ejidatarios o autoridades. Ventajas y beneficios que hacen la diferencia con los guías ejidales, quienes justamente adolecen de representación alguna en cargos del gobierno ejidal.

Cabe reflexionar, si las relaciones de poder en San Nicolás implican renovados sectores con acceso al poder y prosperidad económica de algunos, de manera individual y familiar, ¿en qué momento se desdibujó el ideal zapatista, siendo que los nicolaítas participaron en el plan de reivindicación popular (planteado en el segundo capítulo), dejando de lado al sector que sigue labrando la tierra y con menos recursos y acceso al poder, y además de no tener decisión o propiedad sobre ella? Todo hace prever que el panorama no siempre presenta alternativas y caminos compatibles y concurrentes entre la población que conforma el ejido.

Lo importante es –sin dejar la reflexión crítica antepuesta– distinguir que detrás de la experiencia y problemática de acceso al poder (que expresan diferentes percepciones, algunas incompatibles entre sí, unas exitosas y otras menos), en el fondo, tanto por parte de sus autoridades como de los trabajadores del Bosque y Parque, se sigue manteniendo la lógica de evitar la mercantilización de sus recursos naturales, orientándolo a sus usos y costumbres. En otras palabras, la finalidad como ejidatarios y actores del PEESNT, no es únicamente volverse ‘empresarios del campo’, sino establecer una relación de diálogo entre el crecimiento personal, familiar, ejidal, empresarial; pero en simbiosis al objetivo de resistencia al territorio y territorialidad.

Para conseguir desarrollar este aspecto, es necesario conocer la valoración que se tiene sobre los saberes (‘corpus cognoscitivo’) y las habilidades y capacidades de los actores en la conducción del Bosque, en el entendido de que las diferencias políticas (manejo del poder) y sociales son influyentes, tanto a actores, como al PEESNT. Es decir, detrás de las disputas y conflictos de acceso al poder, subyace una disputa ideológico-filosófica al CT, pues los actores (quienes conducen operativa y cotidianamente el PEESNT) son quienes resumen mayor expresión del mismo, producto de su identidad y sentido de pertenencia al territorio; más no, quienes conducen políticamente el proyecto. Específicamente, el CT que manifiestan los actores en su labor operativa de guiado y conducción del Parque, que adolece de un reconocimiento pecuniario ‘específico’ de la labor desarrollada.

Esto quiere decir que lo que subyace es que el CT no es reconocido en su efectiva dimensión. Sin embargo, el repertorio de saberes (¡cual expresión incongruente a las actitudes de reconocer su validez y vigencia!) constituyen y son el escenario y soporte ideológico, tecnológico y simbólico para el PEESNT, entre los ejidatarios y funcionarios. Por ello, es parte importante (aunque velado desde sus inicios) en las capacitaciones del servicio de guiado.

Se destaca que “Don Ambrosio Tenorio explicaba todo sobre el Bosque, de antes y ahora. Sabe mucho, capacitó a los ejidatarios sobre el manejo y la historia del Bosque”. Estos aportes no recibieron reconocimiento económico alguno o similares, invalidando al CT en su justa contribución. Así, al interior del grupo de actores, entre quienes operan el proyecto, se trasluce una suerte de hondo desasosiego, hastío y preocupación. No acaban de entender por qué sus conocimientos en la conducción del recurso forestal y sus capacidades y habilidades locales legados de su cultura, no son valorados y evidenciados en la gestión del Bosque por sus mismos compañeros de historia de vida, agentes externos y, diríamos en algunos casos, por ellos mismos. Que sus aportes han entrado en un proceso de erosión, y no pocas veces en conflicto con el esquema y orientación con lo que vienen aprendiendo en las capacitaciones ecoturísticas.

El problema no es actual, se ha venido gestando casi desde el inicio del PEESNT. Uno de los actores comentaba hace algunos años: “Por eso me da tristeza que esto esté decayendo, que esto está en declive, cuando esto debería estar en la cima, en la cima como un vergel que esta produciendo” (Rico, 2005). ¿Hasta cuándo las habilidades y capacidades de la localidad mostrarán limitaciones para su reconocimiento, a pesar de ser el sustento cognoscitivo principal en la conducción del Bosque y PEESNT? Paré y Lazos (2003:266) explican que “(…) para que el ecoturismo pueda contribuir al desarrollo local (...), es necesario sea incluyente y represente la mayor equidad social posible. Si no se integra la dimensión de equidad social y sólo se dan procesos de apropiación por unos pocos del bien común, o de los ingresos generados, el ecoturismo no logrará (...) ser justo con las alternativas planteadas”.

Teniendo en consideración que las disposiciones técnicas que establece la OMT (1999b:17-23) para el turismo comunitario sustentable, especifican pilares fundamentales que sirven para establecer parámetros de análisis y variables de evaluación como: a) la sostenibilidad y eficacia económica, b) la sostenibilidad ambiental y, c) la sostenibilidad y equidad socio-cultural). Sin embargo, para el objetivo del presente estudio, creemos innecesario detenernos en hacer una evaluación del proyecto en términos sustentables, pues el tema que nos convoca va por enfatizar el valor del CT y las capacidades de sus actores en la gestión y apropiación del PEESNT, tomando en cuenta las relaciones de fuerza existentes para su afirmación, aspectos que desarrollamos a lo largo del estudio.

No obstante, se podría señalar que el proyecto aún no ha propiciado una reconversión productiva total, aunque denota avances significativos en términos de sustentabilidad económica y medio ambiental. Según la OMT (1999b:17-23), el objetivo no es la rentabilidad inmediata de las operaciones, el reto está en la consolidación productiva y social y en su aporte al desarrollo socioeconómico de las poblaciones, la protección y conservación de los recursos y los patrimonios naturales. San Nicolás sustenta significativamente tales argumentos, pero estaría agraviando la consideración del respeto por la sustentabilidad socio-cultural, la cual va por la “afirmación y vigorización de sus particularidades culturales, como mejor carta de presentación para este tipo de turismo”. Los actores, quienes vienen empoderando al PEESNT sobre la base del CT, no sienten que la dirigencia del proyecto venga otorgando el valor real a sus particularidades culturales (expresado en el CT y demás habilidades), como veremos en los capítulos siguientes.

Así mostrado, el ejido viene vivenciando una suerte de orden-desorden-organización, como diría Morin (2004), que no es “solamente antagónica, sino complementaria y en esa dialéctica de complementariedad y de antagonismo es donde se encuentra la complejidad”. San Nicolás, históricamente vivencia ciclos en esos términos, de un desorden-orden; es decir, durante las etapas que le tocó vivir alrededor del manejo del recurso forestal, llegando a la propuesta del PEESNT, ahí ingresa a un proceso de organización (orden). Habiendo consumado ciertos logros (orden), actualmente, a lo interno detenta cierto desorden, sumado a la preocupación de entrar a una nueva etapa de organización que supere este panorama. Es la expresión de cómo se vienen instalando maneras complejas de apropiarse del territorio y Proyecto, en las cuales las formas locales de organización y conocimiento son constantemente re-trabajadas, en interacción con las condiciones externas cambiantes.

Para superar estas contradicciones, se requiere que el grupo resuelva las contradicciones por el control a los recursos, la redistribución de las utilidades y reconocimiento y valoración del CT. A nada positivo llevará priorizar ambiciones políticas e intereses económicos, evadiendo el sentido de inclusión y equidad social que tiene como principio el ecoturismo sustentable.


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