3.2. Vicisitudes de trabajar hoy el ejido
La aventura metodológica de trabajar la investigación en San Nicolás, donde se
observaba a los actores inaugurar un nuevo estilo de trabajo con el PEESNT, me
arrastró a ‘fundar’ paralelo al mismo, una renovada metodología de intervención,
diferente a la que hasta entonces experimentaba el campo. Tema propicio para el
acercamiento metodológico del paradigma de la Nueva Ruralidad.
Así como desplegaba entrevistas al calor de un día soleado en el patio, la
milpa, el vivero, el edificio ejidal, el tianguis, la calle o al pie del árbol
teniendo como escenario de fondo el gran Bosque; se tuvieron entrevistas en
restaurantes ‘clasemedieros’, como en ‘Peri Sur’. Disfruté lo mismo de un
“tlacoyo” en el tianguis, que un ‘manjar maya’ en el ‘Tooks’. Confieso que
algunas veces los actores –especialmente autoridades- me convocaron para
aprovechar la tranquilidad del lugar, abreviando además la entrevista en un
celular, una ‘laptop’ o un coche. Asimismo, en las vicisitudes de mi labor,
algunas veces fungí de ‘terapeuta’ de los problemas que resumía la
administración ejidal y no pocos actores sociales, pero felizmente antecedió la
idea de considerarme ‘abogada del diablo’ de San Nicolás.
Reconozco que pretendí ser “totolapóloga”, cuando me fui insertando íntimamente
al pueblo. Considerables veces sentimos regocijo por la experiencia
autogestionaria de San Nicolás, estaba involucrada en un modelo de gestión
comunal, acariciado por años juntamente con profesionales al servicio del campo
rural andino en mi país de origen. América Latina viene persiguiendo por más de
50 años la propuesta de autogestión comunal y ¡la tenía cerca! Con esa mirada al
ejido, reconocimos el protagonismo, la recreación y la apropiación de los
modelos campesinos. Por lo mismo, no creemos que sea justo minimizar logros y
avances como éstos.
Finalmente, creo que aún no se ha logrado en la presente tesis, la labor de
verificación de vocablos y expresiones del lenguaje propio (localismos) de mi
país asociado a la cultura andina. Por ello, pido permiso y comprensión por
hablar y escribir de una experiencia que quizás no me corresponde hacerlo y que,
sin embargo, lo asumo con el mayor respeto y objetividad posibles.