Tesis doctorales de Economía


EL CONOCIMIENTO TRADICIONAL Y LA PROPUESTA DE EDUCACIÓN Y CULTURA AMBIENTAL EN LA GESTIÓN EJIDAL ECOTURÍSTICA DEL PARQUE SAN NICOLÁS TOTOLAPAN, CIUDAD DE MÉXICO

Gloria Amparo Miranda Zambrano



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4.1.2. Manifestaciones del CT en el recurso forestal

“El chiste del Bosque no es plantar sino mantener las plantaciones en general”, afirmaba uno de los actores del Proyecto, cual sabio conocedor del monte, a quien le brindó más de 30 años de su vida. Efectivamente, qué duda cabe, es producto de un compromiso arraigado de indeterminadas generaciones, donde el conocimiento popular se esgrime al máximo, encarnando cambios y re-significancias.

Al tener el Bosque de San Nicolás una orientación comunitaria en su manejo y administración, el “corpus cognoscitivo tradicional” del eje forestal es el componente vertebral de su sistema productivo. Así se revela en el ciclo vegetativo y productivo de las diferentes especies, en el manejo y control de plagas y enfermedades, manejo de semillas, variedades y especies de plantas, reproducción, reforestación, manejo de suelos y pendientes, asociación de especies, la plantas del sotobosque, sobre el clima, sus cambios, abonamiento y fertilización, lectura de señas y, comportamientos de la vida del Bosque, entre otros. Hay que destacar también que el CT, no es la única contribución cognitiva y tecnológica, está imbricado y asociado a aportes externos indistintos, especialmente de la ciencia occidental. Actualmente vive en simbiosis con ella, en momentos enfrentado, en momentos invisibilizado pero, a la par, recreando la vida de la foresta.

Aproximadamente el 80% del Bosque está cubierto por floresta mixta. Entre las especies que destacan con mayor población se encuentran el “oyamel”, “oyacahuite”, “petula”, encino pino, cedro blanco, encino o roble blanco, pino y “ocote”, y también el laurelillo.

Los actores distinguen diferentes tipos de suelos del Bosque: “catahuatuda” especial para maíz, haba y fríjol, “ponza” que es negra, especial para maíz y, la “barraza”, especial para frijol, conocimientos que aplican en las milpas cercanas al Bosque o que integran al mismo.

Igualmente, entre los árboles que pueblan la foresta están tres clases de pino: “rudis”, “patula ” y “ayacahuite ”. Los dos primeros orientados a la explotación comercial y el último más utilizado en el proyecto de “arbolitos de navidad”. “De todos ellos el oyamel es el árbol que más tenemos en el Bosque, pero también es el más difícil de producir y en la ciudad se estresa mucho. El oyamel puede crecer hasta 50 metros”.

Del mismo modo, hay otras plantas útiles como medicamento, “En el sotobosque hay muchas plantas medicinales, las más conocidas son 36 especies que crecen debajo de los árboles. Sirven también para hacer humus en la composta”.

En San Nicolás el conocimiento etnobotánico centra su expresión práctica en la herbolaria medicinal, aunque los requerimientos de las plantas, especialmente del sotobosque, de acuerdo al conocimiento de sus bondades y presencia era más empleada décadas atrás, ya que necesariamente se debía recurrir a remedios ‘caseros’; la proliferación de la medicina alopática es de hoy. Actualmente tiene una acepción y simbolismo terapéutico, dando continuidad al significado de ser la ‘farmacia natural’, aunque el conocimiento deja de ser relevante y consistente en relación con otros campos de la matriz del CT (área del conocimiento forestal, especialmente). Los actores explicaron que el monte produce yerbas para todo: males para el sistema nervioso, digestivo, padecimientos de la mujer, del hígado, del estómago, para el dolor de cabeza, etc., pero no supieron explicar con mayor precisión y detalle los mismos (ver cuadro No. 7). Son los ejidatarios más entrados en edad, quienes sí testimonian mayor sapiencia, como es el caso de Ambrosio Tenorio, quien tarareando la estrofilla, “yo bebo en tragos largos… las pócimas del recuerdo” nos ofreció información para elaborar el siguiente cuadro. El resumen, hasta cierto punto incompleto, advierte cierta erosión del conocimiento al respecto.

Por otro lado, hay especies arbustivas como el saúco , “huejote ” y el “ahuejote ” que se da en partes húmedas. Las flores del “xayolistle” son codiciadas por las abejas para hacer sus “xayolis” (panales).

El Bosque tiene años “semilleros y otros de “descanso”. Los preferidos son los años lluviosos, porque es temporada semillera, entonces el Bosque se llena de garrapiñas y conos, se propagan las semillas de manera natural. El conocimiento local establece diferencias sobre la utilidad, tamaño de las especies, rendimientos. “Hay una diferencia entre sembrar y plantar, la siembra es en invernaderos”. “Las garrapiñas de la parte alta son más pequeñas que las de abajo, esas se desarrollan más grandes por el calor”

Es interesante la percepción que tienen los actores responsables y guías del Bosque sobre la vida de las semillas, hacen una relación análoga a la de los seres humanos, como lo planteamos cuando abordamos el tema en el caso de los animales. “Es de ella, y vuelve a su madre”. También hay saberes sobre la diversidad y las particularidades de cada quien. “Cada árbol tiene su hábitat, su altura conforme van subiendo hasta los 3,550 msnm. Es sólo observar, considerar que hay diversidad, que nada es igual. Que hay plantas que crecen aquí y no más arriba, y si lo hacen, no se dan como aquí”. Si crece en la sombra desarrolla menos, los demás árboles no la dejan crecer. Mirando un conjunto de árboles jóvenes, Reinaldo Camacho expresa, “estos se han plantado en el mismo tiempo, pero éste está más pequeño por la sombra, algunos solos se eliminan. Los más ganones son los que quedan ¡Tu te mueres y yo me voy para arriba! Así son”.

Distinguen diferentes tonos de color verde que tiene el Bosque, aunque la mayoría de los interlocutores no lo manifestaron, aduciendo que sería difícil explicarlo. En cambio, si hicieron hincapié en la afirmación de la importancia y validez del conjunto de plantas sea del monte o sotobosque, concluyendo que “todo tiene su por qué” y, sobre todo, los cuidados que merece el Bosque según su momento. “(…) al Bosque hay que trabajarlo, cosecharlo no sólo es para verlo. Hay que cuidarlo en la medida que hay que renovarlo, los árboles viejos, secos y caídos hay que estar quitándolos. Siempre es así”.

Cavilaba, ¿la conducción integral del Bosque de San Nicolás, llega a los niveles de ser todo un arte de conducción forestal, de la Naturaleza, del clima, del suelo, de las pendientes, de la humedad, aparte de manifestar un sentido y ‘relación humana’ por los elementos de la Naturaleza? Confieso que cuanta más información absorbía más ignorancia empezaba a manifestar.

Muchos sostienen que la vida del Bosque viene perturbándose debido al cambio climático. Los ciclos vegetativos y productivos han cambiado. “Por ejemplo, la calabaza antes se cosechaba en enero, ahora por los cambios se saca en febrero y marzo”. “Asimismo, se han hecho más fuertes las heladas y el intenso sol que no había antes en el bosque.” “Mayo es caliente, en cambio noviembre, diciembre, enero, es frío, hay heladas. “Antes el bosque era un tanto mas frío, ahora ha entrado a una etapa de calor prolongado”.

Se sabe que el fenómeno del cambio climático está provocando alteraciones y una redistribución vegetativa-productiva en organismos animales y vegetales quienes vienen desplazándose y modificando sus hábitats. Los actores sociales han identificado cambios importantes y temen que los mismos aumenten o los afecte la influencia de fenómenos fuera del Bosque (inundaciones, sequías, olas de calor, etc.) Según algunos expertos en el cambio climático, sostienen que empieza a ser un factor determinante en la pérdida de la biodiversidad y que su influencia será mayor cuanto más se agraven sus efectos sobre el planeta. Esta pérdida de biodiversidad es una amenaza tanto o más importante que el cambio climático. San Nicolás sabe y sufre este fenómeno, aunque no lo expresen explícitamente, pero sí veladamente, conforma una de las motivaciones para seguir insistiendo –cual amortiguador– en la conducción del Bosque, como mensaje de “no dejarse vencer ante las adversidades”.

Por otro lado, habría que destacar que el Bosque es un reducto de la producción de frutos no maderables; en este caso productos alimenticios, como por ejemplo hongos, flores, quelites y algunos frutos.

Para el caso de los hongos, el saber local distingue según tamaños, formas, coloración, sabor y temporadas de cosecha. En algunas temporadas donde hay más humedad son tan abundantes que se comercializan en ‘tianguis’ y establecimientos cercanos. “Tenemos considerable cantidad de hongos comestibles, aunque hace unas décadas abundaban más”. Los nicolaítas diferencian más de una docena de hongos, todos ellos con nombres coloridos y sugerentes como: “clavitos enchilados”, “patitas de pájaro”, “gachupines”, “negritos”, “pambazos”, “sanjuanero”, “guapalillo”, “tlacaloquite”, “pata de payaso”, “trompeta”, “pancitos (para relleno)”, “venado”, “durazno” (olor a esa fruta) y “xochilillo”.

Reconocen que no todos son comestibles, lo contrastante es que cada hongo alimenticio tiene ‘su par’ análogo a otro venenoso. La aguda observación sobre el cambio de coloración al recogerlo y evaluar si tiene gusanos o no, determinará si va a la olla o no. Las expresiones de preferencias al paladar no se dejan esperar. “El hongo de ocote no sirve, ¡es amargazo!…en cambio el hongo del oyamel ¡es muy sabroso!”. “Todos los hongos son sabrosos, una sopa de hongos¡¡ uyuyuy!!”.

Desde hace unas décadas el Bosque ha disminuido su población de flores, hongos y plantas medicinales, aunque la temporada de aguas sigue siendo esperada. En cuanto a flores, se tienen las de calabaza , del maguey, del colorín y el quiote (flor amarilla). El tiempo de humedad, igualmente es el período de los ‘quelites’ donde el consumo de flores, hojas y semillas es del deleite de los lugareños. Los quelites son diferentes yerbas silvestres que crecen en el Bosque. “Para nosotros son como la espinaca, pero mucho mejor porque son ¡muy sabrosas!”. Los ‘quelites’ son de diversas variedades; los más conocidos son el “cenizo”, “quintonil”, “malva”, “vinagrera”, “nabo”, “huauzontle”, “verdolaga”, “paletarca” y “berro”, entre otros. El saber local distingue cuáles son los apropiados para degustarlos en guisos, capeados o en sopas.

De igual forma, entre los frutos que ofrece este escenario – se encuentran el “tejocote”, “jaltomate”, fresa silvestre y capulín. En la parte baja hay producción de durazno, pera, manzana, chabacano, higo, tejocote, breba, membrillo, granada, nuez de castilla, zapote blanco, uva, limón, naranja y mandarina, entre otros.

Al culminar este acápite reflexionábamos sobre las enseñanzas que nos deja Enrique Leff cuando sostiene que las culturas tradicionales asignan valores significando a la naturaleza a través de sus formas de cognición, de sus modos de nominación y de sus estrategias de apropiación de los recursos (Leff et al., 2002:500). Lo leemos en las denominaciones que le dan a los productos del Bosque, las taxonomías a sus recursos, a los espacios, los sentimientos a los seres que en ella habitan, mismos que expresan una apropiación humanizada y sustentable de la Naturaleza. Volveremos más adelante a abordar el tema.


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