Tesis doctorales de Economía


EL CONOCIMIENTO TRADICIONAL Y LA PROPUESTA DE EDUCACIÓN Y CULTURA AMBIENTAL EN LA GESTIÓN EJIDAL ECOTURÍSTICA DEL PARQUE SAN NICOLÁS TOTOLAPAN, CIUDAD DE MÉXICO

Gloria Amparo Miranda Zambrano



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5.7. La empresa, lo colectivo

Como se sostuvo anteriormente, el Proyecto ha inaugurado un renovado estilo de administración, imagen y coordinación interinstitucional. Asimismo, la irrupción cada vez más elocuente de discrepancias en la administración y decisiones del Proyecto.

Sin embargo, en la lógica de afirmar que las experiencias empoderadas son resultado de lógicas dialécticas, donde priman los avances y retrocesos, la unión y la desunión; la labor del Proyecto no es consecuencia de la empresa individual o dispersa de sus actores. Es resultado del colectivo, mismo que viene a ser otra de las fortalezas y aciertos del mismo. Al respecto Ostrom (2001:97) identifica tres características que expresan cómo los actores se organizan para poder gestionar sus recursos con viabilidad. Los atributos de los actores que favorecen la construcción de instituciones viables, expresan y en muchos casos, rebasan la misma.

1. La presencia de normas de confianza (habitual) entre el grupo que utiliza el recurso determinado.

2. La existencia de un entendimiento común (habitualmente) sobre el funcionamiento del sistema de recursos y las formas en que las acciones de los usuarios los afectan, así como de la visión compartida sobre la comunidad y sus problemas.

3. La existencia de experiencia organizativa previa entre el grupo.

El grupo que gestiona el PEESNT identifica su viabilidad como resultado de su “tradición organizativa comunal y la unión” en la toma de decisiones y gestión del Proyecto. Diríamos además de lo planteado por Ostrom (cual cuarto y quinto atributo) que los actores tienen la necesidad de capitalizar y distribuir las utilidades comunalmente y reinvertir en la misma empresa; además de ser –el Proyecto– producto de una ‘cultura sustentable’ de arraigo en el ejido.

Debido a ello, resiste sus postulados de manera ideologizada y re-significada. Ahí, el CT se manifiesta con simbolismos y valoraciones a partir del Bosque y la Naturaleza. Todo ello constituye parte de las ‘fuerzas invisibles’ y en ella claro, la espiritualidad de sus actores como sustento ideológico-cultural que sigue consolidando la empresa.

Otra de las características como colectivo que viene empoderándose es la aspiración a que el Proyecto sea reconocido como empresa. “Queremos que nos vean como una empresa, somos ahora una empresa, y eso también nos reconocen”.

¿Una empresa social ejidataria? ¿La cultura del compartir en íntima simbiosis y expresión de los objetivos empresariales (occidental) y los objetivos sociales y comunales (no occidental)? ¿La empresa articulándose propiciadamente con los objetivos sociales? ¿Un nuevo tipo de empresa ejidataria que va apropiándose en sus términos más allá de los límites de la sustentabilidad promovida al externo de los espacios campesinos?

Se entiende que la trascendencia del Proyecto va mucho más allá, luego de venir caminando por senderos inéditos para ellos. Veamos en que términos se enuncia la empresa social.

En anterior acápite se dio testimonio a la lógica y racionalidad de la ‘cultura del compartir’ en sociedades de vocación comunitaria, como una manifestación significativa de sus relaciones sociales. Aplicada a la concepción empresarial, está asociada el acto y trascendencia del compartir más allá de lo meramente pecuniario. Es decir, no es la lógica meramente de ganancia al estilo de la empresa comercial privada lo que motiva gestionarla sino los componentes económico, cultural, cognitivo, educativo, simbólico, y por su puesto, la sujeción por la sustentabilidad. San Nicolás, resume esos principios en la administración de su empresa ejidal.

La gestión empresarial muchas veces se entremezcla entre cumplir con el espíritu comunitario y las reglas que la cultura empresarial exige. Cumplir con la productividad, rentabilidad y acumulación en términos económicos, pero también custodiar y considerar las demandas socio-culturales de los ejidatarios, como pasa con las empresas forestales comunitarias (EFC) que presentamos en el capítulo IV.

Al respecto es interesante advertir, cómo los ejidatarios que conducen la empresa, viene articulado creativa y colectivamente algunos principios de la cultura empresarial con los rasgos de su propia cultura. En base a la reciprocidad y solidaridad rasgo propios de la cultura local, fomentan: ‘alianzas y socios estratégicos’; la horizontalidad de la empresa se fundamenta en la organización comunal; las exigencias de innovación tecnológica, se plasma en el carácter que tiene la comunidad de ser por propia naturaleza abierta e influyente (por ello no hay conocimientos ‘puros’). La exigencia de ‘estar orientada al cliente’ es equivalente a la expresión: ‘los otros, los demás, son primero que uno’.

Se coincide con Long cuando sostiene que es el agricultor, o mas precisamente quienes toman las decisiones en la empresa agrícola quienes deben problematizar activamente sus situaciones, procesar la información y reunir los elementos necesarios para la operación de la empresa agrícola. Son los que manejan las empresas quienes desempeñan un papel importante en la construcción de su propio mundo agrícola, aún al grado de internalizar racionalidades externas (Long, 1996:52). En el caso de los nicolaítas apropiándose del modelo empresarial para re-significarlo y configurarlo comunitario-ejidal en un proceso de inter-asimilación de propuestas. Se trata que los ejidatarios están de alguna manera contribuyendo en el tan añorado anhelo de armonizar la empresa con la Naturaleza, aspectos que abordamos en el debate que hicimos sobre el desarrollo y desarrollo sustentable.

Se sabe, que la experiencia de los protagonistas del Proyecto de ninguna manera ‘es una isla en un mar de fracasos’. Todo lo contrario, se inscribe en lo que puede denominarse la naciente de un movimiento de sociedades comunitarias que vienen re-significando el objetivo económico y sustentable y en el contexto de la mundialización neoliberal y, en ella México viene liderando a nivel global (Bray et al., 2007).

Se dice que “México, como enorme porción del bosque, padece de desorganización, por lo que se pierde rápidamente su riqueza forestal. Sólo en un 27.5% de los casos se tiene alguna organización, pero su manejo es regular y no sustentable. Sólo el 4% maneja sus bosques de manera ejemplar, con reglamentos internos, tiene legalizada su empresa, reinvierte su capital, realiza auditorias internas, los socios participan activamente y hay la creación de fuentes de trabajo. Además, cultiva el bosque de manera sustentable.

San Nicolás, esta en este último grupo como lo están diferentes comunidades que destacan en el “manejo y explotación de bosques templados (comunidad indígena de San Juan Nuevo en Michoacán y Unión de Comunidades Forestales de Oaxaca); manejo y explotación de selvas tropicales primarias (Unión de Ejidos Forestales de la Zona Maya y Sociedad de Productores Forestales de Quintana Roo) y secundarias (Unión de comunidades de Usila, Oaxaca), y producción de café orgánico de exportación (encabezados por la Unión de Comunidades Indígenas de la Región del Istmo o UCIRI e Indígenas de la Sierra Madre de Motozintla o ISMAM” (Toledo, 2002).

En muchos casos, éstas contribuciones vienen siendo estimulados por distinciones y premios nacionales como por ejemplo el Premio Nacional al Mérito Ecológico, pero la preocupación de los autores aludidos –y nuestra-, va por que se conduzca a un “compromiso real por parte del gobierno (estímulos económicos y fiscales), las instituciones y fundaciones (financiamiento a proyectos productivos sustentables), el mercado (precios más justos) y los propios consumidores (a través del pago de un sobreprecio) para impulsar a ésta y a las otras organizaciones.

Igualmente, se destaca su atributo de eficiencia con el siguiente caso: “De las acciones más notables que sobresalen, se encuentra el manejo y aprovechamiento integral de los sistemas agroforestales cafetaleros que los productores de la Tosepan han trabajado de manera colectiva. Los cafetales bajo sombra de estas comunidades nahuas son verdaderos "jardines productivos", donde el cafeto se combina con cerca de 200 especies de plantas, entre árboles, arbustos, hierbas y epifitas.

No se crea que vivir el sueño empresarial y sustentable sea de hacedera conversión y un camino floreado para alcanzar ‘el éxito’. En nuestra estancia en San Nicolás se pudo percibir y sentir entre los interlocutores –aparte de sentimientos de hermandad y expresiones de comunalidad– relaciones enfrentadas expresadas en disgustos, tristezas, preocupaciones, sobresaltos, ira, desgano, rumores, rencor, insatisfacción, envidia, distancias y diferencias. Aunque por debajo y sólida se mantiene y prima la identidad colectiva. Aquella que “relaciona los lazos de identificación y los afectos que se construyen entre los participantes, con un discurso en el que se exponen las injusticias y las responsabilidades, así como la definición compartida de un campo de posibilidades dentro del proyecto de sociedad (proyecto ecoturístico) expresada como el conjunto de intereses comunes, utopías y expectativas” (Rodríguez, 2005:195).

El ejido está creando una nueva forma de ‘cultura sustentable campesina’ (mucho más completa que el mismo CT), a través de la empresa ejidal, donde no sólo reivindica la cultura local, sino viene perfilando un renovado estilo de gestión individual y empresarial, tomando ventaja del patrimonio natural y de sus conocimientos (CT). Este andamiaje, se sostiene en la percepción e intervención holística sobre la Naturaleza; misma que contribuye a la par, a un retroceso de la pauperización del medio ambiente y la cultura. En términos dialécticos, lo que aviva y hace prosperar la empresa y su cometido, son asimismo, los hechos preñados de disputas y discrepancias al interno y externo del Proyecto.

Se concluye, que el pueblo viene generando una diferente forma de re-apropiación de su Proyecto, en un dialogo mesurado con la contribuciones externas y ahí hacen empresa. No es mínima dicha contribución, se trata de aportaciones que contribuyen a brindar respuesta a uno de los temas más álgido de la agenda mundial: la generación de ingresos y empleo en autogestión comunal, que a la vez consideren vigilancia extrema en la recuperación del medio ambiente y los valores humanos. Es un tema que da para más, acaso propio para convertirse en líneas de investigación posterior.


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