Tesis doctorales de Economía


EL CONOCIMIENTO TRADICIONAL Y LA PROPUESTA DE EDUCACIÓN Y CULTURA AMBIENTAL EN LA GESTIÓN EJIDAL ECOTURÍSTICA DEL PARQUE SAN NICOLÁS TOTOLAPAN, CIUDAD DE MÉXICO

Gloria Amparo Miranda Zambrano



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4.1.6. Entre acercamientos y diálogos

En la orientación dialógica y re-educación de los aprendizajes, como plantea Enrique Leff (et al., 2002:508) donde se señalan intereses comunes y explícitos para desarrollar el diálogo intercultural sin subordinaciones y aprendizajes mutuos entre los aportes locales y el conocimiento científico contemporáneo; en San Nicolás se pueden notar experiencias de apertura y progresos en dicha orientación.

Se puede percibir entre las reiteradas proposiciones que tienen los actores del Proyecto al exponer sus experiencias sobre su saber local en el manejo del Bosque en indistintas arenas, internas y externas. En este sentido, Don Ambrosio Tenorio, Alejandro Cano, Reinaldo Camacho, Miguel Ángel López, Pedro Rivera, Yolanda Huaracha, Ricardo Fuentes, Valentín de la Rosa, Julián Escalona y Raimundo Rojas, entre otros, comentaron sus experiencias (en un inicio aventuradas) de re-significación del CT, desatando lo que calificamos como un diálogo de saberes y re-educación de conocimientos. Como manifiestan los actores, “valen los dos. Si lo conjuntamos vamos a llegar al éxito”. Exponemos algunos casos que retratan los acercamientos y diálogos que se han dado entre los repertorios que tienen como base al CT y los aportes cognoscentes externos.

Es el caso de Miguel Ángel López, encargado del vivero forestal, quien ha impartido disertaciones sobre la importancia de los recursos naturales y la experiencia de San Nicolás en el Museo de Historia Natural, el Programa de Ecología de la Comisión Federal de Electricidad, la UNAM, la UAM-X, el CETIS, Colegio de Bachilleres y en Comunidades Campesinas. Experiencias todas que conjugan y propician las posibilidades para la convivencia entre las dos lógicas y epistemologías. Ahí su participación es reconocida con constancias, certificados y diplomas, a pesar de que –como él lo señala– sólo tiene la secundaria culminada. Su vocación como investigador nato, su identidad y contribución para el campo es hacia con las plantas y la Naturaleza. “Me siento satisfecho, tengo miles de hijos; soy parte de la cadena, me gusta, me siento bien… espero que alguien nos siga. Yo los voy a colectar, yo los riego, yo los chuleo. Yo aprendí a hablarles”.

Miguel Ángel López ha desarrollado variaos ensayos y experiencias con base en la sabiduría legada de antaño y lo aprendido en el claustro universitario.

Yo combino el conocimiento de los abuelos y de los ingenieros, los mejoro en muchos casos…Se dice que el alumno debe ser mejor que el profesor. Podemos producir plantas mas rápido. Hago germinar con tierra pesada, con tierra de hoja, combinado…así…Estoy produciendo plantas urbanas (para jardines y plantas interiores). El ‘ayle’ que es difícil de producir, ya tengo 90 ayles, están muy bonitos. Voy apuntando los días de germinación que se me da, con cual más se da, con cuál menos. Todo eso lo aprendí académicamente. El campesino no es dado a apuntar. Yo lo repito… en eso me sirvió la UAM-X.”

El caso de Miguel Ángel no es sui géneris, manifiesta lo que los demás actores del Proyecto Ecoturístico también han vivenciado. Al inicio fue de grandes sorpresas y miedos, pero luego los actores fueron empoderando sus conocimientos en indistintos escenarios, hasta sentirse seguros de lo que saben y lo que hacen. Miguel Ángel recientemente fue becado a la Universidad de La Habana, Cuba, para capacitarse en viveros. “El ejido debía poner cinco mil pesos para el pasaje, lo demás, alimentación y hospedaje, aparte del curso, lo pone Cuba”. Para lograr la beca elaboró un resumen de sus experiencias en el vivero y presentación en ‘Power Point’, por lo cual le enviaron una constancia de reconocimiento a su labor. Pero, desafortunadamente el ejido no lo apoya ‘por falta de posibilidades económicas’; de tal forma que la duda y contrariedad por el desinterés en apoyar la promoción de los actores del proyecto siguen latentes, como lo manifestamos en el anterior acápite.

Otro caso es el de Alejandro Cano, quien a decir de sus conciudadanos es “maestro de maestros del Bosque”, frecuentemente es invitando para dar capacitaciones en la Semarnat y algunas universidades.

Me sorprendieron cuando los técnicos me dijeron: ‘nosotros somos los pendejos, usted es el maestro’. Efectivamente ellos no saben nada, yo les enseñé a reconocer por fuera, sin cortar, cuándo un árbol está plagado. Se nota en su color, su energía, su dureza, está cambiado. Eso se ve a simple vista, y además le puedo decir qué plaga está atacando su interior .

Don Manuel Muriño explicaba que culminando su exposición escuchó que un biólogo de la Semanart le dijo a su compañero “Te dio un baile de conocimientos en la presentación…¡ellos son de lo mejor de México en lo forestal!”. Por su parte, Don Ambrosio Tenorio, recuerda aquellos tiempos comentando: “Yo me ‘chiviava’ con los ingenieros, ante los biólogos, bien o mal lo traen, ellos se quemaron las pestañas…, por eso no me gustaba que me dijeran que yo sabía más que ellos”.

Considerando lo anterior, debemos reconocer que fuera del ejido existen instancias que reconocen el aporte del CT. “El mismo Semarnat y Corena, entre otras instituciones de gobierno, utilizan las enseñanzas de Ambrosio Tenorio sobre propagación del oyamel, con ello producen más de 150,000 plantas cada año”. “El método ATCH se viene replicando y ello, ¡es orgullo para nosotros!”. Lo testimonia también la vinculación que tienen con diferentes instituciones con las cuales coordinan el PEESNT.

Este hecho lleva a sustentar que los aportes del CT pueden orientarse y darse para cualquiera de los modelos y enfoques, sea en espacios tradicionales o no tradicionales. En otras palabras, pueden ser apropiaciones del CT por parte de la cultura occidental, o la cultura occidental apropiándose de los aportes del CT; en ambos casos creemos que son custodias válidas. “El nuevo conocimiento y el viejo se mezclan y se modifican entre sí, en un proceso semejante a la adopción de nuevas tecnologías (…), por lo que distinguir entre conocimiento tradicional y moderno no es tan importante, como entender cómo se combinan y crean algo nuevo” (Bellón s/f: 321).

Otro caso explícito de voluntad hacia el diálogo de saberes lo expresa el caso de Gregorio Bassoco, quien por reunir amplia experiencia en el control de tuzas en el monte y milpas (distinguido en el pueblo como ‘el mejor tuzero’), fue contratado por el Comité de Sanidad Vegetal del Distrito Federal, México (Cesavedf) perteneciente a la Sagarpa, para controlar a dichos roedores. El oficio lo aprendió de una amistad y cada vez ha ido mejorando. Las trampas son ‘hechizas’ y las hace con madera de ‘huejote’ “que se presta para hacer las trampas”. Una pala y azadón son suficientes para instalar las trampas.

Sus servicios trascienden las fronteras de San Nicolás, visitando Tláhuac y Xoxhimilco, especialmente, para controlar tuzas que atacan las hortalizas. Su labor es remunerada con $3,000 pesos al mes; y si lo hace de manera particular cobra $20 pesos por tuza atrapada. Gregorio instala trampas a diario ayudado por sus hijos. “Tengo 7 trampas, las vengo jalando de aquí para acá”. En los 8 años que viene trabajando ha atrapado “como 700 tuzas”, y al mes registra entre 6 y 8 tuzas; pero la idea no es exterminarlas, sólo controlar su desmedido crecimiento.

Atrapar tuzas no es una labor fácil; hay quienes lo trataron de imitar, incluso ingenieros y técnicos, pero debido al riesgo que presentaba dejaron el intento para finalmente contratarlo. Las tuzas aumentan en temporada de siembra y las trampas es lo más seguro. Ante las constantes denuncias de campesinos a la Semarnat, los técnicos trataron de controlar a los roedores con gas de cocina y trampas ‘mal hechas’, pero la amenaza seguía. “Los ingenieros se asustaron porque les chispa en la cara ¡Entonces ya no insisten porque se lastiman”. “Yo reemplazo a los ingenieros, ellos…¡no saben de estas cosas!”.

La contribución del conocimiento local inmerso en la oficialidad que nos muestra el caso de Gregorio; o en otras palabras tener en el corazón de una institución con tradición –por lo general crítica al CT– a un trabajador que contribuya con sus habilidades y destrezas en aspectos que ‘no pudieron dar solución’, manifiesta que los conocimientos de ciertos actores tienen validez y vigencia fuera de sus espacios territoriales. Que es posible que el saber local pueda encarnar en vacíos de habilidades de los espacios institucionales formales.

El reconocimiento por parte de instancias externas hace que el CT siga contribuyendo desde donde está y con lo que sabe hacer; aspectos que a la vez propician y facilitan el diálogo de saberes. En otras palabras, el CT demuestra que tiene posibilidades de convivencia en espacios y temáticas diversas, mismo que nos lleva a afirmar que contribuye a forjar renovadas identidades, tanto para lo que es el conocimiento tradicional como para las contribuciones externas.

El caso de Don Ambrosio Tenorio tiene una connotación especial respecto al diálogo de saberes, misma que parte de formular expresiones de gratitud hacia el CT. Como se anuncia líneas arriba, la contribución del sabio es apreciada por propios y extraños. Debido a ello, en una de las asambleas del ejido –de la gestión precedente y en coordinación con la Delegación Magdalena Conteras, el Delegado Héctor Jijoza Mora–, se aprobó edificar un mural que resuma su experiencia y contribución al Bosque. Desafortunadamente, la propuesta aún sigue en promesa debido a cambios políticos de la administración pública. Don Ambrosio sigue esperando y no deja de comentar la visita que le hizo el muralista Ariosto (autor del mural del edificio ejidal) con quien tuvo una motivadora plática y sesión de fotografías.

Finalmente, siguiendo la orientación del diálogo, la experiencia que los actores reconocen –y apoyaron dentro del Bosque– es la labor de un técnico forestal que saneó 3,000 árboles a los cuales vacunaron con nutrientes por la parte baja de su fuste. Así fue recuperándose el Bosque luego de la presencia de las plagas que la invadieron, al cual hicimos referencia en páginas anteriores. Hubo desconfianza, muchos pensaban que más bien el monte se acabaría. “La ignorancia de algunas personas del ejido que están a favor de que no se haga nada en el Bosque expresaba que estaban inyectando venenos y que en poco tiempo sucumbiría”. Sin embargo, el mismo se fue recuperando, salvaguardando su población mínima.

Las experiencias y precedentes nos llevan a las siguientes reflexiones, a saber:

1. No es posible negar que la calidad y prestancia que hoy vive el Bosque es resultado también de contribuciones significativas externas, y que los actores han ido incorporando a sus repertorios personales. Ello demuestra que el CT, por su propia naturaleza, requiere de otras contribuciones; por lo que queda claro que no hay saberes y conocimientos ‘puros’, más bien ambas se fortalecen y consolidan, entrando esas contribuciones en un proceso de desecho-adopción y, apropiación-resignificación. Muchas veces por parte de uno ellos (saber occidental o saber local) puede haber discordancia, imposición, censura, cuestionamientos, pero también, implícitamente, correspondencias y elogios.

Prima la idea de articular cada vez mejor los saberes locales con los aportes técnicos externos. Por ejemplo, el uso de herramientas utilizadas antes en el monte, llámese cerrote, hacha o sierra voladora, actualmente tiene un uso limitado. La motosierra (símbolo del arrasamiento del monte en otros momentos) los ha desplazado porque ofrece mayores facilidades para derribar árboles grandes. Es decir, se vienen integrando avances tecnológicos recientes en las prácticas tradicionales, con el propósito de mejorar la productividad y reducir la cantidad de trabajo requerido. Además, concluimos que las tecnologías y conocimientos se desechan, adoptan o combinan, según beneficios y facilidades brindadas y provengan de donde provengan.

2. Estos hechos hacen deliberar que es posible un diálogo intercultural de saberes, dejando sometimientos y prejuicios para dar paso a un real compromiso por el desarrollo rural sustentable, fenómeno que a la larga debe seguir re-significando, reafirmando y re-dignificando al campo. En otras palabras, los actores sociales de San Nicolás están por la integración y articulación de las contribuciones externas (conocimientos y habilidades) y, en ese proceso dejan de lado actitudes de sumisión, exclusión y dependencia. Asimismo, anuncian que los portadores del saber tradicional han entrado a un proceso de ‘despertar de conciencia’ al identificar las bondades de sus repertorios, conjugados con el saber occidental. Ante todo ello, habría un acercamiento a la aspiración de la posibilidad de construir sociedades sustentables con la integración valorada de los actores sociales expertos.

Respecto a las contribuciones o adaptación de conocimientos al Bosque, los portadores de saberes occidentales expresan diferentes posiciones sobre los saberes tradicionales. Algunos los califican de obsoletos y arcaicos, otros apuestan por su erradicación, no pocos los entienden de manera romántica articulándolos de forma instrumental; y una cuarta posición los ve como fuente de aprendizaje para fortalecer el intercambio y el diálogo de saberes (Leff et al., 2005:7). De esta manera entendemos que las visiones (e intenciones) de los diferentes agentes externos que confluyen en el Bosque son diversas, tanto como son variopintas las instituciones que ahí confluyen.

3. Aquí habría que percibir que lo que reasaltan dichas experiencias –más allá del encuentro del tema técnico en sí– es la transmisión de saberes encarnados en diferentes y peculiares maneras de relacionarse con la Naturaleza, sobre la base de la visión holística para estructurar el manejo de sus prácticas productivas. “La principal aportación de estas culturas a la crisis actual ecológica del mundo contemporáneo es de carácter epistemológico o filosófico, su manera de relacionarse (material y espiritualmente con la naturaleza (…)” (Toledo 2000:177).

4. En San Nicolás el Bosque sigue dándose en la estrategia de uso múltiple de sus recursos. La madera es sólo uno de los componentes, acaso otrora principal, pero ahora con los proyectos productivos y su continuidad en relación con la agricultura, la ganadería, la recolección, los servicios. Así se entreteje el CT.


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