Tesis doctorales de Economía


EL CONOCIMIENTO TRADICIONAL Y LA PROPUESTA DE EDUCACIÓN Y CULTURA AMBIENTAL EN LA GESTIÓN EJIDAL ECOTURÍSTICA DEL PARQUE SAN NICOLÁS TOTOLAPAN, CIUDAD DE MÉXICO

Gloria Amparo Miranda Zambrano



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4.4.2.2. El renovado camino de la experimentación del CT: casos símbolo de la recuperación del Bosque

El Bosque de San Nicolás resume historias inéditas de reforestación comunitaria. Luego de la amenaza de plagas y el combate con DDT acontecidos en 1957 y 1968-1970, y los intentos de reforestación por parte de entidades del gobierno sin el desempeño cabal de sus objetivos, destaca el carácter estoico de sus actores por recuperar el Bosque, que no tuvo límites a la inspiración y creatividad.

La idea era redimir la foresta a como diera lugar; ahí la astucia y arrojo de sus actores fue trascendental. Es el caso de Don Ambrosio Tenorio Chavero líder de las contribuciones de la ‘forestería social del Bosque’, quien acompañado por un grupo de ejidatarios desarrolló el “método ATCH de reforestación del oyamel en vivero”, “la técnica de reforestación ‘esferitas de barro’ y la instalación en el Bosque del “Vivero forestal Potreritos”.

4.4.2.2.1 “El método ATCH de reforestación del oyamel”

Hace aproximadamente 50 años, eran tiempos donde la asistencia técnica a los países ‘subdesarrollados’ se proporcionaba con base en los componentes “del paquete tecnológico occidental” definidos como la panacea que desarrollaría el campo en sus aspectos productivos. Se pensaba que el uso de insecticidas era la única alternativa y vía tecnológica primordial para el combate de plagas y enfermedades.

Luego que llegaron las plagas… el estado aplicaba DDT; en poco tiempo caían a montones en el papel la plaga; pero cuando comenzábamos a darnos cuenta, vimos que no sólo llegaba a los gusanos, sino armadillos, zorrillos, pájaros carpinteros,…por la cadena alimenticia…El zorro se comía al armadillo y el armadillo al pájaro y todos morían…Pero después caían los carpinteros, los zorros estaban boca arriba, todos, hasta las vacas morían. ¡¡Qué gran desilusión y pena vivimos!!…Entonces ahí nos dimos cuenta que esa no era la solución, nunca más echamos esos insecticidas, empezamos a entender que nosotros mismos…¡¡ debíamos hacer algo!!

A fuerza de la presión de ver cómo entraba el Bosque a un estado casi total de decrepitud, los actores intentaron dar respuesta desde su tradición, habilidades y destrezas; condicionada a la realidad en que vivían. Empezaron a experimentar y probar insecticidas caseros y, lo más importante, a atender ellos mismos reforestando y vigilando; nada era suficiente. Era preciso reforestar, pero se desconocía cómo propagar el oyamel en vivero y masivamente.

Una de las acciones que enfrentó el problema de deforestación fue propagar el oyamel, por vez primera por parte de los actores sociales, acto que expresa la pericia del CT y la sagacidad de sus actores por reforestar, situación que a la vez grafica la disputa entre los aportes técnicos externos y resistencia del CT.

Luego de varios intentos de los funcionarios del ramo, quienes habían invertido ingentes cantidades de dinero para recuperar el Bosque, nada daba resultado. Prácticamente, la totalidad de la vida del Bosque estaba amenazada. Según versión de los ejidatarios, la situación empeoraba debido al tono despectivo y de incredulidad que tenían los técnicos externos respecto a los saberes y aportes de sus actores sociales para la recuperación del Bosque. “Los técnicos insistían que el manejo técnico tradicional de propagación no servía”.

Con el correr del tiempo, invalidando las críticas, pero fortalecido en la inspiración de sus habilidades y destrezas por la forestería que desde ya resumía, Don Ambrosio Tenorio Chavero y sus seguidores, luego de varios intentos de ensayo y error, durante más de un año, finalmente lograron ¡propagar masivamente el oyamel! Esta contribución aseguró la vida del Bosque. En la memoria popular de San Nicolás este hecho marcó el hito ‘socio-forestal comunitario’ por excelencia, quedando grabado como el “método de reforestación del oyamel ATCH”; en clara alusión a las iniciales del nombre de su autor y la inversión familiar voluntaria que hizo al respecto (tiempo de trabajo, insumos, mano de obra familiar, etc.). Este hecho además significó valorar colectivamente el CT, alentando una actitud de validación y reconocimiento, cuestionadora y crítica, desde entonces, a la influencia externa impuesta per se.

También nos dimos cuenta que con los plaguicidas y los arbolitos que quería el gobierno que plantáramos no prendían… ¡¡no crecía ni uno..!! no se tenía la técnica adecuada…Todo aprendimos sobre la marcha. El comité de vigilancia no cumplía con sus responsabilidades…, las autoridades no siempre se ponían de acuerdo. ¡¡El bosque se defiende solo!!…nosotros decíamos, ¡¡pero hay que ayudarlo!!…Poco a poco nos fuimos agrupando con gentes que querían de verdad al bosque”.

En 1985 le plantee al comisariato que los árboles que nos traen no se logra porque no son de acá, son de refrigerador…si traemos árboles de la misma especie de aquí, y lo llevamos a incorporar podremos recuperar al bosque… Deben ser de aquí… tenemos que hacerlos porque se va a quedar pelón el bosque”.

Yo comencé a germinar el oyamel en un vivero que por primera vez instalé dentro del bosque, con las mismas especies de aquí… Con el cedro crece rápido y la plaga huye rápido… con los eucaliptos también. Comenzamos a entreverar el eucalipto y la plaga se iba porque no les gusta el olor del eucalipto, entonces a ese no le entra la plaga. Algunos jóvenes se acercaban y nos apoyaban”

Este acontecimiento de apariencia habitual en el mundo campesino, “puso fin y solucionó” la amenaza de extinción del Bosque. Si quisiéramos ver desde el lente de equidad la contribución de los actores a la forestería comunitaria y el valor de sus habilidades, destrezas y saberes elaborado en el gran escenario del CT, mismo que en el ámbito académico y legal se conoce como autoría al derecho intelectual, tal contribución, tendría que tener un reconocimiento pecuniario y otros, al sabio y su equipo de trabajo (familia especialmente).

Ellos testimonian que hubo inversión de tiempo, materiales, calificación técnica, entre otros aportes, para lograr la propagación in situ y ex situ del oyamel. ¿Por qué seguir reconociendo (especialmente en lo pecuniario) las contribuciones sólo de los técnicos que vienen de fuera? ¿Qué requieren hacer los sujetos sociales para poder evadirse del anonimato y saltar a la palestra de la justicia? ¡La recuperación del Bosque benefició no solo la intermediación del mismo y pueblo, sino a la mismísima población colindante de la Ciudad de México y de ella misma!

La lógica occidental arroja esta verdad, pero más inverosímil resulta reconocer que la lógica campesina, sea quien excluya y arrincone la trascendencia y reconocimiento de tal contribución. Es decir, tampoco al interno del ejido hay la voluntad de validación y efectividad de fomentar las contribuciones del saber tecnológico local, a pesar de saber que el sabio ejidatario se encuentra postrado viviendo los últimos años de su vida. Hace unos pocos años, quiso hacerse un mural en el vivero actual del Bosque teniendo como tema de fondo ‘la contribución ATCH’, pero lastimosamente quedó en intención. Hoy el sabio no espera nada pecuniario, sólo saber que el Bosque está en buen recaudo.

En términos del reconocimiento del derecho intelectual prácticamente sería “un robo” no reconocer económicamente esta aportación.

Este se ha logrado a partir de la producción por parte del trabajador de un plusvalor que es apropiado por el capitalista sin retribución alguna a la fuerza de trabajo. Es decir, una parte del valor de la producción, generada por el trabajador mediante su fuerza de trabajo, no es retribuida de ninguna forma. Simplemente el capital se lo apropia, cometiendo un acto de injusticia y un robo (Concheiro et al., 2006).

Sostenemos, junto con el autor, que es necesario renovar o establecer nuevos marcos conceptuales, parámetros, indicadores y referencias para poder llevar a buen término estas valoraciones. A partir de tales discusiones, es factible enunciar la necesidad de inéditos conceptos que expliquen, desde la realidad, políticas que sean incluyentes con tales reconocimientos. Más aún ahora que estamos asistiendo a un movimiento ‘in creciente’, acaso afiebrado, por la reforestación de la Ciudad de México.


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