Tesis doctorales de Economía


EL CONOCIMIENTO TRADICIONAL Y LA PROPUESTA DE EDUCACIÓN Y CULTURA AMBIENTAL EN LA GESTIÓN EJIDAL ECOTURÍSTICA DEL PARQUE SAN NICOLÁS TOTOLAPAN, CIUDAD DE MÉXICO

Gloria Amparo Miranda Zambrano



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4.1.4.2. Desdibujando al CT y sus habilidades

Cual contienda de fondo para invisibilizar y descalificar los atributos que sustentamos sobre la vigencia del CT que manifiestan los actores en el desenvolvimiento y desarrollo de la labor cotidiana, existe una suerte de enfrentamiento entre los guías ejidatarios y los apoyos de personal técnico externo.

Este descontento es por la labor de las guías externas y especialmente la profesional quien viene incursionando como responsable de la Granja Didáctica del Proyecto. La contrariedad es porque este personal acogería ‘preferencias’ en el trato, mejor remuneración y mayores oportunidades de trabajo y de relacionarse al externo e interno del Proyecto Ecoturístico.

Al ser ocasional la presencia de las guías externas, hubo enfrentamientos velados. Los guías ejidatarios cuestionan que aquellas no asumían bien su función de guiado debido a que no resumen sus atributos, es decir desconocen el sentido, enfoque totalizador y compromiso que tienen ellos sobre el manejo y administración del Bosque, aduciendo que sus explicaciones son escuetas y poco motivadoras. Tal situación manifestó preocupación por parte de los primeros, ya que podría desalentar las visitas al PEESNT, lo cual iría en detrimento del mismo. “No les dio resultado no tenían ni idea de lo que hacían y no duraron al ver que nadie les hacía caso”. El descontento mayor se dio cuando la profesional externa trajo a sus propios guías (docentes) en la anterior gestión, pero favorablemente la actual administración repuso a los guías del ejido. Incluso se censura que la profesional ‘constantemente’ contrate a un familiar y chofer para apoyar su labor.

Pero la discordia mayor es porque la misma –quien hace las coordinaciones e informes a la Secretaría de Educación Pública (SEP) sobre las actividades educativas en el Parque– recaudaría cinco pesos por cada niño que visita el Parque, existiendo complicidad con las autoridades salientes y actuales sobre el supuesto hecho. De ser cierto, tal despropósito sería la razón de fondo de la ansiada explicación (para los trabajadores del Parque) de por qué la permanencia y continuidad de dicha persona en el Proyecto. Las autoridades han impugnado tal testimonio, pero el cuestionamiento de carácter generalizado sigue en pie, como denuncia principal que no deja de ser un tema de discordia.

Algunos actores incluso desaprueban y condenan por qué algunos ejidatarios no cuestionan el supuesto hecho o profundizan averiguaciones al respecto. De ser cierta tal situación, habría que pensar cuánto dinero se estaría recaudando, pues el Parque en días de afluencia recibe entre cinco y más autobuses repletos de niños.

Lo cierto es que se remunera mejor al guía externo con un salario que oscila entre 600 a 1,000 pesos semanales, más incentivos por guiado. En cambio, el guía local recibe de 400 a 800 pesos (dependiendo de su labor y cargo), más incentivos por guiado (150 pesos por grupo). Por ello, los locales informan que han planteado a las autoridades en repetidas oportunidades los apoyen con 1500 pesos por semana, de manera fija, incluyendo el guiado, pero la solicitud sigue en pie de espera.

Existen otros ejemplos del enfrentamiento velado entre el CT y la presencia de los aportes externos, en el supuesto de que los primeros tienen mayor validez y aporte, diríamos se acomoda a la historia de invalidaciones que le ha tocado vivir al conocimiento local. Sumado a ello, y como queriendo recrudecer su problemática, algunos hechos manifiestan que hay intenciones acaso ‘veladas’ de descalificación y contienda con estas habilidades.

Es decir, existe aún la idea subterránea de no reconocer a los protagonistas experimentados pecuniariamente y demás. Por ejemplo, ocurre que uno de los actores descubrió casualmente varias constancias de felicitación elaboradas por la Secretaría de Educación Pública para algunos guías ejidatarios, donde se destacaban sus contribuciones a favor de la educación ambiental. “No nos entregaron a tiempo porque decían que si sabemos de ello, íbamos a ¡cotizarnos más!”. Otras veces no se gestionan o entregan a tiempo documentos que hacen los trabajadores del Proyecto, como queriendo desautorizar e invisibilizar sus contribuciones ante los demás.

“Nosotros estamos en el Bosque, llueva, truene o relampaguee, entonces no es bueno que otro que vaya algunas veces se beneficie, ¡no es justo!”. “Nosotros no nos hemos sacrificado tanto para que otros vengan y hagan su antojo”. Existe el constante cuestionamiento por parte de los actores, a favor de desenmascarar a quienes pretenden restar importancia a su labor, conocimientos y compromiso con el monte, mismos que se ajustan al ideario establecido desde cuando se fundó el Parque: dar oportunidad de empleo e ingresos a los ejidatarios.

Al ver que la lucha por el reconocimiento de su labor con base en sus conocimientos, habilidades y destrezas es minimizada –cual soporte esencial cognitivo en la labor del guiado–, es notable una suerte de desaliento y acaso motivación para retirarse del proyecto. El problema de remuneración insatisfecha por servicios es latente en la mayoría de los servidores del Proyecto, por lo cual algunos han empezado a migrar en busca de mejores oportunidades pecuniarias. Agudiza el panorama la lucha por demandas y conquistas laborales que viene estableciéndose de manera individual, dejando atrás resistencias que solían hacerse por el grupo. “Ahora cada uno está peleando por sus beneficios, ya no en grupo”.

Así, hay quienes lograron conseguir puestos de trabajo a sus familiares en el proyecto los fines de semana, rentar sus tierras que están dentro del PEESNT, establecer un proyecto productivo familiar, ser favorecido para dirigir un proyecto complementario dentro del Parque, o trabajar doble o triple jornada dentro y fuera del Bosque. En la agricultura, ganadería, conduciendo un taxi o emplearse en vigilancias nocturnas, vender forrajes, cuidar caballos, etc. Por su parte, la autoridad insiste en que se les brindan oportunidades para mejorar sus ingresos en el Bosque y que tienen otras posibilidades y consideraciones que ofrece el Proyecto.

La baja remuneración ha desatado también una suerte de competencia y exclusión entre guías ejidales. “Los jefes se agarran más las visitas, ellos hacen los guiados y sacan más”. En otros momentos se oculta información sobre las visitas del día o se les da ocupaciones ‘fuertes’ para no darles oportunidad del guiado. Uno de los guías informaba que un grupo visitante pidió sus servicios porque les gustó su trabajo, pero le notificaron ‘erradamente’ que había faltado ese día. Por tales expresiones y por la lectura que manifiestan los comportamientos de algunos guías, se considera que existe una suerte de competencia velada por “quién agarra más niños”.

Estos hechos ¿podrían estar distorsionando el objetivo primigenio del servicio y educación ambiental para dar paso al interés comercial, y con ello el inicio de su resquebrajamiento y contribución del Bosque y Proyecto a la sustentabilidad tanto al interno como al externo? ¿Se impondrá la mirada de ‘cosificar’ al turista o visitante cual mercancía, basando la relación en aspectos estrictamente económicos? Son reflexiones que saltan a la palestra en la medida que vienen desatándose experiencias inéditas.

El mayor cuestionamiento de los guías es sobre los ingresos que percibe el Parque y que, según su mirada, no es distribuido equitativamente. Los actores saben que el Proyecto ocupa en importancia el cuarto lugar en el mundo y el primero en Latinoamérica “(…) manejado por campesinos, entonces tiene harto ingreso ¡Eso es inadmisible!”. “Con eso nos tienen amarrados”. Las autoridades han llegado a pensar que los ejidatarios insubordinados son sujetos confabulados y su intento de transformar las cosas es como una trasgresión al mismo, por ello manifiestan que, de continuar la inconformidad, lo reportarían a la SEP. Acto que a nuestro entender se convertiría en una auto-amenaza y acaso –otra vez–, en el inicio del desmoronamiento del PEESNT.

Hay disputas internas, el uso de zancadillas por lograr quien se beneficia más. “Me tiene odio porque a él no le eligieron cuando se convocó la beca, quería que lo elijan a él, como no salió se convirtió en mi enemigo”. En una ocasión la Corena ofreció plazas de trabajo para los ‘ocho locos’ (pioneros del Proyecto), un ejidatario que no era del grupo fundador del proyecto pretendió ubicar en esos puestos a su familia, por lo cual “se perdieron las plazas para todos”. En otros momentos se han escondido documentos o información precisa sobre aspectos o propuestas que podrían beneficiar al Proyecto y sus actores.

La contienda y rivalidad entre los actores no hacen sino manifestarnos que detrás de estos conflictos subyace una disputa política y también ideológico-filosófica entre el CT y la lógica del mundo neoliberal. No se acepta la valía de las habilidades y capacidades debido a que hay un enfrentamiento estructural sobre la eficacia de los mismos. Se verbaliza que el CT es valorado, ‘que tiene su lugar’, ‘que se quiere recuperarlo’, pero en el fondo esta mirada expresa un concepto insustancial del mismo, especialmente entre los ejidatarios con mayor calificación académica y autoridades.

Algunos asambleístas del ejido expresan que el CT “ya no vale y que está pasado de moda”. Lo irónico es que el enfrentamiento parte de sus propios dirigentes que, como es de esperar, representan al sistema del conocimiento dominante. Su imaginario, focalizado en su contexto inmediato, no les permite aperturar un sentido de real valoración, extraña e insólitamente aspectos que en arenas externas viene afianzándose y ganando cada vez mayor terreno. Entre los ejidatarios la mayoría desconoce que el CT de sus actores confina un valor como capital humano. Parafraseando a Antonio Raymondi –refiriéndose al caso peruano de país megadiverso pero que se autodefinía “pobre”, como se ha estigmatizado a los sectores no pertenecientes a países del norte–, los actores del Parque están sentados en el banco de oro del conocimiento y por consiguiente tienen poder, pero auto-desconocen y descalifican su aporte, más aún, ignoran que el conocimiento es un arma de poder. Como afirma Lyotard (1990:17). “En su forma de mercancía informacional indispensable para la potencia productiva, el saber ya es, y lo será aún más un envite mayor, quizás el más importante en la competición mayor por el poder (…). Después (de) dominar la disposición y explotación de materias primas y de mano de obra barata, es pensable que se peleen en el porvenir para dominar las informaciones.”

No es casual que las autoridades sean profesionales y que por esa calificación estén cada vez más lejos de vivir y sentir el Bosque, en la media que la tienen sus trabajadores y que, por ello, el CT en el Bosque sigue aconteciendo y resistiendo un franco proceso de sometimiento. La idea prevaleciente es que los conocimientos de las culturas locales son retrógrados (al mismo estilo e intención de Bacon o Locke en el siglo XVI, como lo planteamos en el primer capítulo); de tal forma que pensar de manera contraria se ha vuelto un verdadero desafío para estos tiempos entre quienes gerencian en términos operativos el Proyecto.

Esta dinámica encierra una suerte de dicotomía, por un lado expresa un auto-reconocimiento –especialmente por parte de los actores que trabajan los servicios del Proyecto– del valor intrínseco del CT tal cual; por otro, una suerte de rechazo/invalidación del mismo por parte de directivos y agentes externos en la concepción de que el aporte local resume un tono poco significativo para enfrentar los retos que impone la modernidad. Si embargo, planteados estos aspectos, es factible, que la comunidad local de San Nicolás no espere del turismo sólo una posibilidad de empleo, de generación de ingresos y la ocasión para participar en decisiones sobre el tipo de proyecto a conducir o el tipo de turistas con los cuales compartir su propio espacio. Esperan sobre todo trascender la recuperación de su Bosque y apropiación de los nuevos términos administrativos que le impone el arquetipo de ecoturismo comunitario sustentable (ECS).

Es en esa consideración que el ejido viene gestando un estilo propio de apropiación del PEESNT con respuestas enfrentadas, otras veces creativa o contestataria al conocimiento y habilidades que expresan los actores del proyecto.


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