Tesis doctorales de Economía


EL CONOCIMIENTO TRADICIONAL Y LA PROPUESTA DE EDUCACIÓN Y CULTURA AMBIENTAL EN LA GESTIÓN EJIDAL ECOTURÍSTICA DEL PARQUE, SAN NICOLÁS TOTOLAPAN, CIUDAD DE MÉXICO

Gloria Amparo Miranda Zambrano



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2.4. Crónica de su historia reciente y actual

El pueblo no es una unidad homogénea, ni se habla en una sola voz, la heterogeneidad y estratificación social es su variante, al igual que las demás comunidades y pueblos del país. La heterogeneidad puede referirse a una gran variedad de condiciones: nivel educativo, ocupación, diferencias religiosas, étnicas, culturales de género, de generación, las mismas que pueden o no tener una acción directa sobre las instituciones comunitarias (Ostrom, 1997:32-47). En el pueblo se percibe la existencia de dos categorías de pobladores: los nativos, personas “descendientes” de los pueblos originarios precolombinos y campesinos, y los avecindados, establecidos “recientemente”. Los primeros gozan de ciertos derechos y privilegios en la zona, ocupando cargos políticos, administrativos y religiosos. En 1990, según el censo de población del ejido arrojaba la cifra de 6,517 habitantes nativos y 5,009 habitantes avecindados. La diferencia entre nativo y avecindado no está muy marcada en lo que se refiere a la división espacial del pueblo, sin embargo, en lo que se refiere a los asuntos de política y estructura interna del sistema de cargos, sí hay una marcada diferencia. (…) las únicas personas que pueden ocupar esos cargos son los nativos (Levario y Fuentes, s/f: 49).

Es interesante notar la autopercepción de sentirse pueblo, como sostiene un anciano ejidatario, Don Ambrosio Tenorio en la siguiente consideración: “Seguimos trabajando la agricultura y no hemos dejado de sentir lo que nuestros padres nos enseñaron, trabajamos por el pueblo también, a pesar de que muchos lo han dejado y hay muchos cambios.”

San Nicolás Totolapan vive hoy la suerte del resultado de sus luchas, de sus opciones que le impuso el vaivén histórico, siempre en la orientación de disputa de su territorio, de su sentido de pertenencia, y ahora el reto que le impone la mundialización neoliberal con la adopción forzada a ‘lo moderno’, ‘al cambio’, como lo entienden Don Ambrosio y muchos actores más. Ahí, los saberes, habilidades y destrezas en el manejo de su principal patrimonio, el Bosque, se manifiesta entre la pujanza y el cambio. Es evidente su capacidad de comprensión de gran parte de los procesos de globalización, así que están adoptando medidas para afrontar estos cambios, adaptándolos a sus organizaciones y tradiciones para resistir a su incorporación desventajosa en una sociedad polarizada (Barkin, 200:68).

En el pueblo habitan actualmente 15,000 personas en sus respectivas familias, los propietarios del Bosque son 336 ejidatarios; los demás participan del ejido de manera indistinta (peones, avecindados); otros viven el impacto de la presencia y actividades del Bosque sin tener acceso a este recurso ni trabajarlo, y no pocos ignoran la presencia del mismo.

Algunas áreas agrícolas han sido habilitadas en zonas más altas (alrededor de los 2,750 m) y en pequeñas depresiones orográficas o pequeños valles como La Joya y Rancho Viejo, inclusive en zonas todavía más altas como en el Llano de Montealegre. Aparte de las actividades productivas propias del Bosque, el pueblo se dedica a la agricultura de orientación tradicional de temporal y de riego, se cultivan maíz, fríjol, avena, haba y papa, principalmente; además de hortalizas y vegetales como el nopal y frutales, donde el uso de agroquímicos y semillas “mejoradas” es lo usual. Sin embargo, los cultivos son en pequeñas extensiones de superficie ubicadas dentro del Bosque y ejido. Con respecto a la ganadería es extensiva, principalmente, con crianzas de ganado vacuno, equino, porcino, bovino, caprino y conejos, aunque cada vez con menor importancia. La ganadería mayor (reses y caballos) es utilizada en el consumo (reses), como transporte y en las “charrerías”; el ganado menor se destina al autoconsumo y colocación en comercios de poblados aledaños. La ganadería extensiva, especialmente caprina, ha colaborado en la deforestación del Bosque, siendo en este caso cada vez más vulnerable por presentar en general pendientes mayores a los 45º de inclinación.

Estas actividades productivas tradicionales (limitadas por la presencia de la zona boscosa en el pueblo) ocupan principalmente la fuerza de trabajo familiar, aunque la mayoría de las familias combinan la mano de obra familiar con la asalariada. En la agricultura, el maíz es el principal cultivo, su ciclo es de marzo a agosto. Se inicia con el barbecho y la siembra, luego viene el mateado (echar abono a cada matita) y más adelante el aradillo (revolver la tierra). Cuando están un tanto grandecitas –las plantas–, se cubren con tierra encima para que enraícen bien las matas y, finalmente, la cosecha. Habría que destacar que la actividad agropecuaria cada vez es menos significativa, por razón del cambio y movilidad del uso del suelo, debido a la presión externa e interna sobre la misma. La producción –mayormente agropecuaria y hortícola– está orientada al autoconsumo familiar, al mercado local y a las zonas de influencia colindantes con el Distrito Federal y, en pocos casos, se destina a la Central de Abastos.

Dentro del Bosque, de unos años a la fecha, se vienen instalando proyectos productivos para la producción de hortalizas (col, repollo, jitomate, brócoli, etc.), en aproximadamente 50 viveros orientados al mercado especialmente orgánico, como la “Green Corner” dentro de la Ciudad de México. Igualmente, la instalación del Proyecto productivo forestal, denominado “árbol de navidad” cuya actividad comercial reporta una producción anual de más de 50 mil plantas y la venta de más de 5 mil pinos en temporada navideña.

A decir de los lugareños, el uso de la tierra está ligado a la actividad agropecuaria y el usufructo del Bosque, siendo la ocupación principal del ejido, pues la influencia rural siempre ha predominado en sus usos y costumbres. “Aunque la revolución industrial llegó tempranamente a nosotros, los cultivos tradicionales y el usufructo del bosque han sido una actividad constante que nos distingue orgullosamente de los demás pueblos de la demarcación” (Camacho, 2007:9).

Según el Censo de 1990, las características de la Población Económicamente Activa (Levario y Fuentes, s/f) del pueblo, resume que el 97% especificaba ocupación, y el 3% se encontraba desocupada. La PEA se distribuía en los diferentes sectores productivos, según la siguiente gráfica.

En los años noventa la población local se empleaba principalmente como obrera y empleada, le seguían los que laboraban de manera independiente y, en menor porcentaje, los que se dedicaban a las labores agrícolas (Ver gráfica No. 3).

A más de 15 años las actividades han variado, enfatizándose más aún la diversificación de su economía, lo que significa una mayor dinamización de la economía familiar y local, sustentada en la pluriactividad económica. La familia campesina ejidataria tiene como estrategia de generación de ingresos y reproducción de su economía, la multiactividad económica, construyendo un perfil propio entre la producción de corte tradicional y lo “moderno”. Son estrategias familiares de diversificación articuladas a opciones productivas, comerciales y de autoconsumo familiares y asociativas (Bartra, 2006:368).

La terciarización de su economía, expresada en una amplia gama de servicios y venta de su fuerza de trabajo, cual mano de obra barata para la gran ciudad, viene brindando cambios significativos en la organización familiar, entre los más relevantes encontramos la intensificación de la incorporación de un mayor número de miembros de la familia al mercado de trabajo asalariado (Rodríguez, 2001:294). En San Nicolás, aproximadamente el 90% de las unidades domésticas desarrollan actividades complementarias diferentes a la tradicional, como: peones, comerciantes (ambulatorios y establecidos), pintores, electricistas, albañiles, vigilantes, empleados de servicio doméstico, jardineros y caballerangos, entre otros. No se constatan casos de extrema pobreza económica y pauperización humana, aunque hay familias “recién llegadas” que habitan zonas marginales, quienes resumen carencias en su calidad de vida (atención a servicios básicos especialmente).

Como se ve, las familias resuelven creativamente sus condiciones económicas diversificando sus fuerzas productivas, en el caso, usufructuando beneficios de su colindancia con la gran ciudad. “Las personas desarrollan sus propias estrategias para resolver los problemas que enfrentan (…). No responden meramente a programas o servicios proveídos por intereses privados o “externos” tampoco reaccionan simplemente a las condiciones lejanas del mercado” (Long, 1996:45), más bien se apropian de ellas y las sujetan cada vez más cerca a sus conveniencias. Un ejemplo que grafica la diversificación de estrategias que señala Long es el caso de uno de nuestros actores cuando expresa:

Afortunadamente yo si te podría decir con todo respeto que yo me siento un hombre versátil. Porque lo mismo me puedo mover en una parcela que en un invernadero cultivando verduras, que en un rancho limpiando las vacas, ordeñando e ir a vender leche. O lo mismo me puedo ir a la ciudad a manejar un taxi, o a una obra a decorar una casa. O lo mismo irme a un salón de baile y ganarme un primer lugar de baile. O lo mismo agarrar a una quinceañera y decirle: la música ahí no marca ocho tiempos. Yo me considero una persona versátil, y me considero a gusto, soy feliz como vivo (Rico, 2005).

Otro ejemplo de la concreción de alternativas de reproducción socioeconómica heterogéneas, en términos de estrategias para resolver dificultades de reproducción económica, son los empleos en las caballerizas. Además, expone cómo los actores vienen vertiendo los potenciales de su conocimiento tradicional y habilidades, en el mercado de oportunidades remunerativas que oferta la gran ciudad. Ocurre que hace aproximadamente 10 años los propietarios de caballos, gente millonaria que vive en el DF en zonas residenciales, fueron limitando la tenencia de estos animales cerca de su domicilio. La salida fue alejarlos de la urbe; así varios pueblos, especialmente del Ajusco –entre ellos San Nicolás Totolapan–, fueron escogidos para la compra de terrenos e instalación de caballerizas. El entendido fue disponer de espacios más amplios, y reconocer que los lugareños reúnen saberes tradicionales en el manejo y cuidado de estos animales. De esta forma, se establecieron propietarios de caballerizas por encargo, que vienen los fines de semana a entretenerse y, por otro lado, los caballerangos que además de cumplir funciones propias en las caballerizas, realizan la labor de guiado por la localidad. Finalmente, es una actividad que también beneficia a la agricultura por el estiércol utilizado como abono.

Otro caso, con el añadido de orientación empresarial –pionera en su género–, es el de las mujeres de la Microempresa Autofinanciada Transformadora de Productos Nutricionales “Flor de Amaranto”. Ellas elaboran dulces nutritivos (palanquetas, galletas, granola, soya) con ingredientes de la zona, habiendo logrado posesionarse exitosamente del mercado local y de algunas ferias y tianguis del Distrito Federal. Parafraseando a Long (1996:37) diríamos que “(…) observamos las maneras en que las nociones de “trabajo” y “estatus ocupacional” cambian constantemente en gran parte como resultado del creciente desempleo, del empleo parcial y de una reorganización de la división de trabajo (…). Finalmente, se presenta un movimiento hacia una mayor “informalización” y fragmentación de la vida económica dentro de las familias/hogares, las microempresas y las comunidades locales de apoyo mutuo y solidaridad social”.

Las comunidades, como el ejido de estudio, hoy han incrementado sus estrategias de sobrevivencia, complejizando más sus interrelaciones (redes), espacios y dinámica local. Viven sujetas a las oportunidades que les brinda la gran ciudad; en ese acontecer enfrentan una suerte de conjugación de direccionalidad y desaciertos, de apuestas y negaciones, de confianzas y desconfianzas en su vida cotidiana. La pluriactividad económica es y será la salida para la sobrevivencia en el clima rural-urbano.

Otra expresión que refleja la pluriactividad económica, además de expresar la simbiosis tradicionalidad-modernidad, es el “tianguis”, prototipo emblemático del pueblo, donde observamos cómo vienen transformándose las maneras en que las nociones de “trabajo” y “estatus ocupacional” se renuevan constantemente, en gran parte, como resultado del creciente desempleo, del empleo parcial, y de una reorganización en la división del trabajo (Long 1994:37) de sus actores, quienes ofrecen sus más variados servicios. El panorama hace una lectura, fácil diríamos, de un movimiento y crecimiento de la “informalidad” laboral, y de cómo los actores sociales redoblan sus estrategias de vida para generarse ingresos, unas veces complementarios, otras como fuente principal de manutención de sus familias y hogares. La venta en el suelo, a la entrada del “tianguis” lo hacen señoras del pueblo ofreciendo productos como hongos, plantas medicinales y verduras de recolección del Bosque o espacios análogos). El contexto nos lleva a concluir que el pueblo es el ‘caso tipo’ para examinarlo dentro del marco teórico de la nueva ruralidad. Estamos en un territorio donde es casi imposible reconocer los límites entre el campo y la ciudad, pues la difusión de nuevos patrones de consumo y hábitos de vida, y la creciente movilidad de la población han modificado radicalmente el patrón de organización del territorio, desplazando casi por completo las fronteras entre lo rural y lo urbano (Linck, 2001:57).

Lo extraordinario es que, en el contexto de movilidad conurbana, no ha resquebrajado o invalidado el repertorio de conocimientos y habilidades arraigados en la tradición de sus actores para seguir conduciendo el Bosque.

Es evidente que en este espacio de encuentro los actores sociales usan sus redes interpersonales, comunitarias, de barrios e instituciones para la permanencia en uno y otro puesto, además de ser espacio modélico ideal para sectores del pueblo sin acceso a trabajo ni calificación alguna.

En lo que respecta a la cuestión educativa, en San Nicolás casi se ha erradicado el analfabetismo, según el Censo de Población de 1990, la gran mayoría ha culminado la educación primaria y secundaria (ver Gráfica No. 4) (Levario y Fuentes, s/f).

Actualmente ofrecen servicios educativos la Escuela Primaria “Luz María Chacón Durán”, las Escuelas Primarias Oficiales “Enrique Rodríguez Cano”, la Escuela Primaria “Catalina Cardona Nava” y la Secundaria Técnica No 45. Asimismo, dos Jardines de infancia. No pocos se califican académicamente en escuelas ubicadas en las intersecciones del pueblo, de la Delegación y del mismo Distrito Federal.

Cabe señalar también que existe un número importante de profesionales con carreras de mando técnico y universitario (profesores, enfermeras, abogados e ingenieros) quienes, en su mayoría, prestan sus servicios al Bosque. Últimamente, como expresión de salvaguarda y desarrollo del recurso forestal por los propios ejidatarios, se vienen calificando en carreras como biología, agronomía y turismo, entre otros.

Asimismo, son las especializaciones y ocupaciones, y los cargos político-administrativos del ejido los que han generando diferencias en los niveles socioeconómicos y de poder entre las familias. Los antagonismos no se han dejado esperar, especialmente entre quienes dirigen el ejido y el Proyecto del Parque Ecoturístico y, aquellos que son de oposición o no participan en el mismo, aspecto que más adelante abordaremos con detenimiento.

Diferente representación que sintetiza el sentido de tradición e identidad en el pueblo, es el espacio de festividad y jolgorio, expresado en el calendario cívico-religioso establecido. Ahí destaca el día 9 de septiembre, fecha en la que se celebra la fiesta del pueblo de San Nicolás Totolapan. Aunque cada vez se siente mayor significancia de los usos y costumbres citadinos y de la ‘modernidad’. La descripción que nos refiere Levario y Fuentes (s/f: 62) nos acerca al sentimiento identitario y simbólico del festejo patronal del pueblo:

Las fiestas religiosas y el calendario de correspondencias, son los eventos que rompen con lo cotidiano y que nos aportan un mayor número de elementos socioculturales de identificación y cohesión interna, que muestran la organización social de la comunidad y su relación con los pueblos vecinos. … El sonido de los cohetes marca el inicio del espacio sagrado para los lugareños y comunidades vecinas. La Comisión de Festejos del pueblo es ahora la anfitriona de sus vecinos.

Por lo general, el pueblo festeja con música y baile gratuito durante una semana. La celebración se engarza con la celebración del Programa de Fiestas Patrias, siendo el momento prominente ‘El Grito’, ejecutado a las 8 pm; luego hay una fiesta general presidida por la reina del pueblo y la charrería. En el día hay jaripeo en el ‘Lienzo Charro’ (arriba en la plaza del pueblo), con 10 toros que los montan jóvenes, especialmente. Sin embargo, llama la atención que cada vez sea más deslucida y que haya menor concurrencia del pueblo a las fiestas, porque “se está haciendo costumbre que haya peleas y hasta muertos” o “cuando están enfiestados y pelean entre ellos entonces sacan sus pistolas y disparan”. La agresión y las disputas callejeras vienen acaso ganando el sentido y expresión de la devoción de la fiesta.

La lectura sobre la economía productiva y realidad socio-cultural de San Nicolás demuestra el camino hacia la maximización de la fuerza de trabajo rural y, consecuentemente, la mayor diversificación de actividades de la vida rural. En términos de Ostrom (2001) y Kay (2005), los nicolaítas viven ahora de potenciar los diversos capitales que encierran. El capital natural expresado en su oferta ambiental (Bosque, tierras, agua), capital físico o producido (infraestructura, especialmente del Parque, herramientas, obras), su capital humano (conocimientos, habilidades y destrezas, calificación y educación); capital financiero y, el capital social que son las redes sociales que maneja dentro y fuera como Bosque y Parque.

Cabe resaltar que las actividades de apropiación, producción, servicios y provisión de bienes comunes, y la forma de participación y gobierno que desarrolla San Nicolás, se desarrollan en el marco de su sistema de organización y relaciones sociales, predominantemente tradicionales, aunque las adopciones “modernas” no son de extrañar.

Es decir, su sistema de cargos, como los usos y costumbres comunales se explicitan en costumbres ancestrales arraigadas, con base en la cooperación, reciprocidad y participación, donde la apuesta y compromiso es servir mejor al pueblo, y ahora a sus proyectos en camino. El capital social, expresado en este tipo de relaciones sociales, hace que sigan fluyendo y dinamizando los saberes y habilidades locales, entre ellos el CT en el manejo del recurso forestal.

Sorprendente e insólito para muchos (por ello lo seductivo del tema y objeto de estudio) es que San Nicolás, viviendo en simbiosis cotidiana con la Ciudad de México, megalópolis de megalópolis, donde precisamente está en cuestionamiento el fenómeno de deshumanización, producto de desvalores como el individualismo y la corrupción más censurada, pueda mantener a inicios del siglo XXI, esta forma de capital social y además ser sustento del manejo viable de su Bosque, ahora Parque Ecoturístico. No pretendemos afirmar que el ejido esté exento de relaciones de poder que expresen enfrentamientos, discordias y disputas veladas. Todo lo contrario, al interno, en su más íntimo tejido manifiesta disputas por el poder, especialmente en la conducción del ahora PEESNT, como expresión de resistencia que expresa finalmente estrategias de permanencia y defensa por lo suyo (Bonfil, 1990).

San Nicolás resume de alguna manera un escenario con sinergias alentadoras, y desarmonías acaso insustanciales. Su reto es mantenerse y recrearse respondiendo las expectativas que ha levantado hoy por hoy con el denominado Parque Ecoturístico. Sabemos que para que las instituciones comunales acoplen proyectos en común e ingresen al camino de la viabilidad es necesario ver cómo es el interno de éstas, puesto que si están sólidas “(…) se construyen sobre la base de normas de confianza y reciprocidad, de las visiones compartidas sobre los recursos comunes y de las experiencias de organización de los grupos. A su vez, la operación de instituciones sólidas favorece la existencia de sinergias que mantienen las relaciones de confianza, y en general, las condiciones para que el desarrollo de experiencias de organización colectiva sea viable” (Merino, 2004:134).


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