Gloria Amparo Miranda Zambrano
Según Long (1996) las dimensiones más relevantes que están en juego en el presente milenio y que constituyen ejes del cambio son: la diseminación de los conocimientos científicos y la tecnología, la cultura y la comunicación, la reestructuración del trabajo, la industria y la vida económica, y la fragmentación y dominación de los dominios del poder, las mismas que dan lugar a nuevas identidades sociales y políticas. San Nicolás Totolapan no se excluye de estas implicancias, pero en lo que vamos a detenernos es en el conocimiento tradicional en sí.
Este campo también abarca la generación, diseminación, utilización y transformación del conocimiento; el encuentro entre los así llamados modos “expertos” y “locales” del conocimiento; los choques y acoplamientos entre marcos epistemológicos y culturales contrastantes; el reforzamiento de los “poderes de la ciencia” para transformar la vida social y canalizar el cambio; y la transformación del conocimiento y la tecnología en la interfase entre las instituciones del “desarrollo” interventoras y así sus llamados grupos “receptores” (Long, 1996:38).
Sobre este telón de fondo que exterioriza encuentros y desencuentros, e impactos que orillan y trascienden al cambio a los actores sociales, es con el que inscribimos la presencia y contribución del CT en San Nicolás, como aspecto vigorizante para propuestas externas interventoras.
Entonces, la opción de recuperación y mantenimiento del Bosque y espacios símiles no es una propuesta que escapa a la tendencia mundial del tema aludido. Más aún, debemos entender que el CT está dentro de la “(…) compleja dinámica interrelacionada a través de la cual los procesos globalizantes y localizantes generan nuevos modos de organización y sobrevivencia económica, nuevas identidades, alianzas y luchas por espacio y poder, y nuevos repertorios culturales y de conocimiento” (Long, 1996:51).
Del mismo modo, también el CT está alineado en el marco de trabajar con alternativas al tema –prioritario de la agenda mundial– sobre la recuperación de la amenaza de la VIDA del planeta, por eso ahora cobra renovada importancia.
En la actualidad, a nivel mundial, el 45% de los ecosistemas naturales están severamente impactados y han dejado de ser funcionales, el 55% de los ecosistemas naturales restantes sostienen los servicios ambientales, esto es, la vida del planeta. Se calcula que para el año 2025 esta cifra de 55% se reducirá a un 30%. La alta tasa de deterioro ambiental en el México contemporáneo vaticina una reducción drástica de los recursos naturales en las primeras décadas del sigo XXI. De tal manera que en el año 2021 sobrevivirán sólo el 30% de la vegetación primaria, incluyendo vegetación de las zonas desérticas (Velásquez et al., 2002).
Por su parte, E. Boege confirma que esta tendencia
(…) no sólo implica la pérdida de la biodiversidad de un país megadiverso, sino que incluye suelos, captura de agua, recursos genéticos, contaminación química y biológica de regiones completas, lo que afecta los servicios ambientales básicos para la sobrevivencia de la población de nuestro país. En este momento son enormes las amenazas de perder esta riqueza indígena, nacional y mundial de la humanidad. El país no se ha preparado ante tal reto (2006:239).
Ante este panorama, últimamente el gobierno de la Ciudad de México ha desarrollado una estrategia de concentración y limitación al avance de la mancha urbana, apoyando promocional y financieramente a los pueblos que entren a la agricultura ecológica y el turismo alternativo con el enfoque de protección y conservación. Es en esta coyuntura que San Nicolás Totolapan engarza su proyecto, como sostenemos en el tercer capítulo. Si bien es cierto que el enfoque sustentable sigue dando prioridad al recurso biótico (de mirada proteccionista), cuán lejos y cerca se está aún de reconocer el potencial que la población encierra en la comprensión y manejo del mismo con el CT, además de reconocer que sólo es posible que mediante la simbiosis pueblo-naturaleza es posible siga dándose vida y sentido al mundo simbólico, económico, político, social y espiritual de estas poblaciones.
Las limitaciones que se tienen no descansan sólo sobre la poca “estima identitaria y valor a lo que hacen” los actores, o mas bien la situación está engarzada a las políticas del país sobre el tema, e inclusive de la influencia de los países del norte. Massieu y Chapela (2006:334) expresan que el fenómeno está íntimamente engarzado al sistema mayor dominante. Sostienen que se derivó de la situación anterior, por la concepción de conservación que ha adoptado el Estado mexicano, imitando el modelo norteamericano, que no resulta adecuado para el manejo de las zonas de alta biodiversidad del país y que, en muchos casos, vienen siendo habitadas por comunidades indígenas desde hace cientos o miles de años. El acaudalado CT que poseen, es así ignorado y desperdiciado, mientras que se crean numerosos conflictos con la imposición burocrática de los programas denominados “Áreas Naturales Protegidas”.
En cuanto a enfoques, la idea es alejarse del dualismo excluyente, que proponía Miguel Ángel de Quevedo hace muchos años –quien tuvo una acción conservacionista loable y considerable en México–, fundamentaba “que la única vía de interacción entre el hombre y su medio se da sólo a través de la contemplación y en la admiración de los prodigios de la Naturaleza” (Rico, 2005:22). En ello de asumir diferentes enfoques sobre el quehacer con los bosques –y en ese contexto con el ejido y Bosque de estudio– y las poblaciones inherentes a ella, también existen propuestas diversas, como aquella que sustenta que la administración de las áreas protegidas representan un negocio, una modalidad mercantilista en la medida que los usuarios son los “consumidores” (el mercado), y la administración de estos recursos representa un “negocio”. Otra mirada es la de priorizar el Bosque porque “es un laboratorio para la investigación viva” (academicista).
Satisfactoriamente viene revisándose también la mirada que hicieron y siguen desplegando los pueblos en el curso de su historia: vivir el diálogo íntimo naturaleza-sociedad y viceversa. Ahora interpretado en términos del enfoque del desarrollo sustentable. Como sostiene Rico (2005), recientemente el acento de las políticas de protección y conservación del medio ambiente se ha puesto en la integración y participación de la sociedad. Lejos de promover el aislamiento y la preservación prístina de los ecosistemas como fuentes exclusivas de valor del CT, se buscan formas de interacción “sustentables” que redunden en el desarrollo económico y en la conservación ambiental.
¿Qué hacer entonces para alejarnos del neocolonialismo ecológico?
Habría que recordar que en esto de ‘adopción de nuevos términos’ (desarrollo sustentable y demás), que es el asunto de fondo que nos convoca, tiene una carga de intervención e imposición subliminal el sistema especialmente económico, ideológico y político. Tan claras están las intenciones de exclusión y dominación histórica que sufren las culturas originarias que no hace sino recordarnos que siguen los intereses de fondo. Pues, así “como su medicina erradicó otras medicinas, y sus semillas desplazaron otras semillas, de la misma forma su proyecto del conocimiento (…), intenta ridiculizar y borrar todas las otras formas de ver, hacer y tener (que existían en el mundo)” (Álvarez en Sachs, 1996:46). Lo preocupante ahora es que numerosas veces estas propuestas no siempre son manifiestas o mejor dicho explícitas en sus intenciones; debido a que considerables veces vienen disfrazadas del discurso y ropaje ‘ambientalista’, ‘verde’, ‘ecológico’, ‘alternativo’ o ‘sustentable academicista’; requiriendo para transitar estos temas, hilar muy fino.
Pero la historia y sus arenas en el tema no sólo es de los dominantes o científicos, también es escaparate y escenario de los actores sociales quienes manifiestan y hacen suyas otras formas de resistencia y re-significación con el CT en su existencia.
Un claro ejemplo se tiene con el ejido que venimos estudiando. El Parque Ejidatario San Nicolás Totolapan, además de seguir posesionándose en el gran mercado de posibilidades que le impone la coyuntura, viene enfrentando el desafío de cómo seguir avanzando en el enfoque de sustentabilidad que ha desatado.
En esa dinámica, vive una suerte de dicotomía, por un lado expresa un autoreconocimiento –especialmente por parte de los actores que trabajan los servicios del Proyecto– del valor intrínseco del CT como tal; por otro, una suerte de rechazo/invalidación del mismo por parte de directivos y agentes externos en la concepción de que el aporte local resume un tono poco significativo para enfrentar los retos que impone la actualidad (como asumimos más adelante). Sabemos que el conocimiento es poder y quien maneja el poder detenta conocimiento. Lo irónico para el caso de San Nicolás es que el enfrentamiento parte de sus propios dirigentes -líderes oficiales- quienes como es de esperar representan, sin saberlo claro, al sistema de conocimiento dominante. En esa consideración, el ejido viene gestando un estilo propio de apropiación del Proyecto, mediante una respuesta creativa y contestataria al modelo gerencial empresarial sustentable per se (académico), que se trató de implantar desde el inicio.
Habría que entender que el PEESNT no está desligado de las experiencias previas que trajo el pueblo, va más allá del sólo el interés de la permanencia sustentable del Bosque. El pueblo tiene un camino histórico recorrido en la defensa y resistencia al despojo de su Bosque, basado significativamente en el saber local. Hubo iniciativas locales de experiencia y visión compartida en el manejo del recurso forestal que ayudaron a irrumpir el Proyecto. Ahí, el CT es la plataforma ideológica, cultural y simbólica, junto con otras contribuciones, producto de la apropiación de sus actores que vienen dando continuidad al mismo. Emprender el camino sin el CT hubiera sido por demás limitante y diferente.
Veamos qué significados e implicaciones tiene el turismo comunitario sustentable (TCS) para entender cómo se manifiesta la presencia, validez y entramados finos del CT en el Bosque y Proyecto Parque.
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