2.1. Las cédulas reales y la definición de los límites del
territorio de Chile
El 21 de mayo de 1534 Carlos V sancionó tres capitulaciones o contratos para
emprender el reconocimiento y la conquista de los territorios situados al sur
del Perú. Cada
concesionario recibió una gobernación sucesiva, que se midió en leguas, unidad
castellana
equivalente a tres millas y que en cantidad de diecisiete y media enteraban un
grado. La
primera gobernación se denominó Nueva Toledo y fue adjudicada a Diego de
Almagro.
Tenía unas doscientas leguas medidas desde el grado 14, donde terminaba Nueva
Castilla
que enseñoreaba Francisco Pizarro, hasta poco después de Taltal (25º31’26’’). La
segunda,
que llegaba aproximadamente hasta la costa de Arauco, fue la gobernación de
Nueva
Andalucía otorgada a Pedro de Mendoza y la tercera, Nueva León, fue concedida a
Simón
de Alcazaba. Las tres gobernaciones se extendían desde el océano Atlántico por
el este
hasta el océano Pacífico por el oeste. Poco después, en 1539, se creó al sur del
estrecho de
Magallanes una cuarta gobernación en beneficio de Pero Sancho de Hoz,
(Eyzaguirre;
1994).
Dado el profundo desconocimiento del territorio adjudicado y las innumerables
vicisitudes que sufrieron los concesionarios y sus empresas de conquista,
ninguno de ellos
concretó sus propósitos de ocupación territorial. Diego de Almagro, por ejemplo,
sólo
realizó una expedición de reconocimiento que se extendió hasta el río Itata y
luego regresó
al Perú para luchar por mejores premios de conquista. Sin embargo, Francisco
Pizarro
venció a Almagro en la batalla de Las Salinas y fue autorizado por Carlos V para
realizar
una expedición de conquista hacia los territorios del sur. El enviado fue Pedro
de Valdivia
quién salió desde el Cusco rumbo al territorio de Chile en 1540. La muerte de
Pizarro
transformó a Valdivia en gobernador interino elegido por el Cabildo de Santiago.
Carlos V
envió a Pedro La Gasca a pacificar al Perú, envuelto en una cruenta guerra
civil, quien en
1548 confirmó a Valdivia como gobernador de Chile y estableció, por primera vez,
los
limites de la gobernación del siguiente modo “por la presente os doy y asigno
por
gobernación y conquista desde Copiapó que está en veinte y siete grados de
altura de la
línea equinoccial a la parte del sur hasta los cuarenta y uno de la dicha parte,
procediendo
norte sur derecho por meridiano, y de ancho entrando de la mar y la tierra oeste
este cien
leguas”, (Lagos Carmona; 1985). De este modo, la gobernación de Chile se
extendía hacia
el oriente más allá de la cordillera de Los Andes, avanzando hacia los
territorios que habían
sido dados a Mendoza.
En 1554, mediante dos cédulas, el emperador amplió la jurisdicción de Valdivia
hasta el estrecho de Magallanes, transfiriendo de este modo los derechos que
había otorgado a Camargo, e instituyó, al sur del estrecho, una nueva
gobernación en favor de Jerónimo de Alderete. La designación de Alderete, como sucesor de Valdivia,
unificó
ambas concesiones que luego fueron reiteradas como el territorio de Chile por el
virrey
Andrés Hurtado de Mendoza, quien nombró a su hijo García, gobernador de aquellos
territorios. Francisco de Villagra, su reemplazante, recibió el gobierno de
Chile hasta el
estrecho, además se le encargó la exploración y toma de posesión de las tierras
al sur de
Magallanes, pues en aquella época se pensaba que después del estrecho había un
extensa
masa continental que llegaba hasta el polo.
En 1563, se segregó de la gobernación de Chile la provincia de Tucumán, único
cambio en los límites asignados a su jurisdicción por las concesiones de Carlos
V. Así al
nombrar en 1573 gobernador a Rodrigo de Quiroga se estipula en la real cédula lo
siguiente: “tengáis la gobernación y capitanía general de las dichas provincias
de Chile
según e de la manera que lo tenían don García de Mendoza y el adelantado
Francisco de
Villagra y los demás nuestros gobernadores que ha sido de las dichas provincias”
(citado
por Eyzaguirre; op. cit.).
En suma, es posible concluir que por las concesiones realizadas por Carlos V el
Reyno de Chile se extendió de norte a sur desde el paralelo 27 hasta el polo, y
de este a
oeste, desde el mar del sur o pacífico hasta cien leguas al interior de la
tierra. Con la
segregación de Tucumán, desde 1563 la jurisdicción de Chile al lado oriental de
los Andes
se iniciaba en la provincia de Cuyo, que tenía por límite meridional el río
Diamante. Puesto
que el continente americano va reduciendo su ancho hacia el sur, la línea
imaginaria que
servía de limite por el oriente terminaba en las costas del Atlántico
aproximadamente en el
golfo San Matías, poco antes del paralelo 43º, para continuar un breve trecho
por tierra
patagónica y hundirse definitivamente en el océano atlántico a la altura de
Chubut hacia los
44º. Desde allí hacia el sur la costa atlántica pertenecía a la jurisdicción de
Chile.
Prácticamente dos siglos después la jurisdicción de Chile sufre una nueva
segregación territorial. En efecto, con la creación del virreinato de La Plata
en 1776 se puso
bajo su administración el territorio de Cuyo, con las ciudades de Mendoza y San
Juan,
dependientes hasta entonces de la gobernación de Chile. Mendoza tenía por límite
sur el río
Diamante. De modo que, segregado Cuyo de Chile, la cordillera era límite sólo
hasta la
altura de las nacientes del río Diamante. Más hacia el sur, las tierras al
oriente de los Andes
estaban dentro del territorio del reino de Chile. Vale decir, entonces, que el
virreinato de
Buenos Aires limitaba al sur con el territorio de Chile. No obstante, en el
período colonial,
una cosa eran los territorios que jurídicamente pertenecían a la gobernación de
Chile y otra
diferente eran los espacios que efectivamente eran posibles de ocupar y
administrar.