2.10. La cuestión de la Patagonia y los límites de Chile
allende Los Andes
La doctrina del uti possidetis o ultima posesión heredada de la administración
territorial de
España fue asumida por todos las naciones latinoamericanas al momento de definir
sus
limites. Sin embargo, en todos los países quedaron zonas cuyos límites eran
imprecisos
pues más de una nación decía poseer títulos que atestiguaban derechos de
propiedad. Tal
era el caso del límite norte de Chile y también del límite oriental.
Chile reclamaba el territorio al oriente de la cordillera de los Andes desde el
paralelo 34º 10’, en que la línea divisoria se internaba en el macizo
cordillerano para
entroncar con el río Diamante, en toda su extensión, hasta el grado 65 de
longitud oeste de
Greenwich. A partir de este punto la línea fronteriza se desviaba hacia el
oriente hasta tocar
el atlántico a la altura del paralelo 38º, latitud aproximada de la actual
ciudad de Mar del
Plata. Desde este punto al sur toda la costa atlántica hasta el fin del
continente en el Cabo
de Hornos estaba bajo la jurisdicción de Chile (Vázquez de Acuña; 1991).
Producida la estabilización institucional del país hacia 1830, el gobierno
inició una
política de activa incorporación de los enormes territorios de la Patagonia y
Tierra del
Fuego. O’Higgins desde su exilio escribió a Joaquín Prieto, señalándole la
importancia de
incorporar a la nación el territorio al oriente de los Andes. Luego, instó al
gobierno de
Manuel Bulnes a hacer efectiva la presencia de Chile en la zona del estrecho de
Magallanes. El gobierno chileno envió a Juan Williams Rebolledo al mando de la
goleta
Ancud, quien tomó posesión solemne del estrecho de Magallanes y de los
territorios
adyacentes, fundando el fuerte Bulnes para custodiar la soberanía nacional.
En 1847 el gobierno argentino invocó sus derechos sobre la Patagonia. Chile
propuso la presentación de los títulos de dominio sobre la zona en cuestión.
Argentina
eludió el debate ante la imposibilidad de presentar títulos valederos. En 1856
en el marco
de un tratado de comercio y navegación se reconoció que los límites entre ambas
naciones
estaban establecidos por la última posesión al momento de la emancipación. En
febrero de
1865 el ministro plenipotenciario de Chile en Buenos Aires, José Victorino
Lastarria,
propuso infructuosamente al gobierno de Mitre un acuerdo directo o en su defecto
un
arbitraje para dar solución al problema de las tierras magallánicas. En 1872
Argentina se
empeñó en circunscribir el debate a las tierras del estrecho. El canciller
chileno, Adolfo
Ibáñez, planteó que el debate no sólo se refería a las riberas del estrecho,
sino también a las
tierras al sur del río Diamante. Sobre esta base propuso la división de la
Patagonia en el paralelo 45º y advirtió que de no ser aceptado Chile invocaría
el tratado de 1856 y sometería la cuestión a arbitraje. Posteriormente, otro
enviado chileno, Diego Barros Arana, también fracasó en las negociaciones. Ante
el temor de una guerra el 6 de diciembre de 1878 se firmó un pacto que propuso
un tribunal mixto para resolver el problema. Sin embargo, Argentina dilató la
ratificación del pacto a la espera del desarrollo del conflicto que Chile
sostenía en el norte con Bolivia. Mientras el ejército chileno avanzaba hacia el
norte, Argentina iniciaba al mando del coronel Julio Roca una campaña por las
tierras patagónicas exterminando indígenas e incorporando este territorio a su
país. Chile, apremiado por sus conflictos en el norte, debió renunciar a la Patagonia y
firmar el tratado
de límites de 1881.