4.3. Los gobiernos de la Concertación de Partidos por la
Democracia
4.3.1. El Gobierno de Patricio Aylwin Azócar (1990–1994)
La primera etapa de la década de los noventa en Chile estuvo marcada en general,
por un lado, por la recuperación de la democracia, por el mantenimiento de
equilibrios
macroeconómicos y altas tasas de crecimiento y con la incorporación de una mayor
equidad; por otra parte, pero como una política casi independiente a la del
desarrollo
económico, se establecieron en este momento histórico las nuevas bases de la
división
política territorial del país, tendentes a lograr un proceso progresivo de
descentralización.
En esta disociación de ambas políticas, predominó una preocupación mayor por el
desarrollo económico, que en general fue exitoso. Esta primera etapa se
caracteriza pues,
por el restablecimiento de la democracia poniendo el acento sobre el
mantenimiento del
crecimiento y una mayor equidad social.
La política de descentralización se inspiró en la democratización de las
instancias
que se habían creado en el régimen militar. El Gobierno del Presidente Aylwin se
propuso
democratizar los municipios e institucionalizar las regiones aunque, ya desde un
primer
momento, la intención del Presidente había sido democratizar también los
gobiernos
regionales. Los logros normativos durante este periodo, consistieron en la
modificación de
la Constitución Política en materia de gobierno y administración territorial, la
modificación
de la Ley Orgánica Constitucional de Municipalidades de 19 de marzo de 1992 y la
aprobación de la Ley de Gobierno y Administración Regional de 20 de marzo de
1993.
El primer gobierno de la Concertación planteó desde sus inicios impulsar el
proceso
de descentralización del país, entendiéndolo como un instrumento esencial para
avanzar en
la reconstrucción democrática, en el desarrollo y expansión de las fuerzas
productivas
regionales y en la adopción de modernas formas de gestión pública. Ya desde sus
inicios,
en 1990, el gobierno envió al Congreso un Proyecto de Reforma Constitucional que
fue
rechazado. Posteriormente, en abril de 1991 el gobierno envió un nuevo proyecto
relativo a
las materias de gobierno y administración comunal, que además dotaba a los
gobiernos
regionales de autonomía administrativa financiera y técnica para el cumplimiento
real y
oportuno de sus objetivos, dentro de la concepción de Estado unitario que ha
permanecido
vigente a lo largo de la trayectoria histórica del país. Tras un extenso y
profundo debate se
alcanzaron acuerdos entre los partidos de la oposición y el gobierno sobre
diversas
materias, que se plasmaron en la ley 19.097 que modificó la Constitución
Política el 12 de
Noviembre de 1991.
Posteriormente, en enero de 1992, se aprobaron las modificaciones relativas a la
Ley
Orgánica Constitucional de Municipalidades (LOCM), suprimiendo los antiguos
Consejos
de Desarrollo Comunal y sustituyéndolos por un Concejo Municipal con concejales
democráticamente elegidos y el 28 de Junio de 1992, después de 21 años, se
realizó la
primera elección democrática de Alcaldes y concejales. Por último, en 1993, se
aprobó la
Ley Orgánica Constitucional de Gobierno y Administración Regional (LOCGAR), que
creó los Gobiernos Regionales, con personalidad jurídica de derecho público y
con competencias y recursos propios para el cumplimiento de sus objetivos,
estableciendo también las condiciones institucionales necesarias para una
progresiva y gradual transferencia de responsabilidades y recursos a las regiones. Con la
modificación a la ley de
municipalidades y la creación de los Gobiernos Regionales se creaban las
condiciones para
que pudieran surgir iniciativas regionales y locales de desarrollo. El Gobierno
parecía
consciente en esta época de la necesidad de hacer converger ambas políticas y
diseñar
acciones de fomento productivo desde el punto de vista territorial, sobre todo a
nivel de
pequeñas empresas.