5.1.10 Uso del término rendición de cuentas en
México
Desde el Constituyente de 1917 la expresión “rendir cuentas” formaba parte del
lenguaje en los debates parlamentarios aunque de manera limitada, según consta
en los registros de la Cámara de Diputados. Para la década de 1917 a 1927, por
ejemplo, apenas se dieron 23 menciones en diferentes debates. Lo mismo puede
decirse de la década de 1947 a 1957 en que el número de menciones ascendió tan
sólo a 39. Es hacia finales de siglo, con la penetración de la corrupción, la
impunidad y el reconocimiento de ambas realidades, que el término y el tema
adquieren mayor importancia; para entonces el número de referencias se
incrementó en más de 100%, llegando a 84 menciones (Diario de Debates
1917-1997). Por las mismas fechas, el gobierno comenzó a utilizar la expresión y
asignó un papel importante al compromiso de informar y ser supervisado. El Plan
Nacional de Desarrollo de la administración de Ernesto Zedillo, por ejemplo,
dedicó incluso un apartado de líneas de acción a la rendición de cuentas: “En
atención al urgente reclamo de la sociedad, es indispensable una lucha frontal
contra las causas y efectos de la corrupción y la impunidad [...] En este Plan
se propone un esfuerzo profundo que prevea una forma clara de rendición de
cuentas y asegure que quienes, en el ejercicio de una responsabilidad pública,
transgredan la ley o las normas de desempeño del servicio público, sean
sancionados conforme a la ley”.
El Plan Nacional de Desarrollo de la administración del presidente Vicente Fox
dio seguimiento al tema; de hecho, buena parte de los compromisos de campaña
electoral se centraron en el combate a la impunidad y a la corrupción así como a
la transparencia de la acción gubernamental. “En el nuevo sistema democrático
que estamos construyendo, el gobierno está obligado a establecer los mecanismos
e instrumentos que le permitan informar y rendir cuentas a los ciudadanos, a los
demás poderes y a cada uno de los órdenes de gobierno”.
Actualmente, rendición de cuentas es un término escuchado en cualquier discurso
político o programa de gobierno. Rendir cuentas se ha convertido en prioridad de
los gobernantes, al menos en el discurso. Muchas secretarías de Estado y
organismos descentralizados han diseñado programas de transparencia y rendición
de cuentas, y el Congreso debate una ley de acceso a la información para
facilitar la vigilancia de los gobernantes. Rendir cuentas se ha vuelto una
prioridad, pero no siempre se entiende el significado global del concepto ni los
mecanismos adecuados para diseñar un sistema eficaz y eficiente.