2.2.4 La opacidad del poder
La rendición de cuentas, en su dimensión de respondabilidad, apunta a la
creación de transparencia (aunque siempre relativa, nunca absoluta). Su
exigencia de información y justificación aspira a iluminar la caja negra de la
política. En esto resulta afín a nociones como vigilancia, supervisión y
monitoreo. Pero nuevamente se trata de un proyecto menos ambicioso. Los agentes
de la rendición de cuentas no pretenden saber y vigilar todo. Aceptan que no se
puede realizar nada que se parezca a una supervisión comprensiva y cercana de
la gestión pública. Aceptan que la transparencia, por más que se haga realidad,
es una aspiración que siempre encontrará obstáculos que no se puedan franquear y
límites que no se quieran traspasar. Es más, podemos pensar en la rendición de
cuentas como una manera para convivir con nuestra inevitable ignorancia. Las
exigencias de cuentas se ocupan y preocupan precisamente por todo lo que no
observamos ni podemos observar en política.
LA RENDICIÓN DE CUENTAS DEBE APOYARSE EN UN ANDAMIAJE CUIDADOSAMENTE
CONSTRUIDO DE REGLAS. PERO NO PRETENDE SOFOCAR EL EJERCICIO DE PODER EN UNA
CAMISA DE FUERZA REGULATORIA.
SI LA INFORMACIÓN FUERA PERFECTA Y EL EJERCICIO DEL PODER TRANSPARENTE, NO
HABRÍA NECESIDAD DE EXIGIR CUENTAS A NADIE.
CUANDO AGENTES DE RENDICIÓN DE CUENTAS SE METEN EN LOS MUNDOS ÍNTIMOS DEL
PODER, EN SUS SÓTANOS Y SUS CLÓSETS, PRETENDEN ABRIR ESPACIOS CERRADOS QUE
DEBERÍAN ESTAR ALUMBRADOS POR LUZ PÚBLICA.