1.2.3.2 Un enfoque centrado en el Estado
Desde esta perspectiva los grupos políticos que asumen la dirección estatal, en
virtud de la debilidad de las otras fuerzas sociales y políticas, gozan de una
cierta autonomía lo que les facilita imponer al resto de la sociedad su proyecto
económico y político. Son las motivaciones, el interés político que dispone el
grupo en el poder y su percepción del entorno lo que le da sustento a su
proyecto económico. El Estado desempeña un rol activo cuya agenda no se reduce a
las necesidades que surjan de la esfera privada, sino que tienen su propia
agenda. Afirma que los mecanismos de mercado no desempeñan una función completa
de coordinación a favor de la economía nacional, en virtud de lo cual el Estado
interviene a fin de dirigir y coordinar los esfuerzos de los diversos actores
sociales. Desde esta perspectiva las acciones que el Estado emprende obedecen a
una dinámica de “interés propio”, como es: mantener su propia hegemonía, retener
el poder, desarrollar proyectos nacionalistas, etc.
El Estado se caracteriza por ser: fuerte, autónomo y centralizado. Es fuerte
dado que funciona como una organización dominante en la sociedad, con la
“necesidad básica de mantener el control y el orden” disponiendo de los
mecanismos e instrumentos de control necesarios para aplicar e imponer proyectos
particulares de desarrollo nacional. Es autónomo, en virtud de que tiene la
capacidad de aplicar políticas y desarrollar estrategias de desarrollo
independientemente de los intereses y presiones de los diversos grupos que
conforman la sociedad, y finalmente, es centralizado y autoritario en virtud de
que emprende y aplica proyectos de desarrollo sobre la base de una “elite”
política reducida sobre la cual recae la responsabilidad en la toma de
decisiones.
El enfoque centrado en el Estado va a encontrar en el concepto de Estado
desarrollista su principal soporte teórico.