II.5.1.- La materia prima turística y su transformación como referentes del
proceso
Alberto Sessa (1975) definió en su momento al turismo no como tal actividad
terciaria, sino como una verdadera y propia industria, industria que genera un
proceso productivo donde se produce como en otros, la transformación de la
materia prima en productos, en este caso turísticos, que son consumidos y
vendidos en el mercado.
En el proceso productivo turístico rural, la materia prima está constituida por
los recursos o factores de atracción que atraen al turista a la zona. El
conjunto de los mismos, actuando como una especie de imán, genera una suerte de
campo magnético de atracción de flujos turísticos hacia el emplazamiento donde
los recursos turísticos se sitúan.
La materia prima turística debe ser procesada y transformada en productos
turísticos que actúan como polos magnéticos para la captación de corrientes de
visitantes. El problema radica en que dicha raw material tiene una naturaleza
por lo común intangible y difícil de definir. A su vez, no existe una fase
extractiva en el proceso sino que los recursos son transformados y consumidos in
loco, finalmente el valor de mercado de la materia prima no se destruye o
desaparece al ser consumido, sino que persiste y a menos que se produzca un uso
desmedido, inmoderado o mal planificado que traiga consigo su degradación y
ruina (Leno Cerro, 1993).
Por tanto, desde una perspectiva territorial el producto turístico consiste en
un conjunto de recursos naturales, artificiales y humanos con capacidad de
atracción, que el área territorial a planificar puede ofrecer, complementado por
un equipamiento de apoyo y promovido por una organización de ventas efectiva
(Ferrario, 1980). Como se trata de optimizar económica y socialmente las
inversiones públicas y privadas a realizar, una tarea básica de la planificación
consistirá en la identificación y evaluación de aquellos productos turísticos
que más en sintonía se encuentren con las exigencias y gustos de la demanda
(Leno Cerro, 1993)Si bien, ello debe producirse en el marco genérico de la evaluación del
potencial turístico territorial de manera que la planificación turística rural
promueva productos turísticos viables, coherentes y orientados al mercado y no
como en tantas ocasiones ocurre, una suerte de inventario de atractivos
turísticos relevantes pero no engarzados a los equipamientos, servicios y
organizaciones empresariales turísticas existentes en el territorio.
Puesto que son las empresas los agentes transformadores de la materia prima, los
incorporadores de valor añadido y los configuradores de los productos turísticos
zonales, las mismas desempeñan un rol esencial en el proceso de desarrollo
turístico rural que no puede minimizarse, ni obviarse. De ahí, la necesidad de
su consideración relevante al interno del proceso de planificación del
desarrollo turístico rural, puesto que son numerosos los ejemplos de territorios
con una gran dotación de atractivos naturales y culturales como en el caso de
Sicilia, Calabria o Sardegna pero que debido a sus carencias de infraestructura
equipamiento y servicios ofertados junto a la inexistencia de organizaciones
empresariales eficientes impiden la configuración de productos turísticos
rurales consistentes. Por tanto, el arsenal de atractivos es muy importante, ya
que proporciona la base física de la actividad turística y del consiguiente
desarrollo turístico pero no va resultar decisivo, en cuanto que existen otros
factores a tener muy en cuenta que pueden amortiguar o minimizar su importancia.