III.5.3.- El estigma microempresarial
Un aspecto fundamental y por diversos motivos esencial es el carácter de pequeña
y mediana empresa, y, en la gran mayoría de los casos, de microempresa de los
establecimientos de turismo rural (Blanco y Benayas 1994, 1996; Toledano y
Gessa, 2002; Francés y Méndez, 2003; Fuentes García, 1995; EUSTAT, (2000);
Requejo Liberal, 1999) el carácter microempresarial aparece como una suerte de
lugar común ya en la literatura examinada ya en los diferentes estudios
cuantitativos.
El carácter microempresarial se aprecia tanto en el volumen de plazas de
alojamiento o restauración ofertada, la pequeñez tanto del volumen medio anual
de negocio de estas iniciativas como de sus márgenes de beneficio, el escaso
nivel de puestos de trabajo creado bajo numero de trabajadores (Toledano y
Gessa, 2002) En su estudio de las iniciativas empresariales de turismo rural de la provincia
de Huelva, Toledano y Gessa (2002) establecen un volumen medio anual de negocio
que no supera los 36.000 €.; Mientras que el BAII (Beneficio de explotación
antes de intereses) generado por cada 100 € de venta es de 4,12 € margen exiguo
en relación al nivel medio del sector turístico andaluz.
Por lo que se refiere al volumen de empleo es bajo, para el caso de la provincia
de Huelva los datos ofrecidos por Toledano y Gessa (2002) estiman en 3 empleos
netos por explotación al momento de su creación, empleos generalmente ocupados
por el titular de la explotación o miembros de su familia, recurriéndose al
empleo temporal solo en las puntas álgidas de la temporada alta o en los
momentos de saturación. Francés y Méndez (2003) en su estudio de los
agroturismos en Cataluña consideran que la creación de empleo no es relevante en
cuanto que la pretensión real de los titulares de la empresa es generar trabajo
remunerado para miembros de la propia familia, por lo general mujeres. En el
caso de Euzkadi, a tenor de los datos ofrecidos por EUSTAT (1999), procedentes
de la Encuesta de Establecimientos Turísticos Receptores del País Vasco la ratio
de puestos de trabajo creado para los agroturismos y casas rurales era de 1.4
empleos por establecimiento, y de 6 empleos estimados por la Asociación de
Hoteles Rurales para el caso de la hotelería rural. En el caso castellano
manchego la media es de 1.0 empleo por establecimiento (Díaz-Cacho, 2002) Parecería a tenor de lo anterior que las iniciativas empresariales de turismo
rural presentan un carácter sesgadamente familiar, por tanto estamos ante
microempresas familiares.
Tanto estudios y autores citados ponen de relieve la importante presencia
femenina en la actividad turística rural ya como emprendedoras y titulares de la
explotación, ya como empleadas de la misma, ya adecuando y cediendo sus
inmuebles y propiedades rurales para su conversión en explotaciones turísticas
rurales. Además de este “enfoque de genero” diversos autores (Toledano y Gessa,
2002; Francés y Méndez, 2003; EUSTAT, 2000) destacan la juventud de los
emprendedores cualquiera que sea su sexo, así como su carácter nativo del área
territorial donde se emplaza la explotación. Aún así se constatan la penetración
en el mundo empresarial rural de jóvenes emprendedores no originarios de la zona
con un nivel de estudios medio-alto y que apuesta por el turismo rural como
salida profesional adquiriendo inmueble rural y acondicionándolo para la
práctica de dicha actividad (EUSTAT,1999)Por lo que se refiere a los niveles formativos de los emprendedores turísticos
rurales los estudios disponibles nos hablan para el caso onubense de un nivel
formativo medio e incluso universitario (Toledano y Gessa, 2002) resaltando
dichos autores que casi la mitad de los emprendedores disponían de experiencia
laboral en actividades relacionadas con el turismo. Mientras para los
agroturismos catalanes (Francés y Méndez, 2003) el nivel de estudios de los
titulares era medio. En el caso vasco (EUSTAT, 1999) el nivel de los no
originarios del mundo rural era de tipo universitario o medio mientras que para
los agroturismos rurales los niveles medios mostraban una clara orientación
primaria.
Un lugar común para los autores citados radica la necesidad de un mayor apoyo
financiero que refuerce la capacidad de financiación de cara al nacimiento y
consolidación de las explotaciones, necesidad muy sentida y demanda por los
emprendedores (Toledo y Gessa 2002; Francés y Méndez, 2003)Sin embargo no parece haber dudas sobre la relevancia de los programas de ayuda
y subvención por parte de las administraciones publicas territoriales y otros
organismos como verdaderos artífices y arquitectos de la Oferta turística rural,
al menos en el caso andaluz (Fuentes García, 1995) por cuanto que la puesta en
marcha de tales programas coincide en el tiempo con la aparición de las
iniciativas empresariales turístico rurales. Toledo y Gessa (2002) estiman en un
48,3% el porcentaje de subvención medio otorgado por los Programas LEADER II y
PRODER sobre el total de la inversión inicial.
Dado que normalmente mas de la mitad de la inversión inicial se encuadra en el
capital inmovilizado, es decir instalaciones y equipamientos, el esfuerzo de
fomento puede considerarse como bastante generoso, por cuanto que literalmente,
ha construido gran parte de la Oferta turística rural. En el caso catalán, la
aparición de la normativa de regulación y subvención de las Residencies Cases de
Pages con el Decret de la Generalitat 365/1983, modificada por el Decret
214/1995 es el detonante de la aparición de la actual Oferta agroturistica de
Cataluña (Francés y Méndez, 2004).