I.3 – Turismo y Desarrollo Económico
En el presente epígrafe se desarrollan las complejas relaciones entre el turismo
y el desarrollo y la evolución que la misma ha presentado, desde las
concepciones peyorativas sobre la relación turismo desarrollo hasta el actual
postivismo, o lo que es lo mismo que se acepte mayoritariamente en nuestros días
el que exista una relacion estrecha y directa entre ambos términos. Asimismo, se
comtempla una reflexión sobre las características más apreciadas del turismo
como “instrumento de desarrollo” y su rol en el proceso de desarrollo económico
de las áreas de baja renta.
I.3.1.- Consideraciones genéricas
El ascenso del turismo en la esfera económica y su evolución desde actividad
complementaria de las restantes, hasta su actual protagonismo dentro de los
Servicios, ha venido auspiciado fundamentalmente por sus resultados, bastantes
espectaculares en la segunda mitad del Siglo XX; resultados que por lo positivo
de los mismos, han generado en los últimos tiempos un estado de opinión mucho
más receptivo y favorable hacia el turismo y su dinámica (Tous, D., et alia.2000).
Va a ser a partir de los años 80 cuando comienzan a remitir los perjuicios sobre
los servicios en general y el turismo en particular, revitalizándose su papel en
la estrategia de desarrollo y en las relaciones internacionales. Dicho
protagonismo contrasta con la escasa atención que ha recibido el turismo desde
el punto de vista de la investigación científica, debiendo vencer las
resistencias y las consideraciones peyorativas que la actividad turística tuvo
en sus orígenes; conceptuaciones negativistas del turismo como tal actividad
económica, derivadas fundamentalmente de la perspectiva de coyunturalidad,
volatilidad y vulnerabilidad inherentes al fenómeno turístico (Oficina de
Coordinación, 1963) y en la consideración del turismo como una vulgar “materia
prima” recurso esencialmente temporal, una suerte de oro blanco de fácil
explotación y rápidos beneficios, destinados a cubrir coyunturalmente los
déficits de las balanzas comercial y de pagos, y muy especialmente a ayudar a
financiar o a cubrir las necesidades perentorias de financiación inherentes a
las etapas de salida del subdesarrollo estructural de los países y territorios.
(Tous, Calderón, et alia., 2000)
La evidencia empírica del “oro blanco” se deriva del hecho de que los flujos
turísticos internacionales suponían para el país o la zona emisora, una
importación de servicios -en términos de balanza de pagos-, con la peculiaridad
que no se produce desplazamiento de los mismos pero si del consumidor de tales
servicios Mientras para el país o la zona receptora de dichos flujos, el turismo
constituye una exportación de invisibles o siguiendo a Esteve Secall (1983) una
exportación in situ de servicios, o lo que es lo mismo sin desplazamiento de los
mismos, que se traduce para la balanza de pagos en un ingreso de divisas,lo que
en el contexto del subdesarrollo estructural supone una contribución esencial,
ya que ayuda al equilibrio de la balanza comercial de tal tipología de países.
Balanza normalmente muy desequilibrada y deficitaria dados los desiguales
términos de intercambio y la diferencia de valor añadido entre las materias
primas, su principal recurso exportador, y los bienes manufacturados, que
constituyen su importación principal. Dado que el precio de las manufacturas en
los mercados internacionales se establece en divisas, es de una importancia
critica para los países y zonas subdesarrolladas disponer de medios de pago o
divisas que permitan la financiación de sus importaciones, de donde se deriva la
necesidad de disponer de instrumentos de captación de divisas, paradigma de los
cuales es el Turismo, rol progresivamente reconocido por los organismos
internacionales.
Es evidente la peculiar naturaleza, al menos en su dimensión económica de la
actividad turística, hasta cierto punto contradictoria como veremos con mayor
profundidad en los restantes Capítulos del Marco Teórico, puesto que se trata de
un servicio que presenta características industriales, siguiendo a Esteve Secall
(1983) la industria turística cumple las tres características básicas de
cualquier industria: 1) Rigidez de la superestructura, en este caso turística, 2) Dependencia de la infraestructura de transportes3) la existencia de fuertes inversiones en inmovilizado que requieren de un
largo periodo de amortización Características a las que habría que añadir la exigencia de capital humano, la
necesidad de adaptación constante de nuevas tecnologías de frontera para
mantener niveles aceptables de productividad y competitividad de la industria y
por ultimo la exigencia de calidad de procesos y productos fundamental para
garantizar la supervivencia de la industria en un entorno de fuerte
competitividad y mutabilidad como es el actual. De manera que nos encontramos en
un segmento de actividad donde frente a una Oferta bastante “inelástica”
conformada por equipamientos “raíces” y servicios complementarios tributarios de
tales equipamientos, se sitúa una Demanda caracterizada precisamente por su gran
elasticidad y movilidad que puede alcanzar rasgos de “volatilidad”; Demanda en
su mayor parte orientada por grandes operadores internacionales.
A su vez, el turista como consumidor presenta una serie de características
peculiares que marcan la diferencia con otros sectores económicos y que hacen
del turismo un sector particularmente complejo y de difícil estudio, puesto que
se yuxtaponen el comportamiento humano, el uso de recursos, la interacción con
la sociedad, la economía y el entorno y donde además el turista no puede probar
el producto antes de ser adquirido. Por otra parte el turismo implica un uso
discrecional del tiempo vital, tiempo cada vez más valorado por su propietario y
no canjeable por cualquier producto, razón por la cual el demandante de
servicios turísticos exige una alta calidad en la prestación del servicio, no
estando dispuesto a emplear su tiempo y su dinero sin obtener un alto grado de
satisfacción a cambio.
De ahí que las coordenadas de la industria turística no sean tan fáciles o
simples como a priori pudiera, puesto que requiere no solo del propio
equipamiento y de los servicios complementarios sino además de un buena red de
infraestructuras que posibilita la conexión de las zonas receptoras con núcleos
emisores; en el caso del turismo internacional las infraestructuras
aeroportuarias desempeñan un rol esencial.