V.1.3.2.- Tipología de interacción e integración empresarial
Dentro de los posibles modelos de integración empresarial contemplados en
anteriores apartados parece como si el modelo de integración horizontal
siguiendo la terminología propia de la Iniciativa LEADER II, fuese el mas
adecuado al perfil tipo de la actividad turística rural, y en este sentido a
promover como instrumento para la integración empresarial desde el Distrito
Turístico Rural. Ello se debe a que la integración empresarial horizontal
posibilita la generación de masa critica empresarial, sobrepasando los problemas
de continuidad territorial, se orienta básicamente a la promoción y a la
ordenación espacial del territorio en función de la orientación turística de la
economía local.
Asimismo y vista la preponderancia cuasi total de la pequeña y mediana empresa
en el esquema productivo del turismo rural, la integración horizontal puede ser
la mas efectiva, puesto que promover una integración vertical basada en culturas
emprenditoriales comunes y fuertes interrelaciones organizativas, productivas y
comerciales podría ser erróneo en un contexto en principio individualista,
atomizado y con fuerte tendencia a la dispersión.
De ahí que se trate, al menos en una primera fase, de “conectar” a las pymes
mediante la cooperación empresarial de “producto” o de “club”, dada la ausencia
de vinculaciones productivas. Basta con que los sujetos, de similar perfil y que
realizan funciones análogas tengan en común el producto o mercado en el que
operan, orientándose hacia la promoción y comercialización conjuntas como
respuesta a las exigencias del mercado y de la demanda. El interés común radica
en el desarrollo turístico del territorio que a todos beneficia, de may que la
participación conjunta en redes destinadas a amplificar la eficacia de acciones
especificas sobre todo en temas de promoción comercialización como campañas
publicitarias, catálogos, internacionalización, presencia en ferias, contactos
con tour operadores, portales de Internet, etc., esté casi asegurada, puesto que
funciona en la lógica del destino turístico compartido.
Inherente a la puesta en marcha del DTR es el desarrollo de una conciencia
colectiva entre los agentes socioeconómicos, institucionales y la población de
la zona, proceso que debería sustentarse en un enfoque común y participativo
sobre la necesidad de una integración sistémica de los factores de desarrollo
local, y muy específicamente del rol transversal del turismo. Esta conciencia
colectiva es el cemento con el que los agentes (Stakeholders) locales definen y
configuran nuevos modelos organizativos orientados a la mejora de la oferta
local de productos. Su importancia es estratégica puesto que las potencialidades
territoriales, es decir los recursos y potencialidades turísticas existentes se
activan transformándose en factores productivos y economías cuando a través del
DTR (u otro tipo de instrumentos) se configuran como componentes de un sistema
de oferta local, entrando en la red de Oferta local que facilita la interacción
en el tiempo entre prestadores de servicios, clientes y proveedores.