IV.2.2.3.- Teorías del Contexto institucional
Conectada con la anterior posición teórica se sitúa la aportación del enfoque neoinstitucionalista económico (North, 1993; Williamson, 1989; Coase 1939, 1960)
haciendo hincapié en la importancia de los entornos institucionales, sociales y
jurídicos donde se desarrollan las transacciones económicas y el funcionamiento
de los mercados. La reflexión sobre la trascendencia del “capital social y
cultural” para el desarrollo se encuentra entre los activos de este enfoqueLas corrientes de pensamiento institucionalista plantean como idea base la
importancia del contexto institucional como condicionante primario del
comportamiento de los agentes territoriales,. o lo que es igual la
interactuación entre los agentes, o la serie de conductas interactivas que
posibilitan la generación de tejido empresarial dependen en primera instancia
que exista un contexto institucional favorable y en la medida de lo posible
promotor y estimulador de dichas conductas y nunca inhibidor de las mismas. Por
tanto el marco institucional condiciona la actuación de los agentes y los
orienta e induce hacia la acción o la inhibición. La institucionalidad debe
venir entendida en sentido amplio, siguiendo a Edquist y Johnson (1997) podemos
entender por instituciones a “conjuntos de hábitos comunes, rutinas, practicas
establecidas, reglas y leyes que regulan la interacción entre individuos y
grupos” por tanto la institucionalidad debería venir asociada a patrones de
conducta (Ferraro, 2003) La importancia del contexto institucional deriva de su carácter transversal
tanto para la interacción cooperativa entre los agentes empresariales como de
cara a la generación, difusión y asimilación de la innovación, de ahí su
relevancia en la generación de ese clima empresarial favorable donde la
certidumbre y la confianza sean referentes de actuación, lo que debería
plasmarse en bajos costos de transacción e información.
Para Edquist y Johnson (1997) la virtualidad del contexto institucional radica
en su capacidad de generar confianza, es decir de reducción de la incertidumbre
y la inseguridad sobre las comportamientos sociales de los restantes agentes con
quien se pretende interactuar. La generación de confianza es básica en el plano
de la innovación por que esta significa de una u otra manera cambio y mutación
y, en definitiva, incertidumbre por la novedad que supone. Por ello parece claro
que sin el soporte institucional la innovación presentaría un carácter errático
y esporádico, deviniendo en su conjunto azarosa y ocasional, con lo que se
perdería o menguaría su función dinamizadora y revulsiva del crecimiento
económico.
La incertidumbre siguiendo a Camagni (1991) se deriva de la existencia de gaps
de información, de limitaciones en la capacidad de comprensión y procesamiento
de la información procedente del exterior sobre mercados y tecnologías, de la
imposibilidad de avanzar el futuro, y de la ausencia de capacidad de control
sobre las respuestas o acciones de otros agentes económicos con quienes se
interactúa. De ahí que las instituciones tiendan a la reducción o minimización
de las incertidumbres mediante la configuración de redes de cooperación
empresarial, o a la creación de “comunidades” de intereses con universidades o
centros de investigación, en el caso de problemas derivados de la información
externa.
Una precisión relevante es la aportada por Bianchi y Miller (2000) quienes
acentúan la dimensión colectiva la innovación y la mutación que la misma
implica, para dichos autores la introducción de innovaciones en un contexto
determinado provoca un proceso de selección “natural” entre los receptores de la
innovación y los refractarios a la misma. Los primeros son los agentes que
logran asimilar y metabolizar la innovación, los segundos quienes no logran
incorporar a sus procesos tales novedades, permaneciendo al margen de las
mismas.
Ello a nivel colectivo se va a traducir en la aparición de lo que Bianchi y
Miller (2000) denominan coaliciones regresivas donde se encontrarían los
amenazados por las transformaciones y de coaliciones progresivas, donde aparecen
los beneficiados por las mismas, alianzas de distinto signo que medirán sus
fuerzas en una serie de enfrentamientos cuyo signo a favor de una u otra marcará
el destino de la innovación en dicho contexto, puesto que si el partido
refractario fuera mas fuerte obstaculizaría o frustraría la difusión de la
innovación y su asimilación por el tejido empresarial. De ahí que Patrizio
Bianchi y Lee Miller realcen la importancia y la necesidad de que existan
coaliciones progresivas que abanderen y abran camino a la innovación, para ello
es fundamental que se de una vinculación directa entre el interés individual y
el interés colectivo, y ese maridaje solo puede darse si existe un cierto nivel
de consenso y de respeto a las normas entre los agentes, derivado de la
existencia y arraigo de un clima de confianza mutua, de autoestima colectiva y
de sentido de pertenencia a una comunidad.