IV.2.2.2- Teorías del Contexto Innovador
Las distintas corrientes teóricas que se agrupan bajo el enfoque del contexto
innovador parten de una posición común basada en las ideas schumpeterianas: la
génesis del crecimiento económico radica en el cambio tecnológico y en las
innovaciones, de ahí que sus propuestas teóricas fundamentales graviten en torno
a los condicionantes, circunstancias y características de los procesos
innovadores, preocupándose fundamentalmente por la generación, difusión y
asimilación de dichas innovaciones.
El rol de las empresas en esta corriente de pensamiento es primordial puesto que
las empresas van a ser siguiendo la terminología de Edquist y Johnston (1997) el
epicentro de la innovación, si bien establecen paulatinamente una red de
relaciones con otros agentes como universidades, centros de investigación,
Institutos, proveedores, competidores, entes de I+D, etc. Quienes proporcionan
todo el entramado necesario para dinamizar los procesos inductivos y difusivos,
generándose a partir de las empresas una suerte de comunidad de innovación. De
ahí que la Innovación se considere por esta escuela teórica como un proceso
colectivo e interactivo en lo esencial, apreciándose un carácter sistémico en el
conjunto del proceso, por ello se emplea profusamente el concepto de sistema de
innovación, que pueden tener distintas escalas geográficas supranacionales,
nacionales, o bien regionales (SRI) e incluso locales.
Desde esta perspectiva las interrelaciones entre las empresas y su conocimiento
y aprendizaje mutuo resultan esenciales, considerándose las aglomeraciones o
conglomerados empresariales de gran interés, ya que podrían constituir espacios
favorables a la innovación dada la contigüidad existente entre las empresas. Por
tanto, la cercanía y la escala local pueden resultar de gran interés en tanto
que coadyuvan a densificar la interacción.
El enfoque de los "sistemas de innovación nacionales y regionales" (Cooke 1992,
Heidenreich 1997) sitúa a las redes de cooperación interempresarial como momento
central de una dinámica de innovación, visión hasta cierto punto “alternativa”
de las pautas genéricas que condicionan el comportamiento de las empresas y el
entorno de las mismas. Tales postulados se integran en la denominada “economía
de la innovación”, corriente de pensamiento que evidencia la importancia de una
serie de factores políticos, institucionales y económicos para el desarrollo
empresarial. Por ello la conducta de la empresa depende no sólo de la estructura
general de potenciales incentivos existente, además es muy importante la gestión
que se realice desde las instituciones de la temática de la innovación a lo
largo del tiempo, es decir la creación o no de un entorno propicio a la
innovación y a la difusión de la misma en el tejido empresarial, es decir las
políticas de los centros de investigación de las universidades orientadas a la
empresa, o la estructura fundamental de las relaciones industriales o la actitud
pro innovatio, o no, de las entidades financieras.
Resalta entre las diversas propuestas teóricas la contribución realizada por el
Grupo de Investigación Europea sobre Entornos Innovadores GREMI, (1990) en
particular por el del modelo teórico del Milieu Innovateur, (Aydalot,1980;
Camagni, 1991; Maillat,1996). El milieu se fundamenta en dos conceptos
fundamentales la innovación y el aprendizaje, elementos decisivos para estimular
las interacciones entre las empresas situadas en un área territorial
determinada. El milieu se define como un espacio delimitado donde la
incertidumbre derivada de la adopción de una innovación tecnológica se reduce
gracias a los procesos sinérgicos de aprendizaje que se producen entre las
empresas y sujetos al interior del milieu. Es decir el contexto fértil para la
innovación que es el milieu minimiza la incertidumbre, reduciéndose los costes
derivados de la introducción de innovaciones.
Para Camagni (1991), La mayor facilidad para la difusión de información relativa
a la adopción de nuevas tecnologías al interior del milieu, la elevada fluidez
de dicha información y su facilidad de acceso provocan que las decisiones de los
actores empresariales al respecto sea mucho más rápida liberándose del problema
de las asimetrías informativas. Para Camagni las mejoras informativas, el
aprendizaje colectivo y el equilibrio entre competencia y cooperación
constituyen ventajas dinámicas que complementan a la estáticas marshallianas
(Ferraro, 2003). Para Maillat (1996) la fuerza del milieu innovateur radica en
añadir a la capacidad productiva y organizativa de las empresas la capacidad
cognoscitiva y de aprendizaje de las empresas y su capacidad de intervenir en
los procesos de crecimiento y cambio estructural de las economías locales.