III.2.3.1- Proceso Productivo y Gestión por Procesos
En la literatura empresarial la noción de proceso no es uniforme, pudiendo
encontrarse toda una gama de enfoques, así para Fernández de Velasco (1996) un
proceso es un conjunto de actividades cuyo producto crea un valor intrínseco
para el usuario o cliente, definición donde la idea de la generación de valor
aparece como dominante; en términos similares Ureña López (1996) entiende por
proceso toda transformación que añada valor implicando el uso de recursos. Para
Castellano y Lizcano (1994) un proceso puede entenderse como una cadena o
sucesión de actividades que operan conjuntamente para alcanzar un determinado
objetivo. Para Martínez Cámara (1993) el proceso es el conjunto de fenómenos que
le ocurren a la materia prima hasta configurar un producto acabado. Por tanto el
proceso está diseñado para realizar un producto o servicio global único, cuenta
con un cliente externo o interno a la organización que es quien recepciona el
producto o servicio dentro o fuera de la empresas. Por tanto los procesos
constan de Insumos o Imputs, o sea de medios y recursos, y de Outputs,
resultados realizados según los estándares de calidad previstos para el proceso,
junto a un sistema de control que evalúa el funcionamiento del proceso y el
grado de satisfacción del cliente (López Toro y Nebro Mellado, 1998)
En una empresa turística tipo se darán procesos donde el imput a transformar es
una materia prima, que va ser afectada por toda una secuencia de
transformaciones sucesivas hasta desembocar en el producto acabado, tipo la
elaboración del catering. Junto a los mismos coinciden procesos donde no se
produce transformación de materia prima sino combinaciones de prestaciones de
servicios con utilización de bienes o espacios como el alojamiento, el descanso,
la practica deportiva o el ocio. Denominador común de estos procesos es la
participación activa del cliente, lo que implica un juicio de valor inmediato
sobre la eficacia en la ejecución del proceso y en la gestión de los mismos.
Camison Zornoza (1995) establece que los procesos de alojamiento y estancia
están centrados en el cliente, mientras que en la restauración el énfasis de
dicho proceso se sitúa en la gestión del mismo.
Siguiendo a López Toro y Nebro Mellado (1998) en el segmento del alojamiento
hotelero, los procesos determinantes serán aquellos que aporten mayor valor
añadido al cliente y mediante los cuales el cliente percibe nítidamente la
satisfacción de sus necesidades. Lo decisivo, por tanto, en la gestión por
procesos es identificar y seleccionar aquellos que presenten tales cualidades,
donde se debe centralizar la actividad principal de la empresa. Para dichos
autores la metodología de identificación de los procesos esenciales se articula
en cuatro fases fundamentales: Conocimiento de la misión y estrategia de la
empresa; análisis de la estructura organizativa y de los procesos al interior de
la empresa; recursos y capacidades disponibles en la empresa; y selección de los
procesos claves. Una vez identificados los procesos esenciales se procede al
control de funcionamiento de los mismos, midiendo variables tales como el coste
o el tiempo de respuesta en la prestación del servicio.
La denominada “gestión por Procesos” focaliza la cuestión en la gestión de las
actividades que generan valor añadido al producto o servicio prestado al
cliente, la diferencia básica con las técnicas de gestión tradicionales radica
en que estas responden a cómo se hacen las cosas al interior de una organización
empresarial determinada, es decir a la definición de unos modelos o patrones de
funcionamiento dirigidos hacia el interior de la organización empresarial,
definiendo toda una serie de tareas y actividades especializadas, mientras que
la gestión por procesos parte de la consideración de para quién se hacen las
cosas y para qué se hacen. Para Fernández de Velasco (1996), la finalidad básica
de la gestión por Procesos no es otra que el incremento de la rentabilidad
empresarial a través del logro de niveles superiores de satisfacción de los
clientes. Además se propugna la reducción de costes internos innecesarios
mediante la detección de actividades y procesos que no generan valor para el
cliente y que son innecesarios para la empresa, así como la nacionalización de
aquellas que no añadiendo valor al cliente si son necesarias para la empresa.
Asimismo es de interés el énfasis en la mejora de la calidad de los servicios o
productos ofertados y el valor percibido por el cliente, la reducción de la
duración temporal de los procesos y los plazos de entrega del producto o
servicio, junto a la incorporación de actividades al servicio que incrementen el
valor percibido por el cliente (López Toro y Nebro Mellado, 1998)
Teniendo en cuenta tanto la pluralidad como la intangibilidad de los servicios
de alojamiento hotelero y el interface continuo con el cliente, lograr niveles
positivos de satisfacción en el servicio, resulta muy complejo, por ello resulta
esencial el conocimiento pormenorizado de las necesidades, gustos, preferencias
y expectativas del cliente, de manera que pueda ajustarse con perfección las
prestaciones a realizar con la pertinente satisfacción de la demanda. En este
contexto los procesos clave deben tener en cuenta las expectativas del cliente,
por ello en la identificación de los procesos esenciales es fundamental
introducir una fase de conocimiento de las expectativas de los clientes,
mediante la definición de aquellos aspectos o atributos del producto o servicio
que satisfacen las necesidades y expectativas del turista, utilizando
herramientas pertenecientes al ámbito de investigación de mercados. Una vez
conocidas las necesidades y las expectativas y puestas en relación con las
limitaciones de la empresa en cuestión, los procesos clave se definen a partir
de la utilización de herramientas como el QFD (Quality Function Deployment) que
permiten la individualización de los procesos esenciales partiendo de las
expectativas y necesidades del cliente.