IV.4.5.1.- Alternativas a la Microdimension Empresarial
Por tanto, la situación tipo en el campo del turismo rural es la existencia de
una miríada de pequeños emprendimientos turísticos rurales diseminados y
dispersos a lo largo del territorio. Si empleásemos un símil artístico las
distintas pymes turísticas se configurarían a nivel territorial como “teselas”,
los pequeños fragmentos que en su conjunto forman el mosaico. En ese peculiar
mosaico empresarial que es el turismo rural necesitamos hallar un cemento
agregativo que posibilite su articulación e interacción, de manera que las
empresas - teselas puedan agruparse, actuando de manera individual y, a la vez,
conjuntamente.
A pesar de la tendencia al individualismo exacerbado, entendido como situación
de facto, todas las empresas turísticas comparten un metaobjetivo común, a todas
le interesa, aun cuando sea por motivos egoístas, el desarrollo y la expansión
del turismo en el área territorial de referencia, puesto que ello significaría
mayores posibilidades de crecimiento, consolidación y mayores beneficios para sí
mismas. Este podría ser un buen principio: para lograr la expansión del segmento
turístico-rural en su conjunto, se requiere una cualificación del sector, lo que
implica el transito desde la situación inicial de mera gestión de la demanda
hacia una situación de gestión de la Oferta. Ello supone la previa y necesaria
estructuración de la Oferta, lo que implica una actitud pro-cooperatio,
participativa y de colaboración entre las microempresas del turismo rural para
conseguir ese nivel de satisfacción de las expectativas de la demanda que
permita la competitividad y en definitiva la supervivencia de tales actividades
productivas.
Asimismo las empresas turísticas rurales presentan como denominador común el
entorno natural y medioambiental donde radican, entorno proporcionado por el
territorio. Esta raíz ecológica común, representa un activo de importancia de
cara a la progresiva articulación de los sujetos empresariales, puesto que las
actividades desarrolladas por las mismas deben contribuir directamente a la
consolidación de imagen “sostenible y natural del territorio”, ya que dicho
contexto territorial constituye un marco decisivo para la identificación del
producto por los consumidores junto a la posterior comercialización del mismo,
la verdadera marca es el propio territorio y muy específicamente sus valores
naturales y ambientales. La “ambientalidad” va a marcar todas las dimensiones y
decisiones de la empresa turística rural que deberá promover la preservación y
el uso sostenible del territorio como factores básicos de diferenciación.
Las anteriores consideraciones ponen de relieve la imperiosa necesidad de
generar un consenso multilateral entre los diferentes agentes turísticos
asegurando la coordinación de sus actividades. De cara a la consecución de tales
fines es inevitable la introducción de ópticas de trabajo basadas en el
clustering y la distritualizacion como referentes teóricos, que tendrán que ser
modalizados en su aplicación en función de la casuística.