III.2.3.- Esquemas de calidad en el Turismo Rural
Las anteriores reflexiones llevan a considerar como podemos diseñar y aplicar un
esquema resolutorio de cara a afrontar tales desafíos, esquema que debería ser
operativo para empresas de reducida dimensión.
Vázquez Casielles (1996), considera que la definición y aplicación de un
programa de gestión de la calidad en una organización turística empresarial
constaría de cuatro fases: secuencia de prestación del servicio; interfaces y
espacios de contacto con el cliente; factores de percepción de la calidad;
definición y establecimiento de directrices de calidad, difusión de las mismas
al interior de la organización, aplicación y evaluación de resultados. Con el
mismo fin Crosby y Moreda (1996), establecen una secuencia de aplicación que
comprende un total de ocho fases: Identificación de la secuencia de la
prestación; análisis de las expectativas de la demanda o de cada segmento de
demanda; Identificación de los factores que inciden en la percepción de la
calidad; Identificación de la secuencia de “interfaces” o puntos de contacto
entre el personal de la organización y el cliente; definición de un sistema de
normas de calidad; comunicación y difusión de las normas al interno de la
organización (Recursos humanos) y al externo de la misma (Potenciales clientes);
Implantación y aplicación de las directrices de calidad al proceso de producción
del servicio. evaluación de resultados, supervisión y control.
Definir la secuencia de la prestación del servicio en una empresa de turismo
rural supone por una parte el conocimiento de los procesos productivos que en el
interior de la empresa se producen, conocimiento que en el marco de la gestión
por Procesos posibilita la identificación y selección de los procesos “claves”
de la empresa, es decir aquellos que aportan mayor valor añadido al cliente
provocando la satisfacción del mismo.
Asimismo la definición de la secuencia de la prestación del servicio en una
empresa de turismo rural debe tener en cuenta, inevitablemente el ser consciente
de la problemática que representa la conjunción de los aspectos tangibles del
producto o servicio turístico con los intangibles, ambos fuertemente vinculados.
Por otra parte la simultaneidad de la fase de consumo con la de producción,
provoca el que resulte critico el desarrollo coherente de la calidad de las
operaciones en los aspectos materiales o tangibles del servicio, cuyo ajuste
debe ser perfecto con la calidad en la prestación de los “intangibles”, de ahí
que la gestión de las operaciones de dicha empresa a partir de la cadena de
valor existente en la misma sea un factor decisivo en la satisfacción del
cliente y en la consecución de niveles de calidad satisfactorios, ya que la
creación de valor para la empresa turística se estructura entre operaciones
“visibles” en las que el cliente esta siempre presente, y en operaciones
“invisibles” donde no existe contacto con la clientela.
Las operaciones “visibles” tienen que lograr la satisfacción de las expectativas
y necesidades del cliente, mientras que las invisibles deben proporcionar el
soporte material necesario para la producción y entrega del servicio esperado
por la clientela (Ureña López,1998).