I.6.2.- El problema del monocultivo turístico
Otro núcleo de problemas derivaría de la posición dominante o hegemónica del
turismo en una economía de pequeña dimensión o subdesarrollada, lo que puede
generar una suerte de monocultivo turístico, provocado tanto por su alto índice
de rentabilidad, como por su relativa “facilidad” de explotación. Este
monocultivo puede sustituir a la economía agraria tradicional o a la agricultura
de plantación como sector económico “moderno” al interior de la economía dual
inherente a la geografía del subdesarrollo. Ello puede suponer que la economía
zonal, regional, o nacional, se oriente en función de las necesidades del sector
moderno y exportador, en este caso el turístico, con la serie de servidumbres
que ello implica, pudiendo generarse conflictos por el uso de la tierra y la desestimulacion de alternativas productivas tradicionales como la agricultura.
Esa temática ha sido puesta de relieve por autores como Turner y Ash (1975),
refiriéndose a los efectos de la industria turística en los valles alpinos
afirmando que el turismo tiende a sustitutir a las actividades agrarias
tradicionales. Bryden (1973) en el escenario caribeño entiende que el turismo
destruye tanto la agricultura de exportación como la de subsistencia y que se
incrementan las importaciones de todo (incluidos los alimentos). Asimismo el
citado autor menciona la inflación creciente, la cesión de tierras agrícolas a
usos turísticos, el reemplazo de suministros locales por importaciones y los
volúmenes crecientes de productos importados que afectan muy especialmente a la
población con menos recursos. El sector turístico como sector “moderno” de la
economía dual realiza un drenaje de recursos del resto de la economía (tanto de
inversión, humanos o físicos, ayudas fiscales, subvenciones) hacia si mismo, lo
que en una economía de escasa dimensión no deja de ser preocupante (Esteve
Secall, 1983)
Ciertamente si el sector se encuentra mayoritariamente en manos de extranjeros
la contradicción puede ser, evidentemente sangrante. El resultado de todo ello
podría condicionar e inhibir la diversificación económica del territorio en
cuestión, y redundar en la centralidad del turismo lo que originaría una
situación de dependencia cuasi total de los flujos turísticos. Cualquier
oscilación a la baja en los mismos produce recesiones de inmediato en la
economía local.