I.6.5.- El problema de los desencuentros culturales.
El turismo internacional en su dimensión sociológica y cultural, significa poner
en contacto culturas diversas, lo que puede provocar a través del “efecto
demostración” toda una serie impactos, positivos o negativos según las
coordenadas y óptica del análisis, en las sociedades receptoras de los flujos
turísticos.
Los flujos de visitantes provenientes normalmente desde sociedades
“occidentales” o “eurocentricas” o “modernas” en el sentido del funcionalismo
estructuralista de Parsons, que al entrar en contacto mediante la experiencia
turística con culturas y sociedades de parámetros culturales distintos al
occidental, podrían provocar en las zonas de acogida un efecto de “shock
cultural” en el sentido de choque o desencuentro, situación que podría entendida
por los naturales, o por una parte significativa de los mismos, como una
conducta agresiva hacia su cultura y modo de vida tradicionales, pudiendo
generar un considerable rechazo, sobre todo cuando se entienda por la comunidad
receptora que los flujos turísticos implican la aculturación,
“occidentalizacion” o, en definitiva, la destrucción de la cultura autóctona.
Autores como Alberto Sessa o Burkart y Medlink han contemplado el problema. El
transalpino Sessa (1972) considera que muy posiblemente y con mucha frecuencia
estos pueblos se sentirán frustrados e inevitablemente se referirán al turista
como al viejo colonizador. Mientras que Burkart y Medlink (1974) consideran que
los flujos turísticos en determinados contextos culturales pueden ser
condierados una suerte de cuerpo extraño, de intruso cultural, circunstancia que
podría generar resentimiento entre los naturales de la zona. Estos autores
entienden fundamental que se limen dichas asperezas a traves de la planificación
social, correspondiendo a la organizacion turística in primis y al tejdio
institucional la responsabilidad de educar a la población local como medida
preventiva y conseguir que efectivamente las ventajas economicas del hecho
turístico se reflejen de manera concreta sobre la población local.
En términos económicos la “transculturación” que el turismo supone puede
concretizarse en una amplia gama de impactos sobre la comunidad receptora que
van desde el cambio en las pautas alimenticias, por influencia de los
extranjeros como señala Bryden (1973), lo que puede generar una mayor
dependencia importadora al ser demandados por la población local alimentos
extranjeros no producidos en dicho país, o el gusto por los productos importados
como manufacturas diversas, bienes de lujo, bienes ostentosos, etc.