I.6.1.- El problema de las Fugas de Valor
Determinadas corrientes de pensamiento consideran que el impacto generado por
las actividades turísticas sobre la renta en las zonas de recepción va a estar
minimizado por el aumento de las importaciones, necesarias para poder atender la
demanda de consumo del flujo turístico, produciéndose fugas o escapes de valor,
lo que hace que las importaciones puedan desempeñar un rol esencial en la
influencia económica del turismo (Hernández Martín, 2003). Y, en líneas
generales en la capacidad del turismo de actuar como tal instrumento de
desarrollo. Este problema de las fugas de valor, denominado “Leakage” en la
literatura anglosajona, tiene un carácter fundamental, por la intensidad de sus
efectos de cara al proceso de desarrollo económico territorial.
La identificación e individualización del problema ha derivado normalmente del
análisis de la experiencia del desarrollo turístico en determinadas áreas
territoriales, donde la explotación de la actividad turística se ha producido en
condiciones de enclave, es decir cuando el capital foráneo actúa como principal
o único inversor, lo que conlleva al control total o casi total de la actividad
turística por manos extranjeras, no comprometidas con los objetivos y
necesidades del desarrollo endógeno territorial, y donde la óptica especulativa
puede ser la primordial, en estos casos pueden generarse una serie de efectos
perversos que a continuación procederemos a considerar. El problema ha sido
puesto de relieve y profusamente analizado por una serie de autores como J.
Bryden 1973), L. A. Perez (1973), P. De Vries (1972), que tienen en común además
de posicionamientos ideológicos y teóricos comunes el tomar como modelo de
análisis el desempeño de la explotación turística en las islas caribeñas, en
particular de las West Indies (Esteve Secall, 1983).
Bryden (1973), en su análisis, partía de la situación de determinadas zonas del
Caribe, donde la participación de propietarios extranjeros en la industria
turística era muy importante y el volumen de empleo de técnicos extranjeros en
puestos especializados muy significativo, pone de relieve el problema del alto
contenido importador de los ingresos turísticos en el Caribe y en consecuencia
la menor generación de valor añadido por cada divisa obtenida, posicionamiento
es compartido por autores como Perez (1973), en su análisis del turismo en las
West Indies caribeñas y De Vries (1972) en su estudio sobre el desarrollo
turístico de la isla caribeña de Monserrat. Para estos autores, satisfacer las
necesidades de los flujos turísticos para mantener los niveles de rentabilidad
de la industria turística implica crecientes importaciones para abastecerse de
los productos demandados por los turistas, por lo que la tendencia al deficit
exterior y al desequilibrio de la balanza de pagos se hace crónica. Asimismo los
citados, y otros autores, ponen en entredicho las virtudes del empleo generado
por el Turismo, puesto que la Oferta de Empleos puede modalizarse en función de
la estacionalidad de las campañas turísticas como si de un monocultivo agrario
se tratase (zafra azucarera, etc.). Igualmente se hace patente la escasa calidad
del empleo ofrecido, siendo por lo general la oferta de empleos poco
cualificada.
Por último la exigencia de mayores niveles de calidad y de crear un entrono
acogedor y amigable al visitante, implica la necesidad de disponer de mano de
obra con ciertos niveles de cualificación con lo cual la población indígena
puede verse postergada claramente en su acceso a dichos puestos de trabajo en
favor de los foráneos (Torres E, 1991).
Seria muy importante destacar que el principal efecto perverso de los escapes de
valor no es otro que la minimización del Multiplicador turístico, y a la postre
la practica desactivación de los efectos propulsores o de arrastre derivados de
la intersectorialidad del fenómeno turístico. La minimización del multiplicador
significa que cada unidad de divisa extranjera no multiplica (o lo hace de forma
bastante may reducida) varias veces su efecto sobre la economía receptora, En
este sentido Bryden (1973) considera que es muy importante diferenciar entre
multiplicador del PNB y multiplicador de la Renta interior, puesto que éste
puede ser significativamente may bajo, debido a la propiedad extranjera de
factores de producción y del empleo de trabajadores extranjeros en la economía
nacional, ya que al transferirse tales rentas o parte de las mismas al
extranjero no podran volver a ser gastadas en la economía loca, no pudiendo por
tanto ejercer efectos multiplicadores (Esteve Secall, 1983) La cuestión dista de ser baladí, el Programa de las Naciones Unidas para el
Desarrollo (PNUD) afirma actualmente que las fugas de valor en el turismo
alcanzan el 85% en los países menos desarrollados de Africa, el 80% en el área
caribeña, 70% en Tailandia y el 40% en India. Sin embargo a pesar de las altas
perdidas de valor el turismo en los países subdesarrollados representa aún una
fuente de ingresos y de ganancias netas, dadas sus características, lo que no es
el caso de los sectores manufactureros (Perez-Ducy, 2001) En este sentido, las recomendaciones provenientes de organizaciones e
instituciones internacionales tienden por lo general a centrar las posibles
alternativas de solución del problema en torno a la idea de la “integración
productiva” en el sentido de que el máximo de productos y servicios destinados a
satisfacer consumos turísticos sean suministrados por proveedores y
suministradores locales. Es decir, se trataría de ampliar y reforzar la cadena
de valor local o en otros términos, se produzca in situ en el destino turístico
o en su zona de influencia, de manera que se produzca la articulación productiva
y territorial entre el hinterland y la zona de mayor intensidad de usos
turísticos, de manera que los artículos, servicios, consumidos por los turistas,
equipamientos raíces, atrezzo, etc., se realicen in loco. Ello supondría, por
una parte un estimulo fundamental para la economía local que habría la
oportunidad de cubrir dicha demanda, diversificando y ampliando sus horizontes
productivos, y por otra cerrar o taponar en gran medida la hemorragia de valor
añadido que suponen las importaciones necesarias para la satisfacción del
consumo turístico.
Hasta que puntos sea factible la configuración de conglomerados productivos
capaces de retener el valor en condiciones de eficacia. La evidencia empírica de
tantas destinaciones turística muestra que en economías de tamaño reducido o
pequeña dimensión (locales, zonales, provinciales, etc.) es difícil pensar en la
existencia de altos niveles de integración productiva, lo que fuerza el hecho de
que la apertura al exterior tienda a ser elevada, (Lozano y Rastrollo, 1996).
Parece complicado que pequeñas economías puedan pensar en abarcar un amplio
espectro productivo, y desde luego, la generación de un entramado productivo
susceptible de dar satisfacción a consumos “sofisticados” o de altos niveles
cualitativos no parece ni fácil, ni accesible para este tipo de unidades
económicas, por lo que la tendencia a la fuga de valor se mantendrá como
constante, sin que ello signifique necesariamente negatividades para el sistema
económico general donde dicha economía zonal se asienta, puesto que la
existencia del destino turístico como tal oportunidad económica podría ser
aprovechada por otros territorios del contexto regional o nacional.