I.6.3.- El mercado turístico como mercado de materias primas.
Otro bloque de efectos perversos deriva de la tradicional configuración del
mercado turístico internacional como cadena lineal de valor: es decir, en un
extremo de la cadena se encuentran los productores básicos de servicios
turísticos en destinos situados en países o zonas desfavorecidas que acuerdan o
venden su capacidad a distribuidores o intermediarios internacionales (UNCTAD,
UN, 2001) quienes usualmente son sociedades internacionales de organización de
viajes en grupo como Thomas Cook y JTB; o bien llegan a acuerdos con sistemas de
reserva informatizados como Sabre, Galileo o Amadeus, por lo general divisiones
de grandes compañías aéreas internacionales, quienes venden al por menor tales
capacidades en los mercados de demanda a través de oficinas propias o
concesionarios. venden al por menor tales capacidades en los mercados de demanda
a través de oficinas propias o concesionarios.
Por tanto el mercado turístico internacional parece operar en lo esencial, como
un mercado de materias primas, con fugas constantes de valor para los
productores básicos. Los distintos engranajes de la cadena de valor cobran una
comisión por su valor añadido a la materia prima turística (configurada por el
lugar de destino y sus atractivos culturales, paisajístico, socioeconómicos,
donde el turista o consumidor del servicio turístico, consume el producto o
recibe la prestación del servicio) por lo que el remanente final para el
productor primario solo es una fracción del valor total. Tal situación se
justifica por una parte por la lejanía de muchos de los destinos de los mercados
emisores, lo que implica altos costes de transporte llegando a representar más
de la mitad del precio total del paquete turístico. (UNTACD, UN, 2001). Asimismo
los organizadores de viajes en grupo proporcionan a la demanda un producto tipo
“paquete turístico”, que abarca alojamiento + transporte + actividades
recreativas, visitas y excursiones con escaso margen de flexibilidad para
adaptar el producto a los gustos del usuario concreto.
Ello significa que los intermediarios internacionales grandes “tour operadores”
o grandes agencias mayoristas de contratación, pueden ejercen un control cuasi
monopolístico en la orientación y estructuración de la Oferta y la Demanda
Turística, por lo que en la gran mayoría de las ocasiones la industria turística
local y los territorios donde se asienta, quedan en una situación de dependencia
casi feudal, con el “cartel” conformado por dichos mayoristas, que pueden
controlar la demanda y orientar el destino y la intensidad de los flujos
turísticos, además de influenciar decisivamente el nivel general de precios y la
rentabilidad, en definitiva, del negocio turístico.