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Mercados de trabajo en la industria electrónica

Gilberto Rodríguez García

 

 

PRIMERA PARTE: EL ENTORNO TEÓRICO ANALÍTICO. LOS ESTUDIOS DE MERCADOS DE TRABAJO, CALIFICACIÓN Y COMPETENCIAS PROFESIONALES

CAPÍTULO I. LOS MERCADOS DE TRABAJO

Principales enfoques y modelos de análisis sobre mercados de trabajo, calificaciones y competencias

Las competencias. Visión del desarrollo humano

El Desarrollo Humano surge en 1990, con algunos antecedentes aislados y poco sistemáticos, como un programa asistencial para el desarrollo denominado como Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD). Programa que busca también lograr dentro de sus objetivos la identidad cultural, democracia y justicia global, (Malloch, 2005). Para Malloch el desarrollo, es el desarrollo humano, naciente filosofía del desarrollo; Mahbub al Haq, fue quien primero definió el desarrollo humano como algo más que su dimensión económica. Afirmaba que hoy es de aceptación general que el verdadero propósito del desarrollo es ampliar las opciones de la gente en todos los campos: económico, político y cultural.

El PNUD cuenta con un grupo de 250 especialistas - provenientes de todo el mundo, tanto analistas y economistas como encargados de formular políticas - e información para conocer, de más de 160 países el cálculo del índice de Desarrollo Humano. Y busca lograr “para este año un nuevo y amplio programa global de desarrollo y seguridad, apoyado por un sistema reformado de las Naciones Unidas que lo lleve a cabo”12.

La relación entre el sistema educativo y el mundo laboral desde el desarrollo humano, la variable educativa es parte vital de la realización del individuo Malloch (2005). Las transformaciones del mundo laboral y las nuevas técnicas y tecnologías de gestión productiva reivindican el papel de la flexibilidad de los procesos de trabajo, de los sistemas de multiproceso donde el trabajo amplía y diversifica sus capacidades; y de la polivalencia que alude a las exigencias en las capacidades técnicas, cognoscitivas y prácticas que plantean las nuevas competencias laborales.

A la tecnología y la organización plantean al mundo laboral nuevos desafíos de calidad total y los procesos de mejora continua, requieren enfatizar la importancia del capital intelectual de la empresa, la reingeniería de las estructuras administrativas y los sistemas de participación generan todo un nuevo espacio de acción para el trabajo.

Desde los nuevos saberes y aprendizajes ya no se trata de una filosofía de la formación clásica del “saber hacer”, sino que ahora se incorporan nuevas necesidades que la sitúan en un contexto cognoscitivo y de aprendizaje, definido por el “saber ser” y “saber pensar”. En esta perspectiva, los criterios de formación van incorporando nuevos marcos conceptuales en los que adquieren preeminencia las nociones de “polivalencia” entendida como apertura a una diversidad de tareas y a una variedad de modalidades de organización del trabajo, que supone una enseñanza menos especializada basada ya no en un oficio sino en una familia profesional y fundada en una formación general más amplia; y la “tranferibilidad” concebida no como la simple adquisición de conocimientos considerados como un fin en si, sino el desarrollo de aptitudes a nivel de métodos, de procedimientos y estrategias de intervención, puestas en práctica en los sistemas de trabajo, con el fin de poner en práctica competencias profesionales en situaciones colectivas de trabajo, cada vez mas determinantes de la calificación (Carton en Guerra, 2000).

Guerra sostiene que la corriente actual de innovación pedagógica en el ámbito de la formación profesional transita por un circuito articulador teórico y conceptual donde se busca vincular destreza, habilidad y valores. Ello parece converger en la apuesta por una nueva cultura tecnológica que se funda en la iniciativa, la participación y la flexibilidad como supuestos vertebrales de la multihabilidad de las capacidades prácticas en un mundo caracterizado por el influjo de la competencia y el desarrollo tecnológico.

El desarrollo humano sugiere que una enseñanza adecuada en materia tecnológica debería fomentar el carácter innovador, infundir el sentido de diversidad a las soluciones, entrenar la inteligencia para la creatividad, estimular la imaginación y educar el espíritu crítico. Debería dotar a los investigadores, profesionistas, técnicos, tecnólogos y demás especialistas del interés por conservar su mente abierta: al cambio constante en la ciencia y la tecnología y a la búsqueda permanente del desarrollo humano y del bienestar de la sociedad.

Desde este enfoque la noción de competencias encuentra sus fundamentos filosóficos en una idea integral del individuo y la sociedad. El punto de partida de estos fundamentos es la relación entre homo sapiens y homo faber, la formación a la que se hace referencia tiene su expresión concreta en el trabajo como proceso de interacción entre realidad, necesidad, pensamiento y acción. Apareciendo una amplia base de trabajo productivo que muestra eficiencia técnica como condición de su eficacia social. A ello se incorpora la idea de competencia humana para el desarrollo, en la categoría de trabajo pues sintetiza la necesidad y la conciencia, la destreza y los valores, la capacidad de pensar y de transformar, como nuevo fundamento y un nuevo espacio de la nueva convivencia social que exige el mundo moderno.

La categoría capacidad humana para el desarrollo, sintetiza la necesidad y conciencia, destreza y valores, capacidad de pensar y capacidad de transformar. Las competencias construirán una secuencia integrada de propiedades y atributos que expresaran diferentes sentidos de práctica: habilidad técnico instrumental y operativa en el desempeño de tareas con sentido y pertinencia al ejercicio profesional debido a la capacidad crítica, reflexiva e intuitiva desarrollada.

Serán criterios organizadores del currículo para formar individuos con capacidades demostradas como resultado de la relación entre conocimiento, comprensión y habilidad. Tendrán a su vez tres componentes el disciplinario, el profesional y el práctico productivo, cuyo peso habrá de definirse en secuencias de aprendizaje consistentes con perfiles de formación delimitados. Cada componente corresponderá el desarrollo de competencias: generales en el componente disciplinario; particulares en lo profesional; y específicas en el práctico productivo.

Al componente disciplinario se asocian competencias genéricas que se traducen en manejo de terminología, convenciones, tendencias, teoría, metodología y estructuras, capacidad de análisis, síntesis, comprensión y evaluación. El componente profesional incluye competencias particulares vinculadas con un campo de actividad específico (familias profesionales). Se incorporan códigos y normas, áreas de desarrollo ocupacional, estructura de comunicación, necesidades de desarrollo técnico productivo, tendencias de innovación y prospectiva del campo profesional.

Al componente práctico productivo le corresponderán competencias específicas que se refieren al uso de materiales, equipos y herramientas en condiciones de trabajo concretas, para definir desempeños productivos en función de cantidades y calidades.

Desde otra óptica dentro de este mismo enfoque se problematiza si se trata de competencia académica o competencia operacional. El estudio y el análisis de las ideas contemporáneas desde el desarrollo humano sobre las competencias profesionales se estructuran desde el presupuesto de que las ideas influyen sobre la configuración de las prácticas sociales, ideologías cambiantes y las prácticas que se les asocian (Barnett, 2001).

Barnett (2001) advierte acerca de la concepción operacional de la competencia, que reproduce esencialmente el interés de la sociedad en el desempeño y de los resultados económicos de la empresa. Desde la filosofía social es preciso hacer un replanteamiento, la meta va más allá de la mera instrumentalización de los conocimientos, o sea que lo que debe tener prioridad es educar a los estudiantes parta la vida, las competencias abarcarán ya no solo el dominio de técnicas e instrumentos, sino que también estará anclado en formas de vida.

Son cuestiones que hacen preciso replantear las dos versiones rivales de la competencia: la competencia académica y la basada en la concepción operacional de la competencia; la meta va más allá de la mera instrumentalización de los conocimientos, o sea que lo que debe tener prioridad es educar a los estudiantes para la obtención y desarrollo de competencias para la vida.

La competencia interna o académica es la competencia construida en torno a la idea del dominio de las diferentes disciplinas académicas por parte del estudiante; la otra es la concepción operacional de la competencia, que reproduce esencialmente el interés de la sociedad en el desempeño y de los resultados económicos de la empresa.

En el corazón del debate la tercera opción que se propone como alternativa diferente se refiere también a una definición diferente del ser humano; se requiere pues una concepción más abierta de sociedad y este a su vez sustentada en una concepción más abierta del ser humano, Barnett cree que esto tiene viabilidad y factibilidad. Desde este mismo foco del desarrollo humano enseguida plantearemos la perspectiva que tiene el Estado en torno a algunos aspectos de la vida laboral y de la educación en nuestro país.


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